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Piruetas en el aire


Por Carlos Maslaton..


Piruetas en el aire 
Sandro “Chino” Moral es uno de los mejores, sino el mejor, skater de la Argentina. Gracias a su talento y audacia hace podio cada vez que compite. Amante de la tablita, sueña convertirse en una estrella mundial.

Ahora traza elegantes arabescos en el aire, pero antes tuvo que luchar para que ciertos contratiempos no hicieran que su talento natural quedara a ras del suelo. Ingrávido, incapaz de reprimir una audacia física por temor a que su cuerpo, si el intento sale mal, quede descalabrado como un muñeco roto en el piso, Sandro “Chino” Moral es, a los 21 años, una de las figuras más promisorias del skateboarding argentino. 

Está considerado el contendiente más dotado, y amenazante, del destacado connacional Milton Martínez. Como Lionel Messi con la pelota, Moral –rostro pícaro, brazos tatuados, gorra negra clásica– hace piruetas con la patineta atada a los pies. Logros no le faltan para refrendar esa comparación: Campeón Latinoamericano Vans Waffle Cup 2014 (Chile), Campeón Bowl World  Cup 2013 (Italia), Finalista Mundial Red Bull Manny Mania 2012 (EE. UU.) y Campeón Bowl en el Rey de reyes 2013 (Chile). En la Argentina, en 2015, ya se alzó con el primer puesto en la categoría profesional de la Copa Pick 2015, en el Vairo Shoes City Tour Pro Contest y en el reciente Buenos Aires Extremo II, que tuvo lugar en el Parque Extremo Costanera Norte. Promontorios, barandas, escaleras, plataformas en forma de U (half-pipes) se asocian, cómplices, para que Moral despliegue su batería de trucos (drops, ollies, flips y frontside flips, entre otros) con una prestancia que confirma que el vuelo no es asunto exclusivo de aviones o pájaros. Y, hacerlo, por supuesto, sin perder la tabla en el camino. Moral, bajo el ala de DC Shoes, se prepara para un año signado, entre el riesgo y el vértigo, por competencias internacionales en Europa y Estados Unidos.   

–Cómo se produce tu primer contacto con el skate?
–Si bien nací en Mar del Plata, de chico me fui a vivir a Miramar, porque mis padres se separaron, y mi primer encuentro con una patineta de skate se dio en el barrio General Alvarado, donde vivíamos con mi mamá. Tenía, si no recuerdo mal, 7 años. Éramos un grupo de amigos que jugábamos al fútbol, y un día vimos a unos chicos que practicaban skateboarding. Todos quedamos fascinados, especialmente yo. Entonces decidimos armarnos entre todos un skate: conseguimos una tabla y, como tampoco teníamos plata para rulemanes, los reemplazábamos con arandelas. Así empezamos a patinar el barrio. 

–Desde ese encuentro, ¿cómo llegás a convertirte en un profesional? 
–Nunca imaginé hasta dónde podía llegar con esto de ser skater. A los 10 años, volví a vivir a Mar del Plata, que, en comparación con Miramar, tenía una movida skater mucho más desarrollada. A los 12 años, conocí a dos skaters de Buenos Aires y tuvimos muy buena conexión. Les comenté que mi sueño era ir a las pistas (skate parks) de esa ciudad, y ellos hablaron con mi mamá y ella me autorizó a viajar. Durante uno de esos viajes entramos a una de esas exposiciones de marcas en Costa Salguero. Había dos rampas: una para los que hacen acrobacias con bicicletas y otra para skaters. Me dejaron andar en la rampa. Me vieron y me ofrecieron auspiciarme, así que antes de cumplir los 13, ya estaba compitiendo. 

–Además de un talento natural, una serie de eventos afortunados te condujeron a ser hoy un profesional.
–Sí, claro. En 2007 empecé a competir, fui a un skate park y conocí a Martín Pibotto, que es el presidente de la Asociación Argentina de Skate. Me vio andar y me comentó que había una vacante para competir en un campeonato sudamericano extremo en Chile. En ese momento comenzó todo: gané el campeonato y ese fue el inicio real de mi carrera. 

–¿Y en qué consiste ser el mejor en ese tipo de competencias?
–El jurado te puntúa teniendo en cuenta distintos elementos: la complejidad de las pruebas o trucos que hacés, cómo los hacés en el tiempo estipulado, a qué velocidad, si usás el circuito completo o solo pocos obstáculos. No es un único aspecto el que define la victoria. Cuando empecé, no tenía mucha conciencia de cómo se hacían las cosas. Seguía el circuito. Ahora veo que solamente quería disfrutar arriba de la tabla y tuve la suerte de que al jurado le gustó mi estilo. 

–¿Cómo se forma un skater para convertir ese deporte en un oficio?
–Sinceramente, nunca tuve un profesor. Lo que sé lo aprendí mirando a las personas que estaban en niveles de práctica superiores al mío. No tuve un maestro que me dijera cómo poner los pies, de qué manera inclinar el cuerpo o cómo flexionar las piernas para no arruinar el descenso. Soy un autodidacta empecinado en avanzar sobre la base de prueba y error.  

–Al skateboarding se lo asocia con adolescentes y jóvenes. ¿Cuál es el límite de edad que marca el fin de una carrera profesional?
–No hay límite: hasta que el cuerpo aguante y las ganas acompañen. En las competencias, he llegado a ver competidores de hasta 60 años. Por supuesto, hay categorías para gente de 40 años o más, con una trayectoria a sus espaldas. Pero también cuenta cómo andas sobre la tabla.

–¿Tuviste trabas que te impidieran avanzar en esta vocación?
–En mi familia, ni mis hermanos ni nadie practicó nunca este deporte. Mi papá, que es policía, no quería que hiciera otra cosa que ir al colegio y estudiar. Y, al principio, se opuso a firmarme las autorizaciones para que viajara fuera del país porque era menor de edad. Después, empezó a entender que no era un hobby, y lo aceptó. En la Argentina, el circuito profesional es acotado; por eso, siempre tengo la aspiración de ir a competir a Estados Unidos y Europa, que son plazas fuertes donde los montos de los premios son importantes. Acá, un primer puesto puede darte quince mil pesos, pero afuera ese mismo puesto representa veinte mil dólares o más.

–¿Qué características son imprescindibles para ser un skater?
–Más allá de la destreza física y de tener una buena tabla, tenés que ser buena persona, porque hay gente que sobre la tabla es muy virtuosa, pero no tiene un buen perfil humano. Tenés que ser humilde, no creértela, y eso también te convierte en un buen profesional. Uno de los aspectos centrales de la filosofía skater es no tener el ego muy arriba porque, lógicamente, en el momento de la competencia todos queremos ganar, pero una vez que termina, funcionamos como una comunidad de iguales.  

–¿Cuál es tu rutina de entrenamiento?
–Vivo cerca del mar, en la zona de Punta Mogotes, y me acostumbré a salir por la mañana a correr por la playa. Además, tres días a la semana, entreno en un gimnasio con un esquema funcional: no hago pesas, sino ejercicios relacionados con el equilibrio, la coordinación y la práctica de soga. En lo que es ejercitar con la tabla, lo hacés saliendo de tu casa y moviéndote por la ciudad. Es un deporte que te permite practicarlo en cualquier lado. Suelo estar entre cuatro y cinco horas diarias sobre la tabla. 

–¿Cuáles son tus proyectos de competición inmediatos? 
–Este año ya tengo proyectado hacer el circuito europeo, compitiendo en ciudades como Barcelona, Roma y Praga. Mi plan es crecer participando en los campeonatos principales, entre ellos el Tampa Pro (Estados Unidos), que el año pasado ganó Nyjah Huston, uno de los skaters que tengo como referente y al que admiro. Competir te permite conocer nuevas pistas, es un desafío. Mi lugar preferido en el mundo es Barcelona, parece diseñada para ser un skate park.

–¿Qué otras cosas te interesan, además del universo del skate?
–La verdad es que, en este momento, mi vida pasa exclusivamente por el skate. Cuando estoy en Mar del Plata, salgo con mis amigos, filmamos algunas pruebas para generar imagen para la marca que me patrocina, pero llevo una vida tranquila, sin novia, con perro y tratándome de adaptar a eso de vivir solo: ocuparte de las obligaciones de la casa, llevar la ropa al lavadero. Pero tengo amigos que también son skaters, y como viajo más que ellos, lo que aprendo en los torneos lo traigo y lo comparto. 

–¿Qué te hace distinto en comparación con otros colegas?
–En la Argentina, lo que me da cierta ventaja es que de chico aprendí a andar en rampas. La mayoría de las competiciones combinan rampas y el street (skate callejero), y muchos no están habituados a usar las rampas. En las competiciones, la puntuación depende del uso que le des al skate park y de que lo recorras a fondo.     

La participación de Moral –y la de cualquier otro skater argentino– en torneos internacionales y nacionales no se define, explica Pibotto, a través de eliminatorias ni por ranking, sino por el consenso de los referentes que tengan las distintas organizaciones de las competencias y, también, por los contactos que tenga el skater. Y finaliza con una aclaración: “El ambiente del skate no es competitivo, ya que es un deporte de autosuperación”.
 

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