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entrevista
“No me interesa
figurar a cualquier precio”
 
Los trabajos de Brenda
Allá por el 2005, comenzó a trabajar en televisión de la mano de Cris Morena en Floricienta. Luego, estuvo en Chiquititas, Sos mi vida, Romeo y Julieta (su primer protagónico), Todos contra Juan, Vidas robadas, Niní, Ciega a citas y Los exitosos Pérez (la versión mexicana de Los Pells). En el 2007, participó de Cantando por un sueño, permaneció 58 días en el certamen conducido por Marcelo Tinelli y se consagró segunda. Por estos días, además de su trabajo en la novela Malparida, Brenda realiza una gira con la obra Abrázame, junto a Pasta Dioguardi y Sofia Elliot, una tragicomedia dirigida por James Murray.
 
 
Tiene 25 años y comenzó a trabajar como modelo a los 19, de la mano de su madre, Daniela Cardone. Se estrenó como actriz en Floricienta, participó después en Chiquititas, Sos mi vida, Vidas robadas y Ciega a citas, entre otros, y pasó por Cantando por un sueño, donde se consagró segunda. Mientras disfruta del éxito de Malparida y realiza una gira de teatro por la Argentina, Brenda Gandini deja en claro que su objetivo es triunfar como actriz.

Bueno, aquí estamos”, dirá con una sonrisa amplia, amplísima, como dando inicio a la charla. Dueña de una simpatía para nada impostada, Brenda Gandini se muestra relajada, disfrutando de su presente laboral. La chica de profundos ojos celestes, que nació en Cipolletti, es parte de Malparida, la novela éxito producida por Adrián Suar. Su belleza y el ser hija de la modelo Daniela Cardone le abrieron las primeras puertas, pero desde hace varios años, ella procura transitar su propia senda. Una senda que es complicada, pero de la que piensa salir airosa y triunfante.

–¿A qué edad dejaste Cipolletti para venir a vivir a Buenos Aires?
–A los 18. Terminé el colegio y partí, pero con otros planes. Empecé a estudiar Administración de Empresas hasta que me di cuenta de que las matemáticas no eran lo mío. Después, hice dos años de Diseño de Indumentaria. Yo siempre había tenido presente el tema de la actuación, pero no le daba identidad profesional.

–¿Por qué?
–Porque sentía que tenía que estudiar una carrera formal. Mis padres siempre me dieron mucha libertad en mis elecciones, pero mi papá también me exigió mucho siempre. Para él, las notas válidas en el secundario eran solo el 9 y el 10.

–¿Cómo se tradujeron esas notas en tu vida?
–Soy muy exigente con todos y conmigo misma, y soy súper autocrítica. Es muy poco probable que me guste algo de lo que hago. Igualmente, estoy aprendiendo a quedarme con lo mejor de cada trabajo para poder crecer como actriz.

–¿Fue dificil vivir hasta los 18 años lejos de tu madre?
–Yo viajaba a Buenos Aires una vez por mes para verla. Vivir en Cipolletti con mi papá fue una elección, nunca me lo impusieron, yo allá tenía mi grupo de amigos, mi colegio, una vida más tranquila… Elegí quedarme en el Sur, pero sabía que en algún momento iba a vivir con mi mamá.

–¿Nunca le reclamaste más presencia?
–Siempre sentí que ella estaba. Tal vez no físicamente, pero sus llamados eran constantes y esa era su manera de estar en los momentos que yo la necesitaba.

–¿Y cómo resultó la convivencia cuando viniste a vivir a Buenos Aires?
–Muy buena, siempre nos llevamos muy bien, pero al poco tiempo de vivir con ella, sentí que necesitaba mi lugar. Igualmente, mi primer año acá fue muy duro, extrañaba mucho a mi papá, a mi hermano... Me costó acostumbrarme a la gran ciudad y a sus códigos.

–Hablemos de tus comienzos como modelo.
–Nos ofrecieron hacer unas fotos con mi mamá para una revista, y desde ese momento, me empezaron a llegar propuestas para hacer campañas, desfiles y castings.

–¿Vos no tenías en mente esa posibilidad laboral?
–En realidad, nunca me sentí muy a gusto en el mundo de las modelos. Demasiado frívolo. Creo que fue la puerta para empezar a trabajar como actriz, porque a los seis meses de haber hecho algunas publicidades, me llamó Cris Morena para un casting y empecé a trabajar en Floricienta. Tengo en claro que no soy modelo y, además, convengamos que el binomio modelo-actriz no está bien visto.

–¿En qué sentido lo decís?
–Como que nunca terminan de tomarte en serio y siempre tenés que demostrar un poco más. Me pasó y me sigue pasando. Yo quiero hacer mi camino como actriz y, aparte, no podría vivir pendiente de mi imagen ni sentir que tengo estar espléndida todo el tiempo. Siendo actriz también hay algo de esto, pero no con tanta exigencia.

–¿Siempre te llevaste bien con tu imagen?
–Me hice la cirugía de lolas hace un par de años porque era muy, muy chata y era un trauma para mí. Pero jamás me tocaría la cara. Reconozco que antes era más obsesiva, la dieta de esto, la dieta de lo otro, pero desde que me relajé, me siento y me veo mejor. Me doy todos los gustos, hago gimnasia, pero no estoy enloquecida por los tratamientos y los productos. ¡Todas tenemos celulitis! Es casi imposible mantenerse ajena al típico: “Vos estás un poco más gordita, ¿no?”, y hay que ser muy fuerte para no querer encajar en un determinado prototipo de mujer.

–Ser “la hija de…” ¿abre o cierra puertas?
–Obvio que mis primeras notas fueron por ser la hija de Daniela Cardone. Después, está en uno empezar a despegarse, con el día a día, con la responsabilidad que ponés en lo que hacés, con los compromisos que asumís. Yo siento que recién ahora me reconocen como Brenda Gandini. Siempre voy a ser “la hija de”. Amo y admiro a mi mamá y no lo siento como un peso. Lo único que me importa es que me reconozcan por mi trabajo. Después, si quieren llamarme Brenda o “la hija de Cardone”, me tiene sin cuidado. No está en mis planes ser famosa porque sí.

–¿A qué te referís?
–La fama es algo que puede acompañar el ser actriz, pero no me interesa figurar a toda costa. Desde que empecé a trabajar, siento que siempre he ido subiendo un escaloncito, muy lentamente, pero que a mí me sirve para irme fortaleciendo como actriz.

–En el 2007, hiciste Romeo y Julieta, tu primer protagónico en televisión, pero no tuvo el éxito esperado. ¿Cómo viviste eso?
–La vida es aprendizaje constante y si voy a ponerme mal por un fracaso, no entendí nada. Tal vez no era mi momento, quizás no era el personaje o el proyecto, tal vez yo no estaba preparada… Me causa gracia porque hay quienes me dicen: “Che, vos hiciste un protagónico y ahora estás con un papel más chico”. ¡¿Y?! Como si eso me hiciera mejor o peor persona o actriz. Soy una mujer que siempre mira para adelante y estoy convencida de que todo suma y de que, a veces, de las malas elecciones, uno aprende más.

Amor, fuera y dentro de la ficción
–Bárbara, tu personaje en Malparida, es una chica de objetivos firmes, pero rechazada por el hombre que ama. ¿Te pasó alguna vez?

–Si un hombre me rechaza, doy media vuelta y me voy. No me sometería a una situación de rechazo. Además, ¡el mundo está lleno de hombres! (Risas).

–Eso es para las que dicen que “ya no hay hombres”.
–A ver, hay muchos hombres, pero encontrarlos se ha vuelto complicado. Igualmente, cada uno debe hacerse cargo de lo que trae, ¿no? No estoy muy de acuerdo con eso de escudarse en “ya no hay hombres” o “estamos viviendo tiempos difíciles para el amor”. Yo estoy sola porque soy bastante complicada para elegir y porque, además, es una elección personal. Si en cuatro años sigo soltera, ahí saldré con la caña de pescar (Risas).

–¿Te llevás bien con la soledad?
–Sí, muy bien. Siempre estuve de novia y necesito de este tiempo para rever qué quiero yo de una pareja.

–Ser linda, salir en la tele, llevar una vida tan independiente a los 25 años, ¿sentís que te juega en contra?
–Puede ser, pero tampoco busco un superhéroe. Sólo un hombre bien plantado, a quien admirar, con proyectos propios, también independiente. ¿Es mucho pedir? (Carcajada).

–Brenda, ¿cómo repercute en vos la historia personal de tus padres?
–Bueno, yo nunca tuve a mis papás juntos, ellos se separaron cuando yo nací y eso es lo normal para mí. Pero cada vez que pienso en lo que quiero, me gustaría tener un compañero para toda la vida.

–¿Existe el amor para todo la vida?
–Existe una elección para toda la vida porque el amor va mutando. Me encantaría tener 80 años y seguir con el mismo compañero de ruta. Hasta que no me choque contra la pared, voy a seguir creyendo que es posible.

–Siempre decís que te gustaría ser madre joven. ¿Por qué?
–Seguramente, porque mi mamá y yo nos llevamos pocos años y me gusta la relación que tenemos. Los roles de madre e hija están claros, pero me siento muy cercana a ella, nos entendemos mucho, somos muy compañeras.

–¿Nunca la sentiste como una competencia?
–Jamás y, de hecho, creo que somos muy distintas.

–¿Vos harías teatro de revista como está haciendo ella?
–No. A una cierta edad yo quiero volver a vivir al Sur. Volver a una vida más tranquila y en contacto con la naturaleza, como fue mi infancia.

–¿No vas a extrañar el tratamiento de mujer famosa?
–Yo soy tremendamente vergonzosa, me da mucho pudor cuando me reconocen por la calle. ¿Ves? Mi mamá fue mucho más explosiva que yo y supo manejar muy bien esa popularidad. Ojalá yo trabaje como actriz hasta los 50 o 60 años, pero también me encantaría ser una abuela anónima en una tranquila ciudad del Sur.