Entrevista


Dejando huella


Por Juan Martínez.


Dejando huella 
Eléctrico, él es parte de un circuito energético que no tiene principio ni final. Va y viene entre un público exultante y la música omnipresente que sale desde los instrumentos y desde su garganta. Todo se retroalimenta y crece. El escenario es el lugar donde sucede la magia, donde Álvaro Teruel se siente pleno. “Hay nervios, algo de miedo, adrenalina, te exponés, la gente te mira. El escenario es fuego, te enciende, y la música tiene el poder de transformarte, de dejarte en un momento casi de oración, de meditación. Estás viajando, y las palabras y las notas hacen su juego. Es increíble”, suelta casi a borbotones, como intentando atrapar algo de esa sensación que nace y muere en una comunión con miles y miles de personas.

Con 28 años de edad, Álvaro ya lleva diez de carrera, desde que Jorge Rojas anunció su salida de Los Nocheros, y, casi automáticamente, Kike Teruel postuló a su sobrino como reemplazo. Mario (su padre) y Rubén aprobaron al instante la propuesta. “El ‘Negro’ Rubén nunca me había escuchado, pero me aceptó enseguida. Se corría la bola de que yo cantaba para las guitarreadas con amigos”, recuerda con gratitud. 

Álvaro habla de esas noches salteñas, abundantes en vino y canciones, que fueron, acaso, las divisiones inferiores antes de dar el salto a “primera”. Esas reuniones informales, en casas particulares o en la mítica La Casona del Molino (una enorme casa antigua ubicada en el centro de la capital salteña, donde en cada habitación hay algún intérprete espontáneo alrededor del cual se suman espectadores y nuevos cantores), se convirtieron en el currículum involuntario con el que llegó a uno de los grupos referentes del folclore nacional. Y con el que se prepara para encarar una nueva temporada estival y un año muy especial: en 2016, soplarán nada menos que las treinta velitas.

– ¿Alguna vez te imaginaste que te ibas a sumar a Los Nocheros? ¿Soñabas con eso?
–No, para nada. Yo los admiraba y pensaba que eran perfectos como estaban. Los grupos que más vi en mi vida fueron Los Nocheros y Los Piojos. Al margen de que allí estuvieran mi tío y mi padre, siempre los admiré como artistas. Yo tenía inquietudes artísticas, pero no sabía que las iba a desarrollar con Los Nocheros. A los 13 años me empecé a preguntar qué iba a hacer cuando fuera grande.

– ¿Y qué te respondías?
–Sabía que adentro mío había algo artístico; de hecho, tomaba clases de comedia musical. Un día estaba en el escenario, tirado en el piso, y me dije: “Acá quiero estar, haciendo esto, pero mejor”. No me sentía cómodo con cómo lo estaba haciendo, pero ya se había encendido algo. Ahí confirmé el camino. De chico siempre canté, me gustaba hacer sketches con mis hermanos, imitaciones… 

–Al comienzo era juego...
–Y tiene que seguir siendo así. Cuando cantás o tocás un instrumento, estás jugando. Después, hay otras responsabilidades, pero la música es la música, y hay que jugar. 

– ¿Cómo te sentís con el hecho de tener ya diez años de carrera? 
–Muy bien. Siento que ahora viene la parte que más voy a disfrutar, porque ya conozco los festivales, los secretos que tiene la profesión… Son cosas que te da el mismo rodaje. Sé cómo sacarle el jugo a mi garganta; en algún momento, eso fue como un trauma. Cuando arranqué con Los Nocheros tenía unos nódulos, pero aprendí a fortalecer mi voz, a cuidarla, a resguardarme en los viajes. También siento que puedo disfrutar más de la gente. Antes pensaba que todos me estaban mirando, que cualquiera podía hablar de mí, y un poco me incomodaba. Aprendí que no es así, que el mundo sigue girando. Ahora vivo como un regalo que se me acerquen, que vengan a saludarme, que me feliciten. Eso me infla el pecho. La gente siempre fue respetuosa conmigo.
Los referentes
A la hora de mencionar modelos a seguir, Álvaro no duda en poner a sus padres en el tope de la lista. Pero ellos no son los únicos a los que mira constantemente. “Yo lo veo a mi abuelo, con 70 y pico de años, que maneja su auto, ordena su casa, se va a jugar al snooker, disfruta. Me parece que por ahí va la cosa. También me gusta cómo se manejan algunos de los grandes del folclore, como Horacio Guarany, que con 82 años está en los mismos festivales que estoy yo, esperando con mucha energía detrás del escenario. Quizá mañana me pinta para otro lado, pero admiro eso de seguir haciendo y poniéndole tesón a todo”, admite.
Álvaro, el actor
Antes de entrar a Los Nocheros, Álvaro estaba muy interesado en la comedia musical. Es más, en una compañía salteña protagonizó Moulin Rouge e hizo de un John Travolta distinto en una adaptación de Grease. “Para bailar soy un queso, pero cuando cantaba la remontaba. Era un Travolta distinto, un Travolta cantor”, recuerda ahora entretenido.

Con Lucía, la maga, realizó ochenta funciones, lo que le dio el ejercicio que necesitaba para desarrollarse. Con esa misma obra, aunque con otro elenco, hizo luego temporada en Pinamar, en el que fue su primer trabajo pago como artista. Justo en ese momento, la gloria (léase Los Nocheros) le tocó la puerta, y la faceta de actor quedó en stand by hasta nuevo aviso.

– ¿Cuándo retomaste esta faceta?
–Me puse de novio, y ella se había ido a vivir a Buenos Aires. Yo siempre quise tomar clases en esa ciudad, así que aproveché su traslado y que yo ya tenía mi propio dinero. Con 22 años, no le tenía que pedir nada a nadie. Me sentía seguro para hacerlo. 

– ¿Qué buscabas en Buenos Aires?
–Es una ciudad que te hace soñar, te relaciona con una cantidad impresionante de artistas de primer nivel, te codeás con personas que admirás, frecuentás los mismos lugares… La llegada que podés tener es diferente. Además, pude apreciar recitales como los de Roger Waters, Queen, Joe Cocker, y muchísimas obras de teatro. ¡Y está Boca! Para mí ir a la cancha es importante. 

En lo que a actuar se refiere, Álvaro confiesa que todavía no siente como pez en el agua, pese a que se animó a tirar unos pasos de comedia con Adrián Suar, y participó de dos películas (Punto ciego y El mejor de no-sotros). “Necesito más recursos, todavía no llegué a definir mi estilo. Con el canto me pasó algo similar: si bien sigo abierto a seguir cambiando, es como que alcancé una forma de hacerlo que es mía, personal. Para ello, me ayudaron todos estos años en Los Nocheros. Como actor, nunca estuve en una obra entera mucho tiempo. Está bueno lo que hice hasta el momento, creo que avancé muchísimo, pero necesito ejercitarme más, agarrar ritmo. Al menos, me creo capaz”, desliza el cantante.

Volver

Si bien Los Nocheros tienen shows por todo el país (y, a veces, también en el exterior), Álvaro estuvo haciendo base en Buenos Aires durante estos últimos años. Esa situación cambió, y movió nuevamente su vida a Salta. ¿Por qué? Sintió el llamado de su tierra. “Hoy me tira más estar aquí. Quiero estar con mi gente, más cerca de Los Nocheros… Disfrutarlos más y que me disfruten. Me debo ir a meterme más en los cerros, dar vueltas, estar más tranquilo, componer. Tengo ganas de expresarme más, tengo ganas de hacer”, reconoce.

–Entre tus afectos está tu papá. ¿Cambió la relación desde que empezaron a trabajar juntos?
–Sí, es mucho mejor. Antes, tal vez, tenía pocos momentos con él, porque viajaba mucho, ¡como yo ahora! Quería estar todo el tiempo con él, pero se tenía que ir, no quedaba otra. Ahora nos relacionamos desde otro lugar, lo aprovecho el doble, lo veo todo el tiempo… A veces trato de no cansarlo, quiero seguir sorprendiéndolo. Tenemos una complicidad muy copada, muchos admiran cómo nos llevamos. Hay quienes sienten vergüenza o tienen reparos de hablar ciertos temas con sus padres; con el mío no me pasa. Cruzamos una frontera, sé qué cosas pasan por su cabeza, y él conoce cuáles dan vueltas por la mía. Podemos charlar de cualquier cosa.

El que viene será un año especial para el grupo, ya que cumple tres décadas de existencia. Los festejos incluyen un show renovado y, obvio, un disco nuevo. “Estamos buscando las canciones. Ya hicimos algunas maquetas en el estudio y creemos que llegaremos a estrenarlo en junio. En el verano vamos a andar por todos lados: Jesús María, Sauce Viejo, Embalse, quizá Cosquín”, adelanta. 

– ¿Qué te gustaría que te pase en lo personal?
–Estoy más en el día a día. Solitos están viniendo sueños nuevos que todavía no sé muy bien con qué tienen que ver. La vez pasada leí una frase que decía algo así como “Llenate de paciencia porque te tengo esperado algo grandioso”. Lo firmaba “El destino”. Me gustó porque yo soy muy ansioso, pero así como está mi vida, está perfecta. Me gusta este presente de satisfacciones, pero igual proyecto: me imagino padre, por ejemplo. No sé cuándo ni con quién, pero la idea está. Fantaseo con ser un viejito medio hippie, con los pelos parados, y una casa llena de chicos. Me veo caminado por San Lorenzo, o andando en bici, tranquilo, tomando sol. Sin molestar a nadie. Siempre con una sonrisa.
Galán
Seductor nato, Álvaro contó alguna vez que comenzó a estudiar teatro para conocer chicas. Su vida escolar transcurrió en un colegio exclusivo para hombres, por lo que tuvo que salir a buscar afuera. Y mal no le fue. A la hora de cantar, las mujeres son su público preferido. “La mujer es un ser poderoso, enciende cosas energéticas por el cuerpo. Para el cantante esa chispa es motivadora. A veces, estamos en una reunión de hombres, me piden que cante algo, y me cuesta entonar ‘Voy a comerte el corazón a besos’. Por suerte, siempre hay mujeres en los shows”, suspira entre risas el cantante.

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