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La hora de la acción


Por Manuel Torino.


La hora de la acción
En París, el mundo reconoció su responsabilidad por el calentamiento global y se comprometió a bajar las emisiones. Cuáles son los modelos más inspiradores en el mundo y qué podemos hacer los ciudadanos para ayudar.

Al final, los desastres naturales no son tan naturales. Desde hace décadas, la ciencia viene aportando evidencias al respecto. Por ejemplo, la comunidad científica atribuyó catorce catástrofes del año 2014 al cambio climático, incluyendo huracanes en Hawai, inundaciones en Indonesia y... una ola de calor en nuestra querida Argentina. Sí, para los expertos, ese ardiente verano –el más caluroso de los últimos cien años según los registros, que azotó el norte y el centro del país, causó tres muertos y generó cortes de luz durante semanas– fue "cinco veces más probable" debido al calentamiento global, según un informe de la Sociedad Meteorológica de los Estados Unidos. 

Aquel recordado verano (aunque no hace falta irse tan atrás) es apenas un botón de muestra de lo caro que resulta el cambio climático. Según cifras de las Naciones Unidas, en las últimas dos décadas a nivel global, 606.000 personas perdieron la vida y 4100 millones resultaron heridas, se quedaron sin hogar o necesitaron que los asistieran de emergencia como corolario de algún desastre meteorológico. 

Y finalmente, ante la acumulación de pruebas y estadísticas, el mundo reaccionó. Fue en la histórica Cumbre del Clima de París, hace un mes, en la que 195 países no solo reconocieron que este gran problema existe, sino que admitieron que el aumento de la temperatura y sus consecuencias son responsabilidad del hombre. 

Con el ambicioso acuerdo, todos sus firmantes se comprometieron a bajar las emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global. El objetivo general es lograr que, a finales de siglo, la temperatura media se mantenga entre 1,5 y 2 grados con respecto a los niveles preindustriales. Y en particular, cada país deberá impulsar un plan integral para reducir las emisiones. Entre ellos, la Argentina.

Sin embargo, según coinciden los especialistas consultados, nuestro país cuenta con escasa práctica en la implementación de políticas ambientales para combatir el cambio climático. De hecho, en muchos ámbitos, el negacionismo frente al calentamiento global aún persiste y las inversiones en fuentes de energía parecen ir a contramano del mundo. Las cifras son elocuentes: el 87 % de la generación eléctrica de la Argentina se obtiene quemando combustibles fósiles, la peor práctica posible para la atmósfera. Hoy apenas el 1 % de la matriz de generación de energía eléctrica es renovable, de acuerdo con cifras del año 2014 de Cammesa, el organismo regulador del mercado eléctrico. 

Ante semejante desafío, la pregunta se impone: ¿qué podemos aprender los argentinos de los otros habitantes del Planeta en la lucha para mitigar el cambio climático? 
La gesta uruguaya
Para encontrar ejemplos inspiradores en materia medioambiental no hace falta ir muy lejos. Del otro lado del Río de la Plata, Uruguay es considerado uno de los referentes globales por su política de energías limpias. En la última década, el pequeño país sudamericano de 3.400.000 habitantes transformó su matriz energética a base de fuentes fósiles, como el petróleo y el carbón, en una donde predominan las energías renovables, como la eólica y la solar. "El 95 % de la electricidad que consumen los uruguayos actualmente proviene de fuentes renovables", sostiene Ramón Méndez, titular del Sistema Nacional de Respuesta al Cambio Climático y jefe de la delegación charrúa en la cumbre de París, donde cosecharon los halagos del mundo al presentar sus resultados. Por su parte, Hernán Nadal, Director de Comunicación y Movilización de Greenpeace en la Argentina, reconoce: "Los avances de Uruguay son notables y se destacan ampliamente en comparación con otros países de América Latina".

Incluso, en 2016 Uruguay podría llegar a ser el país del mundo con mayor porcentaje de energía eólica en su oferta energética. Según las proyecciones, sus quinientos molinos aerogeneradores aportarán un 35 % en promedio de la demanda anual, desplazando de la cima del podio a Dinamarca y relegando a potencias desarrolladas como España y Alemania. 

"Lo importante no es la calidad del viento ni la tecnología utilizada. Aprendimos que la clave para generar energías renovables a buenos precios tiene que ver con las condiciones de bajo riesgo que ofrecemos", dice Méndez en referencia a la estabilidad política y económica del vecino rioplatense.
Alternativas solares
Los paneles de energía solar se integran cada vez más al espacio público de todo el país. Lo que antes era una rareza destinada a recónditas zonas rurales, hoy se está convirtiendo en una opción urbana accesible. La energía solar fotovoltaica consiste en transformar energía lumínica proveniente del sol en energía eléctrica. No solo es limpia y renovable, sino que ayuda a reducir el costo de la factura de luz en hogares y lugares de trabajo. "Es una fuente de energía renovable que tiene la ventaja de poder implementarse con mucha rapidez", explica Rodrigo Herrera Vegas, cofundador de Sustentator, una empresa de soluciones energéticas renovables. En tanto, los expertos ambientales coinciden en que en el Noroeste de la Argentina, el recurso solar es tan abundante que, con la tecnología adecuada podría responder a toda la demanda eléctrica del país.
Buenos vecinos
Al respecto, el último informe energético de la World Wild Fund (WWF) en América Latina destacó el liderazgo de Uruguay en la reducción de emisiones de carbono. Sin embargo, no está solo: el reporte menciona también a Chile, Brasil, México y a Costa Rica como los protagonistas de "una silenciosa y compleja revolución energética". Precisamente, los costarricenses se propusieron ser el primer país de América latina que prescinda de hidrocarburos para su red eléctrica en un 100 % para 2016. Según la WWF, están cerca de conseguirlo y además están derribando uno de los principales mitos de la energía verde: que las fuentes renovables son más caras que las fósiles. 

Del otro lado de la Cordillera también soplan vientos de cambio en materia energética. Gracias a una batería de políticas que apuntan a promocionar las inversiones y a regular el mercado a favor de iniciativas limpias, nuestros vecinos chilenos se posicionan como una potencia emergente en energía eólica. Hacia 2025, el 20 % de su electricidad se podría generar a partir de fuentes renovables.

A pesar de que el país trasandino y la Argentina comparten obvias características geográficas y climatológicas en la Patagonia, la alternativa eólica todavía no hace pie por estos pagos. "Lamentablemente no existen los incentivos en una zona que posee todas las características apropiadas para su desarrollo –sostiene Mariano Aguilar, titular de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas de la Patagonia. Y agrega–: El problema es que la Argentina no tiene una política definida y aplicable sobre el cambio climático". 
Cambio de paradigma
Por su parte, Emiliano Ezcurra, exdirector de la Fundación Banco de Bosques, celebra la aparición de liderazgos ambientales en la región, pero señala: "Son países que no mueven la aguja respecto del cambio climático. Lo que no nos deja dormir tranquilos es lo que está pasando con la contaminación en la India, en la China o en los Estados Unidos". 

El caso de Europa es uno de los más paradigmáticos a la hora de transformar su matriz energética, señalan los especialistas. Países industrializados como Alemania, Francia y España demostraron que es posible una transición hacia un formato más sustentable, sin que aquello interfiera en el desarrollo económico.

"Sin duda la política energética de Alemania es digna de imitar y en realidad también la de muchos países de la Unión Europea, donde han incrementado enormemente el aporte de la energía solar y la eólica –opina Manuel Jaramillo, director de Conservación de la Fundación Vida Silvestre. Y agrega–: En Alemania, en particular, uno puede ver campos solares y que cada pequeña ciudad o aldea tiene techos solares donde sus propios habitantes pueden producir la energía que van a consumir y los excedentes los pueden administrar para venderlos a la red eléctrica de la ciudad". 

En el caso de España, ni la crisis financiera de los últimos años pudo detener el cambio verde que ya se había iniciado a principios de siglo. Y ahora que la economía comienza a mostrar signos de reactivación, los molinos aerogeneradores de energías limpias florecen a la vera de las autopistas en las zonas costeras de la península ibérica. La isla de El Hierro, la más occidental de las Canarias, es un faro en materia de sustentabilidad: actualmente logra vivir 200 días al año sin petróleo en su matriz energética e incluso su parque automotor se está volviendo verde. Mariano Rajoy encarnó
el cambio de paradigma al que se suman figuras de las más diversas ideologías. Pasó de declarar años atrás que "el cambio climático no era un gran problema mundial" a considerarlo "el mayor reto al que se enfrenta el Planeta" y a anunciar en París una ley ambiental similar a las de Gran Bretaña y los Estados Unidos para hacerle frente tamaño desafío. 

Como sostienen los especialistas consultados, con el histórico acuerdo climático de París, la mayoría de los países del mundo se comprometió a tomar el camino del desarrollo sustentable. Y la Argentina, aseguran, no será la excepción. 

Ezcurra, una de las voces ambientales más respetadas, afirma: "Estamos técnicamente muy bien posicionados para poder sumarnos a las metas de la cumbre de París a partir de la promoción de energías renovables. El foco debe estar puesto en su crecimiento, en el transporte sustentable y en la protección de los bosques; está todo por hacerse". 

Por su parte, desde la Fundación Vida Silvestre, Jaramillo reflexiona: "Es fundamental que se quiebre el paradigma sobre la antinomia entre el desarrollo y la conservación. Hay que entender que es posible desarrollarse de forma sustentable, sin comprometer a las generaciones futuras".
Consumo consciente
La lucha contra el calentamiento global es responsabilidad de los estados y también de todos nosotros. "Cualquier ciudadano puede aportar, por ejemplo, adquiriendo electrodomésticos etiquetados como 'Clase A' tanto en aires acondicionados como en cocinas, lavarropas, heladeras o calefones, lo que permite que se reduzca mucho el consumo de energía eléctrica", explica Manuel Jaramillo, de Fundación Vida Silvestre. Al respecto, la ONG lanzó una herramienta de consulta online para incorporar la eficiencia energética a los hogares. El sitio www.toptenargentina.org ofrece al consumidor la información necesaria para que pueda sumar la variable del consumo de energía al momento de comprar un nuevo equipo. Concientizar es clave.

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