Investigación


Brillantemente diferentes


Por Juan Martínez.


Brillantemente diferentes
Ser dueño de un altísimo coeficiente intelectual es una bendición, pero también un desafío para insertarse en la sociedad y ser aceptado. Una asociación nuclea a los genios de nuestro país. Cómo son, qué piensan, qué hacen.

Héctor Roldán era un chico difícil para las maestras: siempre estaba inquieto y las clases no parecían interesarle en absoluto. De ninguna manera podía decirse que fuera un mal alumno, pero sí uno bastante molesto. Los reiterados llamados de atención no surtieron efecto, y Héctor quedó al borde de la expulsión del colegio. Sus padres, entonces, lo llevaron de gira por distintos doctores hasta que uno le diagnosticó un déficit de atención. Pero el niño no padecía ningún síndrome, sino que era (y sigue siendo) excepcionalmente inteligente. Más inteligente que el 98 % de las personas.

Recién a sus cuarenta años pudo atar cabos y darse cuenta de su particularidad, gracias a un test de cociente intelectual (CI), cuyo resultado le permite ser, hoy, miembro de Mensa Argentina, una entidad que reúne a personas con un CI igual o mayor a 148: o sea, a quienes integran el 2 % más inteligente de la población.

“En el sistema educativo hay una enseñanza que va a un ritmo específico. Como él ya había entendido todo, se aburría y se distraía. No tenía un problema de atención, sino que le explicaban tres o cuatro veces algo que él ya había comprendido la primera vez”, explica Nicolás Tato, presidente de Mensa Argentina, una organización sin fines de lucro que nació en 1946, en Inglaterra, fundada por Roland Berrill y Lancelot Ware. 

Desde sus inicios, los tres grandes objetivos de Mensa son: identificar y promover la inteligencia; investigar su naturaleza; y crear un ambiente que fomente la actividad intelectual de sus socios. El nombre procede del latín, ya que “mensa” significa “mesa”, y alude a la mesa redonda del Rey Arturo, donde no había jerarquías entre quienes se sentaran a su alrededor. En la actualidad, cuenta con más de cien mil miembros, distribuidos en un centenar de países de todo el mundo. 

La historia de Mensa en la Argentina comenzó a fines de la década de los noventa, cuando miembros de la casa madre desembarcaron por estos pagos para tomar algunos tests. En aquel momento, el psicólogo Carlos Allende se convirtió en el primer argentino en formar parte de esta sociedad. Cuando superaron los noventa miembros, decidieron dar el salto e inaugurar la filial local que, desde 2006, reúne a algo más de trescientos individuos. “Si en el país somos alrededor de cuarenta millones de habitantes, el dos por ciento de la población –la que es pasible de integrar Mensa– son ochocientas mil personas. Hay muchísima gente por encontrar”, agrega Tato.

Pero ¿qué es la inteligencia? Si bien hay diversos matices y agregados según la disciplina que quiera conceptualizar esta facultad, a grandes rasgos se la puede relacionar con la capacidad de entender, aprender, razonar y tomar decisiones. Pero no de cualquier manera. La definición de Tato está muy cerca de la que ofrecen los diferentes diccionarios: “Uno puede ver cómo habla una persona y deducir que es inteligente, pero, en realidad, la inteligencia no es saber mucho sobre algo o hablar bien. Es la capacidad de pensar más rápido y con mayor profundidad. Es algo que no se ve, es intangible”. 

Como sucede con casi todo lo que nos rodea, en la comunidad científica surgió el interés por cuantificar la inteligencia, por asignarle valores para determinar cuál es la promedio, y, por consecuencia, cuándo se es excepcionalmente inteligente. En 1912 el psicólogo alemán William Stern fue quien introdujo el concepto de CI (cociente intelectual), luego utilizado por el estadounidense Lewis Terman y otros investigadores para desarrollar los test que, con distintas variaciones y revisiones, se siguen empleando para medir a niños y adultos.

“Uno puede ver cómo habla una persona y deducir que es inteligente, pero la inteligencia no es saber mucho o hablar bien. Es la capacidad de pensar más rápido y con mayor profundidad. Es algo intangible”  Nicolás Tato.

Por su invisibilidad, no es fácil advertirla aunque todos supongamos que  percibimos la inteligencia de manera simple. La (aún) escasa cantidad de miembros que ostenta Mensa por estos lares no se debe a la falta de candidatos capaces de superar el test de ingreso requerido, sino, precisamente, a la dificultad de percibirse a sí mismos como seres fuera de lo común. Ah, y a la falta de herramientas que se brindan para ello. “No es como medir dos metros y darse cuenta de que uno es alto. La gente que tiene CI elevado no necesariamente se da cuenta, porque uno mide con la vara que tiene. Desde nuestra perspectiva, nosotros somos la normalidad”, sintetiza el presidente Nicolás Tato.

El inconveniente es que, como en el ejemplo de Héctor Roldán, muchas veces los chicos superdotados son vistos como hiperactivos, excesivamente inquietos e incluso, molestos. A veces su cualidad termina transformándose en un inconveniente por resolver en lugar de ser una ventaja para desarrollar y aprovechar.

Es en este punto donde los menores adoptan distintas estrategias. Algunos caen en el “efecto Pigmalión”, que consiste en disimular sus capacidades para camuflarse entre los demás y dejar de ser señalados como “diferentes”. Después de contestar siempre primero –y bien– todas las respuestas de la maestra, y empezar a ser vistos de reojo, comienzan a hacer las cosas mal a propósito para no destacarse y seguir encajando en el grupo. Es decir, “van a menos” como un instinto de supervivencia.

Otros, en cambio, deciden resistir, no dejan de lado sus particularidades y hasta las exacerban, provocando choques constantes con el resto de la clase. “Yo tenía una visión de las cosas completamente distinta que los demás. Era una especie de rebelde que no claudicaba, no aceptaba simular… ¡Quería ser como era! Por eso terminaba sufriendo bullying. Si vos opinás siempre algo contra la corriente y nadie te entiende, la cosa se pone densa”, recuerda Roldán.

Por su parte, Tato esgrime: “Los chicos con elevado CI tienen un alto sentido de la justicia y de la empatía. Yo era así, y esas intenciones de querer arreglar todo con el diálogo y razonando me provocó muchas gastadas. Eso es algo común entre los que formamos parte de Mensa: los únicos miembros que dicen que nunca sufrieron bullying son los que miden más de un metro ochenta…”.


“No es como darse cuenta de que uno es alto. La gente que tiene CI elevado no necesariamente se da cuenta, porque uno mide con la vara que tiene. Desde nuestra perspectiva, nosotros somos la normalidad”. 

Grupo de pares
Por todo lo anterior, Mensa no se trata de un grupo con pretensiones elitistas, sino de un colectivo con el natural fin de brindar un espacio de contención. Allí, cada uno puede desarrollar su inteligencia, ponerla al servicio de los demás y nutrirse de las de los otros. Pueden hablar de sus características similares y compartir los problemas en común.

Constantemente, los miembros dictan cursos, presenciales u online, sobre sus áreas de especialización. Hay quienes enseñan teorías de juegos (la mayoría de ellos son jóvenes de entre veinte y treinta años), otros explican corrientes filosóficas, y también están quienes dictan clases sobre mercados de capitales e inversiones. “Yo soy abogado, pero también me interesa mucho la filosofía antigua, y aquí encuentro el espacio donde charlar de esto con otras personas”, afirma Tato.

Como para ingresar a Mensa hay que ser mayor de dieciséis años, Roldán, junto a otros miembros de la entidad (Carlos Allende, Hernán Freedman, Marina Torres, Noemí Brenta, Federico Pacheco y Pablo Sanmartin Gil), forjó una asociación para contener a aquellos niños con alto CI y a sus familias: CreaIdea nació con este propósito en marzo de 2002. “Es un espacio para que los padres puedan hablar de este tema sin que los miren raro, porque cuando uno dice que su hijo tiene problemas porque es muy inteligente, no es muy bien observado. Para los chicos también es un ámbito donde se vinculan con pares. En CreaIdea no tienen que disimular, pueden ser tal cual son”, comenta Hector Roldán, muy orgulloso.

En algunas ciudades del país, como el caso de Rosario y Córdoba –donde se registran muchos miembros de la entidad–, se organizaron de manera regional y tienen reuniones periódicas, sin necesidad de trasladarse a Buenos Aires. En otros lugares, como La Pampa, Tucumán, Mar del Plata, Bahía Blanca o Mendoza, el contacto se mantiene, principalmente, vía Internet.

A nivel mundial, Mensa constituye una gran familia: cada miembro que viaja al exterior se pone en contacto con la filial local, donde es asesorado para que sepa manejarse en la ciudad a la que arribó. “Es como si te recibiera un primo”, compara Tato.
Famosos e inteligentes
A nivel internacional, hay muchas celebridades que formaron o forman parte de Mensa: desde el director de cine Quentin Tarantino hasta la actriz porno Asia Carrera, pasando por el nadador británico Adrian Moorhouse (ganador de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1988). También puede sumarse a la lista al exsargento del ejército de los Estados Unidos, Adrian Cronauer, en cuya historia se basó el mítico personaje interpretado por Robin Williams, en el filme Buenos días, Vietnam. ¿Y qué pasa en nuestro país? Nicolás Tato, presidente de la filial argentina de Mensa, desliza que muchos prefieren mantener su identidad en reserva, ya que temen que su membresía sea vista como pedantería. Aunque asegura que no son tantas las celebridades nacionales, pero sí hay varios reconocidos autores de libros.
Entidades similares
Si bien es una de las pioneras, Mensa no es la única asociación de superdotados existente en el mundo. De hecho, hay varias, con distintos objetivos y requisitos. Hay algunas a las que es todavía más difícil ingresar, ya que exigen un CI mayor a 171 (The Pi Society), 175 (OLYMPIQ Society), 190 (Giga Society) o 200 (Grail Society), que apuntan a gente con una inteligencia superior al restante 99,99% de los mortales. También están las asociaciones específicas, en las que, además de poseer un alto CI, es necesario compartir determinados intereses, que pueden ir desde la creatividad (Vinci Society o ISI-S Society) y la poesía (Poetic Genius Society) hasta la invención (genyo.org). Incluso, hay asociaciones que representan una red de asociaciones, como el caso del Grupo Alianza Mexicana por la Sobredotación.

Quienes crean que están en condiciones de ingresar a la organización, deben hacer clic en www.mensa.com.ar. Allí se puede hacer un test orientativo online para tener un parámetro del coeficiente intelectual (si no alcanza para entrar a Mensa, al menos sirve como entretenimiento). Los exámenes de ingreso suelen tomarse en Buenos Aires, pero también hay pruebas en Córdoba y Rosario, en fechas anunciadas en el sitio web.

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