Investigación


Sí, se puede


Por Mariano Petrucci..


Sí, se puede
A pesar de tener una linda familia, buenos amigos y una empresa propia que creció exponencialmente, no me sentía completo. A veces, últimamente demasiadas, fantaseaba con irme lejos y empezar de cero”. A sus 43 años, Daniel se ilusionó con patear el tablero. No titubeó y pasó a los hechos: fundó otra compañía, con una temática diferente a la anterior. Hoy, tiene una sonrisa de oreja a oreja.

Daniel fue alumno de Mariana Ferrari, profesora universitaria en Estados Unidos y coach certificada por Anthony Robbins (ícono de la psicología del liderazgo, fue consejero de presidentes como Bill Clinton, Mijaíl Gorbachov y Nelson Mandela, entre otros). Nacida en Buenos Aires, pero radicada en Miami, ella fue su propio conejillo de Indias. Tras una fructífera tarea por distintas compañías, comenzó a autotratarse como una empresa: esto es, creó su propia visión, fijó metas y elaboró estrategias para edificar una vida en la que se sintiera plena de participar. “El desafío está en plantearnos, sinceramente, qué es lo que nos hace brillar los ojos. El problema es que la mayoría busca acertar: qué sé y qué puedo hacer. Y no. Un empleo que da sentido a nuestra existencia se convierte en una fuente de felicidad”, sentencia quien puso en marcha comocambiarlavida.com, una de las mayores plataformas on-line de desarrollo personal y profesional.

Reinventarse: esa es la cuestión. Para la especialista, se trata de sacarnos el máximo jugo posible. Y si bien opina que no hay verdades absolutas en esto de cuándo tirarse de cabeza a la pileta, hay una edad muy propicia para ello. “Especialmente, a los 37 o 38 años. La famosa ‘crisis de los 40’ es una gran aliada que hay que saber aprovechar. Es un período en el que consideramos seriamente dejar de ser quien creíamos que teníamos que ser. Por otro lado, ya cargamos sobre la espalda una experiencia de veinte años que debe servirnos como punto de partida”, subraya Ferrari. 

El golpe de timón nos paraliza. Es que decirlo es sencillo; poner primera no tanto. “Hay que entender que el miedo es parte del instinto de supervivencia. Nos alerta, nos protege. Entonces, no hay que tenerle miedo al miedo. Los seres humanos tenemos que satisfacer, constantemente, necesidades psicológicas básicas: una de ellas es la certeza. Para mucha gente, el trabajo es su vehículo hacia esa zona de confort –¿o mediocridad?–. Ojo: la incertidumbre puede originarnos un dolor momentáneo, pero el confort es un dolor crónico”, esgrime Ferrari. 

Al éxito se lo emparenta con el sacrificio. Para la experta, esto es un error. Y polemiza: “El sacrificio es justamente el virus, el enemigo número uno del éxito”. ¿Por qué? “En el diccionario, la palabra ‘sacrificio’ se asocia a una ‘acción que desagrada o no se desea hacer, pero que se hace por obligación o altruismo’. Cuando algo te apasiona, ¿dónde está el sacrificio? Al contrario, te genera una energía que te permite esforzarte mil veces más que en otra labor”, destaca Ferrari. 

Sacrificio vs. emoción
Según un estudio realizado por la Universidad de Basilea, la autoestima es una causa –y no un efecto– de los resultados en la vida de una persona; por eso es tan fundamental para abrazar los objetivos. “El éxito es un ochenta por ciento emocional y un veinte por ciento técnica. Por eso, defiendo la idea de que uno mismo puede transformarse en su propia fábrica de felicidad. Pensemos en los logros que hayamos obtenido. Advertiremos que en cualquiera de los casos hay un elemento que se repitió: la emoción. La palabra viene del latín ‘emotio’, o sea, el motor que te mueve a la acción. Es clave descubrir qué es lo que tiene que suceder para sentirnos así”, manifiesta Ferrari.

Uno de los hábitos que hay que abandonar son los pensamientos negativos. Desde la Universidad de San Diego sostienen que si un individuo se expone a ellos, sus conexiones cerebrales –sobre todo, las de las áreas destinadas a la toma de decisiones– se “apagan”. “Todo aquello que está vinculado al desarrollo personal se encauza en encontrar dolores, limitaciones, los ‘menos’. Y lo que debemos comprender es que el ser humano no es perfecto. De nada sirve enfocarnos en corregir imperfecciones: es una guerra perdida. Por eso, hay que abocarse a maximizar nuestro potencial… ¡Y atrevernos!”, exclama Ferrari.

Repasemos: reinventarse requiere pasión, constancia, flexibilidad. Pero ¿cómo identificar aquello que nos hace felices? No hay recetas mágicas, pero una buena táctica se basa en reflexionar sobre aquellos momentos en los que nos sentimos queridos, admirados, orgullosos, acompañados, poderosos, cuidados. Luego se puede confeccionar una lista con los talentos naturales que poseemos. ¿Qué emprenderíamos durante horas y horas sin cansarnos? Por último, inspirarnos en otros sujetos que ya hayan agenciado el cometido. “Lo que sigue es el puntapié inicial, que puede ocasionarnos vértigo, obvio, pero son riesgos que hay que afrontar. Para que la transición sea segura, recomiendo cuatro etapas: planificación –qué perseguimos, en qué entornos nos gustaría desenvolvernos–, preparación –instruirnos con cursos, libros, etcétera–, ir paso a paso –la experiencia es algo que se adquiere diariamente– y tener confianza –no hay que desesperarnos ante los reveses–”, enumera Ferrari.

“Lo vinculado al desarrollo personal se encauza en encontrar dolores. Lo que debemos comprender es que el ser humano no es perfecto. De nada sirve enforcarnos en corregir imperfecciones: es una guerra perdida. Por  eso, hay que abocarse a maximizar nuestro potencial... ¡Y atreverse!”. Mariana Ferrari

“Teoría del 7”
En enero pasado, una encuesta les preguntó a mujeres profesionales de 40 años cuál era la valoración que hacía sobre su felicidad. El promedio de respuestas fue de 6,92 puntos sobre 10. Y la estadística no es un dato menor si se tiene en cuenta la “Teoría del 7”, que ingenió Ferrari. ¿De qué se trata? Ella misma lo explica: “Si evaluásemos la existencia de cada individuo, utilizando una escala de 1 a 10, llegar a 7 en diversos aspectos sería relativamente accesible. ¿A qué me refiero? Un ejemplo físico: arañar el 7 implicaría comer bien y equilibrar calóricamente lo que uno ingiere con lo que uno gasta. 
Digamos que si nos alimentásemos de manera saludable, e hiciéramos ejercicio regularmente –de tres a cuatro veces por semana–, arribaríamos al 7. Ahora, lo difícil está en alcanzar el 10. Para superarnos, hay que comprometerse con ese propósito, ser disciplinado, dedicarle tiempo, que sea nuestra prioridad”.  
En el plano emocional o profesional, en el amor, en la familia o en la oficina, pasa exactamente lo mismo. “Una persona puede estar deprimida, pero si las circunstancias cambian –una nueva relación sentimental, un ascenso de puesto en el trabajo, un aumento salarial–, pasará de 4 a 7 muy fácilmente. El 10 es una fase diferencial, distintiva: es sentirse rebosante, radiante. Lo resumo así: cuando estás 7, sos el mejor de los peores; cuando estás 10, sos el peor de los mejores. Hay que animarse”, sugiere Ferrari.

Hay estrategias precisas para ponernos en forma, mental y espiritualmente, en tan solo quince minutos. “Asumamos que nuestro estado es un determinante sin igual para conseguir, o no, las cosas. Cuando uno está óptimo, el horizonte aparece más claro; por eso es primordial tener el control sobre él. Aquí es donde surge el ‘fitness emocional’, que consta de una serie de pasos. Los primeros tres operan en el cuerpo: hay que moverse –caminar o correr– durante cinco minutos, concentrándonos en el estado que queremos provocar. Continuamos con una respiración de inhalación y expiración, a la vez que estimulamos los meridianos –centros de energía que se hallan en las yemas de los dedos–. En el cuarto paso, agradecemos por todo lo que tenemos. Después, visualizamos lo que anhelaríamos cosechar ese día o esa semana, y lo vivenciamos como si ya estuviera ocurriendo”, detalla Ferrari. Y concluye: “La combinación entre el cuerpo y la mente es imperiosa para reinventarnos. Nosotros no podemos dominar ni dirigir el cien por ciento de lo que acontece en el mundo exterior, pero sí podemos intentarlo con nuestro universo interior. En definitiva, la calidad de vida de una persona depende, en gran parte, de la calidad de sus pensamientos”.

“¿Qué es lo que nos hace brillar los ojos? La mayoría busca acertar: qué sé y qué puedo hacer. Y no. Un empleo que da sentido a nuestra existencia se convierte en una fuente de felicidad”. Mariana Ferrari 

Qué hacer para tener  éxito en el cambio
- Mantener relaciones con personas positivas y automotivadas: rodearse de gente que vea oportunidades donde otros advierten problemas. Y que sus experiencias nos aporten de manera favorable.
- Conocerse bien: tener en cuenta la hora del día en que somos más y menos productivos. 
- Vacío mental: a veces, las mejores ideas sobrevienen en momentos insospechados (ejemplo: debajo de la ducha, corriendo).
- Tomar el control de las emociones: no hay que tratar de gestionar la frustración, el temor o los enojos, sino aprender a sentirlos en el cuerpo, observarlos. Este proceso ayuda a que desaparezcan.
- Las razones deben superar a los miedos: ser consciente de que la vida tiene mucho más sabor que la mediocridad, por más vértigo que nos pueda dar un golpe de timón.

Qué no hacer para tener éxito en el cambio
- No esperar tener la gran idea. Poner una en marcha.
- No compartir los proyectos con todo el mundo (hacerlo exclusivamente con aquellos que nos desean lo mejor).
- Analizar todo hasta el hartazgo, y paralizarse por ello.
- Ser negativo.
- Poner excusas (otorgan paz en el corto plazo, pero arruinan el largo plazo).
- Echarles la culpa a los demás.
- Perder el tiempo.
- No tener ambición, ser cauto en los objetivos.
- No comprometerse con la propia felicidad.
- No creer en uno mismo. Autoboicot.

Mariana Ferrari dará una charla en la que ofrecerá estrategias para multiplicar los resultados en los negocios y en la vida personal. ¿Cuándo y dónde? El 26 de noviembre, a las 18.00, en la Fundación Libertad (Mitre 170, Rosario).

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