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La tiranía de la belleza


Por Daniela Calabró.


La tiranía de la belleza
Mantenernos delgados y radiantes a cualquier costo tiene su precio. La doctora Mónica Katz propone cambiar el paradigma actual desde el planosocial, familiar y educativo. La consigna es buscar un cuerpo cómodo.

Vivimos en un mundo exigente donde los parámetros de belleza que comunican los medios, los diseñadores, los agentes de modelos y la sociedad nos ahogan. Nos bombardean con cuerpos ideales muy difíciles de conseguir. “La tiranía de la belleza se viene formando desde hace un tiempo. Y son al menos cuatro factores los que conviven para empujarnos a ese lugar: el discurso de los medios, la epidemia de ‘dietismo’, un ideal de belleza inalcanzable y un modelo cultural reinante validado por la sociedad y sus instituciones, incluida la familia”, sentencia la doctora Mónica Katz en Más que un cuerpo. Cómo descubrir tu verdadera belleza. Vayamos directo al grano: la especialista en nutrición está hablando ni más ni menos que de todos y cada uno de los requisitos que debemos cumplir si queremos aplicar en la despótica hermosura de esta era.

Para sumar más condimentos al combo, el entorno y el estilo de vida de la actualidad nos ponen contra la pared: “Vivimos en un mundo con barreras al movimiento, con plena disponibilidad calórica, con fármacos que engordan, con deuda de sueño, con un alto nivel de estrés y con una generalizada dificultad para manejar nuestra emociones. Y, sin embargo, pretendemos delgadez”, plantea Katz.  

– ¿Cuáles son las claves para hacer un cambio de paradigma?
–Es un proceso que implica un trabajo en un campo transversal. Primero, en la escuela, trabajando las diferencias y la unicidad como fuentes de belleza y brindando a los chicos talleres de autoestima y resiliencia. Por otro lado, las familias tienen que estimular las capacidades y destrezas de los niños y apagar el discurso “dietante” y de belleza irreal en el seno de la casa. 

–Lo ideal sería que a este giro también se sumara la industria…
–Por supuesto. Desde las áreas que correspondan tienen que proponerse acuerdos de autorregulación y de marketing ético. A la vez, los medios deben dejar de mostrar mujeres irreales y los profesionales de la salud deben regular comprometidamente las dietas, fármacos y procedimientos. 

Para evitar obsesiones innesarias...* 
•Conviene reducir gradualmente el body checking (el chequeo constante del cuerpo, tocándose la panza, las caderas o las zonas que molestan), posponerlo o no llevarlo a cabo en una franja horaria.
•Esconder o regalar la balanza. El consultorio del médico o nutricionista es el mejor lugar para pesarse, solo cuando sea necesario. 
•Intentar no mirarse mientras se viste. ¡Aprecie todo lo que es además de un cuerpo!
*Fragmento tomado del libro Más que un cuerpo.
El trabajo con uno mismo
La tormenta está desatada. Pero somos nosotros, también, los que debemos elegir si recibirla pasivamente o ponernos las botas y enfrentarla. La primera estrategia de combate, dice Katz, es encontrar un “cuerpo cómodo”: “Tenemos que dejar de comprar lo que el mercado de la belleza propone. La mejor manera es buscar el cuerpo que más cómodo nos quede; ese que nos disminuya el malestar, que nos permita disfrutar de la vida sin que nos moleste tanto la mirada ajena, que nos ayude a vivir con plenitud los momentos en pareja, movernos, pasear, correr, ponernos la ropa que queremos y jugar con nuestros hijos”.

–Suena bien, pero difícil. ¿Cómo hacemos para salir del “qué dirán” y del paradigma aceptado de belleza?
–Trabajando la idea del cuerpo como instrumento y no como objeto. Instrumento para hacer, crear, compartir, divertirnos, ser felices, amar… En ese sentido, es importante tener siempre una lista con nuestras buenas características –si somos divertidas, solidarias, creativas– y con lo que sabemos hacer –desde cocinar hasta los trabajos profesionales–. Cuando tomamos conciencia de todo lo que somos, es más sencillo aceptar el cuerpo real que tenemos
.
– ¿Una autoestima sólida es la clave del cambio?
–Sí, y no nos educan para cuidarla. La autoestima se construye en interacción con el otro y puede apuntalarse desde la niñez, pero por lo general la escuela obtura capacidades en los chicos cuando no acuerdan con los programas educativos clásicos. Luego la familia coloca la exigencia y el cuerpo ideal como eje, la cultura lo fortalece y el mercado lo aprovecha. 

“Tenemos que dejar de comprar lo que el mercado de la belleza propone. Hay que buscar el cuerpo que más cómodo nos quede; ese que nos disminuya el malestar”.

– ¿El estado de ánimo es influyente? Es decir, ¿una persona alegre tiende a verse mejor? 
–La gente con actitud positiva, que filtra la vida quedándose con lo mejor, que la ve holísticamente con buenos y malos momentos, con lleno y vacío, tiende a aceptarse con lo mejor y lo peor que tiene. 

–También hablás en tu libro de cómo nos juega en contra la incertidumbre a la que, muchas veces, asistimos en esta era…
–Un cuerpo perfecto o un número en la balanza nos otorga una cuota de certeza frente a un mundo demasiado incierto. La dieta como metarreligión viene a llenar vacíos en una sociedad a la que se le están derrumbando absolutos, como la pareja para toda la vida o el trabajo seguro.  
El gran reto
Trabajar en las propias fortalezas, profundizar la autoestima, alejarse del discurso reinante y (no íbamos a liberarnos) aprender a alimentarse. Para esta tarea, la doctora Katz propone lo contrario de lo que uno podría suponer: ella habla, desde hace años, de la “NO dieta”, a la vez que incentiva a “comer de todo, sin comerse todo”. Así lo explica: “Cuando a uno le gusta comer es difícil la moderación constante. Por eso, es mejor saber que uno puede darse pequeños gustos. La certeza disminuye el deseo: comer cada día un bocadito de chocolate evita el descontrol”.

–También solés hablar de que es aconsejable que estemos rodeadas de un ambiente seguro. ¿De qué se trata? 
–De diseñar entornos en los que sea fácil el control: comprar lo justo, poner en el plato la porción justa, pensar dos veces antes de comer por impulso y afrontar nuestras emociones sin comida. A esto podemos sumarle una propuesta de actividad física ya que es el complemento ideal. 

– ¿Cuánto ejercicio recomendás para mantenerse saludable y en peso? 
–Para quienes tienen movimiento cero, 10.000 pasos de caminata por día son un buen comienzo. Para los que son activos, lo mejor es el ejercicio mixto: algo aeróbico y algo de carga.

–En síntesis: la verdadera belleza se trabaja desde la niñez, se profundiza en la mente y se la refuerza con buena alimentación y actividad física. 
–Antes que todo eso, debemos tomar conciencia de que somos más que un cuerpo. Y otro punto importante es revalorizar el género: las chicas pueden subir árboles y no por eso ser “varoneras”, y las mujeres deben tener iguales sueldos y retribución que los hombres. 

– ¿Y qué pasa con la competencia que existe entre mujeres? 
–Es muy dañina. Debemos dejar de competir entre nosotras por la cola o las lolas. No debemos distinguirnos por los atributos con los que nacemos, sino por aquellas características que pueden construirse con esfuerzo y dedicación. Por último, debería existir un debate para desarrollar un concepto de belleza más amplio, porque hemos instalado uno que tiene su eje en la delgadez, y eso nos está matando dulcemente, como si fuésemos doncellas de hierro.

“Diseñar entornos en los que sea fácil el control: comprar lo justo, poner en el plato la porción justa, pensar antes de comer por impulso y afrontar nuestras emociones sin comida”.
La importancia de mamá
La noción que uno toma de su propio cuerpo comienza a gestarse instantes después del nacimiento. Es entonces cuando la madre comienza, sin saberlo, una cruzada por la autoestima que tendrá ese bebé en su vida adulta: “Si el cuerpo del bebé no es reconocido, no es aceptado, no es acariciado, la construcción de ese cuerpo será inestable y precaria, y requerirá permanente aprobación de los demás; esa misma que no tuvo durante su desarrollo. Si poseemos un estilo cariñoso y demostrativo, si alimentamos a los chicos con la porción justa, si somos capaces de percibir sus señales de hambre y saciedad, si construimos momentos relajados, llenos de afecto, contención y diversión, entonces, contribuiremos a un buen desarrollo de su autoestima”, explica Katz en su libro.

Capitalizar las redes sociales
En 2012, un estudio detectó que los usuarios de Facebook publicaban estados más positivos si habían estado expuestos a otros contenidos positivos. De allí, puede deducirse que lo que se comparte y consume en las redes sociales puede ser contagioso. “Este proceso se llama priming –describe Katz–. Se trata del fenómeno por el cual exponernos a determinados estímulos influye en nuestras respuestas. Esto quiere decir que si usáramos las redes sociales para compartir modelos de belleza saludables, entonces, ese discurso podría multiplicarse. Y hablo de modelos en plural porque creo que es importante reproducir la idea de que todas somos distintas y que esa variedad nos hace interesantes y valiosas”.

En Más que un cuerpo, Mónica Katz trabajó en conjunto con su hija, la periodista Valeria Groisman. Juntas, proponen un cambio de paradigma en el concepto de belleza.


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