Entrevista


La reina del fantasy


Por Mariano Petrucci.


La reina del fantasy
Tiffany Calligaris es una de las mayores referentes de un género que crece a toda velocidad en el país. Tiene 27 años y sueña que sus sagas, un verdadero fenómeno literario, lleguen al cine. ¿La J.K. Rowling argentina?

Magno tenía como sello distintivo una franja blanca que le recorría la frente. Ese precioso alazán amarronado fue su mejor amigo, el que la alentó a practicar equitación, a federarse, hasta a competir. Una lesión irreversible condenó su destino, pero Tiffany Calligaris lo inmortalizó al transformarlo en el caballo de la protagonista de su primera novela publicada. Ese es el don que tiene el arte en cualquiera de sus expresiones, ya sea un cuadro, una canción, un libro: eterniza. 

Quizá su nombre corra la misma suerte. Es pronto para comprobarlo, pero Tiffany arrancó con el pie derecho. Su trilogía Lesath fue un verdadero fenómeno literario en nuestro país (sus ediciones se agotaron en un puñado de meses, y tuvieron que reimprimirse una y otra vez), y también en Chile, Uruguay, México y España. Esta historia de elfos, humanos, hechiceros y reinos que esconden misterios tenebrosos la convirtió, según la crítica, en “la reina del fantasy argentino”. ¿La J.K. Rowling de estos pagos? “Este género atrapó mi corazón y mi imaginación desde muy pequeña. Te saca de lo cotidiano, te transporta, te despega de la realidad. Aparte de Rowling, me impactaron J.R.R. Tolkien, Arthur Conan Doyle, C.S. Lewis, Peter Beagle”, admite quien ganó, gracias al voto de los lectores –esos que pueden aguardar hasta tres horas para que les firme un ejemplar–, el Young Book Awards durante tres años consecutivos (desde 2012 hasta 2014).

Hoy, Tiffany, oriunda de la porteña Villa Devoto, tiene 27 años, pero de chiquita ya llevaba un cuaderno donde escribía poemas y cuentos cortos. “Disfruto de esta pasión desde que tengo memoria. Pero cuando realmente sentí esa chispa que me impulsó a querer crear algo más grande, fue cuando leí Harry Potter y la piedra filosofal. Tenía 11 años”, repasa. Y agrega: “Mis primeros relatos giraban alrededor de caballos. Me fascina andar en ellos; mi mamá me incentivó a hacerlo desde mis 6 o 7 años. Además, me había influenciado El llamado de la selva, de Jack London, que tiene de protagonista al perro Buck”. 

A los 24, y tras una novela tentativa que “quedó medio floja”, llegó Lesath: Memorias de un engaño (que se presentó en la austral Tierra del Fuego, por la similitud de su naturaleza con ese universo fantástico). “En mi cabeza se me apareció Adhara, la heroína, en forma de pregunta: ¿Cómo sería una chica con un padre elfo y una madre mortal? ¿De qué modo viviría? Me parece maravilloso lo que hicieron con los elfos, tanto en El Señor de los Anillos como en Eragon –confiesa Tiffany–. Así fueron surgiendo el resto de los personajes, con sus respectivos orígenes y escenarios. En este caso, no hice una investigación muy exhaustiva, más allá de interiorizarme sobre algunas leyendas nórdicas, ya que Lesath es una tierra ficticia, por lo que podía instaurar mis propias reglas, sin anclarlas en circunstancias verídicas”.

La aclaración vale la pena, ya que esta amante de los clásicos de Disney está promocionando el segundo tomo (El Club del Grim) de su más flamante saga: Witches. La diferencia con Lesath es que las mágicas andanzas de Madison Ashford y Michael Darmoon no solo acaecen en nuestro mundo actual, sino que remiten a hechos del pasado. Tiffany ahonda en el argumento: “Quería meterme con el  tema de las brujas. Los juicios de Salem siempre despertaron mi interés. Para vincularme con aquello tuve que empaparme de información. En Lazos de magia, título que fue el puntapié inicial de Witches, hay un capítulo que está situado en 1692. Quería que las fechas y los nombres coincidieran con lo que había sucedido, así que busqué registros de todo lo acontecido”, destaca quien fue distinguida como “Marca País”, para representarnos en el exterior.
Puertas adentro
A su madre le debe el nombre, que se lo puso en homenaje a una cantante estadounidense de la década del ochenta. A su padre, el fanatismo por La guerra de las galaxias, de George Lucas. “Ellos me apoyaron siempre. En mi familia no hay antecedentes de escritores. Para mí era un hobby, pero a los dos les gustaba tanto lo que hacía que me convencieron de que enviara el material a las editoriales”, desliza Tiffany.

Uno puede tener la agudeza, el ingenio y el talento para entretejer con maestría un párrafo con otro, pero no la fórmula para romper récords de ventas. Por eso, mientras amasaba best sellers, el diamante en bruto de los Calligaris se recibió de abogada. Nunca se sabe, vio. “La abogacía no te deja espacio para lo creativo, así que escribir era un alivio porque no me ataba a ningún estereotipo. No ejerzo, pero es una profesión que me brinda herramientas a la hora de negociar los contratos. Y me aportó muchísimo vocabulario”, afirma.

– ¿A qué atribuís la repercusión de Lesath y Witches?
–No estoy segura. Creo que uno de los motivos es que pertenezco a la misma generación que mis lectores. Noto que tenemos gustos en común en libros, películas y series de televisión. Las redes sociales, por ejemplo, me acercan a ellos. El feedback no me condiciona porque yo me manejo con un plan previo, pero sí me fijo en qué los entusiasma y estoy atenta a eso. Si un personaje secundario les llama la atención, trato de darle más protagonismo. 

– ¿Qué debe tener un texto para que sea exitoso?
–Me temo que no hay una respuesta para eso. Un libro puede generar miles de cosas, dependiendo de quién lo tenga en la mano. Yo procuro que las tramas no tengan un solo enfoque, y que haya romance, suspenso, acción… Pero el corazón está en los personajes: que se sientan de carne y hueso, y que a uno le interese lo que les está pasando y quiera acompañarlos en su aventura. ¡Sufrir y enamorarse junto a ellos! Rowling, Beagle, Richelle Mead y Sarah J. Maas me enseñaron eso.   

– ¿Cómo se te ocurren las historias?
–Pueden nacer de algo que vi, una canción, un pensamiento que se me cruzó en el momento justo… La mayoría de las ideas me sobrevienen en los viajes, cuando estoy conociendo ciudades y paisajes nuevos. Concluir un libro puede demandarme entre seis y ocho meses.

– ¿Sos rutinaria para sentarte a escribir? ¿Tenés un modus operandi?
–Los horarios y los sitios pueden variar, pero lo que mantengo es hacerlo durante el día. Me cuesta mucho a la noche, salvo que venga con un buen ritmo. ¡Ah! Tampoco puedo en lugares públicos porque soy de distraerme muy fácilmente. Mi rincón favorito es el escritorio de mi casa. 

La fama le regaló a Tiffany dos experiencias inolvidables: asistir a la Feria del Libro de Frankfurt y presentar a James Dashner en una charla que ofreció en Buenos Aires (“Amén de ser un autor que admiro, es una excelente persona”, concede). No todo es literatura en su vida, pero casi. Eso sí: no renuncia por nada a los recreos con su perro Shiku, a las salidas al cine, las reuniones con amigas, las escapadas al shopping, los paseos a caballo… Y a leer, por supuesto. “Ahora me estoy devorando Queen of Shadows, de Maas”, revela.

– ¿Qué lecturas te marcaron más?
–Con los libros de Harry Potter tengo una consideración especial, ya que crecí con ellos. Pero no puedo dejar de mencionar El último unicornio, El sabueso de los Baskerville, El Señor de los Anillos y El nombre del viento. Más recientemente, la saga Trono de Cristal y Fangirl. 

–¿Te ilusionás con que Lesath o Witches se plasmen en una película?
–Siempre. Sería otro sueño cumplido. Tuve algunas propuestas de productoras locales, pero no me figuro ninguna de las dos sagas habladas en castellano. ¡Me encantaría que las hicieran en Hollywood!

Un boom nada fantasioso

El éxito de Harry Potter, Crepúsculo, Los juegos del hambre, Canción de hielo y fuego y La saga de los confines, entre otros tanques literarios, no hace más que reafirmar el excelente presente que atraviesa el fantasy. En la última Feria del Libro porteña, las ventas en torno a este género se multiplicaron de manera exponencial. En la Argentina, precisamente, existe un colectivo de autores y fanáticos, que se llama La Cofradía del Fantasy. Todos los meses coordinan encuentros para recomendarse textos y escritores. Una mención aparte merecen los booktubers, unos de los mayores impulsores del fantasy. Son usuarios que resumen y critican libros en sus canales de YouTube. O sea, un fenómeno de punta a punta. 

Cómo escribe Tiffany Calligaris

“Sabía que Michael tenía sentimientos por mí y que quería un futuro juntos. Sin embargo, no era tan sencillo como eso. 
¿Cómo podía decidir darle un cambio tan permanente a mi vida? Pensaba y pensaba y no es como si sirviera de mucho. Cuando las parejas decían que necesita-ban un tiempo para pensar, ¿realmente lo hacían? ¿O se lamentaban esperando alguna solución mágica?” 
(Fragmento de Witches. El Club del Grim).

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