Un piano suena en la planta alta. Desde ahí arriba se lo escucha a Juan Darthés (47) riendo con alguno de sus dos hijos. “Un minutito y ya bajo”, avisa el actor. Y cumple con lo anunciado.
Mientras nos acomodamos en el living de su casa, todo vidriado y con vista a una laguna en la que cae sin culpa la lluvia, una mujer acerca unos cafés, galletas, almendras y barras de cereales. Todo impecable. Como la casa. Como el anfitrión.
Por estos días, Darthés está grabando Dulce amor, la nueva tira de Telefe. Después de dos años y medio, este producto lo traerá de vuelta a la pantalla chica y al género de la telenovela, que tantas satisfacciones le dio.
–¿Qué se puede adelantar de tu personaje en la nueva tira?
–Es un trabajador de siempre, un fanático de los fierros que tiene su historia armada. Sin embargo, una serie de circunstancias económicas lo van a llevar a tener otro trabajo, y su vida va a cambiar rotundamente, tanto que le va a modificar hasta su forma de ver las cosas. Lo mismo le pasará a su mujer (N. de la R.: Laura Novoa). Todo a su alrededor va a cambiar y todos van a tener que volver a elegir. Somos un elenco muy grande y la idea es cubrir varias historias donde el amor es protagonista, pero hay que elegir. Eso me pareció adulto por parte de los autores. Más allá de tener el esquema del culebrón, lo ideal era encontrar esto de que a los personajes les pueda cambiar la vida.
–¿Siempre pudiste dedicarte a lo que realmente querías?
–Sí, por eso soy un agradecido. Mis orígenes son de clase media baja y la verdad es que nunca me faltó un plato de comida, pero tampoco se tiraba manteca al techo. Mis padres me apoyaron desde el principio, estudié en la Escuela de Arte Dramático y enseguida empecé a trabajar. Por supuesto, la música me ha ayudado a poder esperar. Hubo momentos en que no había trabajo de actor y la música fue mi salvación mental, mi forma de expresarme artísticamente para poder sentirme vivo. Parece loco, pero incluso las veces que estoy haciendo una telenovela me pasa que los fines de semana necesito de la música. Es una necesidad espiritual conectarme con el público. La televisión tiene esa maravilla de instalarte todos los días en la casa de la gente, pero vos no lo vivís porque estás encerrado en un estudio. En cambio, estar arriba de un escenario te hace crecer artísticamente. Desde ese lugar, siempre pude elegir, sostenerme y bancarme.
–Tu padre, Oscar Fuentes, cantaba tangos y actuaba, y tu mamá era actriz. Debió haberte influido, ¿no?
–Claro. Ellos me insistían en lo duro que iba a ser. Sin embargo, no fui el típico chico que actuaba para la familia y esas cosas. A mí me encantaba el fútbol, ¡pero el mismo potrero me demostró que no tenía talento para eso! Y está bueno que te digan que no; saber que no podes hacer algo te abre otras puertas. Dedicarme a la actuación es algo que decidí cuando terminé el colegio. En el colegio de mis hijos hay concerts y esas cosas, y yo ni iba a colegios de ese nivel ni bilingües, ni tampoco estaba en los actos haciendo algún número. Evidentemente, cuando se dio, explotó. En cambio, la música siempre estuvo en casa.
–¿Qué se escuchaba en tu casa?
–Tangos, por supuesto. Pero también los Beatles. Mucha mezcla.
–¿Tus hijos también heredaron esa pasión artística?
–Acá hay música todo el tiempo. Mi hijo más grande toca el piano y el otro, la guitarra. La música es un remanso para cualquier persona, te encamina para que tengas una vida espiritual, y creo que eso les hace muy bien a los chicos. Ante tanta tecnología, ante tanta nada, eso está bueno. Los motivé mucho y los guié para que estudiaran. Ahora ya caminan solos porque cuando uno es chico es una esponja y aprende todo con más facilidad.
–¿Te gustaría que toquen con vos algún día y armar una banda?
–Sería maravilloso. Lo tengo en la cabeza, así que se va a dar. Por supuesto que en alguna fiesta de cumpleaños ya lo hacemos. Como estoy arriba del escenario, puedo ser un referente para ayudarlos, y voy a estar siempre ahí.
–¿Extrañabas la tele?
–Estos dos años y pico estuve haciendo teatro y fue maravilloso. No te puedo negar que por momentos extrañé un poco. Pero ahora tomo las cosas con más calma, las disfruto más. Recordá que lo anterior que hice fue un infanto-juvenil, Patito Feo, que no es lo mismo, así que estaba con ganas de un culebrón. Por eso, no lo dudé cuando me llamó Quique Estevanez (N. de la R.: el productor de la tira). Me encanta que los actores argentinos volvamos al horario de la primera tarde de Telefe.
–¿Viste televisión este tiempo o sos de los actores que reniegan de prenderla en sus casas?
–Por supuesto que vi. Me gustó mucho El hombre de tu vida, que hacía Guillermo Francella, y El Elegido, con Pablo Echarri. Vi algo de Herederos de una venganza y lamento no haber podido ver El puntero, porque coincidía con mi trabajo en el teatro. Consumo tele porque es mi trabajo y hay que actualizarse, ya que cada vez hay más lenguajes nuevos.
–¿A qué te dedicaste en el tiempo libre?
–Hice una gira larga por el exterior con Patito Feo, y descansé. Cuando hicimos Arráncame la vida, ensayábamos todos los días. También recorrimos el país y aprendí mucho de bolero. Después surgió la idea de hacer Un amor de novela, que fue otra experiencia lindísima. Además, armé el disco nuevo con boleros y canciones de novelas. Por supuesto que también aproveché para ver a mis amigos que hacía tiempo no veía, para estar con mis padres, con mis hijos, con los afectos.
–¿En qué cambia el galán con el paso del tiempo?
–Lo que trato de hacer, más allá de los buenos libros que me están escribiendo los chicos, es ponerle verdad al personaje. La verdad es lo que más seduce; ser natural y sincero con lo que uno hace. No hay nada que me seduzca más que cuando alguien hace algo con sinceridad. El “te quiero” que dije hace veinte años no puede ser el mismo de ahora. Me pasaron otras cosas, me pasó mucha amplitud de amor, crecí.
–¿Qué pasa con la estética? ¿Hay presión para poder mantenerse?
–Trato de estar bien no solo por la pantalla, sino porque a mí me gusta estar bien, es una herramienta para la vida. Por eso, me cuido por dentro y por fuera. Y está bueno.
–¿Sos metrosexual?
–Y sí. Me pongo cremas, tengo un doctor y amigo, Damián Rosenberg, que me ayuda en cuanto a vitaminas y terapias celulares, y además me ejercito… Por supuesto que lo más importante es el contenido de la persona, pero mi cuerpo es mi instrumento. Por ejemplo, si no estoy bien aeróbicamente, no puedo cantar. Entonces, no puedo dejar de entrenar.
La lluvia paró y habrá que aprovechar para hacer algunas fotos en el jardín. Bajan los hijos de Juan, Tomás (15) y Gianfranco (11), y saludan con mucha educación. Antes de salir a la galería y dominando el comedor, hay un cuadro gigante y precioso firmado por Leyla, la mamá de Juan. “¿Viste que bien que pinta?”, dice, con mucho orgullo.
Y sí, a la pasión artística Darthés la tenía en la sangre… |