Entrevista


Las Marull, como dos gotas de agua


Por María Florencia Sanz.


Las Marull, como dos gotas de agua
María, casada con Damián Szifrón, se probó como directora en la obra La Pilarcita, y Paula recibió aplausos por la pieza de teatro Yo no duermo la siesta.

Piden dos vasos de agua sin gas, un tostado para compartir y más tarde un cortado. María lleva puesto un vestido blanco y tiene el pelo lacio. Paula, en cambio, se puso una camisa y luce el pelo con algunas ondas. Sus timbres de voz son casi exactos, pero Paula conserva más que María la tonada de provincia. A los 20 años, Paula y María dejaron su ciudad natal, Rosario, para instalarse en la capital porteña en busca de nuevas oportunidades, de estudiar teatro y también de independizarse de su familia. Aunque el camino no fue tan fácil como creían en su adolescencia y dejaron muchas cosas atrás, las gemelas querían descubrirse y conocerse mejor a ellas mismas.

Luego de hacerse conocidas como modelos en los noventa y por su conducción en algunos exitosos ciclos televisivos, hoy las hermanas Marull se consagran como actrices y dramaturgas en el circuito teatral y echan raíces junto a sus familias en Buenos Aires.

– ¿Cómo recuerdan aquellos días en que decidieron dejar Rosario?
–Paula: Los dos primeros años fueron muy duros. En ese momento no tomamos conciencia del desarraigo que vivimos y que después se transformó en una marca. Hoy estoy feliz y recojo sus frutos, pero noto que en mis obras hay mucho del dolor que tuve que atravesar cuando vine a vivir a Buenos Aires. Extrañaba mucho a mis amigos y me sorprendía el anonimato de esta ciudad, no saber siquiera quién es tu vecino de piso. 
–María: Poco a poco nos fuimos apropiando de lugares que nos hacían sentir bien y eso generó una nueva red de contención. Cuando empezamos a estudiar actuación comenzó otra etapa, porque encontramos un lugar de pertenencia y nuevos amigos. 
–Paula: Sí, los primeros años fueron una búsqueda en todo sentido: de vocación, de lugar y de amigos. De todas formas, el hecho de estar juntas nos ayudó mucho. Creo que ninguna de las dos habría prosperado sola.

-Su veta artística fue una especie de salvación. ¿Cuándo la descubrieron?
–María: Cuando terminamos el colegio, sentíamos que nada nos gustaba. En realidad, nos interesaban un montón de cosas, pero el mandato social de tener que hacer una carrera importante en la universidad para poder vivir nos pesaba. Cuando estuvimos solas en Buenos Aires, empezamos a hacer talleres literarios y nos inscribimos en la escuela de teatro de Raúl Serrano. Ahí descubrimos un mundo que no soltamos más. Empezamos a tener trabajo relacionado con la actuación y esa culpa de la carrera quedó atrás. Además, seguimos estudiando y aprendiendo. 

–Hoy ya son reconocidas en el circuito teatral, pero siguen haciendo talleres. ¿Les gusta compartir con otros el proceso creativo?
–Paula: La experiencia grupal me parece muy enriquecedora. Siempre aprendo mirando y evaluando a otras personas. En una primera etapa, los talleres también sirven para tender vínculos y entrar en un circuito.
–María: Además, un taller te da más herramientas e incentiva la autogestión. Casi todas mis obras las escribí en talleres, porque incluso me ordenan con el trabajo para poder entregar material semana a semana.

– ¿Cómo fue la experiencia de ver sus primeras obras en escena?
–María:La Pilarcita es mi primera dirección y dramaturgia, y la sensación es casi milagrosa. Después de tanto trabajo, ver la obra realizada y que mi universo personal llegue a otros es muy gratificante. Cada vez que voy a las funciones, no dejo de sorprenderme y pienso que es como un sueño. 
–Paula: En mi caso, siempre superó mis expectativas, porque una vez que la obra está en escena toma otra forma, se convierte en algo grupal y de rito. Además, mi primera obra, Vuelve, fue muy especial porque hablaba de un tema muy cercano a mí, ya que contaba la historia de una chica del interior que iba a vivir a Buenos Aires.

–La obra de María también habla de un pueblo del interior. ¿Las vivencias personales las inspiran?
–María: No escribimos sobre esos temas conscientemente, no lo pensamos sino que surge desde nuestro interior. A veces nos preguntan cómo es nuestro género teatral, y cuando yo escribo, simplemente busco en mis imágenes. Aunque todo lo que sucede en las obras no me haya pasado, hay sensaciones en la vida que se nos impregnan y que reaparecen.
–Paula: Creo que en algún punto escribimos para nosotras mismas, para volver a estar ahí y contestarnos preguntas de cierta época de nuestra vida. 
– ¿Extrañan algo de su vida en Rosario?
–María: Además de las amigas y de la familia, extraño el ritmo de vida un poco más tranquilo que en Buenos Aires. Allá las distancias son más cortas y eso hace que siempre haya tiempo para tomar un cafecito en la peatonal. Le tengo mucho cariño a la ciudad, en cada esquina hay un recuerdo, y creo que escribimos para volver a esos lugares sin necesidad de trasladarnos.
De profesión madrazas
María y Paula se dedican full time no solo a su pasión por el teatro, sino también a sus hijas, que como sus mamás, son inseparables. Más allá de las responsabilidades que conlleva la maternidad, confiesan divertirse junto a ellas y rememorar su infancia.

– ¿Qué recuerdos tienen de su infancia juntas en Rosario?
–Paula: Tengo un costado muy infantil y la infancia es algo que está muy presente en mí. Me acuerdo de cada juego que hacíamos con María. En esa época teníamos pocos juguetes e inventábamos disfraces con una sábana en la cabeza, un alambre y un palo de escoba. También nos aburríamos, algo que hoy parece ser un pecado para los chicos. En nuestra infancia había más silencio, más tiempos vacíos y más imaginación. Cuando viajábamos en auto con mis abuelos y llovía, recuerdo pasar el tiempo mirando cómo las gotas de lluvia resbalaban por el vidrio. Ahora los chicos están enchufados al celular. 

– ¿Cómo manejan ese tema con sus hijas? 
–María: Trato de que mi hija más grande no usé la tecnología por ahora y de incentivarla con cosas más enriquecedoras, como dibujar o leer. A veces lo logro y otras veces no. Trato de compartir actividades con ella cuando vuelve del cole. 

–Trabajo y maternidad, ¿es difícil encontrar el equilibrio?
–María: Sí, este año trabajé muchísimo y me da culpa o siento que estoy poco tiempo con ellas, pero descubrí que la clave no es la cantidad de tiempo sino la calidad. En ese momento, trato de conectar con ellas, de no contestar mails ni pensar en otras cosas. Los hijos crecen rápido y hay que disfrutarlos, pero también es importante que ellos vean a su mamá contenta y realizada.
–Paula: Es un equilibrio, porque dejar todo para estar con los hijos tampoco es sano. La realización personal es muy importante, sobre todo si se tiene la suerte de poder trabajar haciendo lo que uno ama. Es una forma de demostrarle a mi hija que los sueños se pueden llevar a cabo.
Los hermanos sean unidos

Son mucho más que hermanas, son gemelas. Las Marull viven a media cuadra de distancia, son confidentes, cómplices, amigas, compañeras de trabajo y de ruta. Parecidas, pero no iguales; se complementan y juntas hacen una dupla imbatible.

– ¿Trabajar conociéndose tanto a veces no juega en contra?
–Paula: En nuestro caso, la confianza y entendernos con tanta facilidad es un plus importante y no algo negativo. Además, nuestras obras de teatro tienen que ver con mundos personales que la otra conoce muy bien. Cuando María actúa en mis obras, no tengo que explicarle nada.
–María: Valoramos el proyecto de la otra y lo adoptamos como propio. No nos tomamos licencias por ser hermanas, lo encaramos con mucha responsabilidad, porque sabemos todo lo que significa para la otra. También nos entendemos porque las dos somos muy autoexigentes y rigurosas con lo que hacemos.

–Pero en algún momento habrá peleas…
–Paula: Tenemos discusiones o diferencias, pero nuestra personalidad es bastante conciliadora y nos cuesta confrontar. ¡Sería bueno trabajar más en eso!

–Tienen formas de ser muy parecidas. ¿Se reconocen con la misma personalidad?
–María: Sinceramente sí. Hay algunas diferencias en la personalidad o en los gustos, pero no sabría decir a ciencia cierta cuáles son. Tenemos la misma forma de ver las cosas. Es como algo mágico, hay una conexión especial que supongo que tendrá que ver con nacer juntas. Eso se fue fortaleciendo porque vivimos y compartimos mucho tiempo de nuestras vidas, y nos fuimos mimetizando un poco. 

– ¿Y no les molesta que las confundan?
–María: Para nada, a veces ni me doy cuenta de que el otro se está confundiendo, quizá le hablan a Paula y yo contesto. No es un tema importante para mí, desconozco cómo sería no tener una gemela. 

Con el entusiasmo a flor de piel, las hermanas se mueven como pez en el agua en la escena teatral. Imparables, el año próximo, además de reestrenar ambas obras, pondrán en cartel sus nuevas creaciones: Paula dirigirá una obra francesa, María actuará en distintos proyectos, y se animarán a escribir juntas para un programa de tele. ¡Hay Marull para rato!
Familia talentosa
Casada con el reconocido guionista y director de cine y televisión argentino, Damián Szifrón, María confiesa que ambos se consultan y opinan sobre los proyectos del otro: “En casa hablamos mucho de nuestros trabajos, porque nos gusta lo que hacemos, y esta profesión es nuestra vida. Para nosotros es un espacio de desarrollo que tiene que ver con lo que somos como personas. Por eso, nos apoyamos mutuamente y compartimos todas las etapas de cada uno de nuestros proyectos”.
La infancia en escena
En su obra Yo no duermo la siesta, Paula retrata a la perfección juegos y fantasías de infancia, pero también temores y angustias. Un tema que abordó con una sensibilidad única: “La infancia nos marca. Son doce años, pero nos parece que fuera media vida. Esa etapa es un terreno muy fértil, para bien o para mal, en el que hay muchas preguntas y respuestas a cualquier tema. En esta obra, inconscientemente, usé muchas imágenes y sensaciones de mi infancia”.

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