Investigación


Te llevo conmigo


Por Dolores Gallo.


Te llevo conmigo
La tecnología wearable está sorprendiendo en el mundo entero. Son dispositivos súper inteligentes que se llevan en el cuerpo, facilitándonos el día a día y cuidándonos la salud. Los especialistas auguran que, en no mucho tiempo más, hasta los tendremos dentro de nosotros para monitorearnos a cada hora. ¿Cómo? Pase y lea.

Wearable. Busque la palabra en Google: no tardará en darse cuenta de que el término corre como reguero de pólvora en la Red de Redes. Es que para muchos, este es el futuro de la tecnología. ¿De qué se trata? De objetos que llevaremos puestos, y que ejecutarán un sinfín de funciones para hacernos el día a día más fácil. Sí, híper conectados como nunca antes.

El mercado de los wearables, u objetos “ponibles”, explotó en los últimos años, integrando la tecnología tanto a la moda como al estilo de vida. El hecho de que Amazon, el gigante del comercio electrónico, haya abierto una tienda exclusiva de wearables habla por sí solo. Lo cierto es que la tecnología “ponible” va mucho más allá de los smartwatches o pulseras deportivas: ya existe en el mercado una cantidad infinita de productos wearables con usos impensables, pero muy útiles.

Anteojos de realidad virtual, lentes de contacto que miden el nivel de glucosa, guantes y telas integradas con sensores que potencian la productividad del trabajador –a la vez que aumentan su seguridad– son algunos de los que aparecen en la lista. Incluso, hay expertos que auguran que, en poco tiempo más, en lugar de tener que ponernos los objetos inteligentes, podremos llevarlos incrustados debajo de la piel. 

Pero ¿qué es exactamente la tecnología wearable? En términos generales, se trata de dispositivos u objetos que se incorporan en alguna parte de nuestro cuerpo para interactuar con nosotros mismos o con otros dispositivos, ejecutando una función concreta. Son muchos los productos que caben dentro de esta definición: tal como explica el bloguero Rafael Pérez, autor de wearabletech.es, existe un ecosistema wearable donde se establecieron diferentes categorías: “Smart Bands”, “Smartwatches”, “Anteojos inteligentes”, “Joyas”, “Ropa” y “Headgear” (para la cabeza). “A la vez, hay tres subcategorías: ‘Estilo de vida’ –mejoran o simplifican las tareas y actividades diarias–, ‘Entretenimiento’ –proporcionan placer al usuario en forma de música, juegos o películas– y ‘Salud y bienestar’ –dan una visión al usuario sobre salud o ejercicio físico–. Los campos que abarca la tecnología ‘ponible’ se extienden desde la industria y el desarrollo militar hasta el sector de servicios, el turismo, un pequeño negocio u ONG”, explica Pérez.

¿Se trata?de una moda o una necesidad? “Un poco de ambas”, afirma Frederic Alluin, director de Intelygenz, empresa que desarrolla aplicaciones para wearables. “¿Tiene algún sentido que un objeto se venda por millones en la preventa, sin siquiera antes ser probado por los usuarios? Aquí, claramente, hay un efecto moda. No es malo, ya que permite alcanzar rápidamente una masa crítica de dispositivos y usuarios. Entonces, hay más inversión en este mercado, más esfuerzos por encontrar la mejor app para cada dispositivo, optimización en cuanto al hardware, bajada de precios de los componentes…. Pero esto también responde a determinadas urgencias. Pongamos el ejemplo de los smartwatches, que son el wearable más vendido: la necesidad de desconectarnos del móvil es real. El smartwach tiene como principal objetivo devolvernos la parte de nuestra vida que el móvil nos robó, porque nos permite acceder a microinformación y realizar microtareas –inferiores a los cinco segundos–, que nos facilitan el hecho de ‘quedarnos’ en nuestra vida real”, diagnostica Alluin. Y completa: “Por otro lado, existen infinidad de wearables que responden a necesidades muy concretas, como los sensores deportivos que utilizan los runners para hacer un seguimiento exhaustivo de sus datos físicos durante el ejercicio”.

No hay dudas de que el fenómeno de la tecnología wearable está en expansión. “Poco a poco, tiene una acogida mayor. Se pasó de una fase de desconocimiento generalizado a un desembarco de grandes empresas que quieren sumarse a esta movida. Recordemos que Facebook pagó dos mil millones de dólares por Oculus, la firma que desarrolla smartglasses de realidad virtual”, agrega Pérez.

No obstante, de conocer a poseer hay un trecho. “El mercado de lo wearable se encuentra todavía en su infancia: apenas un tres por ciento de los norteamericanos mayores de 16 años posee un smartwatch o smartband. Y, según nuestras investigaciones, de entre los que no tienen, solo un cuatro por ciento muestra intenciones de comprar uno en los próximos doce meses. Las principales razones para no adquirirlo son el alto costo y el hecho de que, para muchos, sus smartphones ya hacen todo lo que necesitan”, subraya Carolina Milanesi, de Kantar Worldpanel, consultora líder en investigación del consumidor. Y advierte:?“Muchos asumieron que los dispositivos ‘ponibles’ reemplazarán a nuestros teléfonos. Eso es incorrecto porque, si bien pueden hacer varias de las cosas que logran los smartphones, estos no dejarán de ser, al menos a corto plazo, el principal dispositivo personal de comunicaciones”.
Lo que hay y lo que viene
La tecnología wearable tiene sus antecedentes, y no hay que irse muy atrás para dar con ellos. De hecho, las pulseras de actividades ya llevan un tiempo en el mercado (desde que fue lanzada en 2007, la Fitbit vendió más de veinte millones de unidades). Pero cada vez más se están convirtiendo en instrumentos súper tecnológicos que, entre otras ventajas, miden la performance, los hábitos de sueño, y llevan un seguimiento de las calorías que quemamos o las distancias que recorremos. ¿Esto lo puede hacer un smartphone? Claro que sí, pero la diferencia está en que la pulsera se lleva puesta: con solo mirarnos la muñeca, obtendremos la información.

El caso de los smartwatches merece un capítulo aparte por ser el producto estrella, que llevó a la tecnología “ponible” al público en general. Innumerables personas lo vinculan con el Apple Watch. Una investigación de Kantar Worldpanel concluye que la marca de la manzanita fue la primera en ser asociada a lo wearable, cuando la categoría existe mucho antes que su producto insignia. “Fue el Pebble Watch, proyecto de la plataforma de crowdfunding Kickstarter, el que, en el año 2012, estableció la categoría tal como la conocemos hoy en día. Esto es, como la definen los consumidores: esos objetos que utilizamos en la muñeca como los relojes y que te permiten ejecutar aplicaciones”, aclara Milanesi. 

Estos relojes superinteligentes lograron una sincronización total con los smartphones, por lo que basta mirarnos la muñeca para chequear y recibir notificaciones, llamadas, mails y monitorizar toda suerte de métricas. 

Otro de los referentes en el mundo wearable son los anteojos o cascos de realidad virtual. El Oculus Rift lleva al usuario a un mundo nuevo en tres dimensiones, con un campo de visión de trescientos sesenta grados. No solo está pensado para los videojuegos, sino para sacarle provecho en áreas como medicina, ingeniería o marketing. Y no podemos dejar de mencionar los Google Glass, que se manejan utilizando solo la voz: se puede contestar mensajes, sacar fotos, buscar rutas… ¡Toda la información frente a nuestros propios ojos! 

En materia de salud, la tecnología “ponible” también pica en punta. Veamos el proyecto de lentes de contacto inteligentes de Google que, mediante un pequeño sensor, ayudarían a los diabéticos a medir constantemente su nivel de insulina en las lágrimas. Millones de pacientes dejarían de pincharse a diario y mejorarían su calidad de vida. 

Algo similar ocurre en el rubro “industria”. El Proglove es un guante inteligente que potencia la principal herramienta de los profesionales: sus manos. Mediante un sistema de sensores, permite a los trabajadores en producción y logística trabajar más rápido, con más eficiencia y de forma más segura. La empresa Ohmatex es líder en textiles inteligentes. Con sus productos, los fabricantes de uniformes y productos de seguridad para el trabajo pueden contar con sensores que advierten sobre gases peligrosos o altas temperaturas.

La mayoría cree que el futuro de lo wearable se traduce en una persona que lleva puesta toda suerte de artilugios súper inteligentes que le solucionarán la existencia. En rigor, el objetivo es conseguir desarrollar una tecnología que ni siquiera podamos ver y que funcione como plataforma para integrar todas las funciones. Tecnología que, en vez de llevarla alrededor de la muñeca, se integre directamente a nuestro cuerpo. Sería algo así como llevar por dentro un laboratorio, que, constantemente, esté haciendo pruebas y tomando mediciones mediante sensores. Y sin que nos demos cuenta. Increíble, pero ¿real?
Carne y uña
Gadi Amit, de la reconocida consultora de diseño NewDealDesign (responsable de Fitbit), pensó en las limitaciones de los dispositivos wearables. Una sería que el usuario tiene que tomar la decisión consciente de ponerse el objeto antes de que el aparato en cuestión empiece a trabajar. Pero ¿qué pasaría si, en cambio, pudiéramos llevarlo incrustado en nuestro cuerpo? Amit imagina que así será la nueva generación de wearables, y de ese modo fue como nació el Underskin Project. De momento, se trata del siguiente concepto: un tatuaje digital diseñado para ayudarnos en todos los aspectos de nuestras vidas, desde abrir cerraduras y realizar pagos hasta entender nuestras emociones e intercambiar datos con el solo hecho de estrecharnos la mano. “Creemos estar a cinco años de que esto se haga realidad. Es el comienzo de una historia muy, pero muy interesante”, confesó Gadi Amit.

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