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Con ustedes Los yuccies


Por Carolina Thibaud.


Con ustedes Los yuccies
Son jóvenes, urbanos y creativos. Llevan las redes sociales en su ADN y se mueven como peces en el agua cuando de networking se trata. Muchos de ellos ni siquiera recuerdan una época sin Internet. Para hacer avanzar su proyecto, se animan a casi todo. Les interesa ganar plata (para viajar y darse algunos gustos) pero les importa todavía más hacer un trabajo que los satisfaga a nivel personal. La idea de la relación de dependencia les parece antigua, hasta vetusta, y ni hablar de lo de tener dos semanas de vacaciones por año.

Quieren tener tiempo para ir a yoga y para reunirse con un amigo a las tres de la tarde, pero no les importa estar trabajando a las doce de la noche para entregar un proyecto a tiempo. Quieren ser reconocidos por la creatividad con la que encaran su trabajo y ser dueños absolutos de su tiempo. No son yuppies ni hípsters. Son yuccies (young urban creatives) y, para muchos, la nueva tribu urbana que vino a poblar nuestras ciudades. 

Fue la revista estadounidense Mashable la responsable de anunciarle al mundo el nacimiento de esta nueva tribu. Bajo el título “El hípster está muerto y no te va a gustar quién viene después”, una nota del periodista David Infante acuñó el término yuccie, que se viralizó rápidamente al resto del mundo.

“Consideremos algo nuevo. Yuccies. Young Urban Creatives. En resumen, una parte de la generación Y, nacida del confort de la vida en los suburbios, adoctrinada en el poder trascendental de la educación, e infectada por la convicción de que no solo tenemos que perseguir nuestros sueños sino que además debemos sacar un rédito económico de ellos”, escribió Infante, un autoproclamado yuccie. “Esta relación particular entre dinero y creatividad es la clave para entender lo que significa ser un verdadero yuccie”, sentenció.

La oficina de 9 a 5 ya fue

“Si querés un buen ingreso y tener obra social, aguinaldo, vacaciones, ¡el futuro asegurado!, hay sólo tres palabras que te quiero aconsejar: relación de dependencia. ¡Ese es tu mejor plan!” dicen, entre irónicos y no tanto, los integrantes del dúo Newbery vs. Newbery en “Vivir en la ciudad”, una de las canciones de su espectáculo de teatro. 

La estrofa es un buen resumen de una parte importante de la “ideología yuccie” (si es que vale el término). Mayoritariamente freelancers, los yuccies rechazan de plano el formato del trabajo tradicional: la oficina de 9 a 5, el jefe que exige horas extras, la imposibilidad de hacer uso del propio tiempo. “En un momento empecé a tomar conciencia de lo limitada que era mi zona de trabajo: la oficina. El techo a dos metros de la cabeza, una pared a cinco, la otra a dos, la otra a un metro. Gran parte de mi jornada de trabajo (o sea, gran parte de mi vida) se iba en ese espacio frente a una computadora”, cuenta Manuel Gutiérrez Arana, uno de los integrantes de Newbery vs. Newbery, con respecto a su última experiencia en relación de dependencia. 

Desde entonces, fines de 2011, Manuel (de 29 años) se dedica a desarrollar una amplísima y variadísima diversidad de proyectos: escribir, dar clases, dirigir una compañía de clowns e impulsar su Proyecto Calco (un proyecto sin fines de lucro que propone repartir mensajes positivos en forma de stickers y murales). 

“Por sobre todas las cosas, aspiro a estar de acuerdo con mi trabajo, a hacer algo que tenga que ver con lo que realmente quiero hacer. No quisiera entregarle mi tiempo de vida todos los días a una actividad que no tenga que ver con mis motivaciones más profundas”, dice Manuel con una convicción que da algo de envidia. 

Lucía Bernardiner, una arquitecta de 28 años que apostó a su emprendimiento de decoración y muebles restaurados, coincide con eso de que la libertad de manejar sus tiempos es fundamental. “Sin duda, es lo que más me importa. No tiene precio. Aunque a veces sean las doce de la noche y siga trabajando”, afirma. Y todavía más ahora, que tiene un bebé de un año y comparte su tiempo entre L’Entrepot Deco, su emprendimiento, y el cuidado de su hijo. 

Agustín Mantilla, de 32 años, es otro exponente de esta nueva generación. Junto a su hermana Candelaria, creó Maldón, una empresa de juegos de mesa, a la que le dedica gran parte de su tiempo. “Cuando uno tiene una pyme le dedica mucha energía y tiempo extra. Nunca cortás o desconectás del todo. La contraparte de eso es disponer de tus propios horarios de oficina y vacaciones; aprovecho el tiempo libre para dedicarlo a otras cosas que me importan y disfruto, como a mi mujer y a mis amigos”, cuenta.  

Dinero + pasión, un solo corazón

“Pero qué hay de la falta de sueldo. Cada mes es una incertidumbre. Me la jugué como artista y tuve que hacerme monotributista”, continúa la canción del dúo Newbery vs. Newbery. 

Y es que de convicciones no vive nadie y los yuccies no tienen problemas en admitirlo. Incluso, una de las características de esta incipiente tribu urbana es reconocer que la plata importa, y mucho. Eso sí, siempre que acompañe una actividad que provea satisfacción y validación personal. 
“Do what you love” (Hacé lo que amás) podría ser el lema de esta tribu. Porque, básicamente, para los yuccies, esa es la cuestión: no tiene por qué haber una escisión entre trabajo (dinero, remuneración) y pasión. 

“Mientras que valoro dedicarme a lo que me gusta y me divierte, valoro también poder hacer otras cosas que también me gustan en mi tiempo libre. Es raro decidir vos mismo cuál es tu sueldo, pero por el momento intento ganar lo suficiente para poder hacer lo que me gusta y el resto siempre se reinvierte en Maldón”, dice Agustín.

Y, claro, eso es clave. Los yuccies no aspiran a ser multimillonarios. Pueden optar por un proyecto que no aporta casi nada a nivel económico pero muchísimo a nivel personal. 

Manuel dice que le importa “muchísimo” cuánto gana, aunque a veces elija hacer trabajos por muy poca plata. “Ahora, si la pregunta es: del 1 al 10, ¿cuánto influye la plata a la hora de elegir mi camino laboral?, debería decirte un número bajo, algo así como un 3, porque prefiero que la prioridad sean mis ganas y no la cantidad de plata que haya a cambio”. 

Lucía coincide. “Me da alegría cuando me pagan por lo que hago: ver que alguien me valora y valora mi trabajo. Pero a veces me cuesta separar; quiero hacer cosas que a mí me gusten y prefiero no ganar plata pero ser fiel a mi estilo”. 

Algo así como lo que dijo Infante en la revista Mashable: “La plata va de ‘pésimo’ a ‘a veces bastante bien’ pero la sensación de validación personal es increíble”. 

Redes sociales nuevos clientes

Para los yuccies, las redes sociales son todo. La mejor y única forma de difundir lo que hacen, establecer contactos y charlar con otros como ellos. 
No es que usen las redes sociales, sino que viven en su interior. Facebook existía desde antes de que entraran en la adolescencia e Instagram se convirtió en un gran aliado a la hora de promocionar su trabajo. 

“¡Uso todas las redes sociales! Son súper importantes. De hecho, son mi único medio de difusión y te ayudan a crecer un montón”, cuenta Lucía. La página de Facebook de L’Entrepot Deco tiene casi 25.000 seguidores. 

En Maldón, Agustín es el encargado de manejar las redes sociales. Y lo hace a toda hora desde su teléfono: “Hoy en día son la mejor herramienta para dar a conocer nuestro trabajo y estar conectados con nuestro público. Hay una respuesta inmediata en las redes sociales, desde mostrar futuros proyectos en los que estamos trabajando hasta recibir quejas por problemas con algún juego”, cuenta. Manuel no se queda atrás. “Las uso muchísimo, son mi gran canal de comunicación, les debo mucho porque me dieron y me dan la posibilidad de mostrar mi trabajo, convocar gente y darme a conocer. ¡Y son gratuitas!”.

La página de Facebook de Proyecto Calco tiene casi 10.000 seguidores. “Toda experiencia es un éxito”, “Buscá lo que más querés hacer” y “Confiá” son algunos de los mensajes con los que inspira a sus miles de seguidores. Un yuccie con todas las letras.

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