Que ni las más poderosas medicinas son capaces de curar los dolores que aquejan al corazón ya es tema conocido. Pero que los amigos (hasta ahora reservados solo para ese tipo de “afecciones”) también pueden sanar el cuerpo es toda una novedad. Y no es de extrañar. Si uno recapitula las miles de veces que una de esas buenas compañías le quitó la opresión del pecho, le hizo olvidar del dolor de cabeza o le tornó más breve una estadía en la cama, descubrirá enseguida que la palabra “salud” se lleva de maravillas con la palabra “amistad”.
“No cabe duda de que los vínculos son importantes para la salud. De hecho, son lo más importante, ya que el humano no solo necesita convivir para existir, sino que se constituye conviviendo desde el primer instante de su vida”, introduce el doctor Luis Chiozza, director de la Fundación Luis Chiozza para el estudio psicosomático del enfermo orgánico. En lo que concierne a la amistad, el médico asegura que se trata de la más imprescindible de las relaciones humanas: “Si contemplamos la cuestión con atención, vemos que todos los otros tipos de vínculos, ya sea una pareja, una relación paterno-filial, una fraterna o una de colaboración, solo funcionan en su plenitud si la amistad florece dentro de ellas”.
Cuando el alma
enferma al cuerpo
Para comprender mejor el vínculo entre las relaciones y la salud, es fundamental entender los procesos emocionales que, sin quererlo, contaminan al organismo. En su libro Las cosas de la vida. Composiciones sobre los que nos interesa, el doctor Chiozza ahonda en lo que sucede cuando un problema sentimental no es bien resuelto: “Hay dramas que, cuando nos comportamos con ellos como si no existieran, o como si no importaran, vuelven bajo una forma nueva y nos obligan a ‘vivir con eso’. Una de esas formas nuevas en las que los dramas vuelven es la que percibimos como una enfermedad del cuerpo –explica–. Podemos decir, entonces, que la enfermedad del cuerpo es una historia, un afecto, un drama en el alma, que se ha ocultado allí, en el organismo, y que se nos presenta, ahora, escondido en el disfraz que le otorga una cara inesperada”.
Es entonces cuando la amistad juega un rol esencial, ya que es responsable, en gran medida, del bienestar emocional y de la correcta resolución de los problemas sentimentales de quienes interactúan en ella: “Es indudable que, dada la importancia fundamental que poseen los buenos vínculos afectivos en el establecimiento de una identidad, un carácter y un desarrollo saludables, constituyen un buen punto de apoyo para superar los duelos y las crisis emocionales”, asegura Chiozza.
Contagio emocional
El psicólogo estadounidense Daniel Goleman, autor del famoso libro Inteligencia emocional, estudia hace años la relación entre los vínculos personales y la salud, y detectó diversos puntos de unión que dejan constancia de cómo se complementan. Si bien las investigaciones nacieron en el seno de la psicología, las novedades más importantes llegaron de la mano del emergente campo de las neurociencias sociales, que estudian cómo opera el cerebro de las personas cuando este interactúa con otros. Allí se detectó un grupo de piezas fundamentales de la cuestión: las neuronas espejo.
“Se trata de una clase de células cerebrales ampliamente dispersas, que rastrean el flujo emocional, el movimiento e incluso las intenciones de la persona con la que estamos, y reeditan en nuestro propio cerebro el estado detectado, al alborotar en él las mismas áreas que están activas en el de la otra persona”, detalla el especialista en uno de sus artículos. Así es como se explica la tendencia a adoptar los sentimientos del otro y contagiarse de su estado de ánimo, algo que muchas veces se relaciona con la mala o buena energía que las personas “irradian”.
“En efecto, en 1995, Giacomo Rizzolatti y sus colaboradores descubrieron que las neuronas del área premotora se activaban ante la contemplación de un movimiento, y que lo mismo ocurría en algunas neuronas sensoriales cuando un semejante expresaba un sufrimiento –comenta Chiozza–. Sus investigaciones encontraron las raíces biológicas de nuestra capacidad para comprender los sentimientos ajenos; pero, sobre todo, dejaron claro que, además de comprender, inevitablemente compartimos esos sentimientos en forma especular (de allí surge el nombre de ‘neuronas espejo’)”. Por eso, ante la tristeza ajena, uno tiende a alejarse para evitar la influencia del sufrimiento, o bien a acercarse para ayudar a disminuir la angustia. Esta empatía sensorial es la maravillosa responsable de que una persona que atraviesa una enfermedad pueda “adueñarse” del buen ánimo de quienes la acompañan y así generar mensajes internos que harán que su organismo se reponga con más facilidad.
Amigos antiestrés
Muchas de las enfermedades se encuentran gobernadas por los intrincados procesos fisiológicos que desencadena el estrés. De allí que encontrar aliados para evitarlo sea un gran comienzo si se quieren esquivar los malos tragos.
En el Servicio de Epidemiología de la Universidad de California, en su sede de Los Ángeles, detectaron que la amistad interviene con eficacia en la prevención de este mal, ya que a través del placer que generan los vínculos se contrarrestan, químicamente, los avances de las hormonas del estrés. Un estudio publicado por esta institución detalla que el contacto con amigos predispone al organismo a liberar dopamina y fenilananina, hormonas muy vinculadas al amor, al entusiasmo y a la alegría. Si esos niveles se elevan, los posibles efectos del cansancio extremo son contrarrestados con mayor facilidad.
“Cuando surgen problemas y uno tiene cerca amigos confiables, el organismo libera un número menor de hormonas del estrés. También es menos probable que la presión arterial y el ritmo cardíaco se aceleren, lo que ayuda a evitar daños en las arterias. A la vez, el sistema inmunológico detecta y combate mejor las bacterias y los virus, pues no tiene que reaccionar constantemente a mensajes de emergencia. A lo largo de la vida, estas sutiles diferencias significan una gran protección contra los estragos del tiempo y las enfermedades”, detallaron en un artículo, la psicóloga Janice Kiecolt, de la Universidad de Ohio, y su socio, el inmunólogo Ronald Glaser.
Por otro lado, los amigos funcionan como grandes aliados para prevenir y combatir estados depresivos, por su incondicional y desinteresada compañía, lo que también influye en el cuidado de las defensas: “Se ha observado, una y otra vez, que la capacidad inmunitaria (y la consiguiente defensa inmunitaria) puede disminuir en los estados de ánimo depresivos, como ocurre muchas veces, por ejemplo, en el transcurso de las primeras fases de un duelo importante. Y no caben dudas de que en el estado de ánimo influyen todo el tiempo los conflictos afectivos que surgen en la relación con nuestros semejantes”, concluye Chiozza. |