Entrevista


De la tele a nuestra mesa


Por Carmen Ochoa.


De la tele a nuestra mesa
Juliana López May es una mujer todoterreno: ama su vocación –es una de las mejores cocineras del país– y, también, crear nuevos emprendimientos, conectarse con sus seguidores y cuidar de su familia. 

A la hora de almorzar, Juliana López May nos recibe en su casa, donde un sinfín de ricos aromas escapa de su cocina, envolviendo todos nuestros sentidos. Visitarla en su propio hogar nos permite conocer un poco más de su multifacética personalidad como “cocinera y mamá feliz” –como dice el perfil de su cuenta de Instagram–, esposa y emprendedora. 

Porque si hay algo que tiene es un espíritu súper inquieto. Además de ser protagonista de diferentes programas en el canal El Gourmet, editó un nuevo libro, Juliana en Italia (Sudamericana), que la llevó a la tierra de sus ancestros para aprender cómo se cocina en ese país, cómo se disfruta y cómo se enseña por esos pagos el arte culinario. A la vez, dicta clases en su estudio de Tigre, desarrolló una línea de vajilla, y otra de mermeladas, mayonesas y salsas de su autoría. Se animó incluso a lanzar un conjunto de objetos originales, como individuales de papel, blocs de notas y de compras, junto a la diseñadora gráfica Verónica Passman. “Soy muy inquieta, y trabajo a full apostando siempre a lo nuevo. Eso sí, el tiempo que me queda libre se lo dedico ciento por ciento a mi esposo, Ramiro, y a mis dos hijos, Benjamín y Segundo”, confiesa quien ama –qué duda cabe– el universo de las ollas y sartenes.

Juliana también comparte recetas en sus dos libros, plagados de sabores naturales

Con la calma y la experiencia que la caracterizan, Juliana no solo comparte con nosotros la creación de exquisitas recetas, sino también una charla muy amena que fluye, mientras deliciosos platos desfilan frente al lente del fotógrafo, sobre una romántica vajilla (sí, la que es de su autoría).

Cocinera profesional desde los 19 años, cuando comenzó su carrera junto al prestigioso chef Francis Mallmann, la hermana de Máximo López May recuerda su infancia feliz, siempre con la cocina como lugar de encuentro familiar. “Con mis cuatro hermanos disfrutábamos cocinar al lado de mamá y siempre la queríamos ayudar. Hasta nos peleábamos por ver quién pisaba el puré o se quedaba con la crema que sobraba en el bol. Me convertí en cocinera gracias a mi madre, a todas las vivencias que mamé en mi casa y, también, en la de mi abuela”, cuenta Juliana. Y agrega: “Hay personas a quienes les encanta cocinar para demostrar su afecto a través de comidas ricas, mientras que otros disfrutan cocinar profesionalmente, pese a que en su casa no le dan importancia”.

“Me convertí en cocinera gracias a mi madre, a todas las vivencias que mamé en mi casa y, también, en la de mi abuela”.

– ¿Y vos? ¿Cómo te reconocés? 
–Yo soy una mezcla entre ambos: cocino profesionalmente, pero me gusta que en mi casa se coma de manera sana, a pesar de que no soy muy rigurosa. Antes era más obsesiva con la alimentación de mis hijos. Ahora, en cambio, me parece que está bien que aprendan a comer de todo, que tengan un abanico de posibilidades para elegir, sin que haya tantas prohibiciones. Inculcando estas ideas, intento enseñarles a distinguir entre los alimentos que son saludables y los que no, para que ellos solos puedan darse cuenta de lo que es mejor.

– ¿Existe ya un cambio en la alimentación de los argentinos?
–Sí, se está viviendo un gran cambio porque, en la actualidad, es más sencillo conseguir productos saludables. La gente está más abierta a comer de forma más natural, y eso tiene que ver con la concientización. Personalmente, cuando cambié mi alimentación, me sentí mucho mejor. Incluso, tuve mi etapa vegetariana durante años. Pero uno tiene que relajarse y escuchar lo que le pide el cuerpo: en un momento, necesité comer proteínas, así que volví a comer pollo y pescado. Hoy, disfruto de todas la comidas sin culpas, a pesar de que no soy una gran consumidora de carnes.

“La gente está más abierta a comer de forma más natural, y eso tiene que ver con la concientización”.

Como un espacio donde se comparten afectos, en ocasiones especiales, la cocina de Juliana abre sus puertas para recibir amigos. Es imposible no tentarse con las delicias que elabora con buen gusto y creatividad. “Me encanta invitar a mis seres queridos, pero no lo hago siempre porque también quiero relajarme. Soy de las que disfrutan que otro me cocine. No perdí la pasión de cocinar para los demás, pero cuando alguien me invita a comer… ¡Voy feliz!”, exclama.

–Y cuando vas a comer a otros lugares, ¿sos de criticar?
–Depende de donde esté. Si voy a algún restaurante de un amigo o un colega, lo redisfruto. Pero si tengo que elegir ir a un lugar donde voy a pagar una fortuna, me fijo bien. Me gusta comer rico, que la mesa esté bien puesta y la comida bien servida. Ahí presto mucha atención a los detalles, no me da lo mismo si me ponen la comida en un plato lindo o feo. 

“No perdí la pasión de cocinar para los demás, pero cuando alguien me invita a comer… ¡Voy feliz!”

–Sos muy activa en las redes sociales. ¿Cómo te llevás con ellas?
–La gente me sigue mucho y eso me gusta, pero también me parece de terror que los argentinos estén todo el día con el teléfono. Es como si se hubiera perdido el diálogo directo y solo pudiéramos conversar a través de un aparato. Esto no pasa en todo el mundo… ¡Somos no-sotros! Otra cosa que me indigna: ver en un restaurante a las madres dándoles a sus hijitos las tablets para que se entretengan y jueguen en la mesa. Lamentablemente, eso los aísla y los priva de compartir una comida. Somos los adultos quienes tenemos que dar el ejemplo y fomentar el diálogo en familia. 

 “Cada uno tiene que ser feliz con lo que hace; el éxito se basa en disfrutar el momento”. 

– ¿Y qué pensás de la nueva generación de chefs blogueras?
–Son espontáneas y manejan otro lenguaje, porque tienen otra llegada, otra escuela, otra frescura. Mi recomendación es que no pierdan todos esos atributos porque, si no, se transformarían en un híbrido, ya que no son cocineras profesionales. Uno tiene saber quién es, cuál es su lugar, desde dónde le habla a la gente… Es toda una responsabilidad cuando del otro lado hay alguien que te escucha. Hoy, todo pasa por las redes sociales, y hay que aceptar esta tendencia porque no queda otra. De mi parte, siento que estoy en otro lado, así que hago lo mío sin mirar o criticar lo que hacen las demás. Cada uno tiene que ser feliz con lo que hace, porque el éxito se basa en eso: en disfrutar el momento. 

–Ser una cocinera exitosa de la televisión, ¿te resulta pesado?
–Para nada, porque mi éxito laboral es fruto de muchos años de trabajo. Y la verdad es que aspiro a seguir haciendo las cosas para mantenerlo, porque vivo de esto y es lo que mantiene a mi familia. El éxito no me cambió en nada; al contrario, tengo mucha más responsabilidad, porque me gusta hacer las cosas siempre bien, con mi estilo. Por eso, respeto mucho mi vocación… No puedo evitar ser una apasionada de mi profesión.

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