INVESTIGACIÓN


¡Música, maestro!


Por Cristina Noble..


¡Música, maestro! 
La música influye positivamente en el desarrollo del cerebro de los niños. Esto, que era un secreto a voces, se confirmó gracias a diferentes investigaciones. Que suenen los violines.  

En una pequeña sala de ensayo, un grupo de intérpretes de entre 3 y 5 años inicia una improvisación de distintos sonidos con mucha alegría: uno golpea un redoblante con sus palillos, otro sopla una flauta, una niña agita su melena y baila como una pequeña roquera, otros zapatean y se ríen. “La idea es que lo pasen bien y aprendan jugando –dice Guadalupe Raventos, cantante de jazz a cargo de un taller de incentivación musical  para los más chicos en el Gran Buenos Aires–. “Mi intención es que tengan la libertad de improvisar y que ellos vayan descubriendo su voz y el ritmo a través de su cuerpo. Además, aprenden a  socializar y, junto con el lenguaje musical, adquieren otras aptitudes: relacionan sonidos, imaginan, desarrollan la motricidad fina y disfrutan”.

Hace tiempo que se afirma que la música mejora el nivel intelectual de los niños; sin embargo, lo que se desconocía era cómo la música influía en el desarrollo de sus cerebros. Un estudio realizado en la Universidad McMaster de Canadá, y publicado en la revista especializada en neurología Brain, reveló que el entrenamiento musical está relacionado con el desarrollo cerebral y que mejora la capacidad de memorizar y razonar en edades muy tempranas. ¿Cómo ocurre esto? Para decirlo en términos sencillos, la música opera como un activador de las conexiones neuronales. Es sabido que nacemos con 100.000 millones de neuronas, pero son muy pocas las que están relacionadas cuando vemos por primera vez la luz. Las conexiones en redes neuronales se irán creando a medida que el niño crece, a través del movimiento y de la estimulación de los sentidos, pudiendo alcanzar a los cuatro años los 1000 billones de conexiones neuronales. La música, al parecer, es un fantástico operador que facilita y agiliza todos esos vínculos.

En la actualidad, uno de los órganos más estudiados es el cerebro y cómo responde a las diferentes estimulaciones. La música y su influencia en él también fue motivo de estudio en las grandes universidades. “Cuando ejecutamos algún instrumento musical o cuando escuchamos música, se activan muchas áreas del cerebro en forma compleja y generalizada, impactando favorablemente en el nivel atencional, motivacional, la memoria de trabajo, la organización y planificación, que son aspectos tan importantes que intervienen en los procesos de aprendizaje”, asegura la licenciada Jorgelina Benavidez, directora del Departamento de Terapias Basadas en las Artes de INECO (Instituto de Neurología Cognitiva que conduce el doctor Facundo Manes). “Entre las investigaciones que prueban ese impacto, están las que dirigieron la doctora Hyde, del Montreal Neurological Institute, y el doctor Shlaug, del Laboratorio de Música y Neuroimágenes del Beth Israel Deaconess Medical Center. 

Ellos estudiaron los efectos del entrenamiento instrumental en el desarrollo del cerebro en niños de 6 años, y lograron vislumbrar que se generaron cambios significativos  luego de quince meses de práctica musical sostenida. Como nuestro cerebro es plástico, tiene la capacidad de adaptarse facilitando la constante reorganización neuronal. Justamente esta característica es la que se incrementa con la música al generar mayor conectividad cerebral y ampliando la posibilidad del pensamiento abstracto y de nuevos aprendizajes”, concluye.

Desde la cuna 

La música es un arte que no solo deleita a los más chicos desde que son bebes de días, sino que además incrementa sus capacidades cognitivas y emocionales. Musicoterapeutas, médicos y psicopedagogos afirman que el solo hecho de que un chico escuche distintas melodías diariamente es bueno para mejorar su memoria, capacidad asociativa, y también su humor. “La primera melodía que influye en la vida afectiva de un recién nacido es la canción de cuna que le canta su madre”, dice Luis Gratch, médico psicoanalista.“Siendo el oído el primer órgano que se desarrolla en el embrión, el arrullo de la voz de la mamá es la primera melodía que el bebé intrauterino percibe y reconoce. 

Esa primera experiencia musical, ese tarareo amoroso compuesto por palabras y música, ejercerá una influencia importante en su desarrollo. Está comprobado que las canciones de cuna que escucha el recién nacido le producen cambios a nivel fisiológico, e incentivan un lazo afectivo intenso con su madre. La música es un estímulo  temprano, el primero que recibe el bebé intrauterino, que promueve la inteligencia emocional”.   

Y como para muestra basta un botón, veamos lo que sucedió a principios de septiembre en un hospital del Gran Buenos Aires. Un grupo de músicos voluntarios, que organizan  prácticas solidarias, visitó la nursery de un modesto hospital de González Catán. Allí ofreció un concierto con orquesta de cámara integrada por músicos noveles. El efecto parece haber sido mágico e inmediato: algunos bebés que lloraban se calmaron, otros esbozaron algunas sonrisas. Este tipo de experiencias confirma el resultado de distintas investigaciones: los bebés, aun los recién nacidos, son muy receptivos a la música clásica de fácil estructura y de corta duración. “Pasa con la música clásica y, yo diría, con todo tipo de música. 

Los bebes pueden decodificar diferentes melodías y ritmos, del mismo modo en que poco tiempo después estarán abiertos a entender y hablar distintas lenguas. Si en casa les hacemos escuchar distintos sonidos y estilos, sin limitarlos, en poco tiempo los vamos a escuchar tararear solos algún tema e incluso inventar alguna canción”, dice Guadalupe Raventos.  Y continúa: “La música los ayuda a aprender y distinguir sonidos y melodías. Y de esta manera, jugando, también su mente se agiliza, se ejercita en la observación y el aprendizaje sin perder la alegría y curiosidad de su mente de principiantes”.

La música ordena

Pero hay más, mucho más de cómo influye la música en el desarrollo de los niños. “La música es una gran organizadora”, afirma Luis Gratch. “Ayuda a que el cuerpo y la mente trabajen juntos sin disociarse desde muy temprana edad. Además, es una gran aliada en los tratamientos psicológicos. En el caso de los niños pequeños, una sonata de Mozart o una de Schubert sirven para calmar las necesidades amorosas y que se sientan bien contenidos”.

En realidad, la idea de que la música produce un equilibrio interno es de muy vieja data. Hace 2500 años, Pitágoras utilizaba ciertas escalas y acordes para lograr el equilibrio mental y recetaba a sus alumnos determinadas melodías para armonizar estados de ánimo negativos o para aliviar las preocupaciones, el desánimo o la ira. Aristóteles, por su parte, no tardó en descubrir que las melodías y los ritmos de la flauta fortalecían el cuerpo, la mente y el espíritu, y Platón sostenía que la música era para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo.

Lo que en esos tiempos no estaban en condiciones de demostrar era que la música podía incrementar la inteligencia de los más pequeños aumentando las conexiones neuronales (siempre y cuando la exposición sea constante y desde muy temprana edad). “Es una maravilla verlos desarrollar sus talentos en medio del barullo y el juego”, asegura Guadalupe Raventos. “Cada día aprenden algo nuevo: movimientos, palabras, actitudes… Es más: improvisan y hasta componen melodías nuevas. La idea es enseñarles a crear, a inventar nuevas combinaciones de sonidos. Algunos son más extrovertidos que otros, pero al poco tiempo el que era tímido se suelta, el que estaba quietito no para de bailar, y el que no hablaba, a lo mejor es el que más rápido incorpora el nuevo lenguaje. La música los ayuda a crecer, a organizar sus distintas posibilidades con la mayor alegría. Les permite desarrollar su inteligencia en general y su inteligencia emocional en particular. Me parece que ahí está la clave, lo que les encanta a los locos bajitos”, concluye la especialista.

Por amor al arte 

Jessica Grahn, neurocientista cognitiva de la canadiense Western University, London, Ontario, asegura que un año de clases de piano complementadas por práctica regular puede incrementar el coeficiente intelectual hasta tres puntos. Las expectativas familiares desmedidas no ayudan a que los chicos disfruten de este arte. La educación musical temprana tiene como objetivo el descubrimiento y desarrollo de las capacidades expresivas de los chicos, lo que les permitirá posteriormente la elección de un instrumento musical, según sus preferencias y aptitudes.

Capacidad musical temprana 

0 a 9 meses: Los bebés pueden reconocer melodías mucho antes de poder entender los significados de las palabras. Cuando les cantan canciones suelen responder pataleando y sonriendo; estas son las primeras manifestaciones de sus pensamientos y emociones.9 a 18 meses: Empiezan a moverse y a seguir el ritmo. A esta edad les fascina hacer sonidos con sus voces y objetos.

18 a 36 meses: La música desarrolla habilidades de la memoria cuando un niño aprende a repetir las palabras de una canción. A los niños de esta edad les encanta bailar con otros niños o teatralizar con sus muñecos. Incluso inventan canciones para acompañar sus actividades; eso implica que hay un salto cualitativo en su aprendizaje. La música la pueden utilizar para entender más el mundo en que se desarrollan.  
 

 

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