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personaje
“Me gusta dosificar
mi trabajo en la tele”
 

Actriz de armas tomar
La primera vez que la vimos fue en la tira juvenil 1/2 Falta. Allí era Eloísa, una humilde alumna que se esforzaba para superar sus carencias económicas y afectivas. Luego tuvo una sólida participación en Mujeres asesinas y en el 2007, llegó a Son de Fierro, donde interpretó a Morena, una chica rebelde enamorada de su profesor de Historia (Mariano Martínez). En Socias, Vanesa fue la hija freak de Mercedes Morán. En teatro, brilló por su composición de la niña judía que debió ocultarse de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, en la obra El diario de Ana Frank, papel que le valió un premio como Revelación. Actualmente, está haciendo Todos eran mis hijos en el Teatro Apolo de Buenos Aires, junto a Lito Cruz, Ana María Picchio y Esteban Meloni.

La mujer de la discordia
Cain y Abel es la nueva tira prime-time de Telefé que verá la luz en septiembre. Allí, Vanesa será Julieta, una mujer muy plantada, que trabaja en una empresa de seguridad que realiza manejos turbios. “Julieta conoce el accionar mafioso que hay en su trabajo y vive llena de contradicciones. Es bastante obsesiva y eso la llevó a escalar posiciones dentro de la empresa”, asegura la actriz. Además, ella será el objeto de deseo que alimente el enfrentamiento entre los hermanos Agustín (Joaquín Furriel) y Simón (Fabián Vena).

Siempre elogiada por sus trabajos, Vanesa González supo construir una carrera sólida en teatro y televisión. Acaba de ganar el premio ACE como Mejor Actriz de Reparto en Drama por su papel en la obra Todos eran mis hijos y se prepara para debutar como protagonista de Cain y Abel, una nueva tira en el horario prime-time. Una actriz imparable.

Irrumpió en la televisión allá por el 2005 y gracias a su frescura y talento, se convirtió en protagonista de un camino siempre en ascenso. Trabajó en Mujeres Asesinas, Son de Fierro y Socias. Desde hace algunos meses, Vanesa González (23) interpreta a Anne Deever en la obra Todos eran mis hijos, papel por el que acaba de quedarse con el premio ACE como Mejor Actriz de Reparto en Drama. Y estará en la pantalla chica por partida doble: como la enfermera que cuidó a Eva Perón en Lo que el tiempo nos dejó, producido por Sebastián Ortega; y como Julieta, la mujer por la que Joaquín Furriel y Fabián Vena se enfrentarán en la nueva tira prime-time de Telefé.
–¿Qué es lo que más te seduce a la hora de elegir tus trabajos?
–Lo que primero me atrae es la historia, lo que se va a hablar. Si eso me gusta, después aparecen las cosquillas en la panza. También son importantes los compañeros y, obviamente, mi personaje. Si eso que tenemos para contar tiene un costado social, me dan más ganas aún.
–¿Y cómo te llevás con la televisión?
–Me gusta dosificar mi trabajo en la tele. La tomo como un espacio más de trabajo y siento que como actriz me sirve mucho, no sólo por el training que me da, sino porque, además, me permite entrar en la casa de millones de personas y eso genera que muchas de ellas después me vayan a ver al teatro. Es un ida y vuelta.
–Tuviste dos momentos de fuerte exposición: 1/2 Falta y Son de Fierro. ¿Cómo los manejaste?
–Nunca lo tomé como algo terrible y sería una ingrata si dijera que alguna vez la pasé mal. Simplemente, optaba por no ir a lugares donde sabía que podía armarse revuelo, sobre todo porque lo que más incomoda es que quien está con vos en esos momentos tiene que vivir algo que no eligió. A veces, no sabés cómo manejarlo: si ser muy simpática con los que se te acercan o si pedirles disculpas a los que están con vos (Risas). Además, todo tiene que ver con el vínculo que cada uno establece con la popularidad, ¿no? Si te escondés, generás histeria, si te hacés la difícil, seguramente todo se complica por demás.
–Al comienzo, tus padres no eran partidarios de que te dedicaras a la actuación. ¿Ya todo cambió?
–Sí, ahora están muy contentos, aunque todo esto les sigue siendo muy ajeno. Ahora vivo sola, pero cuando estaba con papá tenía que explicarle que había cosas que quería hacer y otras que no. Para él, todo era trabajo y no entendía que dejara pasar algunas cosas. Además, dedicarte a la actuación te hace llevar una vida diferente: si hacés teatro, tenés todo el día libre y vivís de noche y es lógico que a tus padres les cueste entenderlo.
–¿Cuándo decidiste que querías ser actriz?
–Siempre me fascinaron los escenarios y todo el tiempo me imaginaba ahí arriba. Además, estaba horas jugando sola en un mundo de fantasía inmenso. La imaginación me podía. Jugaba a “mamá perro”, mis osos de peluche eran mis cachorros y yo los llevaba con la boca de un lugar para otro. Podía estar horas jugando a eso. También me disfrazaba y mientras veía las películas de Disney, las iba actuando.
–¿Es cierto que fuiste ocho veces a ver la obra Agosto?
–¡Sí! Y después me tocó reemplazar a Julieta Zylberberg, en el papel de la hija de Mercedes (Morán), por unos meses. Me gusta ver muchas veces una misma obra de teatro, ver cómo evoluciona y cómo crecen o no los trabajos de los actores. Es un gran aprendizaje, algo que me inculcó mi gran maestra Helena Tritek.
–El diario de Ana Frank y Todos era mis hijos son dos obras que siempre soñaste hacer y que finalmente se te dieron.
¿Creés en la configuración de los propios deseos?
–Creo que todos tenemos tareas en este mundo, cosas que tenemos que ir haciendo. Más allá de creer en los propios deseos, considero muy importante la energía y la confianza que cada uno le pone al aquí y ahora. La sangre, la pasión, la dedicación… Creo que el futuro se arma con el esfuerzo que le ponemos al presente. Es lo que yo intento hacer con mis trabajos.
–¿Sos muy obsesiva?
–Demasiado. Soy muy autocrítica y me pongo intransigente cuando algo me sale mal o siento que no le encuentro la vuelta. Sueño con eso, me levanto pensando en eso… Me pasa lo mismo en las funciones cuando siento que no rendí al máximo. Me pongo como un ojo observador todo el tiempo y es algo que me hace sufrir, algo que tengo que modificar.
–¿Hacés terapia?
–No, ahora no. Hice análisis de los 15 a los 18, pero soy de las personas que creen que está bueno volver cada tanto, repensar. Es una forma de despabilarte y cachetear tu propia personalidad para no encasillarte en carriles que, muchas veces, no conducen a ningún lado. Algo así como ir repavimentando el propio camino para estar más conforme con uno mismo.
–Desde que comenzaste, tus trabajos siempre tuvieron gran aceptación del público y recibieron buenas críticas y premios. ¿Nunca te la creíste?
–Jamás. Los actores estamos todo el tiempo a merced de la aceptación ajena y la posibilidad que tenemos de no gustar es siempre del 100%. Sin dudas, Ana Frank fue un antes y un después para mi carrera, porque en los ensayos, yo sentía que era un personaje con el que no iba a poder. Helena (Tritek), la directora de la obra, hizo que yo pudiera aislarme, no tener la cabeza en el afuera y así poner todas mis energías en el trabajo. Creo que fue la mejor enseñanza que alguien pudo darme.

Una chica singular
–¿Tenés muchos amigos?

–No, no muchos. Tengo una muy amiga de mi edad, pero después todos son más grandes que yo. Me siento cómoda.
–¿Cuánto hace que te fuiste a vivir sola?
–Hace un año y medio y me encanta. Es tan genial vivir solo que me preocupa un poco. Me parece que nunca más voy a poder vivir con alguien.
–¿Te llevás bien con la soledad?
–Muy bien. Me encanta escuchar música a todo lo que da y cantar como una loca y me gusta mucho leer y para eso, necesito silencio absoluto porque me desconcentro con el vuelo de una mosca.
–¿Es cierto que dormís con el velador encendido?
–Creo que maduré un poco porque a veces lo apago (Risas). Lo admito, no lo puedo manejar, abro lo ojos en medio de la oscuridad y digo: “Ay, no, cómo la gente puede soportar esto”. Igual, uso una lamparita de bajo consumo (Carcajadas).
–¿Y sos organizada con las tareas domésticas, el dinero, el pago de los impuestos?
–Los impuestos se me vencen, pero los pago toditos. Y soy una ob-se-si-va de la limpieza. No sabía que era tan hincha con eso. Ensucio un plato y lo lavo, un vaso y lo lavo, le cambio las piedritas a mis gatos una o dos veces por día… ¡Soy fatal!
–¿Estás en pareja?
–Estoy re de novia, muy enamorada, ¡feliz! Lo quise evitar, pero no puede. Hacía poco que me había mudado sola y quería disfrutar de mi soltería, pero me crucé con Iván Ferrigno y no pude resistirme.
–¿O sea que la gran Norma Aleandro es tu abuela política?
–Yo tengo mi abuela real (Risas). Nelly, la mamá de mi mamá, es un ser muy importante en mi vida. Ahora ella no puede ir a verme al teatro y creo que una de las razones por las que voy a hacer la nueva tira de tevé es para que ella pueda verme.
–Tuviste la posibilidad de trabajar junto a Norma y dos veces junto a Mercedes Morán. ¿Son ejemplos para seguir?
–¡Sin duda! He aprendido mucho de ellas. Son muy generosas como actrices y como personas, y tan libres y felices con lo que hacen que es un placer verlas trabajar.
–¿Tenés Facebook?
–Tengo, pero no lo sé usar. Un día le dije a mi hermana: “¿Me sacás un perfil en Facebook, así puedo ver fotos y esas cosas?”. Trato de pertenecer al mundo Facebook, pero no me sale (Risas). Hoy hablaban en la tele de Twitter y tampoco entendí nada. ¿Qué pasa? ¿El Facebook ya fue?
–Te propongo un juego: ratificar o negar ciertas características que se desprenden de tu nombre. Por ejemplo: Siempre dispuesta a ayudar a los demás.
–¡Sí! Me gusta estar atenta a lo que le pasa a la gente que quiero y trato de poner la oreja si me necesitan.
–Te gusta aprender cosas nuevas.
–Me encanta. Soy super curiosa. El otro día estaba leyendo una entrevista a Marilyn Monroe y hablaba de un libro llamado Cartas a un joven poeta. Me metí en Internet para ver quién era el autor y me lo compré.
–Sos de carácter fuerte.
–Demasiado para mi gusto. Se me nota lo que pienso y lo digo sin filtro. Eso suele traerme problemas. Me pongo bruta y no está bueno. ¿Me das un segundito? Creo que voy a llamar a mi terapeuta para empezar mañana mismo (Risas).