Investigación


Vivir con alegría


Por Daniela Calabró.


Vivir con alegría
Estar más alegres. ¿Por qué? Porque es clave en la realización personal y nos hace mejores personas. La prestigiosa psicóloga Alicia Dellepiane nos ayuda a encontrar el camino hacia la felicidad.

Nuestra cultura concibe la alegría como un fenómeno volátil que, lejos de ser permanente, se experimenta excepcionalmente, mientras las diferentes formas del sufrimiento tienen una presencia constante. Intento, con este libro, invertir el orden de esta creencia y dar lugar a que la alegría sea estable y sostenida, y el sufrimiento se diluya hasta desaparecer”, dice Alicia Dellepiane, en su libro Camino a la alegría, y propone ir en busca de este sentimiento con paso firme.
La alegría es el brillo que existe cuando hay amor, decía Santo Tomás de Aquino. No solo amor de pareja, sino amor por lo que uno hace, por la naturaleza, por quienes nos rodean. Explicaba, también, que la alegría es mayor cuanto más intenso es el amor y más noble es aquello que se ama. En esa forma de ver el mundo se inspiró la psicóloga Dellepiane.

Si bien el camino que propone la especialista tiene que ver con el autoconocimiento y la realización personal, de allí nacen las herramientas para ser –a la vez– mejores personas para con los demás. En eso se basó hace más de treinta años cuando fue pionera en la síntesis de procesos que vinculaban la psicología con la educación y que la llevaron a crear el exitoso programa Aletheia, una iniciativa de formación en valores para individuos y organizaciones que se replicó en diferentes países y fue auspiciado por la Unesco.

“El aporte más valioso que tenemos para dar es que crezca nuestra alegría, porque desde ese estado es imposible dañar a los otros, mientras que cuidar a los cercanos se hace inevitable”, asegura. 

–Muchas veces, se pone el foco en la felicidad, pero rara vez se habla de la alegría. ¿Por qué la elegiste como centro neurálgico de tu nuevo libro? 
–Creo que la alegría de buena calidad, no la banal, es una de las expresiones más elevadas de lo humano. La alegría profunda hace que incluso las situaciones difíciles de la vida sean vividas de manera constructiva. La alegría es el amor expresado en forma muy concreta. Para Rumi, “el latido del Universo es alegría”, por lo que cuando la sentimos estamos conectados con un ritmo que nos trasciende. 

–¿Y qué lugar le das a la felicidad?
–Cuando es genuina, es otra de las capacidades humanas más notables. Tanto ella como la alegría muestran lo que los seres humanos podemos llegar a ser cuando vamos más allá de los condicionamientos y nos animamos a desplegar nuestro potencial. 

–Decís en tu libro que la realidad no es más que la que elegimos ver. ¿En qué debemos trabajar para mirar la vida con mejores ojos? 
–Lo primero es animarnos a jugar con la idea de que lo que parece real, tal vez, no lo sea y que lo que no parece real puede serlo. Cuando el Principito asegura que “lo esencial es invisible a los ojos” nos resulta evidente que lo real no es solo lo que se mide, pesa, huele o tiene un cierto sabor. El amor que sentís por una persona es tan real como el sillón en el que estás sentada. Por lo tanto, si construimos esa realidad interna somos menos vulnerables a lo que podría lastimarnos y podemos crear espacios saludables para otras personas. 

–Es decir que nuestra alegría es saludable para quienes nos rodean.
–Sí, porque nos permite crear microclimas en nosotros mismos que sean extensivos a la familia y al trabajo, y que aporten al clima general en lugar de solo funcionar reactivamente a los comportamientos de otros.

–Por eso, los principales actores de la sociedad también deberían trabajar en esta búsqueda personal.
–Por supuesto. El aporte de cada persona hace a lo que ocurre en la totalidad de la comunidad. Los padres, los docentes y quienes trabajan en los medios de comunicación están creando mundos permanentemente. Su zona de influencia puede variar: los padres podrán tener uno o varios chicos, los docentes tienen una enorme influencia en la vida de treinta chicos durante muchos años, y la de los medios de comunicación puede ser inmensa. Cada uno de ellos está creando formas culturales en el presente y para el futuro. No sé si todos están conscientes de que esto es así y si hay un cuidado suficiente acerca del poder de su mensaje. Sin duda, el mejor uso de estos vehículos de comunicación se da cuando los vínculos sociales y profesionales alientan lo mejor de lo humano, como cuidar, ser solidario, respetar, compartir alegría, amar y crear para el bien común.
El corazón ¿siente?
Algunas investigaciones actuales definen al corazón como mucho más que un músculo. Si bien la ciencia consideró por muchísimo tiempo que este órgano solo estaba vinculado a lo emocional como una metáfora del arte literario, hoy parece surgir una vuelta de página: “En el siglo XXI, la ciencia y la espiritualidad empiezan a reencontrarse. La neurocardiología, un área reciente de la medicina, ha descubierto que el corazón tiene su propio sistema nervioso, una red neuronal tan sofisticada que merece ser llamada el cerebro del corazón. Este pequeño cerebro le otorga la capacidad de sentir, procesar información, decidir y, especialmente, enviar señales que incluyen sentimientos amorosos, felicidad, cuidado y aprecio. Existe una inteligencia del corazón”, sentencia la especialista en su libro.

Gran parte del trabajo de Aletheia hoy continúa en www.valoressinfronteras.com, una plataforma digital gratuita enfocada en la transformación personal y social.
Conocerse para iniciar el cambio
Empezar la tarea requiere algunas preguntas fundamentales. En uno de los capítulos de su libro, Alicia Dellepiane exhorta a los lectores a que busquen en su interior quiénes son, para qué están aquí y hacia dónde se dirigen.“Saber quién eres y elegir cómo ser te convierte en el diseñador de cada uno de tus días”, asevera. 

–¿Qué pasa cuando uno siente que estas preguntas son demasiado abarcativas o no sabe cómo responderlas?
–Es cierto que pueden parecer preguntas grandes; sin embargo, siempre pueden ser respondidas; solo que cada quien lo hará según su estilo, de manera más teórica o más práctica. Tuve una abuela superlativa en generosidad que me marcó profundamente. No creo que se haya formulado las preguntas, pero las contestó con ese rasgo de su identidad. Desde otro lugar, uno de los inventores más interesantes del siglo XX, Buckminster Fuller, se propuso en el peor momento de su vida, aún muy joven, que haría el mayor bien posible a la mayor cantidad de personas posible. Y lo hizo. Para responder a estos interrogantes la mente es tan válida como el corazón, y cuando se unen, surgen esas vidas excepcionales que caracterizan a las personas llamadas “autorrealizadas”.

–Suena sencillo en palabras, pero ¿cómo se logra el equilibrio entre la mente y el corazón?
 
–Nuevamente, es un tema de estilos personales. Una persona a la que la desbordan sus emociones debe encontrar la forma de aceptarlas y darles lugar sin ser poseído por ellas. Las personas que, en el otro extremo, son frías como el hielo tendrán que aprender a sentir para tener intercambios gratos con otros. Vivir con equilibrio es posible, es un aprendizaje que vale la pena realizar. La alegría se da en la coherencia entre mente y corazón. 

–En otro de tus libros, Manual de Esperanza, decís que el entorno, la arquitectura, la cultura y otros elementos sociales también influyen en nuestra construcción emocional…
–Claro. El intercambio entre lo interno y lo que está afuera es un proceso fascinante, de permanente retroalimentación. Por ejemplo, una arquitectura que respeta las necesidades humanas permite mayor bienestar y favorece la creatividad que, a su vez, lleva a que nazcan otros proyectos saludables. Si podemos pensar que, en el siglo XXI, el contexto de la vida personal es el mundo, no hay duda de que nuestra construcción emocional y el buen destino de la humanidad están profundamente unidos. El tema consiste en ser muy conscientes de este mensaje esperanzador.

Enemigos íntimos
La homeostasis y la procrastinación son dos procesos inherentes al ser humano que nos pueden jugar en contra a la hora de entregarnos a un cambio que nos lleve a la alegría auténtica. 

“La homeostasis es una tendencia al equilibrio que caracteriza a los organismos que se autorregulan. Es tan válida para lo físico como para lo psicológico. Por eso, la resistencia al cambio es natural, en particular cuando se trata de uno profundo y significativo”, explica Dellepiane en su libro. 

La procrastinación, por su parte, es la trampa en la que siempre caemos cuando algo nos da temor: dejarlo para después. “Este patear para adelante es una forma de manejar la ansiedad asociada con comenzar o completar tareas. Lo cierto es que responde más a miedos, autocrítica y resistencia pasiva que a una incapacidad real para realizarla”.

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte