Entrevista


“Vivo la actuación como un aprendizaje”


Por María Sol Oliver.


“Vivo la actuación como un aprendizaje”
La escena comienza dentro del bar del Centro Cultural Cooperación, frente al emblemático Teatro San Martín, un sábado caluroso y húmedo. Pilar Gamboa es una de las actrices jóvenes más multifacéticas del momento que, pese a su bajo perfil, viene mostrando su talento con pasos sólidos y cada vez más notorios.

El año pasado fue su gran año y está de festejo. Cosechó muchos aplausos y reconocimiento en la obra de teatro Vigilia de noche, del dramaturgo sueco Lars Norén, versionada y dirigida por el prestigioso Daniel Veronese. 

En la obra, ella se lució junto a sus compañeros de elenco Luis Machín, Mara Bestelli y Walter Jacob. "Se armó un gran grupo de trabajo", dirá más adelante sobre la experiencia y se confesará ultrafan, particularmente, de Luis Machín y Veronese. 

Ya en la segunda vuelta de café, hablará de todos los trabajos que trajo aquel 2015, ubicará en el presente sus años de actuación –que no son pocos– y los pondrá en perspectiva.

Hasta hace muy poco estuvo presentándose con su grupo teatral Piel de Lava, con el que genera proyectos desde hace mucho tiempo. 

Además participó en algunos capítulos de Signos, el unitario de El Trece, protagonizado por Julio Chávez, y tuvo sus primeros protagónicos en cine. Uno de ellos fue El Pampero, de Matías Lucchesi, también con Chávez. El de El Incendio –ópera prima de Juan Schnitman que se estrenó en mayo– es un protagónico absoluto porque aparece en casi todos los planos. Por este papel fue nominada como mejor actriz en los Premios Sur que otorga el INCAA. Además, desde hace tiempo viene rodando el filme La Flor, con Mariano Llinás como director. 

"La verdad que sí, trabajé mucho. Me encanta actuar. La actuación es el único lugar de mi vida donde siento cierta seguridad", admite honesta y con simpleza, dos conceptos clave en ella.

Desde que en 2011 "saltó a la fama" por la alta exposición que obtuvo cuando encarnó a la agente secreta Violeta Morano en la telecomedia Los únicos, intercala televisión, cine y teatro casi sin pausa. Pero no se marea y parece mantener inalterable su eje en medio de los períodos en los que se juntan y se interceptan muchas propuestas, así como en aquellos otros en los que el teléfono, tal vez, no suena demasiado.

"Hace 13 años que hago teatro de manera interrumpida. No hubo un año en el que no hiciera una función de algo, me mantengo muy activa. Genero y autogestiono proyectos propios con mis grupos de trabajo y con el tiempo aprendí a confiar en que las puertas, en lo que al trabajo se refiere, se mantienen en movimiento –explica y agrega–: Vivo cada proyecto como si fuera el mejor del mundo, le pongo todo y lo disfruto". Sonríe y dice que se considera una trabajadora y que va de a poco. Paso a paso ‘como una pequeña hormiguita’".

–Tenés una mirada centrada en el presente, en el aquí y ahora...
–En general, en la actuación soy puro presente. Los actores que admiro son los que están ahí vivenciando la escena, en pleno presente. Esa es la sabiduría que, incluso, quiero conseguir en la vida. Ojo, me cuesta, pero vivir así, buscando eso, me quita ansiedad, y uno también tiene que generar herramientas como para no angustiarse todo el tiempo. Creo que las cosas te van llegando en determinado momento de la vida para aprender algo, como las parejas, como el amor. Las personas se van encontrando y siempre te dejan alguna enseñanza para poder seguir adelante. Vivo la actuación de esta manera, como un aprendizaje.

–¿Cómo fue tu llegada a la tele?
–Primero, fue de grande porque yo ya tenía 30 años. El pasaje fue bastante natural. Vino a verme al teatro un productor de Pol-Ka, Diego Andrasnik. Me llamó y me hizo la propuesta. Era para hacer una participación especial en Para vestir santos interpretando a la novia del personaje de Celeste Cid. Yo dije que sí y ahí arranqué. No hice casting ni nada. Después me ofrecieron participar en Los únicos, que fue mi primera tira.

–Y?eso difirió mucho de todo lo que venías haciendo, ¿no?
–Sí, estuvo buenísimo. Fue una experiencia bizarra y divertida porque el oficio de la tele lo aprendí ahí. Yo no tenía ni idea de cómo era. Es muy diferente a nivel actuación. La tira televisiva tiene algo de gimnasia actoral, tenés que decidir y resolver en el momento. No podés tomarte grandes tiempos para pensar. Se filma un capítulo por día. La tele en sí misma tiene esa cosa de inmediatez que el teatro no.

–No es lo mismo tener al público mirándote, que cámaras alrededor...
–Claro, todo eso lo aprendí ahí. Me lo enseñaron mis compañeros. Si bien ya había hecho cine, la televisión es muy diferente y te juro que en un momento no entendía nada. Todo el tiempo decían: “Corten, corten”, “Pero ¿qué pasó, si dije todo el texto bien?”, preguntaba. “¡Lo tapaste a Nicolás Cabré!”, me decían. Nico Cabré fue muy copado conmigo.

–De los trabajos en tele, ¿Los únicos fue el más importante? 
–Tiempos compulsivos fue el más importante para mí. No tenía nada de rating, pero fue el que más me marcó. Tenía un “elencazo” (Fernán Mirás, Rodrigo de la Serna, Paola Krum, Gloria Carrá, entre otros). Agradecía todos los días poder ir a trabajar con ellos y verlos actuar. Se armó un grupo humano hermoso y eso es importante para mí porque la actuación es una actividad muy colectiva.

–Tuviste dos primeros protagónicos en la pantalla grande en un solo año, ¿cómo los viviste?
–El primero que hice fue El incendio. Estuvo recontra bueno porque pasa algo muy particular en los rodajes, por los vínculos que uno arma. Se forman grupos de trabajo de mucha intensidad, muy lindos. Cuando te toca interpretar un rol secundario, entrás quizás una semana después, ya todos están inmersos en “ese mundo” y no lográs engancharte tanto. Sentí que recién con esta película podía entender un rodaje de una manera más global. Lo bueno del protagónico fue eso, que pude aprender un poco el oficio del cine, la lógica de trabajo, la dinámica de construcción del personaje.

–Y verte cuando ya está toda la película hecha debe ser un flash.
..
–Yo siempre veo errores. Soy muy autocrítica, me cuesta mucho. Después me relajo, pero al principio uno se mira mucho a sí mismo. En televisión, en cambio, no suelo verme.

Pilar Gamboa nació en Buenos Aires en 1980. Comenzó sus estudios de teatro con Alejandro Catalán, Cristian Dut y Ricardo Bartís. Actuó en varias obras de teatro y ganó premios, como el María Guerrero, Teatro del Mundo, Clarín revelación, Trinidad Guevara. Integra dos grupos de teatro independiente: Piel de Lava y compañía el Silencio. En cine participó en películas como Lo que más quiero, de Delfina Castagnino, por la que fue distinguida por el BAFICI como mejor actriz, y Vaquero, de Juan Minujín. Este año tuvo sus protagónicos en El incendio, rol con el que ganó el Premio Sur a mejor actriz, que otorga el INCAA, y El Pampero, que coprotagonizó con Julio Chávez.
Vocación
A veces es difícil recordar el momento exacto en que se asoma al exterior aquello que estaba ahí, latiendo por dentro. Sin embargo, tarde o temprano, las cosas salen a la luz. Algo así le ocurrió a Pilar con la actuación. Primero probó anotarse en el Conservatorio de Arte Dramático donde no pasó el ingreso. Antes ya había tenido un “intento fallido” con la carrera de medicina en la UBA.

“Me deprimí un poco y fui al Rojas a hacer Iniciación Teatral. También me anoté en Letras. Recuerdo una vez cuando tuve que pasar a actuar en una improvisación: muy tímida, me mandé. En ese momento me surgió una felicidad interior inexplicable. No hay palabras para expresar lo que sentí. Empecé a entender que esto era espectacular”, recuerda con una sonrisa. 

Después vino la escuela de Bartís, el entrenamiento con Alejandro Catalán y “descubrí otro mundo, encontré a mis amigos, mi gente. Tenía 19 años”. No es casual que ahora, a los 35, los proyectos que decide encarar tengan que ver más con la intuición, con el deseo tan interior y tan profundo que le hizo clic aquel día. "Me guío por eso. Es muy loco lo que me pasa porque, en general, me llegan materiales para actuar, afines a algo que está pasando en mi vida personal, eso es rarísimo y está bárbaro”.
En la tele
De la escena under saltó a la fama cuando protagonizó Los únicos en 2011. Ya un año antes había hecho una participación especial en el unitario de Pol-Ka, Para vestir santos. Luego participó en El Donante, que se emitió por Telefe. En 2012 volvió a El Trece para incorporarse al elenco de Tiempos compulsivos. Protagonizó un capítulo de Historias del corazón y recientemente formó parte de Signos, el unitario en el que Julio Chávez se puso en la piel de un asesino serial.

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