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Esa espera no tan dulce


Por Daniela Calabró.


Esa espera no tan dulce
Cada vez son más las parejas que recurren a tratamientos de fertilidad asistida. Cuáles son las causas, qué técnicas hay disponibles y cuándo hay que pensar en visitar a un especialista.

El deseo de tener un hijo es, tal vez, uno de los anhelos más importantes en la vida de una pareja. Sin embargo, algunos aspectos de la modernidad o diversas afecciones orgánicas pueden meter la cola y complicar la concreción del embarazo. 

Los números no nos dejan mentir: en el mundo, 48,5 millones de parejas no consiguen cumplir el deseo de tener un hijo. En nuestro país, la Sociedad Argentina de Esterilidad e Infertilidad estima que el 15% de la población en edad de concebir experimenta problemas con su fertilidad. Lo preocupante es que la cifra va en ascenso.

¿Cuál es la causa de este fenómeno? La doctora Stella Lancuba, directora médica de CIMER (Centro de Investigaciones en Medicina Reproductiva) y médica de Acá Salud, es categórica al respecto: “La primera causa por la que las mujeres no quedan embarazadas es el envejecimiento ovárico por retraso de la maternidad. La eficiencia reproductiva es muy alta en la década de los 20 a los 30, y solo el 10% de las mujeres tienen problemas de fertilidad antes de los 35 años. En cambio, el 60% de las mujeres mayores de 40 son infértiles, por agotamiento del ovario”.

La doctora Andrea Coscia, del staff médico de CEGYR, profundiza: “La tendencia mundial es el desarrollo profesional de la mujer de manera similar al hombre; esto trae como consecuencia la postergación de la maternidad. A medida que avanza la edad, las mujeres sufren una pérdida en el número de óvulos disponibles para lograr un embarazo y también existe un detrimento en su calidad; ambos factores hacen que las tasas de embarazo disminuyan y que aumente el riesgo de aborto”. 

Un estudio realizado en CIMER detectó que la edad promedio de la primera consulta por infertilidad es los 38 años y medio, cuando a veces ya es tarde para iniciar la búsqueda.

“La única herramienta que nosotros tenemos para combatir la infertilidad es el embarazo temprano. En ese contexto, la consulta tardía es un gran problema”, enfatiza Lancuba. “Se estima que antes de los 35, el 80% de las mujeres se embaraza en el primer año de búsqueda. Por eso, si alrededor de los ocho meses no se logró el embarazo, no está mal una primera consulta preventiva. Pasada esa edad o en caso de mujeres con antecedentes, te diría que la visita a un especialista en fertilidad debe ser inmediata”. 

Estudios realizados por el Hospital Gasthisberg, en Bélgica, detectaron que el estrés y algunos trastornos de ansiedad impactan sobre la fertilidad.

Guardar para después

El fenómeno de la maternidad tardía tiene un gran avance de la ciencia como aliado: la criopreservación o vitrificación de óvulos. Se utiliza tanto para postergar el momento de concebir por causas personales como para mujeres que deben entrar en tratamientos de radio o quimioterapia y quieren preservar sus óvulos. ¿Cómo es el procedimiento?  “Se estimulan los ovarios y se obtienen ovocitos que luego son congelados. Esto permite utilizar los óvulos más adelante mediante un tratamiento de fertilidad de alta complejidad”, detalla la doctora Andrea Coscia, miembro del equipo de médicos de CEGYR.
Husmeando la ciencia
Según la OMS, la infertilidad es una enfermedad del sistema reproductivo, definida por la imposibilidad de lograr un embarazo clínico después de doce meses o más de relaciones sexuales sin protección regular.

Desde el punto de vista académico, las causas de infertilidad se dividen, a priori, en masculinas y femeninas. 

“En la actualidad estas dos vertientes están bastante equiparadas. Las causas femeninas ocupan casi un 60% y las masculinas, alrededor del 40%”, asevera Lancuba. Entre las femeninas, las más frecuentes son las obstrucciones en las trompas y las alteraciones ovulatorias. En menor medida, aparecen afecciones como la endometriosis o alteraciones en el cuello del útero. En cuanto a las causas masculinas, tienen que ver con anomalías en la cantidad y la función de los espermatozoides, ya sea por problemas hormonales o por infecciones contraídas a lo largo de la vida. Por último, hay un pequeño porcentaje destinado a los motivos inexplicados: “En un 10% de las parejas no se encuentran factores relacionados con la infertilidad. A esto se lo denomina ‘esterilidad sin causa aparente o ESCA’”, detalla Coscia.

En la Argentina, se realizan alrededor de 14.000 tratamientos de fertilización asistida por año, con una tasa de nacimientos del 26%.

Una vez que se realiza el diagnóstico, llega el momento de evaluar cuál es el tratamiento más indicado. Las técnicas que se utilizan en la actualidad se dividen en dos grupos: las de alta y las de baja complejidad. Así lo explica Lancuba: “Las técnicas de alta complejidad tienen una tasa de logro de embarazo cercano a la fecundidad natural, que ronda en el 40% por intento. La técnica madre es la fertilización in vitro, que consiste en tomar el óvulo, el esperma, formar el embrión y, entre 48 horas y cinco días, colocarlo en el útero materno”. 

El otro grupo lo comanda la inseminación artificial, en donde la vida no se genera de forma extracorpórea, sino que el esperma es colocado dentro del útero materno para que se dé allí la fecundación. Lancuba anticipa que, al ser un método de menor complejidad, también tiene un menor nivel de eficacia: “Se le atribuye una efectividad global del 12% por intento, por lo que puede requerir muchas reiteraciones. Hay que ver bien en qué casos uno implementa esta técnica, ya que puede generar mucho desgaste emocional. La inseminación artificial tiene buen resultado cuando se hace en una mujer sana, menor de 35 años, en la que no se encuentran causas aparentes de infertilidad o cuando lo que se presenta es una alteración muy leve de la movilidad de los espermatozoides”.

Cuidar las emociones*

Muchos de los avances más sorprendentes que la ciencia ha desarrollado en los últimos años se han aplicado a la medicina reproductiva. Sin embargo, se presta poca atención al importante impacto emocional que la búsqueda tiene sobre la pareja. Hombre y mujer encuentran, en esas circunstancias, que fallan en los roles impuestos por la sociedad y la cultura, y se enfrentan a problemas de baja autoestima. Esta situación amenaza, de manera inevitable, la dinámica de la pareja, su vida social y su vida laboral. El abordaje psicoterapéutico para estas circunstancias ofrece diversos modos de intervención. En primer lugar, es fundamental reducir los niveles de ansiedad para que estos se mantengan dentro de parámetros operativos. Por otro lado, es imprescindible desarrollar estrategias para evitar el aislamiento de la pareja, con la ayuda de amigos,  familiares o parejas que estén atravesando una situación similar.
Por último, vale destacar que los futuros padres que han atravesado tratamientos viven el tiempo de embarazo con una carga emocional particular. Por eso, es preciso continuar trabajando con ellos y acompañarlos hasta el final del proceso.

*Por el licenciado en psicología Pablo Barraza. Miembro de Hémera, Centro de estudios del estrés y la ansiedad. www.hemera.com.ar


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