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Barajar & dar de nuevo


Por Dolores Gallo.


Barajar & dar de nuevo
Tal como se concibe hoy, el trabajo es fuente de frustración para el 90% de los adultos, asegura el psicólogo estadounidense Barry Schwartz. Hay que encontrarle un nuevo sentido.

Si alguien nos preguntara por qué trabajamos, la respuesta nos resultaría obvia, e incluso ridícula la pregunta. Todos necesitamos vivir de algo, ganar dinero. Pero a lo mejor la respuesta no cae tan de maduro como creemos. Así lo asegura Barry Schwartz, reconocido psicólogo estadounidense. Si así fuera, ¿por qué tantas personas que reciben ese sueldo por el que trabajan están insatisfechas? Por otro lado, si les hacemos la pregunta a quienes se sienten realizados con la labor que realizan, los motivos económicos nunca están incluidos en la respuesta.

¿Por qué está tan difundida la idea de que la razón principal para trabajar es el dinero? ¿Por qué estamos tan desmotivados y solo unos pocos son felices con el trabajo que hacen? De acuerdo con una encuesta de Gallup, apenas un 13% de los que trabajan se siente comprometido con su puesto. En cambio, un 65% no logra involucrarse, camina semidormido día tras día, poniéndole poca energía y voluntad a sus tareas. El 22% restante está directamente desconectado y odia su trabajo. “En otras palabras, el trabajo es más a menudo una fuente de frustración que de realización para casi el 90% de los trabajadores. El 90% de los adultos pasan la mitad de sus vidas dedicándose a cosas que preferirían no tener que hacer y en sitios donde no quisieran estar”, asegura Schwartz. Para el experto, que es autor de Why We Work (Por qué trabajamos), que pronto saldrá en español, el problema es que la concepción que tenemos sobre el trabajo es equivocada. En esta charla, desentraña las claves del mundo laboral y asegura que si hiciéramos nuestro trabajo por las razones acertadas, seríamos mucho más felices.

Según una encuesta de Gallup, apenas un 13% de los trabajadores se siente comprometido con su puesto. Un 65% no logra involucrarse y el 22% restante está desconectado u odia su trabajo.

–En algunos diccionarios definen el trabajo como “una actividad que se realiza regularmente para ganar dinero”, o “una actividad que supone un esfuerzo mental o físico, generalmente por dinero”. Todos ponen el factor dinero como eje principal de la definición. ¿Está de acuerdo con esto?
–La gente no trabajaría si no se le pagara, sobre todo en una sociedad moderna, comercial, en la que nadie realiza trabajo de subsistencia; en eso coincido. Pero esta definición es muy restrictiva; las personas “trabajan” también para convertirse en nadadores, golfistas expertos, artistas. Es importante resaltar que aunque el sueldo es necesario, no lo es todo en el trabajo. 

–Entonces, ¿por qué está tan difundida esa idea?
–Es un reflejo de la ideología que describo en mi libro: la presunción de que la gente trabaja para obtener un salario y nada más. Las ideas, o lo que yo llamo “la tecnología de las ideas”, cambian el mundo de la misma manera que lo hacen los objetos. Las ideas son poderosas porque el comportamiento del hombre en el mundo depende de su manera de entenderlo. Nuestras ideas de cómo funcionan las cosas determinan lo que hacemos. Las ideas dan forma a las instituciones, y esto es lo que ocurre con el trabajo como institución. La industrialización predica la idea de que la gente trabaja por la paga, y nada más. Y nosotros actuamos en consecuencia. Creo que ideas como las de Adam Smith sobre lo que motiva a la gente a trabajar han moldeado la naturaleza de los puestos de trabajo en una dirección que es poco feliz. En lugar de pensar “el trabajo es lo que hay y tenemos que vivir con ello” deberíamos preguntarnos si la forma en que trabajamos debiera ser así. Mi respuesta es un rotundo no.

– ¿Por qué debería trabajar la gente?
–A las personas les importan muchas más cosas que sus sueldos. Les importa tener autonomía en su trabajo, criterio, ser respetadas, enfrentar de-safíos para poder crecer. Y, sobre todo, les importa el significado, la creencia de que lo que hacen marca al menos una pequeña diferencia en las vidas de los demás. Pero muchos de nosotros estamos anclados en un puesto monótono y carente de significado porque la mayoría de los lugares de trabajo están mal estructurados. Mientras el capitalismo se desarrollaba, creó un modelo de trabajo en el que las oportunidades para obtener satisfacciones no materiales se redujeron. Las personas que realizan estos trabajos, sea en una fábrica, en un restaurante de comida rápida, en tiendas, o en estudios de abogados, colegios, clínicas y oficinas, lo hacen por el sueldo. Aunque intenten encontrar un sentido, un de-safío y un espacio para la autonomía, los supera su situación laboral.

– ¿Qué distingue a una persona que es feliz con su trabajo?
–Los que están satisfechos y comprometidos con su labor, se involucran de verdad. Se sienten desafiados por su trabajo, que los obliga a ir más allá de su zona de confort. Además, estas personas, que son muy afortunadas, consideran que su trabajo es interesante, inspirador. Sienten que tienen el control. En su día laboral, encuentran la posibilidad de utilizar el criterio que los lleva a alcanzar un nivel de experiencia, maestría o dominio de algo. Aprenden cosas nuevas, y se desarrollan como trabajadores y como personas. También hacen su trabajo porque les da la posibilidad de comprometerse socialmente, ya que mucho del trabajo se realiza como parte de un equipo. Pero, sobre todo, esas personas creen que su trabajo tiene un sentido y que contribuye a que las vidas de otros sean mejores.

– ¿Cuál sería, entonces, su concepción del trabajo?
–Yo haría una distinción entre el buen trabajo y el mal trabajo e incluiría las características que mencioné recién. Por supuesto que hay ocupaciones que no tienen todas estas características. Y ningún trabajo las tiene todo el tiempo. Pero los que las tienen son los que nos sacan de la cama todas las mañanas, nos mueven a llevar tarea a casa, a hablar de nuestro trabajo y a ponerle onda. No trabajaríamos sin un buen salario, pero eso no está en el centro de por qué hacemos lo que hacemos. 

– ¿Cómo podríamos modificar esta situación?
–Si la estructura del trabajo lo permite, deberían preguntarse qué pueden hacer cada día para que sus actividades laborales tengan un significado positivo en la gente, puedan aportar su grano de arena… 

– ¿Y dónde se puede encontrar ese trabajo que nos llene el alma?
–Mi consejo es que a la hora de evaluar un puesto, analicen con cuidado la naturaleza propia del trabajo y se preocupen menos, si pueden, por el sueldo y los ascensos. Llenar el alma, a la larga, es más productivo.

“A las personas les importan muchas más cosas que sus sueldos. Les importa tener autonomía en su trabajo, criterio, ser respetados, enfrentar desafíos para poder crecer”
Sobre el autor
Barry Schwartz nació en 1946, es psicólogo y profesor de Teoría y Acción Social en Swarthmore College (Pensilvania, Estados Unidos). Estudió en New York University e hizo un doctorado en la Universidad  de Pensilvania. Habitualmente, escribe artículos en el diario The New York Times en los cuales analiza acontecimien-tos de la actualidad. Además, publicó numerosos libros y artículos en revistas de prestigio, como American Psychologist. Actualmente vive en Filadelfia, Estados Unidos. Escribió también Por qué más es menos. La tiranía de la abundancia.

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