Oscar Wilde dijo que una mujer capaz de decir su edad es temible porque es capaz de cualquier cosa. “Acabo de cumplir 60, mi cumpleaños es el 20 de junio”, dice Teté. Pero no es capaz de cualquier cosa. No en un sentido peyorativo. Ella lo dice así, suelta de cuerpo, porque aparenta, a lo sumo, 45. El paso del tiempo fue bueno con ella que es abuela de Sayi, pero una abuela que cuando camina por la calle recibe piropos sinceros sobre su belleza y sobre su capacidad profesional. Porque ocurre que, además de ser linda y elegante e inoxidable, esta señora (Stella Maris Coustarot en sus documentos) ha ganado dos Martín Fierro compartidos y cinco individuales.
–La gente se pone contenta cuando ganás. Se nota que te quieren.¿Por qué creés que es eso?
–Bueno, yo quiero a los demás. Quiero a mis compañeros de trabajo, me preocupo por hacer mi trabajo lo mejor posible y darle lo mejor de mí a la gente que escucha radio o ve televisión. Siempre pienso en la gente, y en qué medida puede algo ser útil a quien lo escucha o lo ve. Me gusta porque podés ayudarlos, y hago lo posible para que eso ocurra. Aportar algo para ellos, no sólo entretenimiento. En uno de los momentos, que se llama “Los zapatos en el freezer”, yo…
–Esperá, esperá. ¿De dónde sale eso de que si los zapatos te ajustan, los ponés en el freezer y se agrandan y ya no te aprietan? El frío comprime. Es el calor el que dilata.
–No vamos a discutir sobre Química o Física. Pero si los zapatos te aprietan, los ponés una hora en el freezer y después los usás sin molestia. Me ocurrió. Es todo lo que te puedo decir. Tengo otras secciones: “Qué me pongo”, que es de orientación, en la que les digo cómo vestir cuando van a buscar un trabajo, o en una fiesta, esas situaciones. Y cómo hacer para sentirse bien. Y otra sección que se llama “Palabras para el alma”, en la que hablamos de ejemplos de vida, de cosas que van pasando.
–¿Por ejemplo?
–Hace poco, una mujer me mandó un CD cantado por ella. Es fabuloso como canta. Bueno, la llamamos y me contó que tiene 80 años y está en una silla de ruedas. Tiene un inmenso amor a la vida. Vos sabés que los domingos a la noche son especiales.
–Suelen ser melancólicos, tipo Extraños en la noche…
–Precisamente. Por ejemplo, hay una mujer que nos llamó que plancha los domingos a la noche. Y planchaba mirando la pared. Ahora, plancha las tres horas que dura el programa y, nos dice, se siente acompañada. Y nos llama mucha gente que está viajando.
El lema de Teté
Su frase favorita es “Trabaja como si no necesitaras dinero, amá como si jamás te hubieran herido y bailá como si nadie te estuviera mirando”.
–Pero, Teté, casi todas las personas trabajan para ganar dinero.
–Lo que yo digo es que si trabajás como si no lo necesitaras, lo harás con alegría. Por supuesto que cuando trabajo me pagan.
Admiradora de Manuel Belgrano, Teté cree que las heroínas más grandes son “esas mujeres que, solas, llevan su familia adelante”. Aunque le gusta la moda (“Y eso les pasa a todas las mujeres”) y aunque fue una modelo exitosa, nunca le gustó que la encasillaran como alguien a quien sólo le importa ese aspecto de la vida. “Me interesan los deportes y los libros y la música. Sí, es cierto que presento cada verano los desfiles de Roberto Giordano, pero eso me ocupa dos o tres días, y mi programa periodístico me ocupa toda la semana, todas las semanas”.
Siglo XX Cambalache
En 1965, cuando tenía quince años, Teté fue Reina de la Manzana, en Río Negro, su provincia natal. Nació en General Roca y vivió allí hasta que viajó a La Plata a estudiar periodismo en la Universidad. Cursó los tres años que en esa época insumía la carrera, y para festejar viajó a Mar del Plata, con Diana, su hermana mayor. Y la casualidad –sólo que las casualidades no existen–, hizo que en Mar del Plata estuviera el fotógrafo Osvaldo Dubini. Osvaldo no es todo lo famoso que merecería ser. Fue quien fotografió vestida sólo con piel de zorro a María Julia Alzogaray, cuando ella era ministra. Y quien descubrió a miles de bellezas. Él invitó a Teté a participar en el concurso Miss 7 Días y le pronosticó un éxito seguro. Ella no quería, pero su hermana Diana la convenció. Y ganó. Osvaldo Dubini tenía un ojo clínico para la belleza.
Junto con el cetro, llegaron contratos para trabajar como modelo, y en esa condición fue un día a un programa de televisión de Andrés Percivale. “Y me gustó tanto estar en el estudio que insistí para que me dieran la oportunidad de trabajar en tevé. Bueno, presentá modas ya que sos modelo”, me dijeron. Aceptó porque de algún modo hay que empezar. Y después, se fueron sucediendo diferentes programas, hasta llegar a los periodísticos, como Siglo XX Cambalache, el ciclo que hizo con Fernando Bravo, y por el cual ganó dos Martín Fierro. Y luego, vinieron otros. “Me considero muy afortunada porque trabajo en lo que me gusta, que no es el periodismo gráfico, sino el de televisión y el radial. El periodismo me ha permitido entrevistar a talentos, como Mario Benedetti y a ídolos, como Sandro. Sandro venía a mi programa porque sabía que yo era su fan número uno. También me gustaba Palito, pero Sandro especialmente. Otro que estuvo es Tinelli”.
–Hay un fenómeno, Teté, que es el de la “tinellización” de la TV. Que significa que él, Tinelli, hace un programa y que todos los canales, incluso algunos de cable, repiten escenas de ese envío.
–Bueno… es lógico que el éxito genere ese tipo de cosas. Además, repetir las escenas que generó otro programa es barato. Les conviene porque arman un programa de bajo costo.
–Pero ¿no le pagan a Tinelli por usar el material que él genera? En los Estados Unidos, por caso, si vos querés repetir una escena de Los Simpson, podés hacerlo, pero te pasan la factura. Y es así por ley.
–No conozco la legislación argentina acerca de los derechos sobre las imágenes, pero supongo que no le pagan a Tinelli. En todo caso, cuando repiten una escena de su programa, le están haciendo publicidad. No conozco la ley, pero seguro que no le van a pagar. Te reitero: a quien lo repite le sale barato. A mí no me gustaría hacer tele para hablar de otro programa. Pero la televisión está planteada así, con un tema de costos. Si es barato y da rating, adelante, es la consigna.
–¿Qué programa te gustaría hacer, Teté?
–Como buena descendiente de inmigrantes, circunstancia que comparto por lo menos con un sesenta por ciento de los argentinos, es precisamente, un ciclo sobre la inmigración en la Argentina. La idea es tomar desde los primeros, los que llegaron en las carabelas, hasta la época actual. Porque fijate que todavía están aquí y son muy viejitos. Hay personas que llegaron antes de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, y cuentan unas historias maravillosas. Algunas tristes, de nostalgia, pero casi siempre agradecidos por la hospitalidad que encontraron en el país. Hay muchas historias pero, por alguna razón, todavía ningún canal o radio me dejó hacer ese ciclo. Claro, a veces hablo de ese tema, pero como excepción. Me gusta, entre otras cosas, porque mamá es italiana, y mi padre, argentino hijo de franceses. La familia de papá era de Lourdes, y la de mamá de Rímini, Italia, el pueblo de Federico Fellini.
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