Investigación


Más que mil palabras


Por Mariano Petrucci.


Más que mil palabras
Los músculos de la cara producen gestos involuntarios que desnudan lo que verdaderamente sentimos y pensamos. Por qué decodificar la comunicación no verbal es clave para enriquecer las relaciones cotidianas y lograr mejores resultados en el ámbito laboral.

Cuando Bill Clinton negó haber tenido un affaire con Monica Lewinsky, Paul Ekman sabía que estaba mintiendo. O que, al menos, existía una fuerte probabilidad de que estuviera faltando a la verdad. Ekman no le prestó atención a las palabras que se tropezaban en la boca del entonces presidente de los Estados Unidos, sino a las expresiones que se apoderaban de su cara. Meses después, el mandatario admitió haber mantenido un “comportamiento físico impropio” con la becaria de la Casa Blanca.

Considerado uno de los cien psicólogos más destacados del siglo XX, Ekman se especializó en el análisis de las emociones a través de los rasgos del ser humano (imperdible el documental que hizo para la BBC: The Human Face –búsquelo en YouTube–). En sus investigaciones, diagnosticó que las microexpresiones faciales pueden utilizarse para detectar mentiras con cierto grado de confiabilidad. 

Amantes de las series televisivas, ¿no les suena todo esto? Sí, en Ekman se inspiraron los creadores de Lie To Me, donde el grupo liderado por el doctor Cal Lightman (encarnado por Tim Roth) le echaba el ojo a la conducta de malhechores mediante la interpretación de gestos involuntarios producidos por los múltiples músculos de la cara. “Este conocimiento es una ciencia. El primero en tratarlo fue Charles Darwin, allá por el año 1872. El naturalista inglés hizo referencia a que tanto seres humanos como animales presentan determinadas expresiones faciales con la intención de comunicar. Más adelante, en los años sesenta, las microexpresiones fueron descubiertas por Haggard e Isaacs. Entre los que siguieron esta línea, podemos mencionar a David Matsumoto, Wallace Friesen, Carl Herman y, obvio, Paul Ekman”, aporta Laura Justicia, licenciada en Psicología y directora de Signum (Gestión de Lenguaje Corporal). Y agrega: “En la actualidad se acrecentó el interés por este tema, ya que se transformó en una herramienta que fortalece el desarrollo profesional y personal de los individuos, a partir de la comprensión de qué es lo que le sucede al otro, y, paralelamente, qué nos ocurre a nosotros mismos”.

Según los entendidos, ser conscientes del lenguaje corporal –del propio y del ajeno– y tener la capacidad de interpretarlo mejora la comunicación entre un sesenta y un ochenta por ciento. En consonancia con el fenómeno, y para potenciar esta habilidad, ya sea en el exterior o por estos pagos, se inauguran centros donde se dictan cursos de entrenamiento para decodificar lo que no se dice con palabras. “Es muy útil para psicólogos, coaches, médicos, abogados, agentes de seguridad, políticos, conferencistas, negociadores, vendedores… En rigor, para todos. ¿Por qué? Porque al detectar las microexpresiones y relacionarlas con el lenguaje verbal, podremos comprobar congruencias o incongruencias con este: o sea, entre lo que escuchamos y lo que vemos. El cerebro experimenta una emoción y ella se proyecta automáticamente en nuestro rostro sin que medie la razón”, dice Justicia, representante en nuestro país del flamante Center for Body Language.

“Las microexpresiones se transformaron en una herramienta que fortalece el desarrollo profesional y personal de los individuos, a partir de la comprensión de qué es lo que le sucede al otro y, paralelamente, qué nos ocurre a nosotros mismos”. Laura Justicia

Vamos a los botones de muestra. Figúrese en su lugar de trabajo, en una reunión con su jefe: si domina las microexpresiones, podría sospechar si su opinión es valorada o no. Al vender un producto o un servicio, podría suponer si el cliente morderá el anzuelo (y no perdería tiempo en convencerlo). Al seleccionar personal, podría intuir si las competencias condicen con lo que escribieron en sus CV. Si es un líder, podría adivinar lo que piensan y sienten los integrantes de su equipo, para influir más en ellos y lograr más adherencia. 

CNV

¿Cuánto duran las microexpresiones? Medio segundo, o incluso menos. Por eso, en un comienzo, el proceso acontece en un plano inconsciente. La ejercitación aceita la técnica para empezar a percatarse de ellas a nivel consciente. Pero, cuidado, que no todas son rosas en este camino: para el doctor Cal Lightman, este don era tanto una bendición como una maldición, ya que no solo reconocía las contradicciones de los delincuentes, ¡sino las que aparecían entre sus familiares y amigos! 

El que no tuvo esos inconvenientes (o no le preocupó tanto) fue Paul Ekman, que buceó tan profundo que instauró el Sistema de Codificación Facial de Acciones para clasificar las expresiones que invaden nuestro rostro. ¿Cuáles son? La ira, el asco, el miedo, la alegría, la tristeza y la sorpresa, entre otras. “Todas ellas se expresan del mismo modo en cualquier rincón del mundo. Es decir, son universales. Por ejemplo, notaremos la misma microexpresión de desprecio en Japón y en la Argentina. Esto no es un dato menor, porque si aprendemos a leerlas, podremos aplicar este conocimiento en el punto del planeta en donde nos encontremos, sea cual fuere la cultura en la que estemos inmersos”, apunta Justicia. 

Hay diversos factores por considerar a la hora de localizar y examinar las microexpresiones. Por caso, el modo en que se entrelazan y “juegan” entre sí: esto dará como resultado una interpretación más o menos precisa. Por otro lado, hay que tener en cuenta que la lectura de las microexpresiones no solo se refiere a descubrirlas, sino también a cómo reaccionar frente a aquello que observamos.

Está claro: comunicarse no es solamente hablar. “Más allá de lo que decimos, la comunicación no verbal –CNV– manifiesta en forma constante nuestras emociones, así como nuestros juicios e intenciones. En otras palabras, los gestos y las posturas expresan nuestro carácter y estados de ánimo, indican aceptación o rechazo, y reflejan tanto la sinceridad como los intentos de engaño”, subraya Sergio Rulicki, doctor en Ciencias de la Comunicación Social y licenciado en Antropología. Y acota: “La CNV es un campo multidisciplinario en el que confluyen la comunicación, la antropología, la psicología, la biología y otras ciencias. Desde mediados del siglo XX, fue explorada sistemáticamente, revelando dimensiones de la cultura y las relaciones interpersonales que habían permanecido ignoradas”.

En sus libros (Comunicación no verbal: cómo la inteligencia emocional se expresa a través de los gestos, Detective de sonrisas: curso avanzado de comunicación no verbal y Las caras de la mentira y de la verdad: qué hay detrás del lenguaje no verbal de los personajes más influyentes), Rulicki sostiene que el liderazgo y el trabajo en equipo son regulados por patrones culturales de CNV, codificados en forma inconsciente. “La habilidad en el manejo de estos códigos, de acuerdo con el protocolo imperante en cada época, constituye el fundamento del carisma. Actualmente, surgió un nuevo paradigma: la CNV del mundo globalizado. Este modelo implica la decadencia de la dominancia agresiva y su reemplazo por la dominancia asertiva, manifestación equilibrada de tres tipos de actitudes: control, reciprocidad y servicialidad. El conocimiento de la CNV favorece una percepción más lúcida y totalizadora de las relaciones humanas en todos sus contextos”, concluye Rulicki.

Ser un experto en microexpresiones para…

- Reforzar el discurso o presentación, logrando que el mensaje sea más efectivo, influyente y contundente.
- Identificar más precisamente las necesidades de las personas: así sabrá cómo sienten e interpretará sus intenciones o sus pensamientos.
- Detectar en la conversación las innumerables señales de mentira y engaño, para poder actuar inteligentemente frente a ellas.
- Ajustar las palabras de acuerdo con lo que visualiza de manera no verbal.
- Localizar y resolver conflictos antes de que comiencen.
- Obtener intuiciones rápidas sobre las expectativas y emociones de clientes, colegas, personal a cargo, etcétera.
- Mejorar la comunicación y las relaciones interpersonales dentro de su equipo de trabajo.

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