INVESTIGACIÓN


Cerebral 2 x 4


Por Mariano Petrucci.


Cerebral 2 x 4
Un innovador experimento demostró que bailar tango mantiene dinámico y saludable al cerebro. ¿Cuáles son las bondades de la danza arrabalera a nivel cognitivo, corporal y hasta social? Los especialistas responden.

Hay técnica, por supuesto, pero el motor es la pasión, la emoción, la sensualidad, por qué no el erotismo. En ese momento, sobran las palabras y se impone el abrazo, los códigos arrabaleros, el cortejarse, el bajar la mirada. Así y todo, bailar tango es mucho más que eso. Esta danza posee ciertas características que la vuelven sumamente interesante: requiere una gran sincronización y coordinación en el tiempo-espacio en cercanía con otro cuerpo, incluye diferentes velocidades y variaciones rítmicas, e incorpora la improvisación y cambios de dirección espontáneos, lo cual obliga a desarrollar una alta capacidad para poder “leer” la cinemática del prójimo.

Tales bondades hacen que bailar tango resulte positivo para las diversas capacidades de nuestro cerebro. A esta conclusión llegó el estudio Time to Tango, encabezado por los doctores Lucía Amoruso y Agustín Ibáñez. La idea de este experimento fue estudiar la capacidad predictiva contextual del cerebro, y así evidenciar los beneficios de moverse al son del 2x4 para mantener dinámico y saludable a nuestro órgano más complejo.

“Fue una gran oportunidad para hacer una apología neurocientífica de la argentinidad. En nuestro país, como en ningún otro lugar del mundo, existen bailarines de tango que representan una élite de alto entrenamiento. ¿Pero qué ocurre en sus cerebros? Lo que determinamos es el impacto de la plasticidad, de la experiencia y del entrenamiento sostenido en la actividad cerebral cognitiva”, dice Ibáñez, director del Laboratorio de Psicología Experimental y Neurociencias (LPEN) de INECO, y codirector del Núcleo UDP-Fundación INECO para las Neurociencias (NUFIN).

En la prueba se hicieron 156 videos que fueron obtenidos de más de quinientas filmaciones en las que se controló el tiempo de los pasos de baile, las condiciones ambientales, y los tipos de errores mediante la participación –y calificación– de maestros tangueros. “Registramos la actividad cerebral de un grupo de ochenta sujetos subdivididos en expertos, principiantes y novatos. Observamos actividad ocular, respuestas conductuales y cerebrales. Para ello, les colocamos una malla de sensores que miden la actividad conjunta de miles de neuronas que se disparan sincrónicamente en la corteza. Es como si colocáramos un micrófono en un estadio de fútbol. Podremos captar el grito masivo y coordinado de una hinchada cuando su equipo mete un gol, pero no discerniremos las conversaciones individuales en las tribunas. Lo que nos queda es una medida ‘gruesa’ de la actividad masiva de incontables células cerebrales”, revela Amoruso, investigadora del Laboratorio de Neurociencias Cognitivas de la Universidad de Udine (Italia), y del Laboratorio de Psicología Experimental y Neurociencias (LPEN) de INECO. Y agrega: “La técnica asociada de potenciales evocados nos indica cuánto tardan partes grandes de la corteza del cerebro en ejecutar determinado proceso cognitivo, en el orden de unos pocos milisegundos. Para ello, se presentan estímulos de diverso tipo –en este caso, visuales– y se miden las respuestas corticales en distintas ventanas de tiempo”. 

¿Qué descubrieron? “Únicamente los expertos –en realidad, las redes frontoposteriores de sus cerebros– anticiparon si la pareja de baile caerá en un error –grueso o sutil–, antes de que efectivamente lo haga. Solo la actividad cerebral –frontotemporal– de los más avezados procesa las pasos de baile de forma similar a como se procesa el lenguaje. Y, finalmente, solo la actividad frontotemporal del cerebro basta para distinguir si un participante es un experto, un principiante o un novato”, enumera Ibáñez, investigador del CONICET y del Australian Research Council (ARC).

–¿El cerebro adelanta los errores? 
–Amoruso:?Lo que nosotros examinamos es una onda cerebral que refleja en qué medida eso que nuestro cerebro predice o espera que ocurra se corresponde con lo que efectivamente pasa. Interpretar algo como un error significa que entre lo esperado y lo ocurrido el cerebro leyó una discrepancia. Esta “capacidad de lectura” varía de una persona a la otra, ya que depende de las experiencias previas. Concretamente, si observo a un tanguero bailando y yo no tengo experiencia con el género, nunca tomé clases ni fui a una milonga, mi capacidad para predecir el desenlace de una “salida básica” o para detectar si había un pie fuera de lugar será nula. Mi cerebro será “ciego” a esta diferencia. 

–Lucía, ¿cuánto de conciencia hay en este proceso?
–Antes de que uno pueda pensar conscientemente y elegir una respuesta, nuestro cerebro ya procesó, de manera inconsciente, una gran cantidad de información. El tanguero experto anticipa el error de los bailarines incluso antes de que decidan su accionar. Este fenómeno puede extenderse a otros dominios, como el deportivo, en donde los jugadores de futbol o tenistas de élite leen rápidamente el lenguaje corporal de sus contrincantes y toman decisiones en milésimas de segundo. Aunque si se nos aparece enfrente un Messi, ¡no hay cerebro que alcance!

–¿De cuánto tiempo es la predicción? 
–Cuatrocientos milisegundos. El entrenamiento intensivo permite desarrollar vías rápidas de comunicación entre áreas cerebrales específicas: por ejemplo, las visuales y prefrontales, que es donde se generan las predicciones. Estas vías o atajos neurales se encuentran más “aceitados” en aquellos que son más experimentados. 

¡Aguante, tango!

Si de nuestra salud se trata, el 2x4 también tiene sus ventajas. Potencia la rehabilitación tanto en pacientes con trastornos motores (mejorando el equilibrio y la marcha en enfermos de Parkinson) como en aquellos con deterioro cognitivo o con accidentes cerebrovasculares. Motiva, integra, ayuda a que adultos mayores se alejen del sedentarismo y se ejerciten.

Pero la novedad es que lucirse con “La cumparsita”, “Suerte loca” o “El chamuyo” mantiene nuestro cerebro en forma. ¿Por qué? Ibáñez lo explica: “Porque demanda simultáneamente recursos cognitivos –atención, funciones ejecutivas, planificación–, socioafectivos –empatía, cercanía y manejo del espacio peripersonal, intersubjetividad– y motores –coordinación, hábitos automáticos y planificación motora–. El tango optimiza cada uno de estos aspectos”. Y propone de acuerdo con su aventura con Time to Tango: “Hay que promover el uso de tareas que involucren escenarios de la vida real. Las neurociencias deben salir de safari, fuera de laboratorio, a la selva de la cognición natural…”.

–¿A qué te referís, Agustín?
–La vida es impredecible a pesar de nuestros esfuerzos por controlarla. Nuestra cotidianidad requiere constantes anticipaciones, pero lo hacemos de forma tan automática que no nos damos cuenta. En nuestro laboratorio, desarrollamos un modelo neurocognitivo de anticipación y predicción sobre la base de claves contextuales, y reportamos estudios mostrando cómo afecta a múltiples cuadros neuro-psiquiátricos: demencias, autismo de alto funcionamiento, esquizofrenia, y lesiones cerebrales frontales y de la ínsula. Estos cuadros presentan déficits en la capacidad de anticipar y predecir el significado de las acciones –sobre todo las sociales–. A la vez, pueden afectar la capacidad de entender el lenguaje figurativo, las intenciones de los otros, las emociones. 

Cada vez más jóvenes se animan a bailar tango.?En el campo de la salud, sus ventajas están a la vista.

Las medidas “ecológicas”, o con información contextual, deberían aplicarse con mayor frecuencia. “Las intervenciones tradicionales se basan en el aprendizaje de reglas explícitas que promueven relaciones interpersonales. Sin embargo, las habilidades sociales adquiridas durante esas intervenciones son difíciles de generalizar a otras situaciones, lo que limita la eficacia de estos programas. Optimizarlos es el próximo desafío”, cierra Ibáñez. 

Señales y predicción*

El cerebro humano es un órgano proactivo que está continuamente generando predicciones sobre eventos futuros. Esta direccionalidad “hacia adelante” posee una amplia relevancia social, ya que permite una rápida adaptación al entorno. La capacidad predictiva depende de una red cerebral extensa, con áreas frontales, temporales e insulares: tres regiones involucradas en la anticipación, la experiencia y la relevancia emocional. Esta integración facilita la interpretación de los eventos mediante la construcción de expectativas sobre lo que es más probable que ocurra en una situación determinada. Estas expectativas funcionan como predicciones locales que guían nuestro comportamiento, permitiendo anticipar el significado de las acciones realizadas por otros. La capacidad predictiva del cerebro se parece mucho a lo que hacemos mediante el sentido común. Esta capacidad es muy diferente entre los individuos: una misma persona puede ser muy buena para anticipar eventos y fallar en otro dominio.  
*Por Agustín Ibáñez.

Anticipaciones implícitas y explícitas

La capacidad predictiva del cerebro se pone en juego de forma explícita e implícita. “Un ejemplo del primer caso: cuando las personas hacen predicciones a partir  de la experiencia y la propia historia evolutiva. 

Un fan de la Argentina durante un Mundial pondrá en juego no solo su experiencia sobre la base de otros certámenes previos, sino también sus afectos, sus motivaciones y su capacidad de integrar toda esa información a través de procesos cognitivos de alto nivel”, explica Agustín Ibáñez. Y continúa: “Pero también hacemos predicciones inconscientemente. En las interacciones sociales existen muchos códigos implícitos –expresiones faciales, prosodia, normas sociales particulares, etcétera– que orientan los procesos de adaptación y ayudan a predecir el significado social. La habilidad humana para comprender eso es un componente fundamental de la cognición social”.

 

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