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Hombres ¿Dónde están?


Por Daniela Calabró.


Hombres ¿Dónde están?
"No es una cuestión de que no haya hombres, porque tengo amigos solteros que me dicen que no saben dónde conocer mujeres. Lo cierto es que hay hombres y mujeres por todos lados, pero no se encuentran”, introduce la escritora de temas de género Marilen Stengel, y prosigue: “Por encuentro entiendo la posibilidad de establecer contacto con otro, no sólo una conexión. Me parece que de lo que las mujeres hablan es de este desencuentro, esta dificultad de encontrar espacios en los que ver, mirar, charlar relajadamente con otro. Por eso, el tema no pasa tanto por si hay hombres y mujeres, sino si están dispuestos a encontrarse para entablar una relación y de qué tipo”, agrega la especialista en temáticas femeninas. Cuando le preguntamos por qué se dan esos desencuentros, Marilén pone el foco en los mensajes que cargamos, tanto educativos como sociales: “Cuando pienso en el origen de este desencuentro, me doy cuenta de que lo que más separa a hombres y mujeres son sus mandatos. Hay un desfasaje en la educación emocional: a las chicas todavía se les dice que tener muchos novios no es lo más ‘lindo’, mientras que a los varones se les dice que tienen que tener muchas experiencias para que cuando se casen estén tranquilos de que no se ‘perdieron’ algo. Este punto de partida divergente ya aleja a unos y a otras porque son objetivos incompatibles”.

Luego de ese inicio, ya desparejo, aparecen diferencias más vinculadas a los avatares de la sociedad actual: la eterna juventud, el miedo al compromiso, el deseo de postergar o dejar de lado la paternidad y el pánico a perder los propios espacios. 

Pero estas características no se conjugan del mismo modo a lo largo de nuestra línea del tiempo. Bien dicen los especialistas que no es lo mismo buscar el amor con el empuje de los 30, en medio del balance de los 40 o durante la plenitud de los 50. 

Luciana, Silvina y Delia son mujeres de diferentes edades, profesiones, barrios e inquietudes. Sin embargo, las tres comparten una sensación recurrente entre las féminas adultas solteras, viudas o divorciadas: es muy difícil encontrar un hombre con quien caminar a la par. ¡Casi imposible!

"No es una cuestión de que no haya hombres, porque tengo amigos solteros que me dicen que no saben dónde conocer mujeres. Lo cierto es que hay hombres y mujeres por todos lados, pero no se encuentran” Marilen Stengel.
Desencuentro 1: a los 30
Luciana tiene 31 años. Vive en Barracas y es contadora, aunque trabaja en ventas. Después de dos noviazgos largos, está soltera. Bien predispuesta, cuando conoce un chico que le gusta no pone trabas y se permite, como quien dice, “ver qué pasa”; pero siempre termina en la misma conclusión: ellos no quieren iniciar una relación con cierto aire de compromiso. “Yo no ando por la vida buscando un hombre para casarme, pero sí tengo ganas de conocer a alguien que quiera compartir verdadero tiempo conmigo, conocerme, disfrutar cosas juntos. Si eso después se transforma en un noviazgo, bienvenido. Y si no, habrá sido una linda historia. Pero los chicos que conozco me obligan a ponerme a la defensiva, a no ser yo. Una vez que saliste dos o tres veces, empiezan a invitarte a su casa y la relación se resume en eso. No quieren compañeras, quieren geishas”. El enojo de Luciana no es una excepción. Muchas mujeres de su generación coinciden en que hay una suerte de adolescencia tardía que en un momento pone a los hombres y a las mujeres en momentos diferentes de la vida.

“En la década de los 30, las mujeres sienten que han cumplido con sus aspiraciones personales y se preparan para formar una pareja y realizarse como madres (si es que desean serlo). Y no siempre encuentran  hombres que acompañen estos anhelos”, explica el médico psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin. 
“Muchos varones en esa década prefieren quedarse refugiados en el calor de la infancia. No están dispuestos a canjear el disfrute, el ocio, los amigos, los amores, el sexo, por una vida llena de responsabilidades, en la cual hay que pelear por un mínimo de tiempo propio”, detalla. 

El experto comenta que, sin embargo, muchas de estas características conquistan a chicas de hoy. “Estos niños eternos se convierten en candidatos atractivos para mujeres que aspiran a conocer hombres que salgan del estereotipo de macho dominante. Ellas resaltan la inocencia y la capacidad lúdica. Pero luego cuestionan la poca ambición, el tiempo dedicado a los amigos y las dificultades para encarar decisiones como la paternidad”. Aquí hace su entrada triunfal el gran desencuentro entre los muchachos y las muchachas de 30: a ellas las persigue el reloj biológico, ellos no conciben la idea de ser padres en el corto plazo.   

“El desencuentro también pasa por los proyectos que cada uno tiene. Y tener un hijo es un gran proyecto; por eso, si el deseo no es compartido, es muy difícil conciliar. No hay nada más difícil para un integrante de la pareja que renunciar a su deseo de ser padre o madre por el otro. Es fundamental conversar”, resume Stengel. 
Desencuentro 2: a los 40
Silvina es profesora de Historia, tiene 43 años y hace tres que vive en la ciudad neuquina de Cipolleti. Se mudó allí, con sus hijos de 7 y 4 años, después de separarse. Luego del cimbronazo, empezó a abrirse de nuevo al amor, pero no funcionó. “Tuve dos historias y me bastaron para darme cuenta de que algo no andaba bien entre las mujeres y los hombres de nuestra edad. Estamos a destiempo. En mi caso, no entienden que no pueda salir con libertad, y rápidamente se cansan de tener que hacer planes que incluyan a los chicos. No te lo dicen, pero lo notás. Y aunque no tengas hijos, pasa algo similar, porque lo veo en mis amigas solteras. Un lado y el otro no ponen la misma energía para construir el vínculo. Pero, a favor de los hombres, ellos lo viven más relajados. 
Nosotras, como a esta etapa ya llegamos con algunos sinsabores, no logramos relajarnos del todo”.  

En eso pone el foco Ghedin: “Las que están pasando los 40 y se deciden a salir de nuevo al ruedo amoroso, probablemente ya se han topado con esos hombres que responden solo a sus propios intereses. Pero el desencanto las afectó de tal manera que ahora pierden verdaderas oportunidades por obstinación, por desconfianza y para defender su autonomía. Y aunque considero que el enojo de muchas se fundamenta en argumentos válidos, no creo que se deba asumir una postura tan extrema. Deben confiar y seguir creyendo en el amor”.

Otra de las problemáticas que empieza a avizorarse, sobre todo, en la mitad y el final de esta década, es un desfasaje en las edades de la potencial pareja. Así lo explica Stengel: “Cuando pasamos los 40 y nos hemos sacado ciertos mandatos de encima, nos encontramos con que un varón de nuestra edad buscará mujeres entre cinco y diez años más jóvenes que nosotras, por lo que una mujer de 40 o 50 años deberá salir con hombres de 50 o 60, respectivamente; y en ese mismo acto, las mujeres de esa edad se quedan sin pares con quienes salir”. 
Desencuentro 3: a los 50
Delia enviudó hace tres años. Vive en Avellaneda, tiene 54 años y no solo es madre de cuatro hijos ya independientes, sino que es abuela de mellizos. Si bien tiene muchas amigas y un centro de estética que la mantiene ocupada, sus hijos la viven alentando a “conseguir novio”. Lo intentó, pero nunca se termina de sentir a gusto. 

“Soy muy independiente, tengo mis tiempos, mis amigas, mi familia. Es difícil conjugar eso con un hombre que a su vez también tiene sus costumbres. Por suerte, no tengo esa sensación de que los hombres de mi edad no me miran, pero sí me pasa que quieren una compañera en la casa, que les haga una rica comida y los atienda. Y si bien a mí no me molesta, porque lo hice toda mi vida, no quiero que ese sea el centro de la relación”.

Ghedin explica que, a diferencia de las mujeres de 50 de hace varias décadas, las de hoy priorizan mucho sus propios espacios.“Hay en esta etapa una vuelta hacia sí mismas, una necesidad de  reencontrarse con sus deseos. Cuidan su cuerpo, hacen gimnasia, van al spa. Sin embargo, no se arreglan para conquistar ni para competir con sus congéneres, sino para ellas. En ese contexto, si un hombre las acompaña, mejor aún, pero con ciertas condiciones”.
En la otra vereda, los hombres que caminan los 50 y pico también tienen sus vericuetos. “Vienen de una relación de muchos años y tienen una especie de regreso a la adolescencia y quieren salir como cuando tenían 20 o 30 años. Eso, a las mujeres de esa edad, no las atrae”, sentencia Stengel.

Para concluir, Ghedin asegura que somos seres gregarios por naturaleza y que la presencia del otro es fundamental para colmar las necesidades de amor, seguridad y contención: “La vida pasa dejando su estela de alegrías y desilusiones; pero la necesidad de volver al amor siempre estará punzante. Y aquella persona que repita con firmeza que puede lidiar sin problemas con la soledad seguramente miente o habrá movilizado alguna defensa para enfrentarla”.
Mujeres a la defensiva
La dificultad para encontrar un hombre hace que muchas mujeres se pongan “en guardia”. En las consultas se ven chicas que están a la defensiva por miedo a no ser tomadas en serio. En el otro extremo, están las que acceden a todo lo que pide el otro por miedo a perderlo. El resultado: ellas terminan sufriendo. Porque más allá de las estrategias que ellas empleen, el varón muchas veces no se encuentra en la misma sintonía. La forma saludable de enfrentar un nuevo vínculo es sabiendo que el resultado no depende solo de uno, sino de cómo el otro funciona y qué es lo que quiere. No existe la lógica en las relaciones y no hay estrategia que valga. Un consejo: actuar con naturalidad.

Por el licenciado Santiago Gómez, director de Decidir Vivir Mejor y del Centro de Psicología Cognitiva. www.decidirvivirmejor.com.ar  
En “combo”
Cuando el hombre o la mujer que están por formar una nueva familia ya tiene hijos, la elección de una nueva pareja suele ser complicada. Pensar en cómo se va a llevar él o ella con nuestros hijos y cómo resultará  que esa persona esté en su vida suelen ser las primeras inquietudes. Si los hijos son pequeños, es muy probable que ellos vivan la mayor parte del tiempo con la madre. No sucede lo mismo a la inversa, aunque muchas mujeres también tienen recelos si el hombre ya tiene hijos. En estos casos, se sucede otra problemática: puede ser que quien ya haya formado una familia no quiera volver a tener hijos. Si el deseo de la paternidad o maternidad es importante para la otra persona, es conveniente aclararlo desde un principio y no presionar.

Por la licenciada en Psicología Gabriela Fernández Ortega, Instituto Sincronía.  www.institutosincronia.com.ar


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