ENTREVISTA


Nace una estrella


Por Belén Herrera.


Nace una estrella 
Es bella y famosa desde la cuna. Barbie Vélez disfruta de un gran año. Formó parte del elenco de La casa de Bernarda Alba, se animó a competir en Showmatch y se luce en Esperanza mía. Actriz en alza.

Linda, simpática, talentosa y con un aplomo que no condice con su edad. A los 21 años, Barbie Vélez atraviesa su mejor momento. Recientemente terminó su actuación en La casa de Bernarda Alba, dirigida por Jose María Muscari, donde personificó a Adela. También, a pesar de no saber bailar, se animó a competir en Bailando por un sueño, y despliega su talento en Esperanza mía. En sus pocos ratos libres, posa para promocionar algunas marcas. Además, está en pareja con Federico Bal, el hijo de Carmen Barbieri. No quiere ser parte de los escándalos, quizá porque los ha vivido en carne propia desde chiquita. 

Es hija de Nazarena y los dramas familiares la llevaron a crecer de golpe. A pesar de tanta exposición, su madurez impacta. “Mamá tuvo que equivocarse para aprender. Yo tuve la dicha de tenerla a ella, aconsejándome. Entonces, no tuve que llegar al límite de exponer tanto mi vida para saber qué era lo que no quería”, confiesa la joven actriz de la agencia Multitalent, que dio sus primeros pasos en tiras como Los Grimaldi y Somos familia.

Ella es así como se la ve, a cara lavada y con la frescura y la naturalidad que le dan su condición de adolescente. Dulce, espontánea y hasta un poco ingenua, Barbie hace una pausa entre los ensayos para hablar sobre cómo es fuera de la pantalla.

–¿Te arrepentís de haber aceptado participar en el Bailando? 
–Es un gusto que uno se puede dar a esta edad; no me veo a los 25 años en un Bailando. Estoy bien anímicamente y me siento bien plantada. Además, competir siempre es un aprendizaje. Si bien estudié comedia musical, nunca bailé de lleno; y, hoy en día, para la actuación también es importante saber bailar y cantar.

–Se te ve con mucho aplomo.
–La verdad es que soy súper tranquila y además conozco perfectamente mis limitaciones. Me lo tomo con mucho humor. Tengo 21 años, no soy una desubicada que me gusta discutir por discutir... Soy cero problemática. Me tengo mucha confianza. Las veces que me hicieron reportajes por mi mamá, cuando se vio involucrada en algún escándalo, siempre me mantuve muy al margen y me parece que ese es el camino que quiero tomar para mi carrera.

“No me considero una persona que anda contando su vida, pero sé que son las reglas del juego. Decidí ser parte de este mundo y no puedo hacerme la canchera y decir: ‘Quiero actuar, pero no quiero que se sepa nada’”.

–¿Te parece que participar en el Bailando le suma puntos a tu carrera?
–Sí, pero depende de uno. Ahora que empecé con las grabaciones de Esperanza mía, competir en el Bailando potenció mi nombre. 

–¿Qué balance hacés de tu paso por La casa de Bernarda Alba?
–Siento que me dio un empujón como actriz que realmente yo quería, porque no tiene nada que ver con lo que venía haciendo. Es un drama de Federico García Lorca, con todo lo que eso implica, y tiene un peso actoral que es muy grande. Además, el elenco eran todas mujeres increíbles, actrices de primera línea, y si no estás a su nivel, quedás muy expuesto. Ese era mi mayor miedo, pero tuve muy buenas devoluciones y aprendí muchísimo. 
 
–¿Cómo es tener a Carmen Barbieri de suegra?
–(Risas). Bien. Es divina conmigo. Tal vez, porque ve a su hijo muy bien. De verdad estamos genial. De la misma forma que mi mamá lo adora a Federico porque me ve bárbaro a mí.

–¿Y? Cómo te llevás con la exposición?
–No me considero una persona que anda contando su vida por todos lados, pero sé que son las reglas del juego. Decidí ser parte de este mundo y no puedo hacerme la canchera y decir: “Quiero actuar, pero no quiero que se sepa absolutamente nada”, y mucho menos teniendo la madre que tengo. Pero de verdad lo tomo con mucha naturalidad. Tengo una personalidad muy fuerte y sé que puedo poner los puntos. Hablo de lo que quiero hablar y hasta donde quiero hablar; no es que entro a un programa y me van sacando y termino contando cosas que no quería. Estoy muy bien plantada en ese sentido.

–Barbie, ¿sentís que a veces los ojos están más puestos en vos por ser la hija de Nazarena?
–No sé, tampoco me creo el ombligo del mundo. Creo que si hago las cosas mal, voy a quedar muy expuesta. De la misma manera que si llego a hacer las cosas bien, me puede ir muy bien.

–En las diferentes cosas que le pasaron en su vida a tu mamá, siempre se te vio a vos acompañándola muy de cerca. Es como que tuviste que crecer de golpe, ¿no?
–Sí, un poco sí. Pero me parece que es consecuencia de las cosas que te van pasando, no es algo que me propuse. Ella es una de las personas que más amo en el mundo y verla sufrir me mata. Entonces, cuando la veo mal, lo primero que me sale es contenerla.

–¿Qué soñás para tu carrera? ¿Cómo te ves dentro de algunos años?
–Me gustaría interpretar un personaje malvado. Por ejemplo, una mala enfermera. Salir un poco de lo que vengo haciendo. 
La fotógrafa enfoca su lente y Barbie se mueve como pez en el agua. ¿Nace una estrella? 

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