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Yo amo la naturaleza


Por Victoria Reynal.


Yo amo la naturaleza
Nuestra dependencia de la tecnología y la elección de vivir en ciudades están haciendo que pasemos cada vez menos tiempo en contacto con la naturaleza. Disfrutar del aire libre trae innumerables beneficios.

Es innegable que el entorno en el que una persona vive y circula la afecta psicológica, física y emocionalmente. Los elevados niveles de estrés y muchos problemas de salud están relacionados con nuestra interacción con el medio en el que nos movemos. A su vez, los seres humanos tienen la capacidad de impactar en la naturaleza, tanto negativa como positivamente. “La degradación masiva del ambiente natural y la declinación de la calidad de vida son dos crisis altamente relacionadas”, argumentan Graciela Baldi López y Eleonora García Quiroga, psicólogas de la Universidad de San Luis.

Si la naturaleza y el hombre estamos más relacionados de lo que percibimos, y sabiendo que acercarnos a la naturaleza mejora nuestra calidad de vida y aumenta el deseo de conservación, ¿por qué cada vez pasamos menos tiempo al aire libre?

Las razones son diversas. Por empezar, el número de personas que vive en ciudades, a nivel mundial, superó el 50%. Además, muchas áreas metropolitanas no tienen suficientes espacios verdes, como sostiene Richard Louv, autor del best seller estadounidense Last Child in the Woods (El último niño en los bosques). Por otro lado, Louv describe una serie de causas culturales que hacen que nos alejemos de la naturaleza. En la educación, por ejemplo, cada vez se da más importancia a la productividad, a la educación tecnológica, y menos relevancia a acercar a los niños a la naturaleza. Asimismo, si bien es usual el juego estructurado al aire libre, hay poca conexión real con la naturaleza, momentos en que los niños puedan acercarse libremente a las plantas, los animales, los ecosistemas, etc. Algo similar ocurre con los adultos, que dedicamos gran parte de nuestro tiempo a trabajar, generalmente poco tiempo a estar al aire libre y en promedio muy poco tiempo a simplemente “estar” en la naturaleza, sin un objetivo determinado. A esto se le suma la presencia de la tecnología en nuestras vidas, que avanza con firmeza, y como sostiene Louv: “... la confianza de nuestra cultura en la inmersión tecnológica pareciera ser ilimitada, y vamos acercándonos a un mar de circuitería”. Otro grupo de causas descritas por Louv son las personales o individuales, e incluyen, entre otras, el miedo a la naturaleza y a lo desconocido, que, en caso de tener hijos, es trasladado a ellos, prohibiendo el juego al aire libre, por caso. Según Richard Louv, esta tendencia a desconectarnos de la naturaleza puede provocar el “síndrome de déficit de naturaleza”. 
En la misma línea que Louv, Joseph 
Juhasz, profesor de la Universidad de Boulder, Colorado, y ex presidente del Departamento de Población y Ambiente de la Asociación Estadounidense de Psicología, sostiene que una de las explicaciones para la actual “epidemia” de depresión tiene que ver con la alienación que nos provocan los entornos en los que vivimos. Y agrega que necesitamos desesperadamente conectarnos con nuestra tierra.

Conectarse con la naturaleza
• Escuchar los cantos de los pájaros, aprender a distinguirlos.

• Mirar las texturas de los troncos de los árboles, de las hojas. Observar los colores que existen en la naturaleza.

• Sentir la piel de un animal, las texturas de los troncos, la arena, la tierra.

• Oler flores, tierra, animales. 

• Saborear los alimentos consumidos.

• Sumar una planta a la decoración de su casa.

• Aprender a escuchar los ritmos de las estaciones.

• Las horas de luz y de oscuridad nos influyen: tomar conciencia de su efecto.

• Hacer un picnic en una plaza.

• Caminar o correr por lugares verdes.

• Leer al aire libre. 

Acercarnos al verde

Frente a los problemas ambientales, como el calentamiento global y la contaminación, y ante los inconvenientes que podemos sufrir las personas por alejarnos de la naturaleza, una de las principales soluciones está a la vista: acercarnos a ella. Como muchas cuestiones en la vida, reconectarnos con la naturaleza es una elección. Nos permite mejorar nuestra atención, nuestra memoria, reducir niveles de cansancio y estrés mental, y la lista sigue… Además alienta el interés por el cuidado ambiental. En este sentido, es interesante la hipótesis de la biofilia, que postula la existencia de una necesidad y propensión genética de las personas de conectarse con la vida y los procesos biológicos. El biólogo y profesor de la Universidad de Harvard Edward Wilson explica que el instinto biofílico emerge, muchas veces en forma inconsciente, en nuestra cognición, emociones, arte y ética, y se devela en patrones culturales en casi todas o todas las sociedades.

Gregory Bratman, investigador en la Universidad de Stanford, realizó varios estudios y publicó sus conclusiones en prestigiosos medios de divulgación científica de los Estados Unidos. Descubrió que caminar por un entorno natural, con vegetación, disminuye la rumiación (un estado mental en el que nos empantanamos con pensamientos negativos, y que puede ser un precursor de la depresión). Bratman también comprobó que una caminata por el “verde” puede disminuir la ansiedad y mejorar la memoria. En esta línea, investigadores de la Universidad de Bristol, Inglaterra, descubrieron que al inyectar bacterias presentes en la tierra a ratones, se activan neuronas que producen serotonina (un neurotransmisor que actúa como antidepresivo).

Por su parte, los psicólogos Rachel y Stephen Kaplan, de la Universidad de Michigan, postulan que la naturaleza tiene la capacidad de “restaurar” la fatiga mental. Los Kaplan comprobaron que pasar tiempo en la naturaleza ayuda a recuperarse del cansancio provocado por el exceso de atención dirigida, como la que usamos al trabajar. La fascinación que despierta la naturaleza requiere otro tipo de atención, que permite que nuestro cerebro descanse. También se comprobó, a partir de estudios realizados en la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, que las personas que viven en entornos urbanos más verdes tienen, en promedio, menores niveles de agresividad y violencia que aquellos que viven con menos vegetación. 

El contacto con la naturaleza también ayuda a acelerar la recuperación de distintos tipos de enfermedades físicas. Roger S. Ulrich, director del Centro para Sistemas de Salud y Diseño, de la Universidad Texas A&M, comprobó que los pacientes que estaban internados en habitaciones con vista a los árboles se recuperaban más rápido. Y también, según Omid Kardan, de la Universidad de Chicago, la naturaleza mejora la percepción de la propia salud y reduce los problemas cardiometabólicos.

No perdamos más tiempo y abracemos la naturaleza.
Los niños y el verde
En su libro Last Child in the Woods (El último niño en los bosques), Louv describe distintas razones por las cuales la naturaleza es importante para los niños:

• Inspira la imaginación y la creatividad.

• Despierta el asombro por la vida, y la curiosidad de entender cómo funciona el mundo.

• Ofrece un refugio emocional para los niños que viven en entornos familiares complicados o barrios agresivos.

• Mejora la salud mental: hay estudios que prueban que la exposición a la naturaleza puede reducir los síntomas del síndrome de déficit de atención e hiperactividad, y puede aumentar capacidades cognitivas, así como la resistencia al estrés y la depresión.

• Mejora la salud física.

• Promueve la actividad física, desalentando el sedentarismo; mejora el estado físico, el equilibrio y la agilidad.

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