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Sacar lo mejor de nosotros


Por Daniela Calabro.


Sacar lo mejor de nosotros
La mente humana es una caja de emociones complejas que, cuando se salen de su justa medida, dejan de ser saludables. Solo por nombrar algunas de ellas, podemos pensar en la ira, la angustia, el temor, la culpa, la ansiedad. ¿A alguien le suenan desconocidas? Claro que no, todos sabemos bien de ellas. Las conocemos cara a cara cuando nos sentimos culpables por no cumplir con todo lo que “deberíamos”, cuando tememos perder la aprobación del entorno, cuando no podemos controlar un enojo desmedido…y la lista sigue. 

Alejandra Stamateas, conferencista especializada en psicología femenina y temática de género, nos invita a desarticular esos estados de ánimo para que no se nos vuelvan en contra. En su libro Mis emociones me dominan nos cuenta cómo destrabar las emociones dañinas y cómo capitalizar lo que nos sucede a diario. 

“Lo que propongo es tomar las riendas y recuperar el control de nuestras vidas, porque tener todo el tiempo la sensación de que las cosas no funcionan como quisiéramos termina desestabilizando las emociones” Stamateas. 

–Solés contar que muchas personas se acercan a vos diciendo que lo tienen todo, pero que aun así no se sienten plenas. ¿Cómo se hace para manejar ese vacío?
–Lo que sucede es que en muchas ocasiones actúa el autoengaño. Cuando decimos: “Tengo lo que siempre quise, pero no lo disfruto”, tal vez, es porque no era lo que queríamos, sino que solemos dedicarle los logros a alguien más. Por ejemplo, al pensar que querías un título, quizá lo que querías, en realidad, era que tu pareja o tus padres estuvieran orgullosos de vos. Otro ejemplo de autoengaño son las parejas que, ante una crisis, ponen fecha de casamiento, pero luego la desdicha es más grande, porque no querían casarse, querían llevarse bien.  

–Entonces, ¿cómo saber qué es lo que queremos?
–Haciéndonos la pregunta correcta: quiero una casa más grande, ¿para qué? Quiero una pareja, ¿para qué? No debemos satisfacer necesidades incorrectas, ni mucho menos hacer lo que los otros piden de nosotros. En general las mujeres, más que los hombres, tienden a postergarse mucho por la familia, los hijos, los padres. Primero, para sentirse bien hay que estar feliz con uno mismo. 

–Pero eso muchas veces genera culpa. ¿Es esa una de las primeras emociones dañinas que hay que trabajar? 
–Hay personas que tienen que decir a todo que sí porque sienten que los derechos de los demás son más importantes que los propios; no quieren herir los sentimientos de nadie y terminan siendo víctimas de la manipulación. La culpa va de la mano del miedo al rechazo. Generalmente, tenemos miedo a decir que “no” porque no queremos desentonar. Pero por no ser malas terminamos siendo buenas víctimas. 

–La clave es priorizarnos…
–Claro. Está bien pensar en los demás, velar por los hijos y cuidar a nuestros seres queridos. Pero nuestros hijos miran primero cómo nos cuidamos a nosotros mismos; ese es el mejor ejemplo que les podemos dar. Reflexionar sobre eso nos ayuda a levantarnos cada mañana pensando en qué haremos ese día para cuidarnos un poquito más. Hay que transformarlo en un hábito. 

– ¿Qué otras emociones suelen estancarnos y desvitalizarnos?
–La tristeza o la angustia. El mayor problema es que, cuando las sentimos, tendemos a encerrarnos en una cárcel y darles la llave a los otros, como si de ellos dependiera venir a sacarnos. Sin embargo, es la llave de nuestra vida y nos pertenece. El llanto debe cambiarse por acción. Hay que moverse, en vez de rendirse.
 
–Imagino que no solo hay emociones que nos limitan, sino también aspectos de la personalidad que a veces nos juegan en contra. 
–Por supuesto. Uno de ellos es la necesidad de controlarlo todo, que no es ni más ni menos que el temor de que las cosas no sucedan como planeamos. Y asociado a esto viene el perfeccionismo, que hace que los fracasos y los errores nos torturen. Y, por el contrario, deberían servirnos para saber qué cosas no hacer más y en cuáles seguir insistiendo. Si no, caemos en la atención selectiva, que puede ser muy dañina. No se puedo controlarlo todo...

– ¿Qué es la atención selectiva?  
–Es cuando nos enfocamos en un detalle que salió mal. Entramos en una visión de túnel, en la que nos perdemos todo lo que tenemos alrededor y vemos solamente lo negativo. Frente a estos pensamientos, es preciso que cambiemos el eje y los neutralicemos. Porque, con el tiempo, uno termina enfocando todo con esa misma lente y llega a una conclusión errada: me va a ir mal. Y es un círculo vicioso, porque dejamos de lado todos los condimentos especiales que podríamos ponerles a nuestros días y las cosas se ponen cada vez peor. 

– ¿De eso hablás en tu libro cuando te referís a la personalización?
–Claro, es atribuirte todo lo negativo a vos: creer que sos la responsable de todos los dolores de la humanidad, de los problemas de tu casa, de los conflictos que tenés. Eso es ser omnipotente y es un error. Debemos dejar de creer que nuestra influencia es tan grande como para cambiar el mundo. Cada uno es dueño de sus decisiones. Y darnos margen para equivocarnos nos aleja de la culpa falsa.
  
–Es probable que en el intento de domar las emociones no triunfemos la primera, ni la segunda, ni la tercera vez. ¿La clave es ser perseverantes? 
–Estoy segura de que triunfan quienes frente a un “no” vuelven a intentarlo. Tal vez, están cerca de su logro y se trata de un pasito más. La perseverancia siempre será honrada con resultados. Y, aunque nos equivoquemos, la vida es una construcción y hay que seguir caminando. Todo llegará cuando deba llegar.

–En tu libro decís que somos un árbol que da frutos a su debido tiempo. ¿La ansiedad es una emoción dañina? 
–Sí, un árbol no da frutos todo el año; tiene sus etapas, sus temporadas; tiene tiempos de fruto y tiempos de poda. Y en la vida, hay que saber que existen los procesos. La ansiedad se combate paso a paso. Una de las claves es soñar grande, pero planificar en pasos chicos. Hay que programar todos los días pequeñas cosas por hacer, ya que a medida que se van cumpliendo, la ansiedad baja y la motivación crece. 

–Por último, decís que trabajar sobre nuestras emociones más dañinas nos permite vivir en libertad. ¿A qué te referís?
–Vivir en libertad es tomar decisiones propias, respetarlas y hacerlas respetar. Es invertir en uno mismo, aprender a darnos cosas buenas y, cada día, tener una actitud de expectativa porque lo que viene será mejor.
Vida propia
Otra de las emociones que suele atormentarnos tiene que ver con el desamor o con el temor a la soledad. “Muchos ponen todas sus expectativas en el sueño de formar una pareja y una familia, y eso no está mal. Pero cuando esa es la única fuente de felicidad, si no se concreta, la desilusión puede ser muy grande. La consigna para no caer en esta trampa es sencilla: tener vida propia. Porque cuando no la tenemos, salimos a buscar una persona que oficie de rescate o de guía. Y es entonces cuando establecemos relaciones de codependencia en la que el otro pasa a ser el aire para poder vivir. ¿El resultado? Ni uno ni el otro es feliz”, asegura Stamateas. 

“Cuando queremos mantener una relación a cualquier precio, cuando tenemos que mentir, negar el problema o soportar un montón de cosas de la otra persona para que el vínculo se mantenga, estamos convirtiendo nuestras vidas en una cueva de ladrones; estamos negociando mal y las que perdemos somos nosotras”, agrega.
A provocar
En su libro Mis emociones me dominan, Alejandra Stamateas no solo da consejos para dominar los quien dice. “Hay personas que son provocadoras. Son las que no esperan, las que provocan a la vida para que empiecen a sucederles cosas. Debemos ser ese tipo de persona y poner-le resistencia a la vida. Si no, la existencia se pone aburrida”.
Mujeres: Yo puedo
Madres, profesionales, buenas esposas, atléticas y siempre listas. Así desean ser las mujeres. El problema es que, en el afán de sentir autonomía, no saben pedir ayuda. “Las mujeres suelen querer resolver todo solas. Quieren hacer las cosas por su cuenta y se van cargando con todo aquello que les piden, aun cuando no están bien, física o emocionalmente. Y así es como van perdiendo el placer de lo que hacen, dado que no es lo que eligieron hacer sino lo que les imponen. Deben comenzar a expresar sus deseos y poner en acción aquellas cosas que les dan placer. Cuando uno expresa todo en términos de deseo, la gente responde de diferente manera, porque sabe que aquello que están pidiendo es su pasión. Deben cambiar el ‘necesito’ por el ‘deseo’. Desear es diferente de necesitar. Desear es muy bueno”, asevera Stamateas. 

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