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Ciencia para todos


Por Tamara Smerlin..


Ciencia para todos 

Atrás quedó la rigidez; hoy el desafío es lograr que la gente se haga amiga de la ciencia. Los recursos son novedosos: stand up, campamentos, libros y programas de tevé entretenidos.

Una caminata entre especialistas para intercambiar ideas o pensamientos, un curso de stand up con el objetivo de crear monólogos con contenidos científicos y buscar recursos novedosos para divulgar los temas de investigación, una colección de libros, o una serie de campamentos en paisajes de ensueño para estimular la vocación científica en los adolescentes y jóvenes son algunas de las maneras que encontró la ciencia para acceder a nuevos espacios y públicos en su afán de producir, crear y dar a conocer sus saberes o conocimientos. 

El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva creó un departamento para difundir algunos de sus avances: en ese marco, el Programa Nacional de Popularización de la Ciencia y la Innovación ideó un curso de stand up científico. Está dirigido a estudiantes y egresados de distintas carreras para que les permita crear, más tarde, diferentes monólogos con contenido científico. El humorista y profesor Diego Wainstein fue el encargado de buscar artilugios novedosos para presentar los temas de estudio. ¿Los recursos? Las distintas técnicas del stand up, la búsqueda de personajes, la creación de rutinas, la construcción de chistes, el trabajo vocal, gestual y corporal.

“Hace ya bastante tiempo que notaba que en mis cursos de stand up se inscribía mucha gente relacionada con la tecnología y las ciencias –comenta Wainstein–. También comenzaron a multiplicarse las charlas de gente vinculada a la ciencia. Sin embargo, la realidad es que los investigadores, los científicos o los expertos en tecnología, por lo general, se llevan bastante mal con el público. El curso de stand up para científicos es una apuesta jugada y creo que estamos en un momento muy interesante para que la transmisión de conocimientos pueda dar un salto en la comunicación, y ayude a que tanto grandes como chicos disfruten acercándose a la ciencia de manera divertida”, comenta.

El Observatorio Astronómico Ampimpa, en la provincia de Tucumán, fue uno de los pioneros en la realización de campamentos científicos para niños en la Argentina. Se inauguró para realizar el seguimiento del Cometa Halley en 1985, hace más de treinta años. “En el Observatorio realizamos distintos campamentos, que tienen particularidades muy importantes –explica su director, Alberto Mansilla–. Por un lado, trabajamos con campamentos científicos para las familias, donde padres e hijos pueden compartir la aventura de aprender y descubrir. Por el otro, realizamos campamentos de capacitación docente o para los chicos de las escuelas, donde los propios educadores pueden asistir acompañados por sus hijos, con un ‘campamentito’ especialmente pensado para ellos”. Mansilla comenta que los campamentos permiten que los alumnos elaboren un recorrido a través de las Yungas y realicen trabajos de campo antes de llegar al Observatorio. Después le siguen actividades múltiples: desde el estudio del Big Bang hasta la evolución astronómica, las observaciones nocturnas o los proyectos de investigación en biología, el impacto ambiental o las energías alternativas. 

Simplificar la ciencia 

En Expedición Ciencia, la propuesta que Melina Furman, Gabriel Gellón, Diego Golombek y Alberto Maier crearon en 2003, también se hace foco en la posibilidad de incentivar la vocación científica en jóvenes y adolescentes, con encuentros en distintos lugares del país. ¿El objetivo? Que los chicos fomenten su pensamiento crítico, la creatividad, el conocimiento y la igualdad de oportunidades. Los campamentos se desarrollan en el medio de paisajes cautivantes. Se trata de una asociación civil sin fines de lucro, integrada por docentes, estudiantes y científicos ‘apasionados por la ciencia, la educación y la vida al aire libre’. También hay un programa para adultos, Caminando con Científicos, un encuentro donde la actividad física y la actividad intelectual ‘cooperan’ en un contexto relajado, que permite explorar ideas y recorridos con personas interesantes. Frente a la Costanera Sur, en la Ciudad de Buenos Aires, se dan cita físicos, químicos, neurobiólogos, estudiantes de Medicina o de Biología, matemáticos, algunos muy reconocidos en su campo y otros que recién comienzan a dar sus primeros pasos. “En nuestra experiencia, muchos intercambios se dan de manera alegre y natural al realizar largas caminatas. Quizá porque uno tiene tiempo, quizá porque el recorrido brinda estímulos a los sentidos que nos ponen de buen humor, quizá por las endorfinas liberadas con un poco de ejercicio, o quizá simplemente porque es lindo compartir con alguien una actividad en vez de estar sentados. Caminando con Científicos es una manera de charlar con otros, con quienes quizá compartas algunas cosas y tengas interesantes diferencias”, dice la invitación al evento. 

“Algo estamos haciendo bien en la educación superior en ciencias: los jóvenes salen en general con muy buena formación; en particular, en la universidad pública”, describe Diego Golombek, neurobiólogo, profesor de la Universidad Nacional de Quilmes, investigador del Conicet, editor y escritor. “Pero esto no necesariamente se replica en la enseñanza básica y secundaria, en donde la ciencia sigue teniendo un tratamiento enciclopédico, poco experimental y, en general, sin un énfasis en el pensamiento científico. Más allá de colaborar con la educación formal, hace unos cuantos años, con un grupo de cómplices nos preguntamos cómo podíamos aportar a promover el pensamiento científico en los jóvenes, y así surgió Expedición Ciencia, un campamento en el que los chicos viven la ciencia, se emocionan, conocen a pares, tienen múltiples aventuras en lugares maravillosos y, sobre todo, lo pasan bomba. ¡Es el sueño del pibe! El proyecto creció mucho y hoy otros cómplices lo continúan y siguen soñando. Sin duda que debe haber cambios en la enseñanza formal de las ciencias, aunque es justo decir que hay diversos programas que avanzan en este sentido”.

La ciencia, a la pantalla

La televisión fue un gran propulsor de la divulgación de la ciencia y la tecnología durante los últimos años. Más allá del acceso a la televisión por cable y las propuestas de señales internacionales como National Geographic, Discovery o History Channel, o la histriónica serie The Big Bang Theory, hace poco más de diez años, en 2003, Canal 7 emitió, por primera vez, un programa cultural y educativo dedicado a la ciencia, la educación y la investigación. Lo condujo Adrián Paenza y se denominó Científicos Industria Argentina. Fue un éxito y se emite hasta hoy. Luego llegó Alterados por Pi, donde a través del juego, las anécdotas y los entrevistados se propone la resolución de problemas de matemáticas. El doctor Diego Golombek también tiene el suyo: Proyecto G, que se emite, regularmente, por Canal Encuentro. La frutilla del postre fue la creación de TEC TV, la señal de televisión del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la República Argentina. 

“Cada vez nos animamos más a usar distintos géneros y diferentes formatos para contar la ciencia”, agrega Diego Golombek sobre este fenómeno. “Hoy podemos salir de lo solemne, de lo establecido, para ir hacia terrenos menos conocidos. El rigor y la ‘seriedad’ no están reñidos con el entretenimiento. Además, cambiaron las tres patas de la comunicación de la ciencia: los científicos están cada vez más convencidos de que contar lo que hacen es parte de lo hacen, los periodistas científicos se han profesionalizado y el público quiere saber de qué se trata. Con ese cóctel, el apoyo del estado en ámbitos como Tecnópolis, canal Encuentro o TEC TV, y la aparición de colecciones, libros, programas de televisión y radio, y shows de teatro científico empezamos a contar con una masa crítica para que esto tenga una base desde la cual crecer, al infinito y más allá”.

Los libros de divulgación  

Siglo Veintiuno Editores creó, hace diez años, una colección completa de libros sobre el tema, que hoy es un referente: “Ciencia que Ladra”. “Esta colección está escrita por científicos que creen que ya es hora de asomar la cabeza por fuera del laboratorio y contar las maravillas, grandezas y miserias de la profesión”, dice la portada de la colección, que lleva publicados títulos como Los Beatles y la ciencia, un científico en el lavadero, Los remedios de la abuela, Biotecnología en todos lados, Viaje a las estrellas, Demoliendo papers, y la saga completa de Matemática, ¿estás ahí?, escrita por Adrián Paenza, entre otros. 

“La colección nació en el ámbito académico, con científicos convencidos de la fascinación de contar lo que hacen –dice Golombek, el director de la colección–. Tal vez la premisa es que, una vez que el rigor científico esté asegurado, hay que aprovechar al máximo los recursos que brinda la literatura: humor, ficción, personajes, analogías, metáforas, o sea, lograr que la gente lea apasionadamente y se pase de su parada de colectivo. Sin darnos cuenta logramos libros con diversos niveles de lectura, legibles y disfrutables por chicos, jóvenes, sus maestros, sus amigos y su familia”. 




 

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