Investigación


Claves del modelo finlandés


Por Carlos Adrián Maslaton.


Claves del modelo finlandés
Tal vez sea la calidad edilicia de las aulas con sus notebooks y diseño high-tech, o la suave textura de los pizarrones, aunque es improbable que allí radique la clave. Incluso podríamos ir más allá y plantearlo como un enigma: ¿qué misteriosa combinación de saberes permite que los alumnos finlandeses hayan llegado a la cima de los exámenes PISA (Program for International Student Assessment, tests internacionales que miden la calidad educativa), superando a los de otros países europeos donde la excelencia educativa no es un mito? La respuesta quizá no sea un arcano, sino un modelo que prioriza la capacidad de aprender por sobre la estricta eficacia del rendimiento académico; que valoriza, en términos de respeto social y salarial, el aporte esencial de la docencia en la vida de los alumnos, y que apunta a que prevalezca el saber compartido por sobre los ritmos de la competitividad. El mundo está ahora interesado en dilucidar cómo lo logró un país que, décadas atrás, no era la potencia educativa que es en la actualidad. Ha sido repetidamente el mejor sistema de enseñanza de Europa, según el informe PISA, y uno de los mejores del mundo, con un ligero retroceso en los indicadores de 2012. 

Anita Lehikoinen es filóloga y se desempeña como Secretaria Permanente del Ministerio de Educación y Cultura de Finlandia, contando en su haber con una dilatada trayectoria en el ámbito educativo. Nos comunicamos con ella vía mail para que cuente cómo se marca tendencia a la hora de formar a los que mañana conducirán a la sociedad contemporánea. Una particularidad del modelo educativo finés es que los niños comienzan su escolarización primaria a los 7 años. ¿Qué sucede antes de esa edad? Lo explica Lehikoinen: “La mayoría de los niños asisten a jardines de infantes donde les dan educación temprana que comprende cuidado y enseñanza para apoyar el crecimiento, desarrollo y aprendizaje de modo equilibrado. Otros se forman en pequeños grupos  de cuidado diario en casas de particulares”, dice. “Los niños de 6 años se integran a la educación preprimaria, que es obligatoria. En ese nivel adquieren destrezas básicas, conocimientos y habilidades de las diferentes áreas de aprendizaje de acuerdo con su edad y sus capacidades. En esta instancia, aprender a través del juego es esencial”. Es sabido que durante los seis años de formación primaria, los alumnos tienen al mismo maestro en la mayor parte de las asignaturas. Para ser maestro, se requiere calificación de más de 9 en los promedios del bachillerato y de la reválida. 

Al maestro con cariño

Ser docente, en Finlandia, no es una actividad fácilmente accesible: todos los docentes están altamente calificados. Los maestros en educación básica y secundaria deben contar con un máster. Aquellos especializados en enseñanza en centros de cuidado diario son bachilleres. Los docentes preprimarios en colegios también deben tener un máster. Esa exigencia de alta cualificación y entrenamiento es vista como necesaria porque la carrera docente en Finlandia tiene una gran autonomía profesional. Los aspirantes deben sortear una prueba nacional, y luego ingresan en una segunda fase, en la que las universidades testean distintas aptitudes (empatía, interacción social, capacidad expresiva) y aspectos específicos de la labor del docente (explicar un tema frente a una clase, pruebas de aritmética, destrezas en arte, etc.).

“Las razones del éxito educativo se han cifrado en las exigencias de alta cualificación docente y en que se trata de una matrícula gratuita y abierta a todos los ciudadanos en todos sus niveles. El gasto en educación ha sido, aproximadamente, del 6% del PBI, por lo que podemos afirmar que hemos conseguido resultados de excelencia con un costo moderado. Y también hemos sido capaces de desarrollar un sistema y una infraestructura educativos estratégicamente autónomos de los períodos de elecciones políticas”, comenta la Secretaria Permanente. 

Para la experta, la clave del éxito en los exámenes PISA está en apostar al desarrollo pleno del potencial de cada alumno porque, entiende, la educación es mucho más que el mero despliegue de las capacidades cognitivas individuales. Se trata de aprender a aprender, una aptitud que fija las bases para un aprendizaje que se ejercitará a lo largo de toda la vida. “Obviamente, un buen manejo de la lengua materna y aptitudes en matemáticas y ciencias son esenciales para ampliar el área de aplicación a cualquier otra disciplina”, apunta. Una tríada esencial favorece la excelencia educativa: padres, docentes y Estado interactúan de manera coordinada, de modo que no es inusual, por ejemplo, que las familias visiten las bibliotecas los fines de semana y que los padres se piensen como los garantes de la formación cultural e intelectual de sus hijos. 

Los niños y jóvenes que hoy se están educando asisten a un mundo de transición (el pasaje de una era industrial a una era digital), por lo que deben desplegar aptitudes acordes con esa  transformación. Lehikoinen cree que hay tópicos esenciales que hoy no se pueden soslayar para formar al alumnado: “Necesitan habilidades que exige el siglo XXI: habilidades de pensamiento (innovación, pensamiento crítico, resolución de problemas, aprender a aprender), de trabajo (comunicación, cooperación), en ICT (tecnologías de la información y la comunicación) y de ciudadanía activa (responsabilidad personal, competencia cultural e influencia)”. 
Sin puntaje y con apoyo
Otra particularidad de la educación finlandesa es que hasta el quinto año no se califica con notas. ¿Cómo se monitorea el rendimiento del estudiante? “El proceso de evaluación es continuo para guiar y ayudar a los alumnos en su proceso de aprendizaje. Cada alumno recibe un informe al menos una vez al año. No hay tests nacionales para los chicos en la educación básica. En cambio, los docentes son responsables por la evaluación en sus respectivas materias sobre la base de los objetivos fijados en la currícula”, sostiene Lehikoinen. 

¿Un modelo flexible como el finés contempla la situación de los chicos repitentes? Sí, los niños pueden repetir de grado, pero no es muy usual que ello ocurra: “Repetir una clase es siempre el último recurso, cuando el resto de las medidas de apoyo ya se han intentado infructuosamente”, aclara Lehikoinen. Estadísticamente, menos del 3% de los alumnos en los grados de 1 a 6 (escuela primaria) y menos del 1% en los grados de 7 a 9 (secundario) han repetido un curso.
  
Desde el Ministerio de Educación se apoya la instrumentación de un sistema de apoyo temprano para niños con dificultades de aprendizaje. Todos los alumnos tienen derecho a ese apoyo educativo. Pueden ser clases de recuperación o apoyo para el alumno con necesidades especiales. Si un alumno no puede ser formado en un grupo de enseñanza regular, debe admitírselo en educación especial. Esta educación se le imparte, dentro de lo posible, en las escuelas regulares. Se debe ofrecer un apoyo intensivo a alumnos que requieren medidas de apoyo regular o varias formas de apoyo al mismo tiempo. Si no pueden lidiar adecuadamente con la educación principal, a pesar del apoyo especial o intensivo, se les da la especial. La idea de ese soporte adicional es ayudarlos a que completen su educación obligatoria y luego sean aptos para la secundaria. También en el nivel secundario se brinda educación especial a quienes lo necesiten. 

Por fuera de los mitos, la profesión docente no convierte a nadie en próspero: los maestros en Finlandia tienen salarios que, en promedio, se asemejan a los de profesionales con formación académica. Los requerimientos de cualificación son estrictos, dado que la de docente es una profesión altamente valorada a nivel social, por lo que como opción de carrera resulta siempre atractiva. Por lo tanto, las instituciones que forman maestros y profesores pueden seleccionar a los aspirantes más adecuados para la profesión de enseñar. Debido a esta suma de factores es que los docentes fineses suelen tener un alto nivel de compromiso con su labor. Hay un foco muy fuerte puesto en la autoevaluación de los colegios y los proveedores educativos y los resultados de las evaluaciones nacionales de aprendizaje. Estas evaluaciones se realizan regularmente, por lo que hay un test cada año en Lengua y Literatura o Matemáticas. Se hacen de acuerdo con los lineamientos del plan de evaluación del Ministerio de Educación y Cultura. 

Para la funcionaria, existen diferentes recetas para el éxito, como lo demuestran los resultados del último PISA: “Los sistemas educativos de los diez países mejor calificados varían muchísimo entre sí. Una cosa común entre todos ellos es la valoración e inversión en educación, y un desarrollo constante y decidido. Para Finlandia, el objetivo central ha sido la igualdad y equidad como valores centrales: educación gratuita y abierta a todos los ciudadanos, más allá de sus antecedentes personales, sociales y regionales”, concluye Lehikoinen.
¿Se puede traspolar a la Argentina?*
El modelo educativo finlandés no es traspolable al modelo argentino. La razón es que el sistema argentino, como muchos otros modelos occidentales, es altamente burocrático. Se trata de sistemas rígidos que tienen dificultades para adaptarse y cambiar a las nuevas realidades. ¿Y cómo logró Finlandia mejorar su sistema y desburocratizarlo? Cuando empezó a salir de la esfera soviética, a mediados de los años setenta, hubo un gran consenso nacional acerca de cuál era la función del sistema educativo. Decidieron evolucionar hacia un modelo de desarrollo donde el sistema educativo era clave para que el país cambiara. Todo lo que se hizo se alineó con ese objetivo. No fue un objetivo pedagógico, sino social y económico. Desde nuestra visión fragmentada, no vemos todo, sino solo lo que queremos ver. Nos gusta ver que los docentes están preparados, que son respetados, que los chicos estudian en forma autónoma, que los exámenes no están estandarizados. El sistema es más complejo, y los elementos que están en juego son muchos, pero hay dos para destacar: en Finlandia entendieron que había que resolver la formación técnica. Apuntaron a aprender lo máximo posible sobre industria electrónica y software. Lo hicieron tanto en la escuela media como en la universidad. Las estadísticas muestran que la mitad de los estudiantes de Finlandia van a escuelas técnicas, y estudian sobre software y electrónica. En cambio, nosotros tenemos lo que nos quedó de los años noventa de la escuela técnica, y nos quedó una escuela vieja en la que se estudia para maestro mayor de obras. Otro aspecto es el diseño curricular. En Finlandia, le han dado autonomía tanto a los directores y docentes como a las municipalidades, para que definan el 70% del diseño de la currícula. Esto, en la Argentina, con el modelo verticalista que tenemos, no es posible. 

*Por Alejandro Artopoulos Docente de Tecnologías del Aprendizaje de la Universidad de San Andrés. Ph.D.(c) del Programa Doctoral sobre Sociedad de la Información y el Conocimiento. Universidad Oberta de Catalunya.


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