Buscar
 
Cocina Investigacion Moda Personajes Turismo Contactenos
 
 
 
 
homenaje
“Gardel, ¿murió en un accidente?”
 

El dúo Gardel-Ceferino
“Gardel asistió de chico al colegio San Carlos, en Buenos Aires. Uno de sus condiscípulos era Ceferino Namuncurá, el santito de la Patagonia. En la fiesta de fin de año, hubo un concurso de cantores, y lo ganó ¡Ceferino! Eran muy amigos y ambos cantaban en el coro del colegio. Muchas veces, Gardel contó su amistad con Ceferino, y dijo que el chico dela Patagonia
le había enseñado a pronunciar bien el castellano, sin las erres francesas. Era lógico: Berta, su madre, le habló en francés a Charlot, como ella lo llamaba, desde que nació hasta que fue a la escuela”, informa Alberto Labrador.

¿Y dónde nació?
Uruguayos, franceses y argentinos proponen diferentes lugares. Los franceses dicen que nació en Toulouse. Los uruguayos, en Tacuarembó. Los argentinos (pocos) postulan a la casa de la calle Jean Jaurés, situada, por entonces (año 1890), en un arrabal de Buenos Aires. El autor de La Gran Mentira informa: “El Zorzal nació el 11 de diciembre de 1890, a las 2 de la madrugada, en el hospital De la Grave, calle Reclusane 78, en Toulouse, capital del departamento de Alta Gerona, en el sur de Francia. Su partida de nacimiento fue la número 511, y está asentada en los libros con el agregado de ‘hijo natural‘. El propio Gardel corroboró varias veces esa información. Se dice que su padre fue Joseph Gardes, primo hermano de Berta y añaden que fue bautizado el día de su nacimiento por el cura Berrand. Agregan que el padre no pudo reconocerlo porque la familia se lo prohibió. Él se recibió de cura y viajó al África. Berta no quiso abortar y viajó a Buenos Aires. Lo de Tacuarembó, Uruguay, es porque consiguió una libreta de enrolamiento uruguaya para poder viajar a Francia, en donde podían considerarlo desertor, porque seguramente lo convocaron a las armas en la Primera Guerra Mundial. Y, con respecto a la Argentina, un caudillo político le consiguió documentos que decían que había nacido en Avellaneda, y le cambió la ‘ese’ final de
su apellido por una ‘ele‘. Todo esto está documentado y no hay dudas”.

Gardel y el miedo a volar
“Gardel tenía pánico a volar. Siempre que pudo lo evitó, quizás por intuición o premonición. Antes de viajar se lo veía nervioso, callado, distinto. Y muchas veces, con los pasajes en la mano, prefirió viajar en barco. Pero para ese último trayecto, Medellín-Cali, no existía otra vía de comunicación que la
aérea”, dice Alberto Labrador.

El 24 de junio se cumplen 75 años de la muerte del mejor cantor de tangos de toda la historia. El accidente del avión que se quebró y se incendió siempre fue sospechoso. Un libro recientemente aparecido cuestiona esta teoría.

En la biografía de Charles Romualde Gardes, más conocido como Carlitos Gardel o El morocho del Abasto, hay dos incógnitas que perduraron a través del tiempo. De un modo casi simétrico, los misterios están en el comienzo y en el fin de su vida. El primero, el de su nacimiento (ver recuadro) se espeja con el de su muerte en Colombia, y por más que hayan pasado 75 años del momento en que se estrelló el avión en el que viajaba, las incógnitas se resisten a ser reveladas. ¿Murió o lo mataron? Hay defensores de las dos teorías. “No murió. Fue asesinado”, dice el escritor mendocino Alberto Labrador Rubio, autor de La gran mentira, un libro que se reeditó y que pretende iluminar las zonas oscuras.

–Pero, Alberto, ¿vos creés que después de setenta y cinco años hay fuentes confiables que tienen información verídica? ¿Por qué, entonces, hablan ahora y no cuando ocurrió la tragedia de Medellín?
–En Colombia siempre supieron la verdad de lo que había ocurrido.Y también en los Estados Unidos. En mi pueblo, y por referencia de mi padre, también. La trama del “accidente” falló al atrasarse 15 minutos la partida del avión. Pero hubo quien tenía poder para manipular todo. Por lo mismo, mi libro La gran mentira es una invitación a romper con la simulación y con la teoría de la fatalidad del destino.

–Pero, Alberto…
–Pará, dejame seguir. Yo te pregunto: Lady Di, ¿se mató en un accidente cuando había dicho que iba a presentar pruebas contra los fabricantes de minas terrestres, pruebas que desaparecieron después de su muerte? Ni los Kennedy se salvaron. Lo de Gardel no es diferente. La industria Gardel (sus discos que se vendían muchísimo, sus películas que daban ganancias enormes en todo el mundo) era más redituable que el negocio automotriz. Todos sabían que con su fama, calidad y conocimientos, sería un competidor feroz si concretaba lo que había anunciado: instalarse en Buenos Aires con su propia productora cinematográfica. “Que parezca un accidente”, dijo quien ordenó el atentado. Y su muerte daba un doble beneficio: Abría un negocio espectacular y se eliminaba a un competidor peligroso que iba a restarles ganancias a los de la industria del cine. Gardel, en su último viaje, iba a instalar, junto con Francisco Canaro, una empresa cinematográfica. En el puerto de Nueva York quedaron listos para embarcar varios equipos de grabación y de filmación que Gardel había comprado. Qué casualidad que esos equipos “desparecieran” el día después del “accidente”.

–Pero… ¿quiénes callaron?
–¿Cuánto hace que sos periodista? ¿Treinta años? ¿Nunca viste que una información se dejaba de lado? Y entonces…

“Cada día canta mejor”
Tiempo atrás, en una entrevista, el hombre de radio (y escritor, y ajedrecista, y uno de los hombres más cultos de la Argentina), Antonio Carrizo, dijo: “Gardel fue una bendición y un problema para el tango. Fue una bendición por lo que hizo y por su voz inigualable. Y fue un problema porque, después de él, el diluvio. Los que vinieron después perdieron en la comparación. Nadie puede cantar un tango que está grabado por Gardel sin perder en la comparación. Nadie. Él lo cantó mejor”.

–¿Algo así como “cada día canta mejor”?
–Vos lo decís en broma, pero no es una broma. Gracias a los adelantos técnicos, la voz de Gardel se escucha hoy mejor que cuando grabó en 1930, por ejemplo. Sí, cada día canta mejor. Y no hay con qué darle.

“Estoy bastante de acuerdo con Carrizo –agrega Alberto Labrador–. Pero no le podemos quitar a nadie eso de sentirse un poco Gardel. Mi padre cantaba, era músico, cantor, poeta y gardeliano. Cantaba bien los temas de Gardel. Un día, me animé a preguntarle por qué no los cantaba en público. Con gesto serio, me respondió: ‘ Lo que canta don Carlos, sólo él puede hacerlo‘. Una frase parecida dijo mucho tiempo después, el Polaco Goyeneche”.

El fantasma de Gardel
Poco después de que muriera comenzaron a surgir versiones que indicaban que Gardel había sobrevivido y se ocultaba de la gente porque tenía el rostro desfigurado por las llamas.
Otra, la más difundida, decía que uno de sus guitarristas, enojado con Gardel, había disparado dos balazos cuando el avión que estaba en la pista de Medellín, Colombia, iniciaba el carreteo y aceleraba para despegar. Una de las balas –siempre según esa especie– habría matado a Gardel, y la otra, al piloto, lo que hizo el accidente inevitable. Lo incuestionable es que dentro del cuerpo quemado del cantor fue hallada una bala. Eso es seguro.
“Seguro, sí, pero la interpretación es inadecuada –dice Labrador–. Cuando Gardel cumplió 25 años, luego de cantar en un teatro porteño, se fue a festejar a la Avenida Alvear y Agüero junto con su amigo Alippi, el actor, y otras personas. Allí se encontraron con unos provocadores. Uno de ellos disparó su revólver contra Alippi. Carlos Gardel se interpuso y recibió el balazo, que le perforó el pulmón izquierdo, al lado del corazón. Por supuesto, fue internado y salvó su vida. Pero la bala quedó alojada en su cuerpo para siempre y fue hallada cuando hicieron una autopsia luego de que cayera el avión. Hay un hecho curioso: el agresor tuvo después un nieto famoso: Ernesto Che Guevara…”.

–También se dijo que el cuerpo de Gardel no era el que sepultaron en Chacarita, sino que él –siempre en la teoría de que sobrevivió y se ocultó–, regresó a Buenos Aires y pasó sus últimos días encerrado en la casa de la calle Jean Jaurés.
–Otra fantasía. Ocurre con todos los ídolos. En los Estados Unidos, de vez en cuando aparece alguien que dice haber encontrado a Elvis Presley, viejo y canoso.

–¿Y los hijos? En Sadaic más de una vez se presentó un hombre diciendo que es hijo de Gardel y que tiene derecho a cobrar las ganancias por derechos de autor, que le corresponden como heredero directo.
–Locos o avivados habrá siempre. Gardel nunca se casó y tampoco tuvo hijos. Cuando doña Berta, su mamá, le preguntaba por qué no sentaba cabeza y se casaba, él le respondía: “Pero viejita, pudiendo hacer felices a tantas, ¿por qué voy a martirizar a una sola?”. Esto ocurrió en 1933, cuando él tenía 43 años y se lo podía tildar de solterón. Razzano, que estuvo junto a él desde siempre, dijo que en la vida de Carlitos hubo una novia a la que siempre soñó con hacer su esposa. Si la cosa no se concretó fue por imposición de su vida andariega, con la absoluta aprobación de su amada. Ella se llamaba Isabel Martínez del Valle. En su testamento, que escribió dos años antes de su muerte, el propio Gardel afirma que es soltero y no tiene hijos naturales.

–Alberto, volvamos a lo que llamas “atentado”. ¿Qué pruebas fehacientes hay de que fue así?
–Hay muchos datos circunstanciales que apuntalan esa teoría. La Paramount Pictures, que nunca lo había asegurado, sacó un seguro por 100.000 pesos para ese viaje. El piloto titular de la nave era un norteamericano. Horas antes del vuelo, fue reemplazado por el piloto colombiano Samper Mendoza. Y quienes investigaron ese reemplazo lo encontraron sospechoso. El norteamericano no estaba enfermo ni tenía otro vuelo. ¿Poseía información y exigió ser relevado? Ya sé que 75 años después es difícil encontrar pruebas definitivas. Pero en mi libro hay muchas declaraciones de personas que están informadas, personas que, al ser consultadas, dijeron que para ellos “no es ninguna novedad lo de la bomba que colocaron en el avión”. Yo no tengo dudas de que hubo un atentado. Murió como un zorzal, levantando vuelo, y envuelto en los pliegues de un fuego que lo elevó a la eternidad.

¿Casualidad o causalidad?
La historia oficial de la muerte de Gardel dice que fue un accidente, aunque las causas del choque e incendio del avión nunca hayan quedado demasiado aclaradas. La otra historia reconoce una causa: un conflicto de intereses entre Gardel y productores de cine. Según esta versión, algunos sectores de Hollywood obtenían grandes ganancias con las películas de Gardel y no estaban dispuestas a permitir que el cantor se independizara y dejara de trabajar para ellos. Por eso, elaboró un plan para matarlo. Reemplazó al piloto norteamericano (quien habría sospechado lo que estaba en marcha), e hizo colocar una bomba de tiempo preparada para estallar cuando el avión volara sobre las montañas colombianas. Pero, por causas que no pudieron manejar, el vuelo se demoró y la bomba se activó en el aeropuerto. El ruido infernal de sus motores disimuló el estallido de la bomba. El avión se partió en dos, su cola quedó a un costado mientras su parte delantera avanzó hasta encontrarse con el avión alemán que estaba a un costado de la pista pronto para levantar vuelo. El choque fue tremendo y el incendio inmediato. Había más de cuatro mil personas observando.