Además de gozar del don de la belleza, es simpática, divertida, entradora, jocosa. Siempre, pero siempre, con una sonrisa a flor de piel. Pero tiene una característica aún más sobresaliente: es tan joven como talentosa. Con apenas 25 años, Priscilla Pompa obtuvo una distinción en la edición “Una década de imágenes 2010” de la Women In Photography International (WIPI), recibió un premio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por su trabajo dedicado al calentamiento global y fue seleccionada, entre colegas de todo el mundo, para que sus instantáneas engalanaran los libros Photographer’s Forum/The Best Of 2009 y Trough The Eyes Of New Photographers.
Ah, obviamos un pequeño detalle (aunque, quizás, lo haya sospechado): la niña es fotógrafa. Y, como se puede apreciar, de las buenas. Esta artista mexicana, que acaba de soplar 25 velitas, logró exponer, en tiempo récord, en ciudades como Nueva York, Los Ángeles y Montreal, y en países como la Argentina, Austria y Malta (sí, Malta), entre otros. “Es increíble que, a mi edad, tenga mi carrera tan encaminada y creciendo como lo está haciendo. Así como es una satisfacción enorme poder representar a mi querido México por todo el planeta. Eso me hace sentir orgullosa”, confiesa y filosofa: “¿Sabes? Todo se acaba en esta vida. Lo que sube, baja. Así que, tanto cuando estás arriba, como cuando puedes observar los frutos de tu trabajo, ¡gózalo y saboréalo como si fuera lo último que vayas a hacer!”.
Evidentemente, la chaparrita tiene los pies sobre la tierra. ¿Siempre habrá tenido el horizonte tan cristalino? Al parecer, sí. Todavía conserva una vieja fotografía donde no tiene ni un año de vida y ya porta una cámara en mano. “Yo veía que mi madre siempre andaba con una cámara, ya que adoraba la fotografía. ¡Con mis hermanas huíamos porque ella nos perseguía para retratarnos! –se ríe Priscilla–. También recuerdo que me habían regalado unas cámaras chiquitas, de rollo, con las que tomaba infinidad de fotos. Obvio, mi madre no me dejaba revelarlas todas porque hubiese gastado una fortuna (se tienta). Para mí era un juego…”.
Pero si de marcar un antes y un después se trata, nuestra entrevistada no duda en admitir que, en su obra, fue fundamental el regreso a su tierra natal (pasó un largo período en Los Ángeles). México, sus tradiciones y sus rostros, se transformaron, según dice, en su objeto de deseo (¿su obsesión?). “Mi pasión por la fotografía comenzó cuando retorné a mi país y lo redescubrí, bajo una mirada diferente: más colorido, más fresco, nuevo, vivo… hermoso”.
Para muestra basta un botón: en National Geographic, su primera publicación fue una fotografía… de México. Y adivinen: su primera muestra tuvo como protagonista a… ¡México! “Yo tomo fotos documentales. Absorbo de un país su cultura, sus habitantes, sus injusticias, su política”, especifica.
Inquieta, curiosa, autodidacta y superexigente consigo misma, lo suyo fue dejarse llevar por el ensayo y error. Y si bien asegura no tener referentes, hay quienes afirman que está fuertemente influenciada por Frida Kahlo, Salvador Dalí, Pablo Picasso y Manuel Álvarez Bravo. “Yo me nutro de lo que me rodea. ¡Soy como una esponja! Uno no puede escapar ni renunciar al arte, simplemente brota. Así lo acepto y lo dejo fluir”.
Mariposa technicolor
De alguna manera u otra, los Pompa estuvieron vinculados al arte. Aunque, según quién lo determine, el concepto “arte” puede ser un tanto abstracto, ¿no, Priscilla? “Mis abuelos y mis padres fueron pilotos de avión. Para mí, ¡eso es un arte!”, lanza una carcajada.
–¿Ya existe un “estilo Pompa”? ¿Cómo lo definirías?
–Mira, la verdad es que tomo distintos tipos de fotografía, ya sea documental, conceptual, temático, autorretrato, etcétera. Pero si hay algo que resalta en mis trabajos es, sin lugar a discusión, ¡el color! Todavía transito un proceso de progreso para llegar al “estilo Priscilla Pompa” definitivo. Siempre estoy improvisando, experimentando y queriendo conseguir algo peculiar. Mi carrera aún es incipiente, por lo que no puedo concluir si seguiré, o no, haciendo autorretratos o fotografía mexicana. A medida que uno crece, a su vez lo hace como artista, y mi idea es sorprender con propuestas disímiles entre sí.
–Pero tu impronta no pasa inadvertida…
–Bueno, muy despacito fui agregando cositas mías, “detallitos” que el público solo notará. En síntesis, es lo que persigo: que la gente se dé cuenta por sí sola de ciertas cosas. Me falta experimentar bastante más, pero, sí, mi estilo es colorido, atrevido, juguetón, sin temor y libre de expresión, para que se exponga y cada uno lo interprete con total libertad.
Priscilla revela que la inspira todo aquello que revolotea por su entorno. Puede ser la música de Janis Joplin, Jimi Hendrix, The Beatles o Red Hot Chili Peppers, como las películas de Alfred Hitchcock, Wes Anderson o Woody Allen, o los relatos de Edgar Allan Poe. “Me apoyo muchísimo en las costumbres de los países, en los sueños que se me cuelan por las noches y en los grandes personajes emblemáticos, como Nelson Mandela”, considera.
–¿Cuáles son los temas que más te interesa retratar?
–Mmm… no hay algo en particular. Depende de qué temporada esté pasando y cómo ande mi humor (risas). Me interesan los temas reales que están sucediendo a nuestro alrededor y las fantasías que nacen de mis motivaciones, y que, luego, termino creando. En otras ocasiones, puedo pergeñar cosas muy crudas o todo lo contrario, muy entretenidas y más relajadas. Hay veces que me pongo en los zapatos de alguien más o me apropio de alguna historia o acontecimiento verídico, aunque no guarde relación directa conmigo. Todo es una forma de expresión que me ayuda a sacar lo que llevo dentro.
Un amor llamado Argentina
No es sencillo dar con Priscilla. Andariega las veinticuatro horas, en su agenda podría leerse: “Martes, en Cancún; miércoles, en Londres; jueves, en Croacia”. Y así sucesivamente. Así de cambiante. Así de caótico. Pero ella, así, es feliz: “Los viajes surgen constantemente. Amo lo que hago, lo cual no es para nada menor en esta vida”.
Pero Priscilla coincide con Horacio Ferrer en aquello de que “las callecitas de Buenos Aires tienen ese qué se yo”. De hecho, su primera muestra fue bajo el cielo porteño. Su empatía con los colores celeste y blanco se extiende más allá: sus clics fueron elegidos y elogiados por artistas como Gyula Kosice y Kevin Johansen, entre otros.
“La Argentina es muy especial para mí –desliza–. Allí empecé el camino de la fotografía profesional. Me siento muy unida a ella porque, antes que nada, ¡es Latinoamérica! Asimismo, me llama poderosamente la atención la riqueza con la que cuenta en los ámbitos del arte y la cultura. ¡Eso es algo que aprendí a valorar mucho! Los argentinos son muy talentosos y creativos. Y la Argentina, como país, tiene todo tipo de vegetaciones y vistas. Buenos Aires, por ejemplo, es una ciudad magnífica... encuentras los eventos que quieres cuando quieres. Es alocada y acelerada. Y a mí siempre me sedujo la adrenalina”.
–¿Fuiste consciente del salto artístico que experimentaste al pasar a ser, con apenas 25 años, una artista aplaudida en todo el mundo?
–Nunca me lo puse a pensar, pero el profesionalismo toca a tu puerta cuando muchas galerías y publicaciones quieren exhibir tu arte. ¡Es primordial no dejarse estar y poner el cuerpo en movimiento!
–¿Eso fue lo que pusiste en práctica?
–¡Claro! Comencé a enviar mi material a otros países y, aunque yo no podía estar presente, me encargaba de hacer llegar mis obras a donde fuera el destino final. ¡Así gané varios concursos internacionales! Mi fórmula es no conformarse jamás. Me propuse trabajar sin parar ni mirar hacia atrás. Poco a poco, y cuando menos lo esperé, sentí que había construido una trayectoria respetable. ¿La clave? No dormirse, luchar y trabajar por lo que quieres. Así se alcanzan las metas. |