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en Estados Unidos
“Padres tecno ¿tendencia u obsesión?”
 

Los programas son válidos si los usan profesionales
“La necesidad de los padres de llevar registros obedece, en principio, a su deseo de que no se les escapen cosas importantes de sus hijos. Las estadísticas y las conclusiones no son para los padres porque les quita espontaneidad. Hay que usar el sentido común, que es, muchas veces, el menos común de los sentidos e incentivar a los padres a que confíen en sus capacidades y en las de sus hijos”.
Claudia Borensztejn, médica psicoanalista, miembro titular en función didáctica de la APA y especialista en niños y adolescentes.

Gran Hermano
Convertir la relación padre e hijo en una actividad mecánica es otro de los peligros de estos dispositivos. Para la psicóloga Diana Litvinoff, se corre el riesgo de que la relación se transforme en una especie de Gran Hermano.

 

Los padres usan, cada ves más, la tecnología para monitorear el crecimiento de sus hijos. Los especialistas polemizan sobre esta tendencia y sugieren que es mejor no exagerar y aplicar el sentido común.

Elisa es mamá  de varones  mellizos de 11 meses. Como buena madre, según afirma ella, obsesiva y usuaria de la tecnología, lleva un control de lo que hacen sus bebés en un programa de computación. Allí ingresa los datos de cuántas horas duermen, cuánta leche tomaron, qué comidas le gustó a uno y al otro, y también realiza un conteo de cuántos pañales usan los bebés al día. “Al tener mellizos, es facilísimo perderse y olvidarse si uno durmió y el otro no. O cuánto tomó de leche cada uno”, comenta. Los datos los ingresa en Trixie Tracker, un programa que se encuentra en Internet, y que ayuda a descubrir y comprender los patrones del bebé. Además, permite crear gráficos para observar los horarios de sueño, la cantidad de alimentos que ingiere o controlar las dosis de medicina. “También, como buena madre perfeccionista que soy, anoto los pesos y alturas mes a mes. Y después, controlo si coinciden con la media que da el programa y cómo vienen aumentando de peso. Además, el TT tiene en cuenta lo que llamamos la 'edad corregida de los prematuros', lo que está muy bueno”, explica Elisa.
A medida que el niño crece, aumentan las preocupaciones y la ansiedad de los padres. Hoy, con el avance de la tecnología, el seguimiento del bebé dejó de ser un tema exclusivo de los médicos y se convirtió en una industria.
En los Estados Unidos existen aparatos –algunos ya están disponibles en nuestro país– que permiten, por ejemplo, controlar los latidos del corazón del bebé, y dispositivos que avisan si se movió en la panza. Además, existen herramientas que evalúan el lenguaje del chico, interpretan qué tipo de llanto tiene el niño, y hasta se crearon juguetes que realizan un seguimiento de lo que hacen los chicos con él.

La tecnología en casa
El interés de los padres por saber qué hace su hijo comienza desde que están en la panza. Y esto es lo que motivó a Corey Menscher, un diseñador de software, futuro papá y fan de Twitter, a crear Kickbee. Este dispositivo permite twittear a los bebés desde la panza; y a los papás, disfrutar de las noticias de su hijo, así como monitorear sus movimientos y la salud del pequeño. ¿Cómo es posible? Es simple. La madre se coloca en la panza una banda elástica y, a través de un sensor que identifica los movimientos del bebé en su vientre, transmite las señales al servicio de mensajería Twitter y el padre lo puede leer a través de su iPod.
Escuchar los latidos del corazón en casa también es posible. Los sofisticados aparatos permiten detectar el movimiento de los futuros niños a partir de la semana 12 de embarazo. Además, incluye un cable  para conectar a otros dispositivos y compartir los sonidos con amigos y familia.
Otra de las herramientas innovadoras es el programa Cry Translator. Preocupado por los llantos de su bebé, Luis Meca, socio de la empresa Biloop, comenzó a pensar en una aplicación que lo ayudara a comprenderlos. En pocos meses, y con la colaboración de su socio, un ingeniero en telecomunicaciones, creó Cry Translator, una aplicación para el iPhone y el iPod Touch que interpreta el llanto del bebé para que los padres respondan rápidamente a sus necesidades. El programa, que diferencia cinco emociones o estados psicológicos distintos del chico: hambre, sueño, malestar, estrés y aburrimiento, representados por cinco sencillos íconos, fue testeado por un grupo de pediatras. Este invento es fácil de usar ya que se coloca el iPhone cerca del bebé, el programa recibe el sonido del llanto a través del micrófono y lo analiza.
El Lena Horne es otro de los aparatos que está teniendo mucha difusión en los Estados Unidos. El dispositivo, que se utiliza para evaluar la habilidad del lenguaje y calcular el desarrollo del chico, se introduce en el bolsillo de la ropita y, a través de una grabadora de voz, monitorea y analiza los diálogos del niño. Al finalizar la jornada, los padres tienen un informe completo, que se visualiza en la computadora, sobre el nivel de exposición que su hijo ha tenido a la estimulación verbal y la cantidad de palabras que pronunció durante el día.
Y hay más: ¿alguna vez imaginó que un juguete podría contarle lo que hace su usuario? Esto también es posible gracias a que la empresa LeapFrog, líder en el diseño y desarrollo de contenidos educativos basados en tecnología de punta, creó una serie de juegos electrónicos que registran los pasos que el chico hace con ellos. Después, a través de un puerto USB, pueden conectarlos a la computadora y observar qué hicieron los bebés con el juguete. La última novedad es el Tag Junior, que lee en voz alta o hace preguntas cuando el niño señala los textos o imágenes. El sistema también registra el tiempo que un chico pasa en cada página de un libro, y de esta manera, los padres saben qué actividades realizó el niño con él. 

Las desventajas de obsesionarse con la tecnología
Si bien la tecnología ayuda a comprender y a acompañar los procesos de crecimiento, en algunos casos puede ser contraproducente. Los especialistas consultados explican que al utilizar estos aparatos en exceso pueden surgir varios problemas: el tiempo que le quitan a sus hijos por estar ingresando o analizando los datos, el uso que los padres hacen con la información que recopilan y la obsesión que pueden generar estos indicadores sobre el desarrollo del chico. “Esto habla de las necesidades de los padres de querer controlar todo lo que le sucede a su hijo. El uso de la tecnología es cómodo, pero los padres depositan en ella demasiadas expectativas y la convierten en un objeto todopoderoso”, comenta Diana Litvinoff, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y autora del libro El sujeto escondido en la realidad virtual. En cuanto a la obsesión que estos dispositivos pueden provocar, Litvinoff asegura: “Estos programas tranquilizan a los padres, pero a veces también los perturban. Saber si el chico se mueve en la panza no suple el afecto y la conexión. Muchas veces, los aparatos no nos dicen nada”.
Por su parte, Florencia Salvarezza, jefa de Lenguaje y Comunicación Infantil y jefa de la Clínica de Dislexia del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO), comenta sobre el riesgo de guiarse por patrones universales. “Estas tecnologías permiten llevar un control sobre lo que pasa, pero existe el riesgo de que los padres se conviertan en diagnosticadores de problemas”. Y señala que hay que tener cuidado con estos aparatos, porque considera que hay una presión en la sociedad por el desarrollo del niño genio. “Debido a esto, hay una híperobservación sobre lo que el bebé hace. El desarrollo es una sumatoria de cosas. No nos podemos guiar por lo que dicen las estadísticas”, sostiene. Otro de los puntos que resalta Salvarezza es que no está probada la efectividad de estos productos. “No hay indicios de que esto, realmente, sea así. Si bien para los especialistas puede ser útil saber qué sucedió con el chico durante los primeros años de vida, en los padres se genera una fantasía que puede modificar las pautas evolutivas del pequeño”. Y agrega: “Estos dispositivos sacan una foto instantánea, pero se pierde de vista el proceso del desarrollo. Lo que importa es cómo se va dando ese desarrollo. Un seguimiento no es lo que el padre ve cada día. Esto es como ver el árbol y no el bosque”.
Para las especialistas, si bien estos juegos son didácticos y entretenidos, pueden conducir a una parentalidad demasiado mediatizada y a un aceleramiento de la escolarización cuando no existe la necesidad. “Estos tecno productos evalúan por nosotros los intereses o inclinaciones de nuestros niños, registran con datos y estadísticas aquello que requiere menos herramientas y más contacto humano, más horas de juego, más sonrisas compartidas entre padres e hijos. Una unión mucho más humana”, explica Alejandra Koolen, psicóloga clínica especializada en Terapia Vincular y Familiar de INECO.
Tampoco se trata de demonizar a la tecnología. Los especialistas sostienen que los padres pueden utilizar estos programas o dispositivos pero, sin perder el equilibrio y la confianza en sí mismos, sin obsesionarse. 
Como en toda tendencia, hay voces que apoyan y otras que critican el uso excesivo de la tecnología. Usar sentido común y no caer en la adicción es la clave.