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Las hormonas tienen la culpa


Por Carolina Thibaud.


Las hormonas tienen la culpa
Sabemos desde hace décadas que las hormonas explican muchas de nuestras conductas. Reconocemos que nos empujan a proteger y cuidar a nuestros hijos recién nacidos y que están detrás de muchos de los cambios drásticos que experimentamos durante la adolescencia. Les echamos la culpa si nuestra jefa tiene un mal día o si estamos más ansiosos o deprimidos que de costumbre. De lo que sabemos poco, sin embargo, es de cuánto nos afectan a la hora de tomar decisiones. 

Un estudio realizado en conjunto entre la Universidad de Harvard y la Universidad de Texas-Austin se propuso investigar justamente eso: ¿Qué es lo que hace que una persona decida comportarse de manera poco ética? ¿Qué es lo que los empuja a hacer trampa, incluso cuando saben que puede haber un castigo? 

“Analizamos el impacto de las hormonas sobre la conducta poco ética porque creemos que es importante revelar el rol que la biología humana juega en nuestra toma de decisiones y porque no hay mucha investigación sobre los factores biológicos que pueden llevar a conductas poco éticas”,  explica Julia Lee, una de las investigadoras a cargo del estudio en Harvard.
 
La evidencia fue contundente: niveles elevados de dos hormonas (la testosterona y el cortisol) son buenos predictores de conductas poco éticas pero, además, el cortisol tiende a bajar después de la trampa, sugiriendo que el engaño funciona como mecanismo de reducción del estrés. 

¿Qué quiere decir esto? Que en personas predispuestas –por un nivel alto de testosterona (hormona sexual masculina) y cortisol (hormona del estrés) – la trampa funciona como dispositivo para lidiar con la ansiedad relacionada con el desempeño. Algo así como: ¿Estoy nervioso porque tengo miedo de que me vaya mal en la prueba de Historia? Me copio y se me pasa.

Pero ¿qué son las hormonas y cómo influencian la forma en la que actuamos y las decisiones que tomamos? “Las hormonas son sustancias químicas producidas por determinadas glándulas, que se desplazan por el cuerpo a través del torrente sanguíneo. Tienen un estrecho vínculo con el sistema neurológico e inmunológico, tanto anatómico como funcional, y desempeñan un papel importante en el control de muchas funciones del cuerpo, entre ellas las esenciales para la supervivencia de las especies a lo largo de millones de años de evolución,” dice el doctor Leandro García, jefe del servicio de Endocrinología de Cemic. 

Entre estas funciones, están el crecimiento, la reproducción, el deseo sexual, la respuesta al hambre y a la sed o a una situación que se percibe peligrosa. “Según las necesidades del organismo, son fabricadas y liberadas a un ritmo que regula el ‘cerebro endocrino’: el hipotálamo. Esta estructura es clave en la coordinación del sistema y es el lugar anatómico adonde el sistema nervioso y el endocrino están unidos”, agrega García. 

Según el especialista, el hipotálamo resulta de gran interés para los investigadores de la conducta humana, dado que también se lo asocia con la regulación de emociones. Hoy se sabe que las sensaciones de placer, dolor, miedo, tensión e ira están vinculadas a esta estructura. Sin embargo, hasta hace no tanto, se pensaba que estas funciones eran reguladas únicamente por el sistema nervioso. 

“Si bien las hormonas se conocían, no se investigaron hasta la década de 1960, dando lugar a la psicoendocrinología: el estudio de la relación entre las hormonas y la conducta”, explica la doctora Claudia Peyrallo, magister en Psicoinmunoneuroendocrinología y jefa de la sección de Endocrinología Ginecológica del servicio de Ginecología del Hospital Universitario Fundación Favaloro. Es esta relación la que interesó a los investigadores de Harvard y Texas-Austin: cómo los niveles de testosterona y cortisol afectan a la conducta, y cómo la conducta influencia los niveles hormonales.

“El cortisol es conocido como ‘la hormona del estrés’. Concluimos que una combinación de niveles elevados de testosterona y cortisol fomenta la trampa”. Julia Lee.
El experimento
Para el estudio, los científicos le pidieron a un grupo de 117 participantes que completaran un examen de matemática y lo corrigieran ellos mismos: a más respuestas correctas, más dinero como compensación. 

A partir de pruebas de saliva que se tomaron antes y después del examen, se concluyó que los individuos con niveles elevados de testosterona y cortisol eran más propensos a mentir con respecto al número de respuestas correctas. “Esperábamos que un nivel elevado de testosterona impulsara la trampa porque estudios previos han demostrado que un nivel de testosterona alto aumenta la sensibilidad a la recompensa y disminuye la sensibilidad al castigo, lo cual fomenta las conductas riesgosas pero gratificantes,” explica Lee, la investigadora de Harvard.?Y agrega: “El cortisol es conocido como la hormona del estrés porque tiende a subir cuando la persona experimenta una situación estresante. Llegamos a la conclusión de que una combinación de niveles elevados de testosterona y cortisol fomenta la trampa, medida en términos de cuánto el individuo está dispuesto a sobrevalorar sus respuestas para obtener más dinero”.
Lo que más llamó la atención de los investigadores fueron los cambios en los niveles hormonales tras el estudio: “Cuanta más trampa hacía el participante, más bajaba su nivel de cortisol después del estudio”, acota la investigadora especializada en Conducta Organizacional. “Se podría estar utilizando la conducta poco ética como mecanismo de reducción de estrés”. 
Del laboratorio a la vida cotidiana
Algunos advierten, sin embargo, que todavía falta analizar mejor el fenómeno para poder llevarlo al campo de las empresas. Peyrallo, por ejemplo, coincide en que los niveles de testosterona y cortisol pueden influir a la hora de decidir si hacer trampa o no, pero advierte que los niveles hormonales no pueden explicar del todo el comportamiento poco ético. “La posibilidad de que el cortisol elevado pueda animar a los individuos a hacer trampa deriva en parte de la conceptualización del engaño como una reacción a la tensión y a la incertidumbre asociada con el rendimiento. La ansiedad y/o el cortisol elevado juegan un papel en el comportamiento poco ético; sin embargo, no todos los individuos que tienen un comportamiento poco ético están ansiosos o estresados. Por lo tanto, el cortisol elevado, incluso tratándose de un marcador de ansiedad, no puede explicar por completo el comportamiento poco ético”, agregó.

Las hormonas juegan un papel fundamental en nuestro proceso de toma de decisiones cotidiano. “No estamos diciendo que los individuos con niveles altos de testosterona y cortisol están destinados a hacer trampa, sino que creemos que los factores del ambiente –como los objetivos de la organización y las normas éticas– pueden afectar el nivel hormonal de las personas y esto, a su vez, su proceso de toma de decisiones”, argumentó?Lee. 

La idea es que si comprendemos los mecanismos subyacentes que llevan a las personas a hacer trampa, podremos diseñar intervenciones más efectivas para intentar desalentarla.

Hormonas que condicionan el comportamiento*
•Estrógenos: Determinan el ciclo menstrual, produciendo las células que forman el endometrio, la ovulación y las secreciones vaginales.
•Adrenalina: Es denominada “la hormona del estrés”, y permite al organismo reaccionar en caso de urgencia.
•Endorfinas: Estimulan el placer y tienen un efecto analgésico. Se segregan fundamentalmente al hacer ejercicio o al reírnos.
•Melatonina: Regula tanto los ritmos biológicos como el sueño. Se segrega sobre tododurante la noche.
•Testosterona: Es la hormona sexual que determina los caracteres sexuales en el varón. Es clave en el deseo sexual en ambos géneros, dado que las mujeres también la producen pero diez veces menos que los varones.
•Cortisol: Es también funda-mental en la respuesta adaptativa al estrés. Activa la producción de adrenalina e intenta mantener niveles adecuados de azúcar en sangre. Si sus niveles son muy bajos, aparece desánimo, cansancio y pérdida de peso, pero si son elevados, ansiedad, depresión y nerviosismo.
•Catecolaminas: Son mediadoras de la respuesta al estrés. Su exceso puede provocar hipertensión arterial, taquicardia, cefaleas y sudoración.
•Progesterona: Interviene en la actividad del aparato genital y en el ciclo menstrual.
•Tiroideas: Una cantidad demasiado elevada de hormonas tiroideas puede provocar ansiedad e incapacidad para relajarse, mientras que su escasez puede provocar depresión y fatiga crónica.
•Oxitocina: Aumenta el grado de placer en las relaciones sexuales, la sensibilidad del aparato genital y el deseo.

*Dr. Leandro García. Jefe del servicio de Endocrinología de Cemic


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