Viaje


Verde europeo


Por Daniela Calabró.


Verde europeo
Casi todos encargados por la realeza de los siglos dorados, los parques y jardines del Viejo Continente cautivan por sus flores, sus estanques, sus esculturas y su espectacular simetría. Conservados a la perfección y dueños de un paisajismo exquisito, son los oasis urbanos predilectos de locales y turistas.

Los excesos y ambiciones del rey Luis XIV dejaron un legado que deberemos agradecer eternamente: el Palacio de Versalles. A cuarenta minutos de París (Francia), es una de las obras arquitectónicas más hermosas del mundo, en la que los jardines son absolutos protagonistas. Creados en el siglo XV, ocupan más de ochocientas hectáreas en las que se distribuyen estanques, fuentes de aguas danzantes, un enorme canal y el famoso y único invernadero de naranjos llamado L’Orangerie. La simetría, la elegancia y la espectacularidad de estos jardines fueron una fuerte inspiración para otros parques del planeta. 

Otra casa real cuyos parques son dignos de conocer es el Palacio Pitti, en  Italia. Allí se “esconde” el Jardín de Bóboli, el mayor espacio verde de la ciudad de Florencia. En cada uno de sus rincones, se respira historia: fue residencia de las dos grandes familias florentinas, refugio de Napoleón y casa de los reyes de Toscana; y, en la actualidad, es una galería de arte. Diseñado con vetas renacentistas y barrocas, fue abierto al público en 1766. Vale la pena visitarlo para deslumbrarse con sus largos senderos, con un anfiteatro en donde tuvieron lugar las primeras óperas de la Humanidad y con varias grutas que albergan pasadizos sorprendentes.

A casi trescientos kilómetros de allí, en Milán precisamente, hay otro parque emblemático: el Sempione. Si bien se sitúa detrás del Castillo Sforcesco, no fue dominio de reyes, sino que fue pensado como lo que es hoy por hoy: un gran espacio verde para todos los milaneses. Creado en 1890, ocupa unas 47 hectáreas completamente parquizadas, en donde el sol encuentra, a partir de la primavera, a centenares de lugareños y turistas. Exquisitamente diagramado, además de árboles centenarios de diversas especies, tiene un lago artificial, un acuario y un anfiteatro en el que se realizan espectáculos musicales y deportivos. Eso sí: todas las fotos se las roba el Arco della Pace, levantado allí mucho antes que el parque para celebrar la paz tras la caída de Napoleón.

Imposible pasear por Italia sin hacer una escala en Roma. Al norte de la ciudad, se despliega Villa Borghese, un parque elevado que en los tiempos de la Roma antigua era una zona de viñedos. Luego de pertenecer, durante centenares de años, a la familia Borghese, a principios del siglo XX fue abierto al público. Cuenta con muchísimos edificios dignos de ser apreciados, como la gran Galería Borghese, en donde se atesoran obras de Caravaggio, Rafael y Bernini. 

Su gran extensión cuenta con nueve entradas que se unen a lugares emblemáticos, como la Via Venetto, la Piazza España o la Piazza del Pópolo.

La elegancia se disfruta en cada rincón de los jardines del Palacio de Versalles. Diseños florales, largos senderos, fuentes con aguas danzantes y zonas de relax son su sello distintivo.


Realeza y poder

¿Volvemos a París? En el corazón de la “Ciudad Luz”, se distribuyen 22 hectáreas que, como otros parques europeos, nacieron como los jardines de un palacio. En este caso, hacemos referencia al de Luxemburgo, que en la actualidad alberga al senado francés. Hoy abierto al público, es uno de los parques más concurridos de la zona, en el que puede disfrutarse de una riquísima baguette a la sombra de un árbol, aprender apicultura y encontrar entretenimientos para los más chicos. Los amantes del paisajismo no deben perdérselo: impactan la simetría de los árboles y los canteros con flores.

A tan solo unas manzanas de allí, cruzando el río Sena, nos recibe el Jardín de las Tullerias, que otrora pertenecía al hoy desaparecido palacio homónimo. El parque discurre entre el Museo de Louvre y la Plaza de la Concordia, alternando fuentes, caminos y explanadas verdes desde donde se aprecia la más bella arquitectura parisina. Además, desde sus latitudes pueden vislumbrarse algunas postales de la Torre Eiffel. 

En Múnich también metió la cola la realeza. El Englischer Garten, pura inspiración inglesa en Alemania, es el espacio urbano más grande la ciudad (y, digámoslo, uno de los más colosales del mundo, con más extensión que el mismísimo Central Park de Nueva York y el Hyde Park de Londres). 

Fue encargado en 1789 por el príncipe Teodoro de Baviera y diseñado por tres paisajistas alemanes. Su punto neurálgico es la cervecería Seehaus, en donde se consumen las típicas cervezas alemanas en elegantes salones o en el relajado biergarten (así llaman los locales a sus famosas cervecerías al aire libre). 

Por último, visitamos aquella ciudad en donde “su majestad” sigue siendo ama y señora. Sí, adivinó, hablamos de Londres. Por eso, muchos de sus parques aún pertenecen a la familia real, aunque hayan sido abiertos al público. Ese es el caso del encadenado de áreas verdes que une el Kensington Palace (antigua residencia de Lady Di y actual hogar de William y Kate) con el Buckingham Palace (en donde vive la reina Elizabeth, aunque alterna su domicilio con el palacio de Windsor, en las afueras de la ciudad). En esa trama, discurren los Kensington Gardens, el Hyde Park, el Green Park, los Buckingham Palace Gardens y el St. James Park. Quien se anime a caminar unos cinco kilómetros (eso sí, rodeados de belleza), puede atravesarlos de punta a punta, empezando en el hermoso barrio de Notting Hill para terminar con un gran regalo: el imponente Big Ben junto al río Támesis.

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