Cuando Las Leonas no eran todavía Las Leonas, a mediados de los noventa, Sergio “Cacho” Vigil empezó a escribir como entrenador la historia del que con los años se convertiría en uno de los proyectos más serios y productivos que tuvo el deporte argentino. El hockey femenino de nuestro país se transformó en una gran potencia, el mundo sucumbió a su estilo, y sus jugadoras dieron cátedra en los torneos más exigentes y triunfaron en ligas extranjeras. Entre otros títulos, Las Leonas lograron el Mundial de Australia en 2002 y el Sudamericano de este año, en el que también ganaron el Champions Trophy por tercera vez consecutiva. Hay una asignatura pendiente: el oro olímpico.
Las Leonas se convirtieron en potencia. Fueron ganando los torneos más exigentes, conquistaron la cima y se afianzaron. El hockey argentino superó hasta su propio techo. Los rivales más poderosos saben que ellas, las argentinas, son un equipo a vencer. En el ambiente del hockey, dicen que el recambio está tan asegurado como el futuro inmediato, porque desde hoy y hasta el 11 de septiembre, se disputa el Mundial Femenino de Hockey sobre Césped (ver recuadro). Y Las Leonas pelearán con la garra de siempre para subirse al podio.
Una jugadora que hizo historia
Soledad García no solo era la pequeña gran figura de aquel seleccionado argentino de hockey femenino que acababa de consagrarse en Jamaica como vencedor de la Copa América en 2001. Era, también, la más golpeada: se había roto los ligamentos de la rodilla derecha seis minutos antes de que terminara el partido final contra Estados Unidos, al que le ganaron 4 a 1. La lesión y sus miedos empañaron los festejos de sus compañeras. Nueve años después, aquello quedó solo como un mal recuerdo y ella cambió el temor por el sueño de ganar este Mundial. Nada le quita la sonrisa. Ni siquiera los agotadores viajes que hace, como parte de los entrenamientos, desde Buenos Aires hasta la ciudad sede del encuentro deportivo, pasando por su Córdoba natal, donde descarga tensiones y recibe la visita de sus amigas y familiares.
–¿Qué significa ser una Leona?
–Esfuerzo, alegría, solidaridad, respeto, pasión y amor por la camiseta.
–¿Es, también, adaptarse a una agenda apretada? Viajes, compromisos, entrenamientos…
–Es complicado, pero trato de disfrutar lo más que puedo, sobre todo cuando estoy en Córdoba, con mi gente. Claro que me gustan las salidas, las cenas y, por supuesto, los asados familiares. El tema es que me tengo que organizar y muchas veces termino muerta porque quiero hacer todo en poco tiempo.
–Como jugás en Holanda (su equipo es el Laren), supongo que extrañás el doble.
–Sobre todo extraño a mis sobrinos y a mi familia. Los chicos crecen mucho y me duele no poder vivirlos en el día a día, pero cuando vuelvo es hermoso estar con ellos. Extraño mis afectos, mis amigas, compartir cosas que allá no hago porque estoy sola. Al resto uno se acostumbra.
–¿Qué se aprende de vivir en el extranjero?
–Muchas cosas: a tener paciencia y a disfrutar más. Aunque cuando volvés, no es lo mismo; allá te acostumbrás a estar segura y tranquila por las calles y cuando regresás es como si te tiraran un balde de agua fría: la inseguridad es tremenda. Aprendés a valorar a tu gente por sobre todas las cosas. Personalmente, disfruto de la vida que tengo allá mientras dure.
–¿Qué es el hockey en tu vida?
–Hoy, casi todo: vivo 24 horas en función del hockey y ahora más porque tenemos el Mundial. Crecí con el hockey, maduré, viví en otros países, conocí lugares que nunca imaginé y me relacioné con gente maravillosa en este ambiente. Eso me reconforta mucho.
–En líneas generales, ¿qué te da y qué te quita este deporte?
–En general, alegrías y tristezas, pero mucho más alegrías. Me dio medallas, podios y muchísimos buenos momentos. Me quitó otras cosas, pero siempre supe que sería así. No puedo disfrutar una semana tranquila en mi casa porque tengo que viajar a algún lado. Me quitó cumpleaños, nacimientos, casamientos y quizá la posibilidad de comenzar relaciones porque me estaba yendo o recién llegaba. Pero todo fue y es por decisiones mías. No estoy arrepentida.
–Siempre se te ve con una sonrisa. El misterio es si Soledad García está alguna vez de mal humor.
–(Ríe). Hay cosas que me ponen de mal humor, como tener hambre o sueño. No me gusta ni que me mientan ni la gente falsa. Me molesta mucho no ser respetada como merezco o que no me traten como yo trato a otra gente.
–Supongamos que te pido una carta de presentación como jugadora y otra como persona. ¿Cómo te describirías?
–Como jugadora, soy explosiva en mis primeros metros con la pelota; en el espacio reducido, me considero hábil. Necesito entrenar mucho para estar bien físicamente y este es el caso ahora. Creo ser una buena habilitadora de pases y no me considero una jugadora egoísta, sino todo lo contrario. Como persona… soy sensible, romántica, divertida, me gusta la música, soy leal y protectora con mi gente, y sé que cuando algo o alguien no me gusta, es difícil que eso cambie.
Rosario, un sueño
Agustina Soledad García nació en Córdoba el 12 de junio 1981 y cinco años después comenzó a jugar al hockey en el Club Universitario, influenciada por sus hermanas Verónica (38) y Valeria (35) y por sus padres, Roberto (fallecido en un accidente) y Carmen. La pasión por el hockey se fue naturalizando en su interior junto con su crecimiento deportivo, que nadie pasaba por alto en el ambiente. Comenzó a hacer carrera y con los años se convirtió en el emblema de Las Leonas. Desde 1997 hasta la fecha, ganó medallas de oro, plata y bronce, disputó los máximos torneos (hasta los Juegos Olímpicos), fue goleadora de importantes competencias internacionales y elegida como Mejor Jugadora Joven del Mundo en 2002 y 2004.
–¿Qué sentiste cuando te convocaron por primera vez a la Selección?
–Siempre supe que había algo más: el seleccionado mayor. Cuando arranqué en la selección no éramos Las Leonas, pero lo fuimos al poco tiempo. Sentí un orgullo enorme, sobre todo, por ser una jugadora del interior. Sentía que todo lo que había hecho había valido la pena, y cuando uno conoce la gloria sabe qué quiere para su futuro.
–Fuiste dos veces Mejor Jugadora Joven del Mundo. ¿Qué significó eso no solo en tu carrera, sino en tu vida personal?
–Saber que el esfuerzo que una hace tiene su premio, y eso lo valoro mucho. Que me hayan elegido dos veces fue un sueño hecho realidad. Aprendí que con esfuerzo, perseverancia y confianza uno puede alcanzar lo que desea.
–¿Quién o quiénes fueron los entrenadores que más te marcaron o dejaron enseñanzas?
–Tuve muchos entrenadores en mi carrera deportiva y creo que cada uno de ellos te deja algo. Si tengo que nombrar a uno en especial, siempre digo que Cachito Vigil fue quien sacó lo mejor de mí. Fue como si me hubiera conocido de toda la vida y me pulió de la mejor manera para ser la jugadora que soy hoy. Si bien me conocía de muy chica, me ayudó a leer el juego, entenderlo, aprovechar a cada jugadora y darme cuenta de qué tipo de jugadora era y en qué era muy buena, buena y no tanto.
–¿Qué sensaciones te genera jugar un Mundial en tu país?
–Significa muchísimo. Estoy feliz y quiero disfrutarlo al máximo. Aunque tenemos mucha más presión porque somos locales, es algo único e irrepetible. Todas somos conscientes de que vamos a jugar un Mundial en casa y que no siempre se dan estas cosas, así que estamos entrenando mucho y con enorme conciencia para que, si Dios quiere, la copa quede en casa.
–¿Cómo imaginás el campeonato de Rosario? ¿Soñás con el título o preferís ser cautelosa?
–Lo imagino como un sueño... Ahora estamos en Rosario y pudimos ver cuánto mejoró el estadio, entrenamos en la cancha y vimos los vestuarios y todo eso. Sentimos mucha más ansiedad. Me imagino que los partidos serán iguales a los de fútbol, con la diferencia de que para la mayoría será la primera vez que tengamos tanta hinchada a favor. No tengo dudas de que será una sensación increíble. Sueño con el título, pero también prefiero ser cautelosa, no hablar tanto de eso.
–¿Tomaste conciencia de que pertenecés a un grupo de chicas que cambió no solo la historia del hockey argentino, sino que hizo historia en el deporte argentino en general?
–Cuando lo pienso fríamente, sé que somos un grupo que cambió muchas cosas, pero siento que lo voy a valorar más cuando dé un paso al costado. Es lindo saber que algo de todo lo que hicimos marcó historia y logró que tanta gente fuera feliz como nosotras.
–¿Imaginás tu vida después del hockey profesional?
–Todavía no, aunque ya inauguré un negocio de hockey en Córdoba, y la idea es seguir creciendo en ese rubro. Seguramente cuando esté instalada en mi provincia me dedicaré más a esa actividad, porque ahora no puedo. Mi proyecto de vida es formar una familia y tener hijos. Pero en líneas generales sé que voy a seguir conectada al hockey siempre: es algo que me gusta. Y quiero transmitir todo lo que aprendí.
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