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La ruta de los faros


Por Revista Nueva.


La ruta de los faros 
Centinelas del río San Lorenzo desde hace más de cien años, los 45 faros que tiene Quebec se transformaron en verdaderos atractivos turísticos que hoy ofrecen alojamiento, buena gastronomía y actividades para explorar su entorno rico en bosques, acantilados y fauna.

En un folleto colorido y de original diseño, llamado The Lighthouse Trail –se lo puede descargar por Internet–, se detallan los faros que hoy están activos y que custodian al río San Lorenzo. En todas sus costas, incluyendo las marítimas, fluviales y lacustres, Canadá ostenta alrededor de ochocientos. Cuando el GPS parecía haberles contado sus últimos días, el gobierno de ese país decidió concesionarlos para convertirlos en verdaderos atractivos turísticos. 

La Ruta de los Faros nace en esta parte francófona de Canadá, un poco más al norte de la ciudad de Quebec –declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco–, sobre la ruta 132 que nos permite explorar toda la península de la Gaspesie (una suerte de “pulgar” que acompaña los últimos kilómetros de los 1200 que tiene el río San Lorenzo, entre el lago Ontario y el Atlántico).

El río une las ciudades de Toronto, Montreal, Quebec y Gaspé, y tiene a sus lados fiordos y acantilados, accidentes geográficos que fueron una verdadera pesadilla desde que Jean Cartier –su primer explorador– sorteó con éxito el segundo lugar más peligroso del mundo para navegar después del Cabo de Hornos.

El San Lorenzo ofrece tesoros históricos y patrimonios naturales: parques nacionales, seis especies de ballenas, osos pardos y un abanico envidiable de excelentes servicios turísticos que incluyen una buena gastronomía canadiense combinada con un toque francés, disponible en los lugares más remotos e insólitos. 

Cada faro tiene su historia y sus atractivos. En estos complejos, sus encargados vivían muchos años –y hasta una vida entera– en oficios que heredaban y debían atender: el bosque aportaba la leña para generar el vapor de un compresor que hacía funcionar una enorme bocina (foghorn) que se escuchaba a kilómetros, permitiéndoles a los capitanes, de acuerdo con la intensidad del sonido, calcular la distancia a las costas cuando la visibilidad era nula y el río estaba cubierto de niebla. La cosa se ponía peor en invierno, cuando el San Lorenzo se congelaba (lo sigue haciendo, y solo lo pueden penetrar los rompehielos).

El foghorn a vapor llegó después de los cañones, antes que el aceite, el acetileno, el gas y los grupos electrógenos a diesel. Después vino la electricidad y una “torre” de bocinas que funcionaron entre 1972 y 1994, cuando el GPS descartó todas esas ingeniosidades que brindaron seguridad a los navegantes a lo largo de más de doscientos años. 

Los cuarenta y cinco faros que tiene Quebec en la Gaspesie, la costa del río San Lorenzo y la isla de la Madeleine son orgullo de los québécois, que poseen la virtud de ser muy hospitalarios, balbuceando en su mayoría un español que nos permite comunicarnos a falta de un buen francés. En las zonas alejadas de las grandes ciudades y las áreas rurales, pocos son los que hablan inglés, pero la clara orientación que ofrecen los mapas y la información turística facilitan este viaje que bien puede hacerse en una semana alquilando un coche o motorhome a precios muy accesibles. 

Con el “Pasaporte de los Faros” en mano 

Los faros están ubicados en lugares tan hermosos como exóticos, tan inaccesibles como vírgenes. La mayoría está lejos de las rutas y de los pueblos pero ofrece servicios de todo tipo: buena gastronomía, alojamiento y buena onda para seguir viaje con ganas de conocer más y más. Pese a que los colectivos unen los pueblos con escasas frecuencias, pasando lejos del acceso a los faros, Quebec se organizó para alentar el descubrimiento de cada uno de ellos, y editó un “Pasaporte de los Faros”, donde cada página está destinada a recibir el matasello como confirmación de la visita (amén de oportunos descuentos).

Ubicado en la isla que lleva el mismo nombre, el faro Ile Verte ofrece alojamiento con desayuno en un bed & breakfast original frente a los bajos del río San Lorenzo. Con aguas serenas –ideales para explorar sus costas llanas en kayak– y atardeceres inolvidables, la isla también tiene campings y casas típicas de gente muy hospitalaria que produce ahumados con el método histórico y tradicional. Las viviendas tienen una particularidad: sus buzones de correo están hechos artesanalmente, y sus dueños compiten para ver quién tiene el más original. 

El faro de La Martre tal vez sea el más lindo y vistoso. De inconfundible color rojo, construido en madera con viejas técnicas, está en la Villa de la Martre, que también conserva una capilla histórica. Funciona ininterrumpidamente desde 1906 con su estructura original sincronizada que permite rotar al faro sobre la bacha de mercurio original. Un espacio al aire libre, muy bien cuidado, expone boyas y elementos náuticos y de marinería. 

El faro Pointe-au-Père merece unos párrafos aparte. Forma parte de un complejo declarado “Sitio Histórico Marítimo”, y está dentro de un parque nacional que, a pesar de quedar muy cerquita de la ciudad de Rimouski, está rodeado de un barrio donde artesanos recrean los faros en madera, ofreciendo adornos para el jardín y veladores. El acceso a la parte superior del faro se hace con guías (pasantes universitarios), mientras que las casas del farero y del ingeniero se convirtieron en museo. 

Cruzando la calle hay un edificio que es un homenaje al Titanic del río San Lorenzo: el Empress of Ireland, uno de los dos grandes navíos que Inglaterra construyó para unir Europa con Canadá. Después de la visita al museo, se accede a un teatro que recrea los momentos de felicidad que hubo a bordo antes de su hundimiento en la madrugada, cuando otro navío confundió la maniobra del capitán en medio de un banco de niebla (la dramatización de ese instante, que se cobró la vida de más de mil pasajeros, quiebra hasta al más fuerte de los espectadores). 

A menos de cien metros de este edificio, está el submarino canadiense Onondaga, ya convertido en museo para descubrir sus entrañas: la sala de máquinas, la de torpedos, el periscopio y las poquísimas comodidades con las que contaba su tripulación cuando patrullaban las costas canadienses durante la Guerra Fría. Una vez a la semana se puede cenar y pasar la noche por 75 dólares en el carré des matelots, o por 125 dólares en el camarote del capitán, quien asigna a los tripulantes determinadas funciones que se mantendrán hasta el desayuno como cierre de un viaje que nunca partió del puerto… 

Apuntes veraniegos 

La época ideal para visitar los faros de Quebec es de mayo a octubre. Es aconsejable comprar repelente para insectos y algo que haga ruido para mantener alejados a los osos pardos que suelen cruzar los senderos de acceso a los faros. Estas torres fueron fabricadas por empresas francesas y británicas, las mismas firmas que los hicieron para las costas argentinas cuando Domingo Faustino Sarmiento las encargó en el siglo XIX. El sistema de iluminación siempre fue por espejos que potenciaban la luz a grandes distancias en días claros.  

Curiosidades 

•Pointe-à-la-Renommée: Después de veinte años de “exilio” en la ciudad de Quebec, un grupo de damas de la vecina localidad de L’Anse-à-Valleau, recuperó, allá por 1997, este patrimonio histórico que estaba expuesto en una plaza para los turistas. Pointe-à-la-Renommée funcionó a partir de 1880, y, en 1902, Guillermo Marconi realizó desde allí la primera transmisión telegráfica entre América y Europa. 
•Para ver el río San Lorenzo desde el faro de Matane: ingresar en el sitio www.lirelamer.org, que cuenta con una cámara de 360 grados.
•Otros faros imperdibles: El de Les Bergeronnes, sobre ruta 138, en la otra parte de la costa del río San Lorenzo, al que se accede a través de la ciudad de Tadoussac y el río Saguenay –que se cruza en ferry–, el de Cap Désir y el de Cap des Rosiers.

Viajar al pasado

En la localidad de New Richmond, hay una villa que recrea un pueblo de colonos ingleses y, anualmente, se celebra un encuentro de música country. La movida es impactante, ya que reciclan viviendas para mostrar cómo era la vida hace doscientos años: la casa del carpintero, la del herrero, la escuela… Cientos y cientos de motorhomes de toda Norteamérica se acercan hasta este punto para ser parte de la festividad. La casa de la “familia rica” de dos pisos se alquila en 900 dólares la semana y entran hasta catorce personas. Un buen dato para agendar.

Más información:
www.facebook.com/canada.
larutadelosfaros 
www.quebecmaritime.ca
www.routedesphares.qc.ca

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