Investigación


Bajemos un cambio


Por Daniela Calabró.


Bajemos un cambio
Las personas, con los avatares y las andanzas de la vida posmoderna, miramos cada vez con más recelo los momentos de pausa. “Vivimos en una era en donde todo tiene que ocurrir rápido e instantáneamente. El  mundo está obsesionado con la inmediatez y nos empuja a hacer más en menos tiempo. Buscamos hacer cursos rápidos, carreras cortas, comidas al paso y terapias alternativas exprés”, asegura Silvio Raij, autor del libro Full Stop. Hacer una pausa puede cambiarnos la vida. A lo largo de su formación como coach ontológico y profesor de mindfulness, así como en los años que pasó capacitándose en la India, este especialista en superación personal encontró en el hombre de Occidente un ritmo que atenta contra su propia salud: “La vida contrarreloj produce altos niveles de estrés. Por eso, es tan importante que pongamos un freno, hagamos una pausa y nos preguntemos: ¿Hacia dónde vamos tan rápido? ¿Es este el estilo de vida que nos hará felices? ¿Es saludable esta forma de vivir?”. 

Así surge la idea del Full Stop, una invitación a salir del piloto automático y detenernos a pensar hacia dónde y cómo queremos ir. “Es una práctica sencilla y posible que nos ayuda a eliminar la angustia del pasado y la ansiedad del futuro, y nos pone en contacto directo con la experiencia del presente”, asegura Raij.

– ¿En qué consiste el giro de timón que proponés en tu libro?
–El cambio, en realidad, es muy sencillo; se trata de hacer pausas regulares durante el día, para relajarse, pensar mejor, disfrutar. El impacto que esto genera en nuestra salud física, mental, emocional y espiritual es enorme.

–Sin embargo, mucha gente vive inmersa en la vorágine cotidiana y no descubre esta necesidad
–La vida es tan sabía que si hay algo que no está alineado, aparecen señales que nos indican que necesitamos parar: sobreviene una enfermedad, ocurre algún accidente, nos llega un libro inesperado, aparece una persona clave… Cualquiera de estas cosas puede ser la luz roja. Soy de la idea de comenzar por pequeños ajustes que hagan una diferencia en nuestro pensar y accionar.

– ¿Cómo cuáles?
–Un buen ejercicio que sugiero es la caminata consciente. Se trata de salir a caminar como lo hacemos siempre, pero estando más atentos al paseo. Consiste en hacer la caminata con ojos nuevos, como si estuviéramos viendo todo por primera vez, sin juzgar, dejando que el paisaje nos sorprenda y prestando atención a cada movimiento del cuerpo, al latir del corazón y al contacto de los pies con el suelo. Este ejercicio puede llevarse a cualquier rutina diaria, como lavar los platos, darse una ducha, ir al supermercado… Aunque parezca sencillo, requiere cierto esfuerzo y concentración.

–En tu libro, también proponés que cuidemos la calidad de lo que pensamos. ¿A qué te referís?
–Nuestras mentes funcionan como un radar que escanea todo lo que hay a su alrededor; la mayoría de las veces no hacemos el ejercicio de evaluar lo que queremos tomar y lo que no. Esto, con el tiempo, nos genera cansancio, malestar y un ruido mental innecesario. A veces, con la mejor intención y pretendiendo ser solidarios, prestamos nuestra oreja a cualquier crítica o queja que alguien se acerca a contarnos y no nos damos cuenta del efecto negativo que estos pensamientos nos pueden ocasionar. 

– ¿Qué herramientas tenemos para solucionarlo?
–Muchas. La primera es aprender a economizar nuestros propios recursos, como los pensamientos y las palabras. Por otro lado, debemos elegir el tipo de conversaciones que queremos mantener y seleccionar las cosas que queremos observar y escuchar. Así, nuestra mente se vuelve un terreno fértil, en donde todo lo que crece es positivo y de calidad. 

–Volviendo a las pausas, ¿por qué sentimos culpa en los momentos de disfrute?
–En la sociedad moderna, predomina la cultura del hacer; por eso, nos cuesta mucho disfrutar de los momentos de ocio. Existen preconceptos sobre el hecho de no hacer nada que nos hacen sentir culpables o improductivos. Pero todo en la naturaleza funciona por medio de ciclos con momentos de actividad y momentos de calma. Lo lógico sería apreciar de la misma manera el actuar que el parar, el producir que el descansar. Si se corta este ciclo natural, el cuerpo nos pasará factura. 

– ¿Y cuáles son las consecuencias?
–La más notoria es el cansancio, que nos roba toda nuestra energía vital y nos expone a actuar desde niveles muy bajos de energía. Tenemos que encontrar una ecuación que integre la productividad con la salud, porque si perdemos la salud, ¿cómo disfrutaremos de lo producido? Necesitamos administrar mejor nuestro tiempo, hacer pausas, revalorizar los momentos de ocio y detener nuestra vida de robots. De esta manera, el “no hacer nada” se convierte en la antesala necesaria para el “hacer bien”. 

–Hablando de hacer bien. ¿Puede el Full Stop ayudarnos a ser mejores como sociedad? 
–Totalmente. El modo en que vivimos hace que todo nos genere ira. Un anciano que camina por la calle a su propio ritmo nos estorba, un auto que se detiene para estacionar nos enerva… Debemos bajar la velocidad y aprender a tolerar al otro. La clave es aceptar que nadie es idéntico a nosotros y que los demás pueden tener sus razones para actuar de la manera en que lo hacen. Cuando logramos frenar antes del enojo y hacer este tipo de reflexión, comenzamos a respetar las diferencias y cambiamos nuestras viejas tendencias por hábitos más amables. Y sirve.

–Es todo un trabajo en equipo…
–Sí, todos podemos ser agentes de cambio. La humanidad entera necesita dar ese salto cuántico entre el final de una era materialista y egoísta hacia una era más ilimitada de cooperación e integración. Es cierto que el estilo de vida moderno nos permite hacer más en menos tiempo, pero no nos da el espacio para encontrarle el verdadero sentido a lo que hacemos ni para quién lo hacemos. Me ilusiona la idea de contagiar una manera de hacer que no sea tan rápida, pero que incluya nuestro bienestar en todo el proceso y que integre al otro como parte clave de nuestro éxito. No es grato alcanzar la felicidad si luego no tenemos con quién compartirla. Yo quiero contagiar esta nueva manera de vivir, ¿quién me acompaña?

La pausa, de a dos

Silvio Raij asegura que la práctica del Full Stop también hace bien a la convivencia: “La savia que nutre a cualquier pareja es el diálogo, la conversación y el intercambio de experiencias. Si cada uno vive su jornada a alta velocidad, al final del día ambos estarán agotados. Entonces, ¿qué energía resta para nutrirse y cuidarse mutuamente? Las pausas nos ayudan a centrarnos y recargarnos de energía de manera regular. Así, llegaremos plenos y vitales al final de la jornada y la relación con la pareja crecerá y se hará más fuerte”.

El mindfulness, siempre aliado

A la hora de vivir más pausadamente, la práctica de la atención plena es una gran herramienta. Así lo explica Silvio Raij: “El mindfulness invita a estar consciente de manera voluntaria. Al igual que otros estilos de meditación, tiene grandes beneficios. Además de enseñarnos a controlar las distracciones, realizar mejor las tareas y conocer la raíz de nuestras emociones, ayuda a cuidar el cuerpo y la mente: disminuye el estrés, mejora la calidad del sueño y reduce las cefaleas. A la vez, evita la sensación de soledad, previene las adicciones, aminora el efecto de los trastornos obsesivos compulsivos y controla el riesgo de depresión”.

El poder de las declaraciones*

Existe algo fundamental para nosotros que, a menos que despertemos, seguiremos buscando en el lugar equivocado. Hay dentro de nuestra cabeza un juez implacable, una voz exigente que continuamente nos muestra nuestra parte “negativa”, lo que falta o lo que hacemos mal, siendo muy dura cuando nos equivocamos y muy poco demostrativa cuando logramos algún cometido. En general, esos pensamientos tienen el foco en el pasado (tratando de cambiar lo incambiable) o en el futuro (pretendiendo alcanzar algo que todavía es inalcanzable). Producto de esta modalidad se desprenden resentimiento, ansiedad y miedo, muy frecuentes en la sociedad de hoy. Si desde chicos aprendimos a observar el mundo poniendo el foco en lo que nos falta, no importa lo que consigamos en la vida, porque siempre vamos a sentir que hace falta más. Hacer una pausa nos ayuda a detectar esa voz y desarticularla, para juzgarnos con más claridad y ser más justos con nosotros mismos. De esa forma, la felicidad va a depender de observar con otros ojos; con una mirada que incluya una inmensa cuota de ternura y que nos demuestre que con la persona que somos ¡ya es suficiente!

*Por el licenciado Luciano Porzio, Life Coach y coordinador general de Protagonista de cambio.www.protagonistadecambio.com

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