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Bendito rugby


Por Mariano Petrucci.


Bendito rugby
La altísima performance de los Pumas en el último Mundial vigorizó la popularidad de este deporte. Una fundación toma la esencia más humana de esta disciplina para transmitir valores adentro y afuera de la cancha.

Para muchos, los noventa y siete puntos del talentosísimo Nicolás Sánchez fueron la confirmación del excelente presente del rugby argentino. En el último Mundial en Inglaterra (y Gales), los Pumas provocaron una verdadera revolución: desplegaron un juego vistoso y efectivo, alcanzaron otra semifinal (como en 2007) y tuvieron entre sus filas al goleador del certamen. El fenómeno tienen sus porqués: la migración de nuestros mejores baluartes a las ligas más competitivas, las becas juveniles que financian entidades afines, la asistencia al Campeonato de Rugby –ex Tres Naciones– para medirse con colosos como Australia, Sudáfrica y Nueva Zelanda (en donde vale más la experiencia acumulada que todas las derrotas), la labor que desempeñan los seiscientos clubes en donde se practica la disciplina y el Plan Nacional de Alto Rendimiento que ofrece la Unión Argentina de Rugby (UAR).  

En ese elogiadísimo cuarto puesto conseguido en Londres, muchos celebraron la prueba de que cuando los cimientos están sólidos, la tarea se hace como se debe. Pero hay otros que en cada try advirtieron el poder del esfuerzo, la “garra”, el significado de equipo. Es que en el rugby se respiran valores universales como –tal vez– en ningún otro deporte. “Mostramos solidaridad, camaradería… Todas esas cosas las mamamos desde chicos. Y cuando se pasa al profesionalismo, que tiene un poco de carencias en ese sentido, el argentino deja una buena impresión, se destaca”, define Juan Martín Hernández, ícono del seleccionado nacional, hablando de la “mística Puma”.

En esa línea, una organización social se dedica a promover esos mismos principios, a través de acciones de concientización, para lograr que la comunidad se desenvuelva en armonía. Rugby Sin Fronteras se nutre del gran momento de este deporte, y lo utiliza como instrumento primordial para derribar todo tipo de barreras. “El rugby nos enseña respeto, autocontrol, paz. A partir de eso, buscamos la manera de transmitir ese mensaje a la sociedad, entendiendo que cada uno, desde su lugar, puede aportar su granito de arena”, recalca Juan Bautista Segonds, su presidente y creador. Y profundiza: “¿Los valores se entrenan? Claro que sí. ¿Cómo? Transformándonos en la imagen de lo que queremos ver. Nosotros estamos seguros de que cada individuo debe liderar el metro cuadrado que ocupa y, desde ahí, afrontar un cambio de actitud sobre actos concretos: no arrojar un papel en el piso, saludar, agradecer, sonreír…”.
Desde esta fundación, Segonds se propuso enarbolar las banderas que defiende el rugby, aquellas que aprendió de sus abuelos y padres. Junto al vicepresidente Gustavo Zerbino, se hizo las siguientes preguntas: ¿Cómo podemos edificar una sociedad distinta, diferente? ¿Qué hacemos para eludir la queja y pasar a la acción? Con ese puntapié inicial, encabezan, desde 2009, misiones que explotan la esencia más humana de esta práctica. 
 
La presencia de Zerbino responde más a una causalidad que a una casualidad. Él es uno de los sobrevivientes del famoso “Milagro de los Andes”, acontecido en 1972. Aquel plantel uruguayo, que quedó a la deriva en plena cordillera después de que cayera el avión que lo trasladaba a Chile, demostró, como pocas veces, lo que es el trabajo codo a codo, el sacrificio, la superación, el amor por la vida. “En 2011 y 2012, en pleno Valle de las Lágrimas, llevamos adelante ‘El partido que nunca se pudo jugar’, homenajeando a las víctimas de aquel trágico accidente. Me quedó marcado algo que expresó Gustavo: que habían salido de la montaña por un montón de motivos, pero, por sobre todas las cosas, que pudieron atravesarlo porque eran rugbiers”, cuenta Segonds.
Golazos
Jerusalén, 23 de noviembre de 2012. En medio del conflicto en la Franja de Gaza, chicos palestinos e israelíes hicieron un scrum gigante, bajo un cartel con la leyenda “Empujamos por la paz”, escrito en árabe, hebreo, español e inglés. “Fue fundamental el rol del Centro Peres por la Paz, que colaboró para que los palestinos pudieran cruzar hacia Israel. Luego de siete horas en la frontera, unos treinta niños pudieron reunirse con sus pares en la escuela Keshet de Jerusalén. No fue fácil, pero lo que parecía utópico, impensado, imposible, se hizo realidad. Cuanta más oscuridad hay, más resplandece la luz”, subraya Segonds. La movida llegó a oídos del papa Benedicto XVI, que les dio su bendición.

Hay otro recuerdo para inflarse el pecho de orgullo, e involucra al mismísimo Nelson Mandela, Premio Nobel de la Paz por su lucha contra el apartheid. “‘Madiba’ es nuestra fuente de inspiración: tras veintisiete años de encierro, el líder sudafricano eligió predicar la unión y tolerancia a través del deporte. En 2011, partimos rumbo a Sudáfrica, más precisamente a Robben Island, donde está la cárcel en la que pasó dieciocho de esa treintena de años. Nuestro equipo, una delegación de veintiséis personas, se instaló en el pabellón donde estuvo privado de su libertad. Como símbolo de agradecimiento, dormimos una noche en las celdas de lo que hoy es un museo nacional, y en el patio delineamos una cancha de rugby, donde disputamos -un partido homenaje, que contó con figuras de la talla de Marcelo Loffreda –exentrenador de Los Pumas–, John Carlin –periodista inglés, autor de El factor humano, libro que desembocó en la película Invictus– y Ntozelizwe Talakumen –compañero de Mandela en la prisión durante ocho años–”, evoca Segonds. Y completa: “No solo le rendimos un tributo en vida, sino que tomamos su legado. Una de nuestras campañas la basamos en la frase ‘Yo perdono’, gesto que asumió ‘Madiba’ al ponerse la gorra de los Springboks, pidiéndole a su pueblo que los apoyara, a pesar de que eran quienes lo habían encarcelado”.

En Rugby Sin Fronteras están convencidos de que una crisis moral se desperdiga a lo largo y a lo ancho del planeta. “Existe una carrera armamentística en la que se invierten cinco millones de dólares por minuto, pero no un plan para construir la paz. Nosotros no podemos erradicar las guerras, pero sí fomentar una convivencia fraternal y equilibrada, y difundir la idea de que el prójimo y yo somos lo mismo. Todas las experiencias que transitamos fueron como hacer un ‘máster de emociones’. E intentamos plantear este debate: ¿Vivimos contagiando optimismo o crispación y enojo?”, reflexiona Segonds.

Para ello, amén de los eventos de altísimo impacto que resuenan en los medios de comunicación, articulan campañas en colegios, instituciones y empresas nacionales e internacionales. “Con la ayuda de más de setenta clubes, lanzamos ‘Yo respeto’, una misión que replicamos en cada rincón del país y que consiste en cumplir dos consignas básicas: tirar la basura en el cesto y dejar pasar al peatón en las esquinas. En escuelas primarias y secundarias, por ejemplo, coordinamos el programa ‘Entrenando valores’, montando en escena las comedias musicales ‘Hay equipo’ y ‘Rompecabezas’. En cada una de las iniciativas, buceamos por temáticas como la igualdad social, la solidaridad, la convicción, el compromiso. Necesitamos generar nuevos líderes y hacer visibles a los millones de argentinos que son nobles, íntegros y honestos”, concluye Segonds.
Otras iniciativas
*Puente solidario (2010): Uruguayos y argentinos se unieron para que, después de cuatro años, se abriera el puente de Fray Bentos. Con la colaboración de los asambleístas, se jugó un tiempo del lado de cada país, y el tercer tiempo simbólico se desarrolló arriba del puente. “En esa oportunidad, empujamos por nuestros hermanos chilenos que acababan de sufrir un terremoto. Todo lo recaudado se donó a los damnificados”, rememora Juan Bautista Segonds.

*Cultura del encuentro (2014): Rugby Sin Fronteras fue parte, junto al papa Francisco, de jornadas pedagógicas realizadas en el mismísimo Vaticano. “Fueron tres días intensos, donde se trabajó con personas de distintos ámbitos políticos, sindicales, sociales y educativos del mundo entero. Desde su lugar, todos aportaron un valioso granito de arena. Y pese a la diversidad de puntos de vista e ideologías diferentes, primó la buena voluntad en pos del bien común”, advierte Segonds.

*Primera Declaración de Paz Mundial (2014): En conmemoración del centenario de la Primera Guerra Mundial, cuatrocientos chicos de 14 años, bisnietos de excombatientes pertenecientes a los países que participaron del conflicto bélico, jugaron juntos por la paz. Fue en las ciudades francesas de Cambrai y Douai.
Histórico
Antiguos adversarios que no se conocían demostraron que el deporte es capaz de zanjar cualquier diferencia. En septiembre, veteranos de guerra, argentinos y británicos, llevaron adelante un partido en el Esher Rugby FC –un club ubicado en el sur de Londres–, con una pelota bendecida por el papa Francisco. Casi treinta jugadores disputaron dos tiempos, tras un emocionante minuto de silencio. La lluvia persistente fue el telón de fondo perfecto para lo que fue una verdadera fiesta, que concluyó con un scrum gigante bajo el lema “Yo te declaro la paz”, y un tercer tiempo plagado de lágrimas y abrazos. “Nosotros utilizamos al rugby como una herramienta de superación con el fin de que nuestros hijos no hereden los errores que cometimos en el pasado”, expresa Juan Bautista Segonds. 

“La belleza del rugby es lo que viene luego: hablamos, bebemos y nos reímos”, indica David Jackson, quien dejó el ejército británico para convertirse en médico y tratar a los soldados afectados por el trastorno del estrés postraumático que él mismo sufrió. Otro veterano, Russell Craig, señala: “La reconciliación es importante. Fue un momento muy emotivo”. “Yo no les guardo ningún rencor… Ese sentimiento daña a las personas. Es más, quería estrecharle la mano al que combatió contra mí”, completa el argentino Horacio Gatas.

Rugby Sin Fronteras ya había logrado otro hito: organizar un match en las Islas Malvinas, entre argentinos e isleños. Fue el 13 de diciembre de 2009, y lo repitieron en 2010, 2011 y 2012. “Siempre nos preguntábamos: ¿Cómo unir a dos pueblos después de una guerra? ¿Cómo generar un evento que nos ayude a curar las heridas aún abiertas? ¡Hagamos un partido de rugby!”, recuerda orgulloso Segonds.

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