ENTREVISTA


Volver al ruedo


Por Belén Herrera.


Volver al ruedo 
Después de haberse convertido en madre de Elena Antonia, Julieta Díaz volvió a trabajar. Es una de las protagonistas de El espejo de los otros, de Marcos Carnevale. 
En una charla descontracturada detalles del film y cuenta cómo está viviendo esta nueva etapa.

Me tomó 37 años a Julieta Díaz convertirse en madre. Dudó mucho. Pensó que nunca iba a poder abandonar su lugar de hija. Que no iba a poder dejar de lado su egoísmo, que su vida sería opaca y aburrida y hasta que su matrimonio con el norteamericano Brent Federighi podía llegar a fracasar por no animarse a dar ese paso tan trascendental en la vida de un ser humano. Pero el 13 de diciembre nació Elena Antonia, y tuvo que pasar veintidós días en neonatología, porque después de nacer por parto natural, la beba no pudo respirar por sus propios medios. 

La magia de tener a ese pedacito de ella entre sus manos no le permitía abrir del todo los ojos para enfrentarse a la dura realidad que le tocaba vivir. “Elena daba pequeños pasitos para adelante y yo me concentraba en hacer lo que tenía que hacer. Eso, por suerte, me ayudaba a no darme cuenta de lo grave de la situación. Yo sabía que era delicada, pero recién ahora sé lo grave que fue. Mi marido evidentemente sabía, por lo que estaba mucho más bajoneado que yo”, recuerda a la distancia, sentada en el sillón de su departamento ubicado en el porteño barrio de Recoleta. Elena hoy está muy bien. Duerme bien y su presencia se percibe todo el tiempo. No solo por los juguetes que han invadido el living, sino porque Julieta ya no es la misma de antes.

Cuando habla de su hija se le ilumina la mirada y repite su nombre muchas más veces de lo que ella se imagina. Hoy su foco está puesto en la niña. Solo se dio permiso para rodar durante dos días El espejo de los otros, la película de Marcos Carnevale que llegó a los cines en los últimos días. El resto del año se lo dedicará casi exclusivamente a Elena.

–¿Cómo fue la experiencia de volver a trabajar ya convertida en mamá?
–El director pensó que iba a estar más nerviosa, pero por suerte Elena se lleva muy bien con la mujer que la cuida y con mi mamá, que está muy presente, así que yo estaba muy tranquila. Sabía que eran solamente dos días y que tenía que ponerle mucha energía. Tuvimos buenos ensayos. Ya habíamos trabajado con Marcos y con Oscar (Martínez) también, así que todo eso me ayudó muchísimo. En general me cuesta concentrarme. Y siendo mamá me costaba un poco más, por ese torbellino de emociones y sensaciones que es tener un hijo y después volver a trabajar. 

–¿Te encontraste con registros diferentes a la hora de componer el personaje de la película?
–Veo que mis compañeras que fueron madres después se convirtieron en mejores actrices. Espero que me suceda lo mismo (risas). Lo digo con todo el cariño y el respeto que les tengo, pero noté que se profundizaron profesionalmente. Creo que tiene que ver con que uno trabaja con los elementos de la vida, y la maternidad te aporta un montón. Acabo de arrancar como mamá, así que todavía no siento la diferencia. 

–¿Cómo es Magui, tu personaje en el film El espejo de los otros?
–Está en un momento de mucha sabiduría y puede ver las cosas con distancia. Es muy femenina con respecto a esto de tratar de contener al otro, en este caso a su expareja. Y lo hace desde un lugar amoroso, paciente. Como el personaje de Oscar es un poco volcánico, ella puede ponerse en un lugar más contenedor. Me gusta que tenga esa cosa femenina que se complementa con lo masculino.

–¿Tenés puntos en común con ella?
–Sí, creo que en la necesidad de ser sincera, transparente, de poder comunicarme con el otro sin especular. En esas cosas me sentí cercana a ella. Es como trato de ser siempre en la vida.

El estreno de la película El espejo de los otros llega en un muy buen momento para el cine nacional. La gente está consumiendo y disfruta mucho nuestro cine. “Consumo muchísimas películas norteamericanas, no tengo ningún tipo de prejuicio con eso, miro mucho Hollywood y también cine independiente, y me encanta. 

Pero realmente creo que es importante que nuestra cartelera tenga más producciones argentinas y que nosotros aceptemos las películas nacionales en el nivel que sea, de la misma manera que aceptamos las de afuera. A veces vemos films intermedios de afuera y los disfrutamos porque estamos acostumbrados a ese formato, a esa estética y ese mensaje. Pero cuando vemos las nuestras y es una película más o menos, no le perdonamos nada”. 

–¿Los argentinos están más abiertos a ver producciones locales?
–No tengo demasiada información, ni sé mucho sobre el mundo de la industria cinematográfica. Lo que sí te puedo decir, como espectadora y como trabajadora en el rubro, es que siento que nosotros cambiamos un poco la forma de pensar. La división entre independiente y comercial está menos marcada, todo está más mezclado, y creo que eso ayuda mucho a que la industria crezca. Me parece que se percibe que hay una necesidad de que se vean las películas para poder sostener esta pequeña industria que tenemos en nuestro país.

–¿Este año vas a hacer algo más?
–Ahora están emitiendo La verdad en la Televisión Pública. Es una serie que está buenísima. La estoy viendo por Internet y me encanta, estoy muy contenta. Para el año que viene tengo proyectos interesantes, pero aún estoy en la etapa de las reuniones. Nada definido. Este año no voy a encarar nada más. Me dedicaré a ser madre. 

–¿Cómo te llevas con la maternidad?
–Ella me la hace fácil, y yo me puedo dar el lujo de no trabajar por un año. Elena es una beba divina, simpática, llena de vida. En ese sentido estoy muy agradecida, porque es la situación ideal para disfrutarla.

–¿Cómo recordás esos días que estuvo en neonatología?
–Es raro. Porque en un punto te podría decir que fue una experiencia hermosa, porque era hermoso estar ahí con ella. Porque había sido mamá y pensé que nunca iba a ser madre y de repente la tenía ahí. Estaba con mi marido y le decía: “Es el momento más feliz de mi vida y el más triste también”. Era muy raro. Tengo recuerdos muy hermosos porque la veía y estaba con ella todo lo que podía; después nos íbamos con mi marido a un departamento que habíamos alquilado cerca del sanatorio, porque no queríamos volver a casa sin ella, estábamos agotados. Al otro día volvíamos, ella se despertaba y comenzaba otro día de luchas y alegrías… era muy raro, un mix de emociones. 

–¿Qué cosas de tu infancia te gustaría que repitiera Elena?
–No quiero que repita nada. Quiero que tenga la suya (risas). Pero, por ejemplo, veo la infancia que tuvo mi marido y la que tuve yo, y me gustaría que ella tenga las cosas más lindas de cada una. Mi marido tuvo a los padres juntos toda la vida. Estaban mucho al aire libre porque vivían en un lugar rodeado de naturaleza y hacían mucho deporte. Y la mía fue una infancia rodeada de arte y cultura. Mis padres me llevaban al teatro, me compraban libros, me leían; mi mamá ponía música y bailaba conmigo, se disfrazaba. Además, siempre fuimos una familia de hablar mucho de lo que nos pasaba. Me gustaría que pueda tener un poco de las dos.

–¿La van a criar con las dos culturas?
–Sí, eso sí. El papá ya le compró un montón de libros en inglés. Como a él le gusta comprarle libros y leérselos, yo lo dejo… y cuando sea un poquito más grande le voy a leer los que me leían a mí. Todo el tiempo le pongo las canciones de María Elena Walsh. 

–¿Alguna vez fantaseaste con trabajar de otra cosa?
–Fantaseo mucho con girar un poco para el lado del canto, mezclarlo con la actuación, como hace Soledad Villamil, por ejemplo. Pero también hay que estudiar mucho y yo después de Los locos Addams y del embarazo no volví a hacerlo. En algún momento le voy a dedicar un poco de tiempo a eso. No fantaseo mucho con dirigir. 

–¿Te ves viviendo en Estados Unidos? ¿Está en tus planes mudarte?
–La verdad es que no me lo imagino. Cuando lo conocí a mi marido, él ya tenía su trabajo acá. Si en algún momento decide instalarse allá, tendríamos que ver qué inventamos. Pero no me veo viviendo en Estados Unidos porque mi trabajo es complicado de llevar. Tendría que empezar desde cero y acá ya tengo una carrera, en la que no solamente protagonizo, sino que además puedo elegir lo que quiero hacer. No tendría ningún problema en hacer un personaje secundario, pero de cero no; en ese caso, preferiría dedicarme a otra cosa.

Fanática de Niní 

Julieta Díaz ama a Niní Marshall, tanto que en el living de su casa tienen una foto original de la actriz sacada por Annemarie Heinrich, la fotógrafa de las estrellas desde los años cincuenta. Pero su admiración va más allá de atesorar una imagen o repasar los trabajos de la humorista. Ella sueña con volver a poner a Catita y a Cándida al aire. “Me gustaría armar un programa de radio; yo sería la anfitriona y presentaría a los diferentes personajes de Niní. 

Hay una biografía de ella en la que cuenta cómo creó cada papel y cómo nació cada uno de ellos. Hay muchísimo material de Niní. Hablé con su hija, Angelita, y me dio el okey. Es algo que está pendiente, pero lo voy a hacer. Habría que buscar un espacio y un horario en la radio acorde para Niní hoy, pero creo que podría ser una buena sorpresa. ¡Ella era una actriz tan desopilante! Es una pena que las nuevas generaciones no la conozcan”.

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