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Modo vacaciones


Por Carolina Thibaud.


Modo vacaciones

Sol, arena blanca, agua transparente… y un teléfono en la mano. Quien no se sienta identificado, que tire la primera piedra. Es que vivimos quejándonos de que no tenemos un minuto, de que entre el trabajo y las obligaciones sociales no nos queda tiempo para estar en familia, pero apenas la rutina cotidiana nos da un respiro y nos permite tomarnos esas tan ansiadas vacaciones, no podemos despegarnos de las múltiples pantallas. Teléfonos, tablets y computadoras nos llaman cual canto de sirena y en vez de jugar a la pelota con los hijos o compartir una charla con un amigo, nos la pasamos chequeando el mail, leyendo el diario online o googleando datos innecesarios.


Y eso que, según una encuesta de Hotels.com, los argentinos estaríamos entre los más dispuestos a dejar las pantallas de lado: mientras que en Tailandia (los más dependientes), el 85 % de los encuestados necesita estar conectado durante las vacaciones, en la Argentina solo el 22 % pretende contar con wifi durante el descanso.


Pero más allá de porcentajes, los expertos advierten que no resulta tan extraño que nos cueste bajar algunos cambios cuando finalmente nos tomamos unos días: estamos tan acostumbrados al ritmo vertiginoso de nuestra vida cotidiana que es hasta normal que se nos haga difícil adaptarnos al paso más lento de las vacaciones.


“Una de las razones por las que nos cuesta tanto desconectarnos de la rutina es que no paramos ni descendemos nuestro ritmo de trabajo durante todo el año. Generamos el hábito de estar ‘enchufados a 220’ a lo largo de cada jornada, sin darnos respiro ni descanso, agotando nuestros recursos internos de energía. Apretamos a fondo el acelerador durante el año entero y cuando llegan las vacaciones, pretendemos desacelerar y frenar. ¡Y esto no es posible!,” explica Silvio Raij, coach ontológico e instructor de Mindfulness. Y así, en vez de aprovechar estos días tan ansiados, nos encontramos peleando con la pareja e hijos, discutiendo qué hacer, cuándo, y todavía conectados con el trabajo y la rutina, aunque estemos a miles de kilómetros de casa.


Pero las vacaciones son un momento único para repensarnos y reconectarnos con lo que realmente queremos. ¿Estoy contento con mi vida? ¿Qué me gustaría cambiar durante este año? ¿Es posible modificarlo? Aprovechemos el ritmo más lento de estos espacios de descanso para disfrutar de la familia, cortar con nuestras obligaciones y cargar pilas para un año lleno de cambios positivos.

Aquí, una guía para entrar en modo vacaciones y disfrutar.

El destino

Los expertos advierten que una correcta elección del lugar es una de las claves para pasarla bien. Lo importante es buscar el adecuado a todos los miembros del grupo. Un recorrido de 15 días por veinte capitales europeas puede no ser lo más apto para una familia con niños pequeños, por más ganas que los padres tengan de conocer París. Y una cabañita en una playa desierta suena a destino soñado… hasta que un marido hiperactivo no sabe qué hacer con tanto tiempo libre. Porque aunque sea necesario desconectarse de la rutina si queremos que resulten vacaciones verdaderas, esto no tiene por qué implicar tirarse en la playa panza arriba. La idea es que el destino brinde distintas opciones para que todos disfruten: que los adolescentes puedan socializar, que los más chiquitos encuentren tiempo y espacio para jugar, que los deportistas tengan dónde explotar su pasión por transpirar la camiseta y que los que prefieren el libro a la sombra también cuenten con esa opción. “Ante todo, es importante elegir un lugar en el que los chicos se encuentren con otros de su edad, tengan actividades apropiadas para ellos y puedan disfrutar con seguridad de la autonomía que tienen acorde a la edad de cada uno –afirma Marilen Stengel, experta en temas de género–. Después, hay que buscar algunas actividades para hacer todos juntos. Incluso con los adolescentes se pueden acordar almuerzos o excursiones que le permitan a la familia pasar tiempo de calidad y relajarse: es una manera de reforzar la idea de que juntos la podemos pasar bien”, concluye. Pero compartir el tiempo no implica necesariamente pasarla bien. Para eso, habrá que hacer un pequeño esfuerzo y reenfocar la atención en el momento presente. “En Coaching lo llamamos ‘presencia’. Es la capacidad de poner nuestra atención en el aquí y el ahora. Estoy presente en la situación en la que me encuentro desde mis tres dominios: cuerpo, emoción y lenguaje/mente”, explica la coach de Estación ID, Denise Muchnik. Y es aquí que la tecnología es un obstáculo.


Algunos tips para desconectar de verdad

•Dejar la tablet y la computadora en casa y viajar solamente con el celular.


•Poner reglas claras y sin excepciones válidas para toda la familia. Por ejemplo, durante las comidas no se utilizan pantallas.


•Dejar el celular en la habitación o la cabaña para evitar chequear el mail 100 veces por día. Si es necesario, dedicar media hora a temas laborales en un momento del día que reservamos para eso.


•Para los que se animan a desconectarse de todo, optar por un destino que no ofrezca wifi (o que por lo menos no sea gratuito).

Desconectar: si o no

Excusas para no despegarse del celular hay miles. Y muchas de ellas son muy válidas, sobre todo para quienes trabajan de manera independiente y no tienen en quién delegar. Pero quienes asuman el compromiso de relajarse de verdad durante las vacaciones deben saber que tendrán que limitar de manera sustancial el contacto con el trabajo y la rutina que quedaron en casa.


Si no es posible desconectarse del todo, los expertos recomiendan dejar el teléfono en la habitación y chequear los mails una o dos veces por día. Se puede también dedicar una media hora diaria para responder a lo urgente, para avisar a nuestro interlocutor que estamos de vacaciones. En este sentido, la posibilidad de dejar predeterminado un mensaje de ausencia (“me encuentro de vacaciones y vuelvo el xx…”) es también muy útil para darle un bien merecido descanso a nuestra cabeza.


Pero lo más triste es que gran parte del tiempo que muchos de nosotros pasamos online durante este corto periodo no tiene nada que ver con el trabajo y las obligaciones. Pasar horas mirando fotos de primos terceros en Facebook y perderse el paisaje maravilloso que tenemos enfrente es uno de los males de nuestro tiempo. ¡Si hasta tiene un nombre! Se llama FOMO (en inglés, Fear of Missing Out) y se refiere a una sensación de ansiedad que produce el estar desconectado del mundo virtual, una suerte de miedo a perderse lo que está ocurriendo. “No podemos pedirles a nuestros hijos o pareja que quieran salir a dar un paseo o a almorzar con nosotros si vamos a estar pegados a una pantalla. La conectividad en esas situaciones deja solos y frustrados a quienes nos acompañan, o los lleva a pegarse a una pantalla también ellos. Y entonces, la pregunta es, ¿para qué nos encontramos si cada uno va a estar con otro que no es a quien tiene enfrente?”, se pregunta Stengel. La experta advierte, además, que si optamos por vivir “enchufados”, es eso lo que les enseñamos a nuestros hijos. “Y es una pena, porque la conexión no es comunicación. La comunicación es artesanal, requiere de nuestros sentidos y emociones, de estar presentes”, afirma.


Lecturas descontracturantes

Arte Terapia Libro para Colorear 1 (Richard Merrit): Los libros para colorear para adultos son tendencia en todo el mundo. La experiencia creativa ayuda a liberar tensiones.


Mindfulness en la era del miedo y la ansiedad (Clara Badino): Una introducción a la práctica de Mindfulness por una de las embajadoras de la disciplina en la Argentina. Para volver a la rutina con una nueva perspectiva.


Usar el cerebro (Facundo Manes): La neurociencia está de moda y este es otro de los best-sellers que prometen. El autor propone “conocer nuestra mente para vivir mejor”.


De viaje por Europa del Este (Gabriel García Márquez): Publicación postmortem del legendario autor latinoamericano, es la crónica de un viaje que realizó García Márquez por los países socialistas de Europa oriental durante la década de 1950.

Preparar un gran año

Además de la posibilidad de conectar con la pareja o la familia, las vacaciones son una oportunidad interesante de conectarnos con nosotros mismos, señala Muchnik. Según la coach, ese es un gran momento para dedicarle tiempo “a lo importante”. “A veces, priorizamos tanto lo urgente en nuestra vida laboral, que vamos pateando lo importante para ‘cuando tengamos tiempo’. Quizás las vacaciones son ese tiempo: pensar, reflexionar acerca de la persona que fui y diseñar la que quiero ser puede resultar un lindo ejercicio”. Silvio Raij coincide en que este es un buen momento para hacer un balance. “El fin de un año puede ser una oportunidad única para reflexionar sobre lo que hemos hecho durante el último tiempo: los resultados que obtuvimos, lo que podríamos mejorar, lo que deberíamos continuar haciendo y lo que deberíamos dejar de hacer. También es un momento óptimo para revisar nuestras relaciones, para conversar y arreglar lo que anda mal y consolidar lo que ha funcionado bien”, explica.


A veces, el paso más lento y el tiempo libre nos permiten, incluso, reflexionar sobre algunos temas que durante el año dejamos en segundo plano. Unas vacaciones en la naturaleza pueden darnos el empujón que necesitábamos para mudarnos fuera de la ciudad, o animarnos a dejar un trabajo demasiado estresante y optar por otro que nos permita pasar más tiempo con la familia. Pero de lo que no cabe duda es de que a las vacaciones hay que disfrutarlas a pleno. Trabajamos y ahorramos todo el año para contar con estos días de paz, así que ninguna excusa es válida para impedirnos pasar un verano a full.

Esos raros deportes nuevos

Para todos aquellos que odian la idea de que el verano es para tirarse en la playa panza arriba, una serie de deportes nuevos que permiten refrescarse durante los meses de calor. Para practicar durante las vacaciones o durante el fin de semana en la ciudad, estas son algunas de las opciones:


Hockey subacuático: Mezcla de buceo y hockey, es una excelente opción para quienes disfrutan de abajo del agua y el objetivo es que una suerte de tejo entre en el arco del equipo contrario. El deporte cuenta con fanáticos en CABA, Mendoza, Santa Fé, Rosario y otros puntos del interior. Para más información, visitar la página web de la Asociación de Hockey Subacuático Argentina (ahsa.org.ar)


Flyboard: Este deporte es una suerte de ski acuático aéreo, ideal para los amantes de la adrenalina. Quien lo practica se para sobre una tabla conectada por una manguera a una moto de agua. La manguera canaliza el agua y la presión que genera lo hace elevarse hasta doce metros de altura y después puede volver a bajar y volver a subir. Para ver videos de este deporte verdaderamente sorprendente y conocer más acerca de esta disciplina, el sitio web de la Federación Argentina de Flyboard es www.skyflyboard.com.


Aeroyoga: Para los que prefieren las disciplinas de bajo impacto, el aeroyoga es una mezcla de yoga y pilates pero realizada sobre un columpio. Según Aeroyoga Argentina, puede practicarlo cualquier persona, sin importar su condición física: los ejercicios se adaptan a cada uno. Para más información: www.aeroyogaargentina.com.


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