INVESTIGACIÓN


Emprendimientos familiares


Por Belén Herrera.


Emprendimientos familiares 

Están unidas por mucho más que por el vínculo de madre e hija. Se animaron a emprender un negocio juntas. Cómo es el desafío de compartir familia y trabajo.

Pocas relaciones resultan tan pasionales como la de las madres y las hijas. Ese vínculo, que solo pueden entender las mujeres y que se termina de comprender cuando la vida nos da la oportunidad de dar a luz a una beba, logra generar una relación inigualable. Eso no quita que, a veces, ese amor intenso y fascinante permita pasar del amor más profundo y absoluto a un gran enojo, simplemente porque con frecuencia nos vemos reflejadas en esa niña/joven/mujer que tanto se nos parece. En muchas ocasiones, ese vínculo tan intenso traspasa los límites del hogar al emprender un negocio y tener que combinar el trabajo con la familia.

El placer de divertirse

Peque Sánchez de Bustamante y sus hijas Catalina y Juana Fonrouge son las dueñas de Convite, una empresa de catering que nació hace cuatro años y que hoy, además, tiene abiertas dos sucursales donde la gente puede ir a comer o a tomar un café.

Para ellas, trabajar juntas es por lejos una de las mejores decisiones que han tomado. “Siempre me consideré una afortunada porque tengo una relación espectacular con ella. Nos divertimos mucho trabajando. Es impresionante. Soy la envidia de varias de mis amigas por la relación que tengo con mi mamá”, confiesa Catalina. Su madre siempre ha sido una emprendedora; mientras ella y sus tres hermanos eran chicos, se dedicó a la organización de eventos. 

Pero hace unos años surgió la posibilidad de reclutar a un grupo de cocineros que se estaba desarmando y fue Catalina quien impulsó a su progenitora para darle vida a esta empresa familiar. “Aprendimos todo un diálogo entre madre e hija. Al principio, se mezclaba un `me tengo que ir a cortar el pelo’ con `hay que ir a hablar con tal cliente’. De a poco, le fui delegando más responsabilidades, hasta que un día me di cuenta de que la tenía al lado trabajando codo a codo”, dice Peque, orgullosa.

Las dos aseguran que se divierten muchísimo trabajando juntas. Y eso se nota. Ante cada una de las preguntas, surge una nueva anécdota, entre miradas cómplices y un sinfín de carcajadas. Su pasión por lo que hacen les hace imposible cortar con los temas laborales en la intimidad del hogar. “A veces, estamos hablando tiradas en la cama de ella, y cuando entra alguien le decimos que estamos en reunión de directorio”, comenta entre risas y carcajadas Catalina.

“Hace que fluya la creatividad mejor y más rápido porque lo que se te cruza por la cabeza lo decís. No estás esperando un juicio del que tenés enfrente. Se aprovechan más las capacidades”. *Catalina.

Entre las cosas que ellas encuentran a favor de que todo quede en familia, Catalina destaca el nivel de confianza: “Hace que fluya la creatividad mucho mejor y más rápido porque todo lo que se te cruza por la cabeza lo decís. No estás esperando un juicio del que tenés enfrente, porque es tu mamá o tu hermana. Creo que, al tener tanta confianza, se aprovechan mucho más las capacidades. Eso nos permite desarrollarnos más que si estuviésemos trabajando con un jefe de equipo”.

En ese sentido, Peque también coincide con la mayor de sus hijas: “El hecho de conocernos facilita mucho las cosas, porque no hay nada oculto atrás. A veces, en las relaciones comerciales hay segundas intenciones de la otra persona que no conocés. Cuando estás en familia, sabés perfectamente adónde va a llegar, qué quiere y qué le interesa”.

Claro que, como ocurre con cualquier madre que se precie de tal, los miedos también aparecen. “Mi preocupación como mamá era que el hecho de trabajar acá le limitara su carrera. Pero ha hecho un gran avance. Y si ella, por alguna causa, tuviese que presentarse a trabajar en una empresa, está en condiciones de hacerlo porque siguió estudiando y sigue mejorando en todos los procesos que hacen a una empresa. Eso está bueno, porque como madre te das cuenta de que no la condenaste a que trabaje en el ‘negocito’ de la mamá. A mí me interesa que profesionalmente se siga desarrollando. Y en el caso de Juanita me pasa lo mismo. Además, me agrada que haga algo que realmente le guste. Nunca las limitaría en su crecimiento profesional; no quiero que se ‘achanchen’ por estar conmigo. Creo que el crecimiento de un hijo y su salida al mundo es lo más importante que puede vivenciar una persona”.

Una experiencia muy dulce

Dadi y Federica Marinucci son madre e hija, y juntas le dieron vida a Vasalissa. Ambas decidieron continuar con el legado familiar, que había comenzado Abracha Benski, el padre de Dadi. Él había llegado desde su Rusia natal y, al descubrir la pasión de los argentinos por el dulce de leche, creó el reconocido bocadito Cabsha. Así fue como, cuando Federica creció, las dos decidieron darle vida a un proyecto en el que pudieran reflotar los valores transmitidos por el abuelo de la familia y en el que el chocolate tuviera protagonismo. Así, en octubre de 2006, nació Vasalissa Chocolatier. “Lo mejor de trabajar juntas es que vamos en una misma dirección, nos conocemos mucho y, por lo general, en los puntos importantes estamos siempre de acuerdo. Nos gustan las mismas cosas y tenemos los mismos valores. Eso es muy importante en el momento de armar y gestionar una empresa”, asegura Federica con una sonrisa.

Madre e hija coinciden en que desde que trabajan juntas la relación entre ellas cambió. Sin embargo, creen que eso no está relacionado con el hecho de compartir una obligación, sino con una cuestión de madurez. “Creo que muchas cosas cambiaron, ya que cuando empecé a trabajar con Federica, ella era muy chica. Hoy en día, es una mujer hecha y derecha, mucho más asentada, que sabe tomar responsabilidades. Ahora no solo ella se apoya en mí, sino que muchas veces yo también puedo apoyarme en ella”, confiesa Dadi Marinucci.

Pero no se trata únicamente de una cuestión de contención. Para ella, trabajar con Federica es mucho más que eso. “Como madre, tener a mi hija a mi lado para compartir las alegrías de los logros, así como para ayudarnos a encontrar soluciones a los problemas, es la situación ideal. Agradezco todos los días el tenerla a mi lado”. Lejos de pensar que trabajar en familia le resulte un desafío, Federica sostiene que “es más fácil trabajar con alguien a quien querés muchísimo y en quien te podés apoyar siempre, como ocurre con una madre, que nunca te va a fallar”.

Hechizadas por los libros

Gloria Rodrigué no había planeado en ningún momento trabajar con sus hijas, hasta que un día se dio cuenta de que lo estaba haciendo. Tras 40 años de labor en una reconocida firma editorial, ella comenzó a planificar su retiro. Pero le costaba imaginar su vida alejada de los libros, especialmente de las historias para chicos. Así fue como, de una pregunta en voz alta a su marido, surgió la editorial infantil La Brujita de Papel. “A partir de entonces, el pensamiento empezó a rodar, y las chicas fueron acercando sus habilidades y conocimientos sin pensar en participar, hasta que de pronto me di cuenta de que tenía la editorial en casa”, recuerda la madre de este clan femenino. Ellas son Teresa, Isabel, Dolores, Mercedes y María, aunque esta última descubrió que este menester no era el suyo y ahora solo lee las historias.

Si bien todas coinciden en que la relación no cambió desde que trabajan juntas, Mercedes reconoce que sí tuvieron que encontrar maneras nuevas de relacionarse dentro de la oficina. “Por momentos, las cosas podían crisparse, pero siento que esa crispación nunca llegaba más allá de la oficina. A veces es importante pedir disculpas. Yo soy la hermana mayor. Cuando dejé mi trabajo anterior y entré a trabajar activamente dentro de La Brujita, me costó la inversión de roles con mi hermana menor, que ya trabajaba allí y tenía su bien ganada antigüedad. La llamo en chiste “la jefa”, y algunas veces me retobé. Pero, básicamente, la familia nos resulta fundamental. Supongo que, antes de tener una pelea, desharíamos el negocio. Creo que todas pensamos lo mismo y damos eso por sentado”.

Para ellas, la confianza y el conocerse tan profundamente son un punto a favor para que todo se desarrolle de manera exitosa: “Sabemos cuáles son los puntos fuertes y débiles de todas. Siempre pedimos un poco más de cada una porque tenemos en claro que puede darlo”, confiesa Teresa. 
Pero, como ocurre con todo en la vida, nada es color de rosa, e Isabel admite que existen algunas contras: “A veces, guardamos cosas por no herir, o resolvemos en lugar de marcar el error, pero al final siempre explotamos y nos descargamos como hermanas y no como compañeras de trabajo”.

“Sabemos cuáles son los puntos fuertes y débiles de todas. Siempre pedimos un poco más de cada una porque tenemos en claro que puede darlo”. *Teresa Rodrigué

Ese vínculo tan estrecho que mantienen madre e hijas es bien tomado por todos los integrantes de esta gran familia. Si bien muchas están de acuerdo en que a veces sus maridos estarían más contentos si no se hablara tanto de trabajo en las reuniones familiares, Dolores asegura que “los que no participan activamente también tienen el gusto por los libros y se involucran y opinan como si formaran parte. Eso nos gusta y dejamos que lo hagan. Siempre están invitados a trabajar con nosotras, por si algún día sienten que quieren hacerlo. Seguramente, vamos a encontrar la actividad en la que son buenos y el lugar donde puedan desarrollar su potencial”.

¿Acierto o error? 

Solo la propia experiencia podría determinar si es bueno o no trabajar con la mujer que nos dio la vida. Estarán quienes lo logran y también aquellas que queden en el camino porque consideran que el vínculo entre madres e hijas es lo suficientemente pasional como para sumarle todavía mayor intensidad. Tal vez por eso es que algunos podrían tildar como una “locura” este desafío. “Pienso que, en términos generales, tendrían razón. Y que nosotros somos los afortunados, la excepción a la regla, los “locos”. No todas las personas pueden trabajar en familia, y hacen bien en saberlo; pero algunas tenemos poderes especiales, por eso somos ‘Brujas’”, concluye Mercedes Rodrigué.

Y, probablemente, lo sean. Porque no es cosa fácil. Pero si se logra, como en el caso de estos tres clanes, no hay dudas de que puede resultar una vivencia de lo más enriquecedora, placentera y también fructífera desde el punto de vista económico.



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