Investigación


La mejor apuesta


Por Daniela Calabró.


La mejor apuesta
El amor para toda la vida está puesto en jaque en nuestros días. Sin embargo, muchos siguen apostando a comprometerse para siempre. Proponemos una cruzada para volver a creer en el más lindo de los sentimientos. A sumar voluntades.

Imaginen una plaza llena de gente, un pueblo entero movilizado por una causa, carteles en las calles, banderas en lo alto, cánticos y líderes contagiando ideas; todo con una única premisa que no tiene nada que ver con las típicas causas por las que nos ponemos en marcha: volver a creer en el amor para toda la vida.

Esa será la propuesta de principio a fin de este texto, una auténtica cruzada por el sentimiento más lindo. En medio de un mensaje colectivo que augura fracasos a los “valientes” que eligen el compromiso para siempre, levantamos la pancarta de quienes siguen creyendo que ese proyecto es posible. Tal vez pancarta suene un poco anticuado, de modo que vamos a dividir nuestra batalla en cuatro hashtags: #Sí, acepto, #Quiero entregarte mucho, poco a poco, #Solo tú y #Te sigo eligiendo. En ellos, los  especialistas irán revelándonos, uno a uno, los secretos para un amor duradero y feliz, contra los pronósticos de los agoreros de turno. 

Las estadísticas de estos tiempos indican que los matrimonios vienen en franco descenso, que los divorcios aumentan, que crece la violencia marital, que los hijos ya no son el mayor proyecto de la vida… Pero del otro lado de las noticias, los censos arrojan que la vida en familia es la mayoritaria, que las uniones civiles crecen año a año y que una infinidad de parejas deciden emprender un proyecto de vida en común (aunque lo hagan sin papeles). Para decirlo de una forma simple y categórica: no es cierto que la gente ya no apueste al amor. 

“El amor de pareja es un estado emocional que despierta las sensaciones más placenteras. Las acciones que resultan del sentir y de las conductas consecuentes tienen como fin reforzar la unión. El resto es cultura”, sentencia el doctor Walter Ghedin, psiquiatra y sexólogo. 

“El amor que perdura es aquel que ha llegado a comprender que amar es, también, la voluntad de amar”. Julio César Labaké
#Sí, acepto
Esas dos palabras forman el primer hashtag de nuestra cruzada. Con papeles, sin papeles, con iglesia, sin iglesia, con vestido blanco o sin él, lo importante es elegirse para caminar de a dos. ¿Quién puede poner en duda que la vida “a la par” es más linda?

“Las parejas que dan ese paso se entregan a un proyecto de vida que, al principio, pasó por una etapa de enamoramiento y que ahora, al conocerse en profundidad y al haberse encontrado en la sinceridad y en el diálogo, asumen este paso no como un simple acto de deseo, sino como una elección consciente y deliberada”, explica Julio César Labaké, psicólogo, miembro de la Academia Nacional de Educación y autor de varios libros, entre ellos Claves para la convivencia en pareja. 

“Los dos deben tener en claro que el amor no es el fruto de un razonamiento que calcula los beneficios, ni un estado permanente de enamoramiento, sino un acto de entrega que se fundamenta en la posibilidad de superar las crisis en lugar de sucumbir ante ellas. El amor que perdura es el que ha llegado a comprender que amar es, también, la voluntad de amar, como bien ha escrito el psiquiatra norteamericano Scott Peck”, agrega. 

#Quiero entregarte mucho, poco a poco
La idea de esta segunda premisa es cambiar la idea del amor para toda la vida por un amor para cada día, en el que la motivación esté puesta en el corto plazo. De esa forma, según afirman los especialistas, es más fácil mantener el equilibrio, pelearle a la rutina y liberarse del vértigo que genera el “hasta que la muerte los separe”. 

“Cada nuevo día nos desafía a encararlo con una cuota de espontaneidad, creatividad y compromiso. La rutina puede alejarnos del otro por el mero hecho de estar atentos a las exigencias cotidianas; por eso, debemos buscar momentos para el encuentro”, asevera Ghedin. Y añade: “En lo cotidiano, algunas de las claves para enriquecer la vida en pareja son compartir, abrir la percepción, tener una visión optimista, dar curso a las emociones, disfrutar del tiempo libre y acentuar el placer por sobre el dolor”.Labaké pone el foco en el diálogo. Pero no en esas charlas existenciales que se dan de vez en cuando, sino en los valiosísimos intercambios de todos los días: “Cuando se vive una entrega profunda, las crisis se detectan a tiempo porque el diálogo es permanente y pleno de firmeza. Eso hace posible vivir esas crisis como una posibilidad de comprenderse”. Por otro lado, el especialista nos invita a no perder la ternura: “La experiencia muestra que hay algunos sentimientos que deben seguir siendo prioritarios. En la mujer, hay un anhelo profundo de sentirse elegida y protegida, y en el varón, una necesidad de experimentar la entrega de su mujer. Pueden variar ciertas sutilezas de los primeros años, pero si perduran esas actitudes básicas sigue creciendo la armonía”.

“Cada nuevo día nos desafía a encararlo con una cuota de espontaneidad, creatividad y compromiso. Debemos buscar momentos para el encuentro “.  Walter Ghedin.
#Solo tú 
Nuestra tercera propuesta es fácil de comprender, aunque algunos prefieran hacerse los sordos. Tiene que ver con la fidelidad, otro de los valores que la sociedad moderna parece haber puesto en jaque (detrás de la supuesta antinaturalidad de la monogamia). Sin embargo, cuando ese límite se rompe, la pareja queda en la cuerda floja y es difícil volver atrás.

“Hay pocos dolores tan fuertes como el de descubrir una infidelidad. La condición humana no es similar a ninguna otra: el ser humano no tiene propiamente instintos, como los animales, que son naturales, mecánicos y unidireccionales. Lo que moviliza al ser humano son pulsiones integradas con la razón, que es una dimensión espiritual que permite discernir y elegir las conductas de acuerdo con valores superiores. La fidelidad es posible y es necesaria, solo hay que educarse para ella”, sentencia Labaké. 

Mientras tanto, el doctor Ghedin pone el foco en lo que sucede después del mal momento: “Lo peor de una infidelidad es que mina la confianza de la pareja. Y en las relaciones amorosas, ese es un bien fundamental. Un vínculo basado en la desconfianza es muy dañino y limita la proyección futura. No se puede vivir alerta todo el tiempo, vislumbrando amenazas y cuestionando la más mínima conducta. Eso dilapida la comunicación sincera, la paridad, la individualidad, la dignidad, la esperanza y la libertad”.
#Te sigo eligiendo
Este cuarto hashtag es, quizá, la moción más importante. Cacho Castaña diría que “se necesita un gran amor para vivir”; pero si a ese compañero no lo volvemos a elegir en cada etapa de la vida, es probable que el vínculo comience a marchitarse. 

“El amor va mutando y lo que permanece no es simplemente el encanto físico, sino la elección que se hizo y se sigue haciendo de él. La persona que es y se eligió. Es evidente que no es la misma a los 25, a los 45 o a los 70, y esa aceptación es parte del amor”, detalla Labaké y profundiza en los momentos de mayor quiebre en las parejas: “Cuando nacen los hijos y cuando se van los hijos son los dos momentos fuertes en que la experiencia de haberse elegido mutuamente para acompañarse y ayudarse a vivir se tiene que hacer más fuerte. Con el nacimiento de los hijos, el peligro de la mujer es descuidar al marido y el peligro del marido es alejarse de la mujer. Ambos deben asumir la nueva vida. Y cuando el nido queda vacío es cuando hay que trabajar en recoger los frutos de una vida compartida”.

Ese momento es, tal vez, al que todos debemos aspirar; la meta final de nuestra cruzada, la que nos debe hacer creer que una vida codo a codo es posible. Apostemos a ese cartel de llegada, a volver siempre a casa, a cuidar a nuestro amor de todas las adversidades y a que el “Sí, quiero” vuelva a ser para toda la vida.
Siempre dos
Los especialistas miran cada vez con menos cariño la idea de “la otra mitad”. Si vamos a elegir a alguien para toda la vida, mejor que sea para complementarnos y no para completarnos. “La media naranja y la unión indisoluble subestiman la paridad, no dejan ser al otro ni a uno mismo. En ese modelo, las responsabilidades propias dejan paso al amor vincular que todo lo abarca. Eso ha dado muestras de su fracaso: las parejas actuales no quieren dejar de lado sus intereses personales, por lo que concebir la relación como un encastre lleva a que, muchas veces, se estereotipen roles de dominación y sumisión. Apuesto a una relación que se basa en la paridad, en la reunión de dos modos subjetivos diferentes, los cuales unidos potencian las capacidades de cada uno”, sentencia Ghedin.
La llama
Es cierto que la sexualidad no lo es todo en una pareja. Pero también es cierto que es muy importante. El doctor Walter Ghedin lo explica de esta forma: “En los primeros tiempos, el amor se nutre de la pasión, de una especie de adicción que tiene un tiempo acotado. Las fogosidades del principio se apaciguan con el tiempo, dando paso a un deseo más calmo, no por eso exento de intensidad. Mantener vivo el deseo es un desafío en el que hay que trabajar. Pensar que las ganas se encienden con solo insinuar es un error. El sexo tiene sus tiempos, sus códigos de acercamiento y sus pautas de acuerdo. Hay que apelar a una sexualidad que no esté centrada solo en la genitalidad y comprenda un contacto más amplio, con caricias, ternura, abrazos y besos. Todo tipo de expresión de ternura ayuda a no perder la conexión de los cuerpos”.

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