Entrevista


Una auténtica leona


Por Belén Herrera.


Una auténtica leona
Después de quince años, Nancy Dupláa volvió a trabajar junto a su marido, Pablo Echarri. Apasionada, la actriz cuenta cómo fue ese reencuentro en la pantalla chica, y habla sobre la maternidad y su relación con el cuerpo.

Si a Nancy Dupláa le dan a elegir entre lucir como una femme fatale o verse de una manera mucho más descontracturada y casual, ella, sin dudarlo, elegiría la segunda opción. Es que por más que haya podido componer en Socias a una abogada irónica y altanera que se subía a unos zapatos altísimos y conquistaba a cuanto hombre se le cruzaba, o, ahora, en La Leona, le preste el cuerpo a una operaria pasional y sensual de una fábrica, ella dice  pasarlo mal cuando tiene que vestirse provocativamente fuera de un personaje. “Es una pesadilla. No me gusta, me da vergüenza. Lo hago y me sale mal (risas). Yo veo compañeras mías que son lo más: saben cómo pararse y disfrutan de la situación. Menos mal que lo tengo a Pablo (Echarri) para poder taparme”, confiesa la actriz, sentada en la terraza de un bar en pleno barrio porteño de Palermo. 

En realidad, lo que le pasa a la mamá de Luca (tiene 15 y es fruto de su relación con Matías Martin), Morena (12) y Julián (5) es que le cuesta ser alguien que no es. Si bien puede sospecharse que es una mujer segura de sí misma y de lo más extrovertida, Nancy, en realidad, es una chica de barrio, tímida, que, a pesar de llevar más de veinte años en los medios, no termina de sentirse cómoda con el hecho de ser famosa. Y eso que formó parte de exitazos como Montaña rusa, Verano del 98, Padre Coraje, 099 Central, Graduados y Los buscas. En esta última tira nació el amor con Echarri, su pareja desde hace quince años, con quien volvió a protagonizar en la pantalla chica. 

– ¿Cómo te llevás interpretando a una mujer tan sexy como María?
–Hay una cosa de la sexualidad de María que va más allá de ella. No es que se pone un vestido porque quiere que le miren las piernas y la cola. No. Se pone un vestido porque se la banca, y le importa poco si la miran y creen que es una prostituta, porque sabe que no lo es. Desde ese lugar, es muy distinta a mí: yo soy mucho más prejuiciosa, de estar atenta a lo que se va a ver, o de decir: “Ya no estoy para esto”. Soy mucho más vergonzosa.

– ¿Tuviste participación en la creación de la historia?
–Sí, desde un año antes nos juntábamos los autores –Pablo Lagos y Susana Cardozo–, el productor creativo –Gustavo Marra–, Martín Seefeld, Pablo y yo para hablar sobre el desarrollo del argumento. En esos debates se fueron armando las características de cada personaje y la estructura central de la telenovela. Así que, de alguna manera, participé, pero no puedo decir que soy coautora. 

– ¿Repetirías la experiencia? 
–Sí. Soy telenovelera, así que puedo aportar lo mío para imaginar una historia. Desde que era chica veía las novelas de Andrea del Boca y de Grecia Colmenares. Crecí mirando esas historias de amor, y desde ese lugar sé qué es lo que puede hacer vibrar al público. Pero no más que eso. 

–Siendo tan “telenovelera”, ¿en algún momento te imaginabas que ibas a convertirte vos en la protagonista?
–No, soñaba con pertenecer a ese mundo pero en la intimidad, como un juego. No me lo imaginaba realmente. A mí me gustaba ponerme auriculares e imaginarme situaciones a las que les ponía el cuerpo. Pero era tan tímida que sabía que era imposible que lo hiciera porque no podía ni mirar a los ojos al resto. 

– ¿Y eso cuándo cambió?
–Cuando terminé el secundario empecé a estudiar dos carreras. Hice dos años de Diseño Gráfico y uno de Jardín Maternal, pero nada me llegaba. Entonces, me puse a estudiar teatro y ahí me di cuenta de que esto de la mirada del otro no era tan complejo, e incluso servía de estimulante para jugar abiertamente. Y me gustó.

Los personajes de La Leona: Nancy en la piel de María Leone, una aguerrida trabajadora de una fábrica textil, y Pablo Echarri en la de Franco Uribe, un especialista en Recursos Humanos, que trabaja para la misma empresa. Pareja en la ficción y en la vida real.
De la puerta para adentro
Nancy reconoce que, en el plano actoral, nació una nueva empatía con 
Pablo, muy diferente a la que tuvieron en Los buscas. “Nosotros estamos juntos porque nos gusta, porque lo pasamos genial. Tenemos un contrato que vamos renovando porque queremos seguir compartiendo la vida. Sentimos que este proyecto no iba a perjudicar toda nuestra estructura. Pensamos que lo podíamos hacer y desde ahí encaramos La Leona. La experiencia fue muy buena”, admite.

– ¿Estar todo el día juntos no desgastó la pareja?
–No estábamos juntos todo el día. Compartíamos el ámbito laboral, pero muchas escenas nos tocaban por separado. De cualquier forma, los días que tenía que grabar con él me provocaban una adrenalina especial, de decir: “¡Ay, qué divertido!”. Las escenas con el protagonista, que son de chicaneo, son muy divertidas para mí, me encantan. ¿Cómo hacés para contarlo sabiendo que te amás con el otro personaje? Con Pablo contábamos con el plus de la confianza. Estamos muy satisfechos con el resultado.

–Con Pablo se venían turnando para hacer tele. ¿Cómo fue la organización familiar estando los dos tantas horas afuera de casa?
–Salió bastante bien. Tenemos chicos muy comprensivos. Paralelamente, sabíamos que todo se iba a dar en el lapso de un año, y nos mentalizamos para eso. Yo hablé con ellos, pero la verdad es que a los chicos tampoco se los puede cargar con toda esta movida. Lo que sí me propuse fue tratar de tener una paciencia mayor de la normal al llegar a casa, cuando ellos más nos demandaban la ausencia.

– ¿Cómo es tener hijos de edades tan dispares?
–Luca, Morena y Julián son muy distintos, por lo que uno tiene que manejar el tema de estar cerca de ellos, pero sin invadirlos. Sobre todo, a los dos más grandes, que ya necesitan su espacio. Y también fijarte en cómo hacer para que se sientan con la confianza total para hablar de todo. Te tenés que ir aggiornando, no queda otra alternativa. Cuando el chico tiene 2 años ni te imaginás qué vas a hacer cuando tenga 15, pero el recorrido te muestra que cada etapa tiene sus cosas buenas. Yo imploraba que no crecieran y que se quedaran bebés, ¡pero si ahora tuviese bebés estaría muerta! (risas). Es mucho trabajo. A mí me gusta el rol de madre, pero siempre digo lo mismo: debe tener hijos quien realmente tenga ganas de criarlos. Por eso, es muy válido que una mujer no quiera asumir ese compromiso. 

– ¿Con el crecimiento de ellos aparecieron nuevos miedos?
–Sí, claro, pero, por suerte, en ese sentido, Pablo es mucho más pragmático que yo. Con Luca me ayuda muchísimo: tienen muy buen diálogo entre ellos y comparten muchas conversaciones. Está muy bueno ese vínculo que armaron ellos solos: siempre tuvieron una relación donde prevaleció la verdad, el decirse todo. Ahora están muy unidos. Tal vez, por la etapa que está atravesando, él necesita hablar más con un varón. Entonces, me  tengo que apartar un poco y soltarlo. Pero, por ejemplo, largarlo a andar en colectivo solo me costó un montón… ¡Y eso que tenía 13 años! En algún momento, a Morena también la voy a tener que soltar.

– ¿Te ves identificada en ellos?
–Con Luca somos muy parecidos tanto anímica como emocionalmente. Eso es buenísimo, ya que, como fui sanando cosas mías, lo puedo ayudar a él a sanarlas antes. Morena es bien Echarri, y él chiquito también, pero con un tinte más alegre, más Dupláa.

– ¿Cómo te definís como mamá?
–A mí me gusta ser mamá. Siempre quise serlo, antes que cualquier otra cosa. Fui detrás de ese deseo. Seguramente, hay cosas que no hago bien, pero, por suerte, mis hijos y mi marido me las marcan, y trato de atacar el problema. Soy una madre atenta que se va adaptando de acuerdo con lo que lo chicos me inspiran.

– ¿Te gustaría tener otro hijo?
–No. Estoy muy completa y ya estoy grande. Y los años hacen que quiera disfrutar de otras cosas.

– ¿Por ejemplo?
– ¡De estar a solas con Pablo! (risas). Poder viajar más seguido. Igual, no nos quejamos: el plan familiar nos gusta mucho a los dos. Ojalá que no lo perdamos con los años.

– ¿Qué soñás para el futuro?
–Sueño con aquello que tiene que ver con lo familiar, con la salud de los seres queridos, con que todos podamos tener una buena calidad de vida. También me gustaría generar un circuito de trabajo, y que podamos mantenernos con eso. Como con La Leona, poder contar nuestras historias, ofrecérselas a alguien a quien le gusten y que cuente con las herramientas que nosotros no tenemos, para trabajar en conjunto. Empezar a generar proyectos propios y que esa maquinaria vaya andando despacio, pero de forma contundente. Es un sueño familiar, porque es algo con lo que fantaseamos tanto Pablo como yo.
Entrenamiento y conducta
A los 46 años, Nancy se ve divina, mucho más delgada y con una figura que cualquiera envidiaría. “Tengo épocas en las que me cuido mucho, pero, sinceramente, lo que hice en el último tiempo fue reeducar mi cabeza. Probé un sinfín de dietas, pero había cierta ansiedad con la comida que no podía manejar… Era un padecimiento”, admite. Así fue como decidió tomar el toro por las astas, y encarar un tratamiento con el que cambió su estilo de vida. A una dieta a base de batidos y sopas, le sumó un entrenamiento compuesto por ejercicios funcionales y variados. “Me encantó porque es algo que se hace durante un rato muy corto y enseguida notás los resultados. Ahora, estoy más tranquila, bajando un poco la intensidad”, dice, contando su fórmula.

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