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Universo autómata


Por Dolores Gallo.


Universo autómata
Los robots y las súper computadoras son cada vez más inteligentes: pueden razonar, conversar, manejar autos y hasta diagnosticar enfermedades. La inteligencia artificial avanza de forma fascinante, pero a la vez plantea serias cuestiones éticas.

Cuando, en Volver al futuro II, Marty McFLy viaja a 2015, parecía un tiempo muy lejano. Los productores imaginaron ese futuro remoto y preveían adelantos tecnológicos que tendrían lugar dos décadas y media después (fue rodada en 1989). Anticipaban que habría cine en 3D, ropa inteligente, y que los autos y los monopatines iban a volar. Ese futuro ya ha llegado, y aunque algunas de sus predicciones se hicieron realidad, no fueron capaces de prever otros adelantos. No pudieron ni imaginar que estaríamos viviendo entre robots y súper computadoras capaces de realizar tareas humanas de forma racional. El camino de la innovación tecnológica pasa por la inteligencia artificial, logrando que los robots hagan las cosas por nosotros. Así, aunque los autos no vuelan, como imaginó Marty, andan solos y las computadoras hacen arte y nos ganan al ajedrez. Las impresoras 3D imprimen tejidos humanos y los robots diagnostican enfermedades. Incluso, han traspasado las puertas del hogar y se han convertido en nuestros juguetes sociales o en espías que nos cuentan lo que sucede mientras nosotros estamos lejos.

Pero a esta altura de la nota usted seguramente se estará preguntando qué es exactamente la inteligencia artificial. La IA, así se le llama, se refiere a sistemas que son capaces de resolver problemas por sí solos utilizando como paradigma la inteligencia humana. Piensan o actúan como humanos, racionalmente. Según los expertos, estos robots y computadoras inteligentes serán parte de nuestra vida cotidiana antes de 2035 y podremos relacionarnos de igual a igual con ellos. Algo increíble, pero que también da miedo y que no está libre de polémica. Bill Gates cree que hay que regular las máquinas inteligentes antes de que sea tarde, y otro sabio, Stephen Hawking fue más allá y anunció que la inteligencia artificial podría conducir al fin de la raza humana. Elon Musk, uno de los padres de Internet, comentó que relacionarnos con máquinas podría convertirse en una amenaza para la humanidad. Según estos expertos hay que tomar medidas ya. Mientras, los avances siguen. Se estima que los proyectos de IA mueven unos 20.000 millones de dólares en todo el mundo.

En la Argentina existen unos quince grupos de investigación y desarrollo en inteligencia artificial. Nuclean a más de cincuenta investigadores y el doble de esa cifra son estudiantes de doctorado que se están formando esencialmente en las universidades públicas. “La comunidad de IA en la Argentina tiene reconocimiento internacional con proyectos de cooperación, programas de intercambio y doctorados binacionales”, dice Ricardo O. Rodríguez, docente e investigador del Departamento de Computación de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, y miembro de la Asociación Argentina de Inteligencia Artificial (SADIO). Y agrega: “La realización de la IJCAI 2015 (Conferencia Internacional Conjunta de Inteligencia Artificial) fue aquí en parte debido a ese reconocimiento. En el plano global, los avances en IA auguran que en el futuro cercano podremos encontrar sistemas informáticos que tengan embebidos sistemas inteligentes que nos faciliten nuestra vida diaria. Algunas de esas aplicaciones van a coexistir con nosotros sin que lo percibamos. En la actualidad, ya podemos hablar con las computadoras. Son bien conocidas las aplicaciones a las que podemos dictarles un texto y toman nota. También lo son los primitivos reconocedores de números de los servicios telefónicos. Pero más recientemente se ha avanzado con, por ejemplo, el sistema SIRI de Apple o el nuevo sistema de Google. Hay varios sistemas que responden preguntas en forma hablada. Los problemas más serios por resolver son los de dicción o prosodia”.  
Máquinas inteligentes
Ajeno a las críticas, un ejército de expertos trabaja cada día para innovar y crear máquinas de última generación. Una de esos inventos es el Watson, de IBM, un sistema informático de IA que es capaz de responder preguntas gracias a una base de datos almacenada localmente. El sistema posibilita una nueva asociación entre las personas y las computadoras, potenciando la experiencia humana y revolucionando la manera en que tomamos decisiones. Está de-sarrollado para imitar nuestro proceso de aprendizaje. Según dicen en IBM “Watson está descubriendo respuestas y patrones que ni siquiera sabíamos que existían y lo hace más rápido de lo que cualquier persona podría hacerlo”. Para encontrar respuestas, el sistema procesa datos de todo tipo, desde investigaciones a tuits, y además lee millones de documentos en segundos. “Gracias a Watson, los avances son más veloces y las decisiones se toman más rápido y de forma más confiable”, aseguran. 

Hace unos años, se sometió a Watson a una prueba: debía competir en el programa de preguntas y respuestas Jeopardy! contra los ganadores anteriores. Durante el concurso, Watson tuvo acceso a doscientos millones de páginas de datos, incluido el contenido completo de Wikipedia, pero no tenía acceso a Internet. Por supuesto, salió airoso de la prueba.
Las computadoras juegan ¡y mejor!
También se sabe que las máquinas hoy nos superan en el ajedrez. Algo entiende de esto el maestro británico David Levy, experto en ajedrez computacional e IA. En 1968, Levy desafió a las máquinas asegurando que en los próximos diez años ningún programa le ganaría un torneo. La apuesta fue legendaria y los programadores se pusieron a trabajar para derrotarlo, pero no lo lograron. Volvió a apostar durante los siguientes cinco años, y triunfó. Luego dejó de apostar: “Me di cuenta de que era cuestión de tiempo y que muy pronto sería derrotado por una computadora”, relata. 
A la hora de comparar el juego de una máquina con el de un humano, David explica que nosotros pensamos en una pequeña serie de posibilidades y las evaluamos muy bien. En cambio, las computadoras analizan una cantidad mayor de posibilidades, pero con menor capacidad de análisis. Eventualmente, el método de las computadoras termina siendo más poderoso. Así, para una serie de juegos complejos los mejores programas son más fuertes, pero para juegos como el bridge o el Go, los humanos somos superiores. 
Salud vanguardista
La inteligencia artificial también ha avanzado mucho en el rubro de la salud. En el Institute for Creative Technologies de California, desarrollaron la tecnología interactiva Multisense, que analiza las expresiones y los patrones humanos en tiempo real para utilizarlos como complemento terapéutico en diversos proyectos. SimSensei es una plataforma humana virtual que se basa en la IA para identificar, mediante sensores, indicadores de desórdenes psicológicos como la depresión, la ansiedad y el trastorno por estrés postraumático. Los humanos virtuales mantienen una conversación con el paciente; según lo que el paciente va manifestando, ellos reaccionan con gestos o con palabras. De esta manera, se obtienen mediciones y datos objetivos para mejorar la toma de decisiones de los doctores reales. “El objetivo no es el tratamiento sino el escaneo”, aclara Jonathan Gratch, director de Investigaciones de huma-nos virtuales. “Si SimSensei identifica algún signo de enfermedad mental en el paciente, la persona es derivada a un médico humano. El sistema es complementario a la labor de los doctores y lo más efectivo es cuando ambos trabajan juntos. Una ventaja de los agentes virtuales es que los pacientes tienen menos miedo a ser juzgados por una máquina y son más honestos en sus respuestas”. 

Pero sin duda una de las revoluciones en medicina es la bioimpresión, que es la posibilidad de imprimir tejidos y órganos humanos con una impresora 3D. Se espera que en unos años se podrán  imprimir órganos para trasplantar. “Si el tipo de células están disponibles, cualquier tejido humano pude ser bioimpreso gracias a la diversidad de formas que se pueden lograr con una impresora 3D. En Organovo, empresa responsable de la primera impresión de tejido de hígado, creemos que algún día los tejidos de reemplazo podrán ser diseñados para condiciones médicas específicas que hoy por hoy dependen de la donación”, explica Michael Renard, vicepresidente de la compañía. 
Robotmanía
El uso de robots va mucho más allá de la medicina. Imagine llegar a un hotel y que en lugar de recibirlo una recepcionista de carne y hueso, lo haga un robot humanoide. Vaya más lejos: imagínese que el robot se asemeja a un dinosaurio. Lo que parece un cuento de ciencia ficción es lo que sucede en el hotel Henn-na, en Japón. Ellos utilizan robots en vez de empleados para brindar una atención más “personalizada” y a la vez ahorrar costos.

Los robots también han entrado al hogar. Hay algunos que realizan tareas de la casa o controlan la seguridad. Y hasta hay robots sociales que hacen de compañeros con quienes se puede interactuar más allá de una simple conversación. Tal es el caso de Jibo, un proyecto de la plataforma de crowdfunding Indiegogo, que es un robot familiar sofisticado que aprende las preferencias de sus dueños y se adapta a su estilo de vida. Mediante reconocimiento facial y de voz, puede conversar, entender lo que alguien está haciendo para ayudarlo y darle algún consejo. Además, puede realizar videollamadas, recordar la agenda y hasta jugar con los niños y leerles cuentos. 

¿Alguna vez se preguntó cómo circulan los autos autónomos sin conductor? Tienen sensores que detectan objetos en todas las direcciones, incluyendo el aire. También detectan a peatones, ciclistas y otros autos. En las calles de California, ya pueden verse los prototipos de Google, que se espera que salgan a la venta a fines de la década. Pero, hay que decirlo, por el momento llevan a bordo un conductor de seguridad que, en caso de urgencia, toma el control del vehículo.

La lista de los adelantos robóticos es muy larga. Las máquinas serán cada vez más inteligentes y autónomas, generando la admiración de muchos y la preocupación de otros. Según predicen, llegará el día en que vivamos entre robots. ¿Estamos preparados?
La ética de la IA*
El desarrollo de la IA plantea muchas cuestiones éticas. La primera: quién es responsable de los errores que pueda cometer un robot o sistema inteligente. Si los autos sin conductor se utilizan en forma genérica, ¿quién tiene la responsabilidad civil frente a un coche en caso de daños? Si un sistema da malas recomendaciones o asesoramiento, ¿qué pena le cabe? Suponga que tenemos un sistema que asesora a los médicos sobre los riesgos de operar a un paciente.
 
Si, frente a una consulta específica, el sistema dictamina que el paciente sobrevivirá a la cirugía, pero al efectuarse la operación eso no ocurre, ¿quién puede ser acusado de mala praxis? En general, los sistemas basados en IA no son infalibles, tal como no lo son sus modelos humanos. Sin embargo, se espera que tengan una tasa de error significativamente menor. De hecho, se espera que estos sistemas aprendan y se fortalezcan. Incluso, sobre la base de esta capacidad de aprender y mejorar, muchos importantes investigadores, como Stephen Hawking, auguran un peligro de dominación y amenaza de la raza humana.
*Ricardo O. Rodríguez.

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