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mundo interior
“¿Quiénes somos
en realidad?”
 

Conocerse más
¿Qué tan bien se siente consigo mismo? ¿Cuánto se aprecia? ¿Cómo está su autoestima? ¿Cuán útiles le resultan sus creencias y cuánto lo limitan? ¿Qué programas y modalidades sensoriales utiliza con mayor frecuencia en su vida cotidiana? Para responder a cada uno de estos interrogantes, puede realizar diferentes test con resultados rápidos y sorprendentes. Hay exámenes de autoestima, de creencias, de hemisferios cerebrales y de sistemas representacionales, entre otros. ¿Cómo hacerlos? Ingrese a www.estrategiaspnl.com/
test.phtml

Historia de la PNL
Durante los años setenta, Richard Bandler y John Grinder sostenían que la mente y el lenguaje se pueden programar de tal forma que actúen sobre el cuerpo y la conducta del individuo. Para comprobarlo, estudiaron los tratamientos que llevaban a cabo los tres terapeutas más exitosos de EE.UU. Así fue como concluyeron que sus procedimientos se basaban en un patrón de comunicación que desembocaría en la PNL. El primer logro de la PNL fue una terapia por la cual, mediante ejercicios, una persona superaba cuadros de fobia que arrastraba desde hacía años. Durante los años ochenta y noventa, John McWhirter reformó la PNL (“PNL Remodelada”), ampliando su ámbito de aplicación, acentuando sus aciertos y minimizando sus errores.

 

Claves de la PNL*
•Comunicación: Su resultado no es nuestra intención, sino la respuesta que se suscita en el receptor.
•El mapa: Uno percibe la realidad subjetivamente. Lo que se llama “realidad” no es más que la percepción que uno tiene sobre el mundo.
•Pensamientos negativos: resultados negativos.
•Estados internos: Estos son disparadores de emociones, y las emociones son disparadores de conductas.
Sin embargo, uno tiende a modificar las conductas.
¿No será más sencillo cambiar los estados internos?
•Metalenguaje: ¿Es lo mismo decir “Nadie me quiere” que “Algunos me quieren”? El lenguaje deforma nuestra percepción de la realidad.
•Sistema representacional: Las personas utilizan distintos canales sensoriales. Para lograr una comunicación óptima deberíamos utilizar los mismos canales que nuestro interlocutor.
*Fuente: Instituto Argentino de Formación e Investigación (IAFI)

¿Lo que nosotros pensamos que somos o lo que los demás piensan de nosotros? A este planteo existencial intenta responder la Programación Neurolingüística (PNL), un modelo de comunicación conformado por una serie de técnicas, cuyo aprendizaje y práctica están enfocados al desarrollo humano. Los especialistas analizan y debaten acerca de cómo afecta a las creencias, a las conductas, a la identidad y a la autoestima, este arte de elegir y dirigir para caminar por la vida a paso firme.

Para la neurosicoeducadora Luisa Cordeiro, el interrogante que titula esta nota no goza de una originalidad extrema si se considera que el hombre, desde tiempos remotos, se pregunta quién es. Pero el planteo, por menos novedoso que sea, no pierde en complejidad. Una complejidad necesaria para acercarse a una respuesta que exige recorrer un camino de reflexión personal y reconocer, en la medida de lo posible, qué hizo uno y qué dejó de hacer para llegar a ser quien es.
Cuando uno examina qué tipo de persona es, o si se aprecia o se estima tal como es, está cuestionando su sistema de creencias y valores, y, por lo tanto, elige el sendero por el cual desea transitar, o bien visualiza los objetivos que aspira abrazar.
En palabras, parece sencillo, pero no lo es. Por eso, en la actualidad, la Programación Neurolingüística (PNL) aporta conceptos y técnicas para desembarcar en buen puerto. “La PNL es una escuela de pensamiento pragmática que permite, primero, comprender las causas de aquello que estamos haciendo, sintiendo o pensando; y segundo, descubrir los aspectos y factores que facilitan el crecimiento personal o que nos impiden sentirnos satisfechos”, explica Cordeiro, presidente y socia fundadora de la Asociación de Programación Neurolingüística y trainer y coach internacional en PNL. “Lo que la PNL contempla es la forma en que procesamos neurológicamente la información y su efecto sobre nuestra conducta y emociones, a la vez que promueve la flexibilidad de comportamientos, el pensamiento estratégico y la comprensión de los procesos mentales. Entre los propósitos de la PNL, encontramos el favorecer el cambio transformador, el incrementar las opciones y alternativas de acción, y el generar nuevas posibilidades de percepción acerca de uno mismo y de los otros”.
Para clarificar aún más el panorama, Axel Persello, director del Instituto Argentino de Formación e Investigación (IAFI), agrega que la PNL se trata, ni más ni menos, de un modelo que explora cómo trabaja nuestra mente. “Se usa para programarnos a nosotros mismos y que nuestros emprendimientos nos resulten fáciles y eficientes –define Persello–. De igual modo, estudia la estructura de la experiencia subjetiva del ser humano: cómo, a través de sus sentidos, las personas perciben el mundo y cómo, en función de lo anterior, elaboran ideas y asumen comportamientos”.
La PNL intenta demostrar, por ejemplo, por qué, ante un mismo suceso, están los que se deprimen y los que salen adelante sin mayores dificultades. La diferencia, entre unos y otros, radica en la manera de encausar las experiencias. “¿Por qué se la denominó ‘programación’? Porque, ante ciertos hechos durante su vida, el hombre ejecuta programas. Si el resultado alguna vez fue óptimo, ese programa queda guardado en la base de datos del cerebro y se lo vuelve a aplicar reiteradas veces –aunque fuera del contexto adecuado puede arrojar desenlaces inesperados–. La habilidad consiste en saber qué programa ejecutar en cada momento y situación. Es importante tener en cuenta que el cerebro puede reprogramarse”, aclara Persello y prosigue: “¿Por qué ‘neuro’? Porque toda nuestra actividad se da por medio de nuestro sistema neurológico. Las neuronas sensoriales son las que traen la información a nuestro cerebro y las neuronas motoras, las que ejecutan los programas. ¿Y por qué ‘lingüística’? Porque los programas los ejecutamos a través del lenguaje (corporal, palabras, gestos, diálogos internos)”.
Pero volvamos al principio. ¿La PNL puede descubrir quiénes somos en realidad? “Para nosotros, somos lo que creemos que somos. Para los demás, lo que transmitimos –aporta Persello–. Esto no supone que salga a la calle a decir que soy el mejor piloto de Fórmula 1 si nunca me subí a un auto. Veámoslo así: si en una entrevista laboral manifiesto inseguridad con mi lenguaje corporal, cuando me retire, el entrevistador inferirá: ‘Era una persona insegura’. En cambio, yo pensaré: ‘Estaba inseguro’. Analicemos los enfoques. El entrevistador se refiere a mi identidad y yo hago hincapié en mi conducta. ¡Es que para los otros soy lo que transmito! La PNL defiende que las personas distorsionan la realidad, y que esta, como tal, no puede ser percibida por ningún otro individuo. La realidad existe, pero está distorsionada por nuestros filtros neurológicos, sociales y culturales. Quienes más se acercan al concepto de realidad son los niños, porque no tienen incorporados todos los filtros que tenemos los adultos”.

–¿La realidad es una invención entonces? ¿No hay una realidad absoluta?
Cordeiro. –¿Alguna vez escuchó distintas versiones de un mismo hecho? Esto ocurre porque cada persona selecciona una parte de la realidad en función de sus creencias, intereses, valores y experiencias de vida, y presta atención a ello, omitiendo, distorsionando o generalizando los estímulos percibidos. Este es un proceso automático e involuntario.
Persello. –La PNL se basa en que el ser humano no opera sobre el mundo real en el que vive, sino que lo hace a través de representaciones mentales que determinan cómo uno lo advierte. No dependemos de los hechos, sino de lo que hacemos ante ellos. Y eso, a su vez, depende de las construcciones mentales que realizamos. Se las llaman estrategias mentales. Hay una realidad, pero cada persona la interpreta y la significa de forma desigual. ¿Perón fue un buen presidente? ¿Quién puede decir cuál es la realidad? Ni el propio Perón, si aún viviera.

El mapa
La PNL parangona la realidad con un mapa, en el que figuran nuestros conocimientos e intereses. Ningún mapa refleja completa y exactamente al mundo, ni hay mapas buenos o malos, sino que son amplios o estrechos. Tampoco hay programas predeterminados antes de nacer. Somos instintivos. O sea, los aprendemos. “Si alguien me sonríe, quiere decir que está contento de verme. Eso es un programa incorporado. Pero hay quienes piensan que si alguien les sonríe, es porque está tramando algo. Ese es otro programa”, profundiza Persello. “Asimismo, cada programa depende del contexto. Si mis últimas tres novias me fueron infieles, todo indica que la cuarta también lo será. El desafío de la PNL es cambiar los programas, ya que parte de la base de que la reiteración llevará a obtener los mismos resultados. En consecuencia, apunta a qué hacer, específicamente, para que mi próxima novia no me sea infiel. Compara qué hacía y qué no hacía anteriormente y saca conclusiones”.

–¿Cómo afecta la PNL a las creencias, a las conductas y a la identidad?
Persello. –Las creencias son de esas cosas que no estamos dispuestos a negociar. Si creo en Dios, difícilmente alguien me convenza de que no existe. Las creencias son útiles, porque, en su conjunto, definen nuestra identidad, pero hay otras que no lo son tanto. A raíz de hechos del pasado que no fueron del todo gratos, los seres humanos tienden a generalizar y a adoptar convicciones inútiles. Pero cuando las creencias son fuertes y valiosas, uno les transmite a los demás lo que cree que es. Por ende, se achica la brecha entre cómo se percibe uno y cómo lo hacen los demás, dado que uno se comporta según lo que cree, y los demás observan lo mismo.
–No se olvide de la identidad…
Persello. –La identidad está en un nivel superior. “¿Quién soy?” es la gran pregunta. La mayoría de las personas no puede contestarla porque, en términos de PNL, se halla en una estructura muy profunda. La identidad muta con los años.

–¿Qué ligazón existe entre la PNL y la autoestima?
Persello. –La autoestima no figura en los niveles neurológicos de la PNL. Sin embargo, unas creencias adecuadas y una identidad definida positivamente ayudan a forjar una buena autoestima. Si una persona se presenta como “un fracasado”, está hablando de su identidad. Pero si sostiene: “Fracasé en un proyecto”, está haciendo mención a las conductas. Utilizar el lenguaje asertivamente colabora con tener una buena autoestima.
Cordeiro. –Como decía Henry Ford, tanto si crees que puedes como que no puedes, tienes razón. Cuando la persona siente que puede desarrollar capacidades para gestar un logro determinado, genera las conductas necesarias para cumplir con ese objetivo.

Las técnicas de la PNL
Entre las bondades de la PNL pueden enumerarse la resolución de fobias o miedos; el control de las emociones; el fomento del equilibrio y el pensamiento positivo en beneficio propio; el correcto manejo de la comunicación verbal y no verbal; y la optimización de las aptitudes y los vínculos interpersonales. ¿Pero tiene técnicas aplicables la PNL? Claro que sí. Algunas de ellas son reencuadre, cambios de creencias y de metaprogramas, integración de partes, generación de nuevos comportamientos, visualizaciones, anclas y modelado, entre otras.
“La PNL se escuda en una serie de supuestos en los que apoya sus metodologías y técnicas para la excelencia del ser humano. Utiliza las distinciones que nos brindan nuestros sentidos (la agudeza sensorial con la que nos enriquecemos diariamente) y las que nos ofrece el lenguaje (las secuencias y significados de las palabras, así como las enseñanzas que nos brindan las historias y las metáforas que operan tanto en el consciente como en el inconsciente)”, opina Cordeiro y concluye: “La PNL nos sitúa en un estado presente, buscando lo que deseamos para nosotros mismos. Nos otorga herramientas para bucear en los sistemas de creencias –propios y ajenos– y nos sugiere técnicas para acceder a nuestra fuente de recursos. Además, nos hace tener conciencia del lugar en donde focalizamos la atención, y de todo aquello que nos potencia o nos limita. Nos propone producir un mayor grado de responsabilidad respecto de nuestros actos y detectar su valor. En particular, cuando actuamos a partir de la seguridad de anhelar un mundo al que las personas pretendan pertenecer”.

Más info
www.asocia- cionpnl.org.ar
www.iafi.com.ar


“Seré lo que crea que soy”*
Todas las personas que nos rodean forjarán opiniones diferentes sobre nosotros. Coincidirán en algunos puntos, pero en otros no. Cada uno opinará desde sus propias percepciones. Percepciones que entraron a través de sus sentidos cuando nos vieron actuar de alguna manera específica. Pero hay algo más importante, algo que puede reforzar o hundir nuestra autoestima: nuestra valoración sobre quiénes somos. Y este es el punto clave, porque seremos lo que creamos que somos. Las conductas se desprenden de las creencias. Si creo que soy el mejor vendedor, me comportaré de forma congruente con ello. Si pienso lo contrario,
difícilmente pueda vender algo. Las creencias tratan sobre cosas inciertas. Si son hechos confirmados, dejan de ser creencias. La expresión “Creo que el hombre llegará a la luna” no es una creencia, es un hecho confirmado. En cambio, la afirmación “Creo que hoy puedo tener un buen día” no está confirmada. Entonces, ya que se trata de cosas inciertas, qué mejor que programarse para tener creencias positivas, ya que si creo que “no puedo”… ¿para qué intentarlo? Trabajar con nuestras creencias es como hacer el service del auto. Cada tanto conviene revisarlas y ponerlas a funcionar adecuadamente.
*Por Axel Persello, director del Instituto Argentino de Formación e Investigación (IAFI).