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Trekking acuático


Por Federico Svec.


Trekking acuático
El canyoning consiste en caminar desafiando la fuerza de un torrente. Esta actividad, que suma cada vez más entusiastas, se practica en determinados puntos del país. Viajamos a una reserva natural tucumana para intentarlo.

San Miguel de Tucumán, cuna de la independencia argentina e ícono de la industria azucarera, es la capital de la provincia más pequeña del país. Desde allí salimos, en dirección norte, para recorrer el dique El Cadillal, uno de los mayores atractivos por estos lares: una villa veraniega creada para los visitantes y los locales, allá por el año 1957. 

En pleno corazón de la selva, se encuentra el sector de cañones, donde nos espera Pablo Zelaya Huerta para realizar canyoning. “Durante algunas horas, vamos a estar colgados de unas cuerdas, desafiando nuestros límites, nuestra destreza y nuestro coraje, y mejorando nuestra habilidad para poder continuar el recorrido. Vamos a hacer un sistema de cuerdas, rappel y jumar, y utilizaremos arneses, cascos, y poleas para poder sujetarnos mientras transitamos barrancos y cascadas de cincuenta metros”, nos adelanta quien trabaja como guía en Montañas Tucumanas.

La emoción que se siente con esta experiencia es indescriptible; hay que vivirla para poder contarla. ¿Pero qué es específicamente el canyoning? También conocido como canyoneering (su nombre genérico internacional en inglés), es una actividad que engloba otras disciplinas outdoor. En España, se lo llama “barranquismo”, y en Colombia, “torrentismo”.

Sí, aunque es un trekking que se hace caminando hacia abajo por un cañón, se lo suele llamar con ese nombre. En rigor, sería un canyon trekking, y canyoning se refiere a los descensos más técnicos, aquellos en que, sin dejar de caminar, se requiere, además, trabajo de cuerdas (como abseils o rappels), porque se hace en cañones donde el agua fluye con fuerza en forma de torrente. En América del Sur, se práctica, por ejemplo, en Chile, Brasil, Ecuador, Colombia y, por supuesto, en la Argentina. En cada uno de estos destinos, cada vez son más los que se animan a la aventura.

“Actualmente, en la Argentina, solo dos lugares son ideales para esta actividad: el río Manso, en Bariloche, y la Reserva Natural Aguas Chiquitas, en la provincia de Tucumán. Me acuerdo de la primera vez que lo hice: fue hace ya un tiempo, en 1995. Teníamos poco material especial para acceder a estos sitios, experimentábamos con cuerdas estáticas compradas en ferreterías y un sistema de bloqueador con unos mosquetones de acero”, explica Zelaya Huerta, un experto en el tema. 

A mediados de la década del 90, el canyoning no existía como actividad del turismo de aventura. “La motivación era el instinto de exploración, que nos movilizaba para adentrarnos en la naturaleza y tratar de descubrir el secreto de atravesar cañones”, recuerda Zelaya Huerta. Y prosigue: “Es una actividad intensa, que requiere destreza. Es ideal para aquellos que tienen ganas de superar sus límites. En el canyoning confluyen el agua, las rocas, los sistemas de cuerdas y una diversidad de paisajes de ensueño dentro de la selva de yungas tucumanas. El tiempo estimado de actividad puede extenderse entre seis y ocho horas. Aunque hay un camino previsto para el canyoning, el recorrido exacto, la duración de las etapas y la elección de itinerarios alternativos quedan supeditados a las condiciones del clima y a las capacidades del grupo”.
¡A la aventura!
Tucumán se encuentra al noroeste del país. Limita al norte con Salta, al este y al sur con Santiago del Estero, y al oeste y al sur con Catamarca. Verde y tupida por donde se la mire, y con algunos de los paisajes más paradisíacos del país, se divide en áreas geográficas dignas de ser exploradas. 

O sea:?no hay dudas de que estamos en el destino indicado para hacer canyoning. En esa selva de la que hablábamos al principio, se pueden diferenciar cuatro sectores para encarar este trekking “pasado por agua”. El primero de ellos es el que más cuesta: la humedad del 90% en Tucumán hace que los niveles de esfuerzo lleguen hasta límites casi imposibles… ¡Es una dura entrada en calor! Se trata de un trekking que dura entre una hora y media y dos, en la selva de yungas, donde cada excursionista carga su material de barrancos: casco, arnés y descensores, que se acompañan de agua mineral y raciones de marchas. 

El segundo sector es el más colorido: con rocas florecidas de vegetación y la selva que acompaña a cada lado, es el inicio del barranco, donde se encontrarán un par de rocas gigantes que deberán sortearse de lado, para luego continuar sobre un piletón de unos cuatro metros. Hay que pasar nadando para atravesarlo sin inconvenientes. Luego viene un área de rocas, de aproximadamente un kilómetro de extensión. Es plano, pero muchas de las piedras son resbaladizas, por lo que requiere estar muy atento al atravesarlas (sí, en esta zona, se transita sobre el agua).

El tercer sector quizá sea el más entretenido. Aquí se inicia el desnivel y los obstáculos técnicos, con algunos saltos de dos a tres metros, y con piletones de agua que hay que atravesar nadando. Algunos de los saltos se pasan con sistema de rappel, y en otros… ¡se puede saltar al agua!

Para terminar, afrontamos el último sector, que es el más atlético. Sortearlo implica una mayor intensidad de ejercicios. Entre las rocas y la selva tupida, hay dos piletones grandes; se utilizarán cuerdas para pasarlos, o se saltará. Después, hay selva de yungas y un último piletón para despedirse de un día a puro canyoning.
Reserva natural Aguas Chiquitas 
Se creó en 1982 y tiene 740 hectáreas. Ubicada a tan solo tres kilómetros de El Cadillal, permite conocer los últimos ambientes del Bosque de Transición de Tucumán (un ecosistema casi desaparecido), el arroyo de aguas cristalinas con un yacimiento paleontológico del que se extrajeron fósiles de mamíferos y cocodrilos, y un inmenso chorro de agua con una caída de más de 40 metros hacia el piletón, que constituye la mágica cascada entre árboles y plantas de variadas especies.
Canyoning en la Reserva Provincial Aguas Chiquitas
Esta alternativa tiene un nivel de dificultad exigente, lo que significa que demanda un requerimiento físico moderado. Es un programa ideal para personas con buen estado atlético (y de salud, por supuesto). Durante el canyoning, cada participante transporta una mochila de 45 o 35 litros, para las provisiones del día y el porteo de los equipos. Se utilizan cascos, arneses y poleas por seguridad. Las horas de caminata son tiempos promedio y toman en cuenta paradas breves (esto variará según el ritmo de marcha del grupo). Se trata de una salida grupal. No suelen formarse grupos numerosos; de hecho, se busca que sean reducidos para maximizar la calidad de atención. En general, son salidas de dos a cinco personas.

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