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Arquitectura natural


Por Revista Nueva.


Arquitectura natural
No se trata solo de aprovechar la luz del sol, de utilizar materiales locales o de colocar paneles solares. Una construcción –verdaderamente– sustentable comienza en el instante mismo de concebir un proyecto, e involucra a todos los que participan en él. Una idea que cada vez cobra más fuerza.

Su particular forma tiene hasta 35 radios diferentes de curvatura, pero el edificio no es ni una elipse, ni un círculo, ni un óvalo. Se lo conoce como La Vela, está ubicado en el norte de Madrid y es un modelo de construcción en la que se usó tecnología de punta para conseguir la máxima eficiencia en todos los sentidos. 

Delgado y transparente, entre sus características se destacan su orientación Norte-Sur puro (para una mayor eficiencia energética); los cristales con argón, un gas inerte que ayuda al aislamiento; las lamas que lo cubren y que actúan de filtro solar y favorecen que mantenga su propia inercia térmica, y que es el edificio más grande de Europa iluminado con tecnología LED, lo que supone un 30% de ahorro energético respecto a la tecnología tradicional de fluorescencia.

Pero hay mucho más. Como la noción de sustentabilidad va mucho más allá de la eficiencia energética, estas nuevas instalaciones están totalmente digitalizadas. Entre sus objetivos más ambiciosos se destaca eliminar el uso del papel, lo que implicaría un ahorro anual equivalente ¡a la altura del Himalaya!

Este emblemático edificio del prestigioso estudio de arquitectura suizo Herzog & de Meuron bien sirve para ilustrar cómo la sustentabilidad es, cada vez más, la prioridad de arquitectos, diseñadores, constructores y proveedores de materiales. El cambio climático es la mayor amenaza medioambiental a la que se enfrenta nuestro planeta y la arquitectura asume el gran desafío de construir eficientemente, adaptándose a las condiciones climáticas, culturales y económicas de cada lugar.

Pensar sustentablemente 

Los edificios en que vivimos y trabajamos son la principal fuente de consumo energético. Son causantes de un 30-40% de todas las emisiones de dióxido de carbono, de aproximadamente el mismo porcentaje en desperdicios sólidos y del 12% de todo el consumo de agua potable (www. greenplanetarchitects.com). Lo paradójico es que estos edificios monumentales, que empiezan a poblar el paisaje urbano, muchas veces son el epítome de la sustentabilidad. “Cuanto más grande es el edificio, más fácil es lograr un mayor ahorro energético”, explica Fabián Garreta, arquitecto (UBA) con un posgrado en Diseño bioclimático y Energías renovables en el país y en el exterior. “La efectividad radica en utilizar criterios de sustentabilidad desde la generación del proyecto y no pensar que por usar energía solar para precalentar agua de uso sanitario se alcanza un nivel de sustentabilidad destacable”. 

La sustentabilidad implica considerar los materiales, los tipos de construcción, la durabilidad, el reciclaje, la preservación y todos los impactos ambientales de la vida de un edificio. Y también es hablar de conciencia, compromiso y conocimiento. Más aún si se considera que actualmente más del 40% de la energía que consumimos en una casa está destinada a condicionarla térmicamente. ¿Por qué? Porque cuando no se construye conforme a parámetros de sustentabilidad –una buena orientación, una ventilación natural o un buen aislamiento– se hace indispensable recurrir a aparatos de calefacción y refrigeración para suplir lo que la arquitectura no dio. Gabriel Pires Matus, arquitecto (UBA) con un posgrado en Arquitectura y Tecnología (UTDT) y socio del estudio GRUBA, entiende que la cuestión pasa por una buena arquitectura y un  buen diseño. “Si podemos diseñar con determinados materiales y proyectar un edificio donde las decisiones del diseño nos hagan ahorrar energía, ¿por que no hacerlo?”, afirma. En este sentido es importante pensar en un diseño interactivo. “Hay que incorporar en el inicio de la etapa proyectual la intención de generar un edificio de características sustentables con la participación de los distintos profesionales de un proyecto”, propone el arquitecto Juan González Calderón (UB), que tiene un posgrado en Intervenciones urbanas sustentables (Architectural Association de Londres). En esto toda opinión es relevante: arquitectos, ingenieros, constructores, asesores de instalaciones termomecánicas, eléctricas, de iluminación y sanitarias; paisajistas y ecólogos, que se ocupan de determinar cómo nuestras acciones afectan a otros seres vivos y al medio ambiente.

La mejor opción 

La eficiencia energética, el uso de energías alternativas, la mejora de la calidad ambiental interior, la eficiencia del consumo de agua, el desarrollo sostenible de los espacios libres y, por supuesto, la elección de los materiales son claves. González Calderón remarca que es fundamental usar materiales de menor impacto ambiental, preferir los más eficientes, los regionales, los renovables y reciclables, así como analizar su ciclo de vida y y manejar responsablemente los residuos de construcción. 

Tom Hughes, arquitecto graduado en la Universidad de Mendoza, y con una tesis final premiada por TIA Sustainable Building for the 2000 (Oxford Brookes University), cuenta: “Buscamos materiales locales de bajo mantenimiento, que sean durables a través del tiempo y que además tengan un buen comportamiento térmico”. Entre los más utilizados, destaca el ladrillón bolseado a la vista, las maderas recicladas y en algunos casos hormigones vistos y metales oxidados entre otros. “También preferimos los que no impliquen grandes traslados –y por lo tanto un gasto energético importante– y sistemas constructivos que puedan resolverse con mano de obra local, por que también es importante desde el punto de vista de la sustentabilidad que la construcción aporte al contexto social”.

La vegetación es otro excelente recurso para mejorar la temperatura de las construcciones y aislarlas acústicamente. “Es clave utilizar un muro verde para proteger una pared de sol directo, o plantar árboles debidamente elegidos para generar sombra”, agrega Pires Matus.

Más que una moda 

De acuerdo con cifras de la consultora internacional Colliers, que periódicamente realiza estudios sobre el avance de este tipo de arquitectura, en la ciudad de Buenos Aires, por citar un ejemplo, un 15% de los edificios de oficinas pueden ser considerados sustentables, mientras que de los que están en construcción ese porcentaje sube al 57%. ¿Se trata de una tendencia consolidada? Los especialistas opinan. “Si bien recién ahora se está instalando el tema en la región, pensamos que todavía falta profundidad y tener un poco mas de responsabilidad”, opina Pires Matus, y explica que desde todos los sectores –profesionales, empresas y clientes– se debe trabajar para que esto se consolide definitivamente. Garreta dice: “Hay más conciencia sobre el tema que hace diez años, pero lo que marca el estándar de la construcción local es el presupuesto disponible”. Hughes entiende que hay mucha gente muy consciente del impacto que estamos causando en el medio ambiente y las consecuencias que esto trae. 

“Cada vez hay más entusiastas pero no hay mucha conciencia. A nivel corporativo está más implementando ya que las empresas deben cumplir con exigencias de calidad que exigen sus casas matrices”. Juan González Calderón

“Para algunos podrá ser una moda a seguir, pero si esto implica que más gente se entere de que es posible hacer buena arquitectura cuidando al planeta, también sirve.” Por su parte, González Calderón opina lo siguiente: “Cada vez hay más entusiastas, pero no hay mucha conciencia en el común de la gente”. Y agrega: “A nivel corporativo está más implementado, ya que las empresas deben cumplir con exigencias o protocolos de calidad internacionales que exigen sus casas matrices. Esto genera que el mercado comience a ofrecer este tipo de construcciones”.

Nuevo paradigma

Construimos para habitar y al hacerlo establecemos una relación con el mundo. Desde tiempos inmemoriales las viviendas se construían con los materiales propios del lugar y se aprovechaban al máximo los recursos naturales renovables para iluminar, refrigerar y calefaccionar los ambientes. No había otra alternativa. El sol, el aire, la tierra y el agua eran los que mandaban. En algún momento esto se olvidó, y hoy los incesantes pases de factura de la naturaleza nos están llevando a replantear prioridades. La arquitectura también se suma al cambio de paradigma de pensar un mundo diverso, seguro, saludable y justo, con proyectos adaptados a las condiciones climáticas, culturales y económicas de cada lugar. El tema está en el aire... y en el agua, y en el suelo. 

“Buscamos materiales locales de bajo mantenimiento, que sean durables a través del tiempo y que además tengan un buen comportamiento térmico”.

¿Es más caro?

González Calderón desmitifica: “Hay estrategias de arquitectura bioclimática que no generan costos extras. Se trata de entender el sitio, protegerse del sol agresivo, permitir una iluminación y ventilación natural. Todo eso, junto con buenas aislaciones y un uso responsable, es la mejor forma de comenzar”. Y Pires coincide. “Nuestros clientes comprenden que con pequeñas decisiones sobre un proyecto se puede disminuir el consumo energético, ya sea de una vivienda o de una oficina”.

Nuevas formas de habitar 

“El concepto de habitabilidad actual no es el mismo de otras épocas. Las personas no trabajan de la misma manera y no conforman su núcleo familiar como lo hacían nuestros padres y abuelos: hay variaciones constantes en los vínculos, que  cada vez son más dinámicos”, explica Adriana Miceli, arquitecta, directora de Sustentarq®, Estudio de Arquitectura Sustentable, y CFAS, Centro de Formación en Arquitectura Sustentable, y profesora de la FADU-UBA. “Estas variaciones en los vínculos deben considerarse en el conjunto de estrategias del diseño. Una construcción monumental en la que quedan espacios vacíos calefaccionados o refrigerados por no haber pensado como son  los modos de habitar no es sustentable”, afirma. 

“A la hora de pensar una construcción importa considerar a las personas que la van a usar o vivir en ellas, ya que la huella de carbono al construirla, usarla, mantenerla y reformularla se calcula sobre la base de la gente que la habita”. Ella propone pensar casas con visión de futuro. Y concluye: “La mayor innovación es que al construir se apliquen las estrategias de ecodiseño”. www.cfasargentina.com.ar

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