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trabajo
“Emprender la otra cara
del desempleo”
 

Las siete características del emprendedor
1. Pasión
•El deseo personal es el principal motor de sus acciones.
•Ama profundamente los productos o servicios, objetos de su actividad.
•Trabaja intensamente, muchas horas, sin demostrar cansancio.
•Interpreta el trabajo como un juego más que como una obligación.

2. Ambición
•Tiene confianza en sí mismo y cree en sus potencialidades y habilidades para llevar adelante su propio negocio.
• Sus objetivos personales actúan como el principal motivador de su conducta.
• Es consciente de la necesidad de su desarrollo, y por ello, se capacita permanentemente.
• Asume riesgos de una manera natural.

3. Iniciativa
•Tiene motor propio y no depende de estímulos externos para ponerse en movimiento.
•Está orientado, principalmente, hacia la acción y la resolución de problemas.
•No se conforma con el status quo.
•Permanentemente está pensando y comenzando proyectos y acciones nuevas.

4.Superación
•Determina el valor relativo de los problemas asignándole, a cada uno, su correcta dimensión.
•Es flexible para buscar caminos alternativos cuando los originales se cierran.
• Es tenaz, perseverante, insistente en el logro de sus objetivos sin caer en la testarudez.
•Es capaz de tolerar la frustración y el fracaso aceptando la realidad, reponiéndose y comenzando nuevamente.

5. Liderazgo
•Tiene visión y capacidad de convocar a otros en torno a esa visión.
•Debido a su capacidad de influencia es un referente en los ámbitos donde actúa.
•Comunica claramente sus emociones e ideas.
•Utiliza con naturalidad los distintos estilos de liderazgo, según las personas y las circunstancias.

6.Creativiad
•Sus ricas y variadas experiencias personales actúan como fuente de inspiración.
•Tiene la capacidad de visualizar alternativas distintas a los paradigmas establecidos.
•Es capaz de improvisar ideas y acciones para solucionar problemas nuevos.
•Tiene una amplia apertura mental que le permite encontrar alternativas innovadoras.

7.Recursos Personales
•Tiene capacidad de autocontrol.
•Define bien sus prioridades, pone el foco de su trabajo en ellas y administra su tiempo con efectividad.
•Busca, permanentemente, los medios apropiados para alcanzar sus objetivos.
•Utiliza con eficacia las nuevas tecnologías (Internet, mails, redes sociales, etcétera.).

Quedarse sin empleo, ser despedido o, simplemente, necesitar un cambio pueden ser motivos suficientes para armar la empresa propia. Historias de emprendedores que nacieron a partir de una crisis. Ejemplos inspiradores.

Hay veces en la vida en que uno siente la necesidad de dar un giro, de probar otro camino, de innovar. Aunque el futuro se presente como algo incierto, es casi imposible escaparle a esa intuición, convicción o mandato que surge desde lo profundo. Esta es la historia de Joaquín Sorondo (57): De profesión abogado, se especializó en Recursos Humanos y fue director de esa área en grandes empresas. Siempre gozó de éxito profesional, incluso cuando comenzó a surgirle la idea de un cambio, la de trabajar en otro sector. Sorondo cuenta que en el 2001, el problema del desempleo era muy grave y una de sus principales preocupaciones. Y que, como director de recursos humanos, tuvo que encargarse de reducir personal en la empresa.

Los primeros pasos
En desacuerdo con la medida, renunció. A partir de ahí, empezó a crear Inicia, una organización civil que nació como respuesta al desempleo. “En febrero del 2002, me fui con mi hijo a la Patagonia, a andar a caballo. Allí, rememoré todo lo que había estudiado y producido en las grandes corporaciones durante 25 años y pensé: ‘¿qué voy a hacer los próximos 25 años de mi vida?’ Decidí que no quería volver al mundo corporativo. No tenía en claro cómo, ni de qué manera lograrlo. Cómo iba a seguir la historia, no sabía. Solo sabía que quería formar Inicia”, recuerda.
Aunque Sorondo tenía la certeza, el cambio no era sencillo pues implicaba empezar de cero, con 50 años, una familia y cuatro hijos a su cargo. A pesar de la incertidumbre, tenía la seguridad de que su lugar estaba en el tercer sector y que desde allí podría aportar valor, experiencia y conocimientos. El sentir que había cumplido un ciclo y que podía volver a empezar, volver a aprender, actuó como aliciente para llevar a cabo sus objetivos. “Lo mío fue pura intuición, sentí que ese era el lugar, que tenía que ir para allí. Sí, tuve muchas dudas y algunos temores, porque me estaba metiendo en un camino que no conocía... Cuando uno está en un nivel gerencial muy alto, el tema económico pesa mucho, se gana muy bien y no se tienen problemas económicos. Y de golpe, uno se baja, prácticamente, a la nada”, cuenta. Y agrega: “Hay que sentir una gran motivación para hacer algo así y apostar a que el resultado será positivo. Yo tenía la intuición de que me iba a salir bien. Pero el temor, las preocupaciones y la incertidumbre me acompañaron los dos primeros años”.
Durante ese período –en el que vivió de sus ahorros– trabajó de lleno en la asociación. Convocó a emprendedores, a los que ya estaban en marcha y a los desempleados (a los que denominó “futuros emprendedores”). “La otra cara de la moneda del desempleo, en una sociedad que no ofrece empleo, es el emprendedor –explica Sorondo, buscando el lado positivo de la situación–. Organizamos encuentros masivos donde invitamos a uno o dos emprendedores para que actuaran como inspiradores; eran emprendedores económicos, sociales, culturales o cívicos. Y después, invitamos a algunos a que mostraran lo que hacían. A estos encuentros los organizamos con el concepto de la ‘plaza pública’, es decir, un lugar de encuentro donde ocurren muchas cosas, la gente se asocia, consigue clientes, proveedores, todo lo que es el networking. Esto se puede hacer cuando creas algo que está basado en la confianza. En este marco, la gente se relaciona, interactúa, sale de su pequeño mundo individual y reservado”.
La ONG que creó apunta a la clase media. ¿Por qué? Su presidente responde: “Si alguien formado y capacitado está sin empleo, pierde la posibilidad de generar empleo para otros. Si, en cambio, se pone en marcha, gracias a su experiencia laboral va a crear empleo para otros. Tiene un efecto multiplicador”.
Después de haber puesto en funcionamiento la ONG –en la cual sigue trabajando como voluntario– armó su propia consultora de Relaciones Humanas, tal como él prefiere llamar a la actividad. “Yo creo que mucha gente, en el mundo que nos tocó vivir, va a tener que desarrollar su propio trabajo, como free lance, como contratista de otras grandes empresas, como proveedor. Tener tu propia empresa, trabajar como profesional independiente es ser un emprendedor. Si no se tienen las habilidades necesarias para emprender algo solo, se puede asociar con alguien y así, unir talentos. Hay mucha gente que se ha hecho emprendedora por necesidad, no por vocación. Y eso es posible también. Incluso, hay gente que ha encontrado este talento que no conocía de sí misma y le ha encantado y le va muy bien. Y en muchos casos, fue forzado, fue a partir de un despido. Muchas veces, la necesidad funciona como motor para empezar algo. Se necesita caer al agua para salir nadando. Es cuestión de tomar la decisión”, finaliza.

La clave: estar convencido
Precisamente, a raíz de una situación forzada –y más por necesidad que por  vocación– es como Fabio Carabajal (44) armó su propia empresa. Este técnico de la aeronáutica trabajó durante casi veinte años en las principales aerolíneas del mundo, hasta que le tocó vivir la quiebra de una de ellas. Según Carabajal, fueron tiempos de mucha incertidumbre. No era la primera vez que veía cómo compañeros de trabajo, por diferentes circunstancias, eran despedidos. “Viví muchas veces los ajustes de personal. Vi el despido de infinidad de compañeros y nunca sabía cuándo me iba a tocar a mí. Fueron años agónicos, de un proceso muy largo y desgastante, tanto mental como espiritual. Entonces, la decisión de no trabajar más bajo dependencia en ese rubro estaba tomada”. Y agrega: “Era desesperante por la situación familiar, porque si bien mi mujer trabaja, los ingresos no alcanzaban. Estaba convencido de que la etapa final de la aeronaútica había llegado para mí, y de que tenía que hacer crecer mi emprendimiento para poder independizarme”.
Así es como Carabajal funda Maridos a domicilio, una empresa orientada a solucionar los desperfectos y pequeños problemas del hogar. Con este nombre, tan llamativo y a la vez tan acertado, da solución a cuestiones que van desde la reparación de una gotera de una canilla o la colocación de una lámpara, hasta la preparación de un asado. En un principio, se dio a conocer a través de un simple volante inserto en algunos diarios que se distribuían en un kiosco de una estación de tren de la provincia de Buenos Aires. El “boca a boca” hizo el resto del trabajo. Dada su experiencia, el nuevo emprendedor contaba con conocimientos muy específicos y técnicos, aunque le hacía falta capacitarse en el aspecto empresarial y administrativo. Más precisamente, cómo llevar adelante la propia empresa y cómo hacerla crecer. Por eso, recurrió a Inicia en busca de asesoramiento. Hace  3 años que participa en uno de los programa de la fundación: “Directorios coordinados”. “Se simula una reunión de directorio, en donde empresarios de muchísimo renombre nos ayudan –a mí y a otros cuatro emprendedores– a llevar adelante nuestros emprendimientos”, cuenta Fabio y agrega: “Vemos todas las dificultades que tenemos y dónde nos cuesta tomar decisiones. Nos enseñan a ver el emprendimiento desde los números. La idea es que el grupo continúe reuniéndose, más allá del programa, para ayudarse y asesorarse”.
Quien dejó atrás su carrera en la aeronaútica de una manera forzada, hoy está  muy orgulloso y seguro de su presente. “La clave es estar realmente convencido de la vocación que se deja. Eso tiene que estar muy claro porque no es fácil empezar un emprendimiento y mucho menos, sostenerlo”, aconseja. Y continúa: “Después, creo que lo ideal es fijar objetivos, metas, no desenfocarse y trabajar para realizarlos. Creo que es el secreto para no dar manotazos de ahogado. Muchas veces, me he equivocado yendo de un lado para otro. Hay que fijar una meta y perseguirla; después, todo lo demás se va ordenando. Es importante tener las metas en la mente, como un sueño, como un logro para realizar, y darle con todo a eso”.
Hoy, Fabio sigue persiguiendo nuevas metas. Está trabajando para llevar la marca al interior del país, en una especie de franquicia (prestación del uso comercial de la marca) y, además, hizo una alianza estratégica con otra empresa para cubrir el segmento de las reformas del hogar.

Creer en uno mismo
La historia de Eugenia Salas (42) es un caso de cambio de rumbo, aunque se podría decir que producto de la casualidad. Por lo menos, en un principio. De profesión abogada, ejerció el Derecho durante 14 años con gran vocación y de una manera “romántica e idealista”, según cuenta. Hizo una importante carrera en organismos del sector público y privado hasta que la conciliación de su profesión con la maternidad –es madre de tres hijos– le empezó a “hacer ruido”. A esto, se le sumó una crisis personal: “Estaba trabajando como asesora externa en un banco, part time, para poder ensamblar la maternidad y el ejercicio de mi profesión. En ese momento, estaba atravesando una crisis de pareja, y como en las noches me costaba dormir, aproveché para aprender a hacer accesorios. Mientras los chicos dormían, yo empecé a crear estos objetos que siempre me habían seducido mucho más que la ropa. Encontré en esto de crear con mis manos, una forma de disfrutar y de alejarme del dolor que sentía en ese entonces. Es una tarea que requiere mucha atención porque hay que contar las cuentas, ver si se hace una serie, seguir una consigna, etc. Aunque siempre me gustó, jamás lo había visto como una fuente de ingresos –explica la diseñadora de bijoux acerca de los comienzos de su emprendimiento–. Al principio, no tenía un sentido comercial, nadie me asesoraba ni tenía un plan de negocios. El salto a ser una emprendedora en serio tuvo que ver con empezar a creérmela”.
Salas empezó a ver que sus objetos eran muy bien recibidos por sus amigas, conocidos y conocidos de conocidos. Y la idea de dedicarse de lleno a lo que, en principio, había sido un pasatiempo y hasta una terapia, empezaba a calar hondo. Un día, un compañero de trabajo del banco le hizo notar que ella estaba en el punto de quiebre. En un punto de inflexión donde era necesario dar el salto. Así, la nueva emprendedora, completamente decidida, apostó a independizarse y a hacer crecer su negocio.
Empezó vendiendo a través del boca a boca, en ferias artesanales y en ferias de navidad. Salas cuenta que en el camino –ya van 6 años desde sus inicios– se cayó y se levantó muchas veces. Y, según explica, fue a partir de esas caídas que surgieron planteos y críticas positivas que le permitieron ir afilando y perfilando el negocio. “En una oportunidad, un señor que se dedicaba a los desarrollos de negocios me preguntó qué quería hacer específicamente, porque todavía no tenía definido si trabajar por menor o por mayor”, cuenta y continúa: “Ahí me lo empecé a cuestionar. Los primeros años trabajé en ferias y vendía a particulares. Creí que era la mejor opción porque mis cosas tienen mucha mano de obra, son muy exclusivas, en el sentido de que llevan mucho trabajo artesanal. Después, descubrí que prefería vender al por mayor. Así, me fui de las ferias y pasé a las exposiciones comerciales. Me presenté ante el público mayorista. Hoy, soy una marca mayorista de diseño de bijouterie de alta gama”. Ella señala al tesón y a la confianza en sí misma como sus más grandes aliados en su nuevo camino; además de estar abierta a las nuevas oportunidades. “El otro gran paso fue cuando me invitaron a una exposición de joyería. Al principio no entendí la invitación porque no es mi rubro, pero comprendí que podía incursionar en otro segmento: el de joyas y de relojes y que mis cosas acompañen esos objetos”. Hoy, Salas mira hacia atrás y no se arrepiente en absoluto del cambio de rumbo. Siente orgullo de la marca que logró crear en un tiempo de crisis.

¿Qué se necesita para emprender?
•Ver oportunidades donde otros no las ven. No se necesitan grandes ideas, no hay que “inventar la pólvora”; simplemente, descubrir oportunidades y estar decidido a llevarlas a cabo, a “hacer”. Más que la plata, es importante una buena preparación o capacitación, estrategias adecuadas y muchas ganas de hacer.
•Vivir los sueños, en lugar de vivir soñando.
•Ser curioso, y amante de los desafíos.
•Hacer lo que los demás no se animan, querer superarse, hacer la diferencia.
•Estar dispuesto a correr riesgos. Lo que no quiere decir “tirarse a la pileta”, hacer locuras, hacer cosas sin pensar o planificar. El riesgo primero se calcula, se estima y luego, se decide “correrlo”.
•Sentir pasión por lo que uno hace y dirigir toda esa pasión a concretar el proyecto.
•Trabajar mucho y duro, con profesionalismo y responsabilidad. El emprendedor no es la persona que “la pegó”, que “tuvo suerte”.
•Capacitarse, capacitarse y capacitarse. Emprendedor nos se “nace”, sino que se “hace”. Para lograr que el trabajo sea sustentable en el tiempo, es imprescindible la capacitación permanente.

*Por Alejandra Méndez, responsable de capacitación en Inicia.