Entrevista


“Soy una chica de barrio”


Por Carmen Ochoa.


“Soy una chica de barrio”
A fuerza de talento, Natalie Pérez se hace un lugarcito en el espectáculo local. Simpática 100 %, bien lejos del mote de “la mala de las novelas”, revela sus emociones y proyectos. Una actriz que brilla con luz propia.

Con cero aires de divismo, Natalie Pérez llega a la entrevista junto a su hermoso caniche gigante, Rope. Juegan, posan para la cámara del fotógrafo, se divierten. Natalie también le dedica su mejor sonrisa al mozo que nos atiende en el bar donde nos reunimos. Por lo que bastan un par de escenas para comprobar que su personalidad dista diametralmente de los malvados personajes que suele interpretar en la pantalla chica. “La verdad es que yo disfruto de una vida relajada, pero siempre me tocan personajes que viven montadas sobre zapatos de taco alto, maquilladas y reproducidas. Por eso, aspiro a que mis próximos papeles se acerquen más a mí: una chica de barrio, siempre en zapatillas, sin maquillaje”, afirma la joven y talentosa actriz, quien se destacó como Eva Monti en la exitosa telenovela Esperanza mía, haciendo de contracara de la multifacética Lali Espósito.

Como cualquier niña, a Natalie la encandilaban las luces del espectáculo: quería estudiar teatro y actuar en televisión. En su caso, el sueño no quedó en una fantasía trunca, sino que ella se arremangó hasta cumplirlo. “A los diez años le dije a mi mamá que quería ser actriz, y empecé a estudiar teatro y comedia musical. ¡Iba a todos los castings! Los que más recuerdo son los de Cris Morena, porque eran multitudinarios. Se formaban como cinco cuadras de cola, con miles y miles de chicas acompañadas de sus madres. Una locura”, evoca. 

– ¿Y tu mamá te acompañaba siempre? ¡Una santa, la verdad!?
–Al principio no le gustó nada mi decisión y me decía que no, que yo tenía que estudiar. Le aseguré que iba a cumplir con los estudios, pero me planté en que quería actuar. Me gustaba de verdad y quería intentarlo. No era un capricho momentáneo.

–Eras muy chiquita, tenías tiempo para probar lo que quisieras...
–Sí, aunque creo que las decisiones más importantes de mi vida las tomé a los diez años y no ahora, que tengo 29. Realmente estaba convencida de lo que quería hacer, pero mi mamá no siempre podía llevarme a las pruebas. Presentarme en una de ellas podía demandar horas de espera, y quizás solo era para dejar un currículum y una foto. Así que, cuando ella no podía, le pedía el favor a mi abuela, a mi tía, a mi papá… ¡Al que pudiera! (risas).

Gracias a su talento y fuerza de voluntad, la pequeña Natalie logró ese ansiado lugar en la troupe de Cris Morena. Una vez elegida, debía perfeccionarse, así que continuó formándose en un taller de canto y baile, hasta que le llegó la oportunidad de interpretar a Victoria, en Chiquititas, una pequeña malvada (cuándo no…) que hostigaba y le quitaba el novio a una de las protagonistas: Luisana Lopilato. 

– ¿En qué te solés inspirar para componer a una “chica mala”?
–En definitiva, todo está dentro de mí, por lo que analizo qué características de mi personalidad pueden aportarle algo a ese papel. Eso no significa que yo sea una malvada, pero en la vida cotidiana tampoco tengo la misma forma de ser con todos. Y aunque mi esencia sea siempre la misma, puedo reaccionar de distintas formas. La clave está en que uno pueda transformarse ante cada situación. Durante los últimos años me tocó interpretar a locas histéricas, gritonas, malas… ¡Ya no sé qué inventar! (vuelve a reirse).

–Natalie, ¿te da miedo quedar encasillada en los mismos roles?
–Sí, obvio. Tampoco me agradaría que el público se crea demasiado mi personaje y suponga que puedo ser así realmente. A veces, me juega en contra ser la mala de la novela; encima ahora todo se potencia más a través de las redes sociales. 

– ¿Te afecta la opinión que puedan tener sobre vos?
–A veces sí, pero trato de no involucrarme tanto con la mirada ajena. No soy de tomar muy seriamente la opinión de personas que no me conocen; menos aún si la expresan a través de una computadora. Sobre todo, porque no saben de verdad quién soy o cómo me comporto en la intimidad. Entonces, trato de que no me importe esa confusión que se le crea al espectador. Sí valoro mucho cuando alguien cercano me habla bien o mal de mi trabajo, pero no cuando la crítica proviene de un desconocido. 

– ¿Alguna vez fantaseás con la idea de trabajar en otra profesión? 
–Yo amo actuar, es mi pasión, pero intento mantener ciertos límites pensando que es un trabajo más. Tener un novio que no pertenece al medio está buenísimo para poder separar estos dos mundos. Es como una especie de cable a tierra. De todas formas, soy un ser humano como cualquier otro: cuando estoy trabajando a full, sueño con poder descansar, y cuando estoy sin trabajo, solo ansío poder volver al ruedo. ¡Así somos todos! Nos quejamos cuando hace frío, pero también cuando hace calor. 
Barajar y dar de nuevo
Hasta que se esconda el último rayito de sol del verano, Natalie disfrutará de unas merecidas vacaciones en Brasil, junto a su novio Ramiro. Le llueven ofertas para la pantalla chica y el teatro, pero ella prefiere bajar un cambio, esperar y analizar bien el próximo pasó. “Necesitaba escaparme de la vorágine de la ciudad y de la rutina para respirar un poco de aire nuevo. Mi cuerpo lo necesita, pero también mi cabeza para volver a crear y regresar con todas las pilas a moldear mi próximo personaje”, revela.

– ¿Cuál fue la mayor enseñanza que recogiste hasta ahora?
–Que siempre se aprende. De lo bueno y de lo malo. Lo que tenés que hacer y lo que no tenés que repetir. Y yo aprendí mucho. Desde que comencé a trabajar, asimilo cosas de cada programa u obra de teatro. 

En 2015, Natalie fue parte del boom Esperanza mía. La telenovela protagonizada por la pareja que conforman Lali Espósito y Mariano Martínez se posicionó rápidamente como un suceso que traspasó el prime time de la televisión: funciones de teatro, disco con la banda sonora del programa, álbum de figuritas, disfraces y hasta el cotillón completo para festejar cualquier cumpleaños infantil. 

“Fue un año muy jugoso y de gran exposición. La novela fue un boom y trabajamos tranquilos. La temporada de teatro, con gira incluida, fue una experiencia increíble, con mucha gente en todos lados cantando las canciones de la tira”, repasa Natalie. Y cuenta: “Fue la primera vez que no hice casting para conseguir un papel. Ya había trabajado para Pol-Ka en Guapas, en donde interpreté a otra mala: Cinthia Míguez. Cuando me llamaron directamente para hacer el personaje de Eva, me sentí muy orgullosa porque volvieron a confiar en mí. Cuando te dan una nueva oportunidad, te ponés muy contenta”.

 –Sinceramente, ¿pensaste que iban a vivir semejante hitazo?
–Estaba segura de que no iba a tener término intermedio: podía ser un éxito o un fracaso. Amén de Lali y Mariano, había un elencazo: Gabriela Toscano, Rita Cortese, Ana Maria Picchio y Carola Reyna, entre muchísimos otros. ¡No podía fallar con tanto talento reunido en un solo lugar! Así que, sí, suponía que existían muchas posibilidades de que nos fuera bien. Pero los fenómenos no se explican.
Haciendo camino
“Comencé a trabajar y casi no paré. Soy bastante inconformista y siempre creo que puedo hacer las cosas un poco mejor”, confiesa Natalie. En teatro se destacó en Alicia, un país de maravilla, Operación Caperucita, Roperos SA, El diluvio que viene (se ganó el premio Hugo al Teatro Musical, en el rubro Revelación femenina”), Cenicienta, un cuento musical, Camila, nuestra historia de amor y La misma sangre. Con Swingers, canciones con swing, se dio el gusto de ganar otra vez en los Hugo, esta vez como Mejor Intérprete Femenina. Es que el canto es algo en lo que suele despuntar, también con talento (grabó la canción patria “Aurora”). 

Su trayectoria en la pantalla chica es más conocida: Chiquititas, Dr. Amor, Rebelde Way, Frecuencia 04, Sálvame María, Una familia especial, Consentidos, Graduados, Mi amor, mi amor, Los vecinos en guerra, Guapas y Esperanza mía, entre otros envíos.

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