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Shows en el living


Por Juan Martínez.


Shows en el living
Sofar Sounds es una red de recitales íntimos y secretos que se organizan, principalmente, en casas particulares. La movida nació en Londres y desembarcó con éxito en la Argentina, donde se suman cada vez más ciudades y entusiastas. Entretelones de un fenómeno en expansión.

Magia. Esa es la palabra con la que suelen resumir lo vivido aquellos que participaron de una sesión de Sofar Sounds. Da igual si sucede en Londres, Buenos Aires, Bangkok, Aalborg, Bogotá, Salta, Helsinki o cualquiera de las otras ciudades en las que la movida se hace presente (que, dicho sea de paso, ya son más de doscientas alrededor del mundo).

¿De qué se trata? De una red de recitales íntimos y secretos que nació en Londres en 2009, de la mano de un puñado de jóvenes con ganas de generar un espacio alternativo donde compartir la música. Sofar significa “songs from a room”, o sea, canciones desde una habitación. Los recitales tienen un halo de misterio: cuando se anuncia una nueva fecha no se divulgan ni el lugar ni las bandas o solistas que participarán en ella. Quienes deseen asistir deberán, antes que nada, estar cien por ciento predispuestos a sorprenderse con una combinación ecléctica de géneros musicales. A las pocas decenas de afortunados que se hacen acreedores de un lugar en el concierto gratuito, se les comunica dónde es la cita, pero el resto seguirá siendo secreto hasta que suceda.

Cada una de las personas que se suma a la organización de Sofar Sounds lo hace sin cobrar nada a cambio: simplemente colabora con el movimiento para coordinar, sacar fotos, filmar, hacer flyers, promocionar, etcétera. De acuerdo con el criterio del organizador, se puede llegar a pasar la gorra entre el público para recaudar algo que sirva para pagarles el taxi a los músicos o algún otro tipo de gasto.

Cuando la bola de nieve era aún muy pequeña, el argentino Hernán Pato se sumó al proyecto. Amante de la música, y músico aficionado, llegó al equipo fundador de Sofar Sounds a través de un contacto, y empezó a colaborar en el armado del formato y la estructura que luego se replicarían por todas partes. “Sentía que esto podía funcionar en cualquier lado. Es una necesidad y una realidad para los músicos que quieren salir a mostrar lo suyo y no encuentran el lugar, o el lugar no tiene identidad, el sonido no es bueno, o la gente que asiste no sabe ni le importa quién toca”, resume Pato.

Apenas se le presentó la oportunidad, Hernán armó el equipo para llevar a cabo Sofar Sounds Buenos Aires, el primero de Latinoamérica, que debutó en noviembre de 2011 con la presencia de dos bandas (Nafta Súper y Don Niño) y dos solistas (Sofía Viola y Lautaro Feldman). Los primeros pasos fueron muy artesanales, pero enseguida desarrollaron un sitio web para que personas de todo el mundo puedan anotarse para tocar y para ofrecer su casa o sus servicios. Mientras tanto, siguió creciendo el canal de YouTube donde se suben videos de todos los artistas que tocan en cada sesión. Sin que se lo propusieran, comenzaron a llegar los pedidos para repetir la experiencia de Sofar Sounds en otras ciudades del país.

La primera en sumarse fue Córdoba, y un par de meses más tarde fue el turno de Rosario, de la mano de Julieta Kil. “Yo organizaba recitales y hacía prensa de eventos. Como si fuera una especie de cool hunter, investigaba mucho por Internet; así fue como di con Sofar Sounds en YouTube. Me comuniqué con Hernán y tuvimos varias entrevistas. Y siempre me quedaba preguntándome: ‘¿Cómo será esa magia que se produce, de la que hablan tanto?’. Lo descubrí cuando fui parte de una fecha: es un momento único”, cuenta Kil.

Esa magia se la da, en parte, la intimidad del momento, la cercanía con los músicos, el contacto con gente que fue a lo mismo, y el latir de un ambiente cálido, que, muchas veces, es un hogar, donde las mascotas del anfitrión se pasean libremente y donde, quizás, hay que atravesar un dormitorio para acceder al baño. En Sofar Sounds se puede estar sentado en el patio o el living de un extraño, tomando la cerveza de un tercero, mientras los músicos comen las papas fritas que llevó otra persona, y la hijita del dueño de casa esquiva instrumentos para ir a decirle algo a su papá. Pero, asimismo, puede desenvolverse dentro de una iglesia, en una casa de té o en un museo, todos cerrados especialmente para un puñado de hombres y mujeres. 
La movida por el país
Las correntinas Lucrecia Pinto y Lui-ssina Mariño Dansey tocan juntas en el dúo BLU; apenas conocieron Sofar Sounds, sintieron ganas de participar. Su idea era tocar en alguna fecha de las ciudades que ya estaban en la lista, pero, finalmente, inauguraron Sofar Sounds Corrientes. “Creímos que iba a ser un fracaso total, pero nos mandamos igual, por amor a la música y por hacer algo diferente. Queríamos demostrar que, por estos lares, se podía tener algo alternativo. A los que vinieron les gustó y fueron difundiéndolo”, relatan al unísono.

Tanta incógnita generó la movida correntina que Verenice Castro viajó desde Resistencia, Chaco, para presenciarla. “Me atrajo lo confidencial del proyecto, me pareció original y emocionante. Además, conocí artistas que sigo frecuentando. La difusión de la música independiente es uno de los puntos más remarcables del movimiento, amén de generar un espacio de intercambio intelectual y cultural de manera desinteresada. La única explicación para hacer esto es el compromiso y la pasión. Se transmite mucho amor”, desliza Castro.

Mar del Plata fue la siguiente escala del proyecto, gracias al interés de Lourdes Rojo, que se convirtió en la coordinadora local después de enamorarse de la estética que vio en los videos de shows en otras partes del país y del mundo: “¿Qué mejor que los músicos puedan tener un video colgado en un canal internacional? Que no tengan que lidiar con bares que exigen cosas que no deberían exigir… Esto es para que el artista chico pueda tocar en un lugar sin tener que pagar sonido, que lo vea un público que no lo conoce y pueda sumar seguidores”, esgrime Rojo.

Otro músico curioso que terminó erigiéndose como coordinador de la movida en su ciudad es el tucumano Carlos Andujar, que, al igual que las correntinas, tenía dudas sobre el éxito local de Sofar Sounds: “La modalidad de shows secretos, en los que te tenés que anotar después de suscribirte en una página, me daba algo de miedo. Pero hubo una respuesta muy positiva de parte de aquellos que se enteraron por las redes sociales. La magia de la que hablan creo que se debe a ese instante en que el artista está en pleno acto artístico y los demás le prestan mucha atención. Acá no hay un sonido amplificado: a partir de la intensidad de la voz del cantante, se ecualizan los volúmenes de los instrumentos. La audiencia toma conciencia de que el artista se está brindando desde lo más visceral de su ser, sin que medien amplificaciones ni tecnologías extras”, ahonda Andujar.

Poco después del debut tucumano, la vecina Salta se integró a la familia. Gustavo Burela, estudiante de periodismo y fotógrafo aficionado, siempre frecuentó recitales y la movida cultural local. Buscando información de una banda que lo impactó de entrada, Francisca y los exploradores, descubrió Sofar Sounds. Con el apoyo de Pato, se largó a fines del año pasado y ya lleva un par de recitales encima.

Quizás uno de los mayores inconvenientes que encontraron los coordinadores de las diferentes provincias fue conseguir sedes (léase “casas”). Luissina y Lucrecia, por ejemplo, ofrecieron sus respectivos hogares para las dos primeras sesiones en Corrientes, y la casa de los padres de Lourdes, en Mar del Plata, también recibió un recital. Lógicamente, otros se animaron a ser anfitriones después de comprobar cómo se respeta y cuida el espacio ajeno. Ese fue el caso del rosarino Diego Peralta: “Me postulé a varios encuentros hasta que, finalmente, logré que me invitaran. Cuando concluyó el evento, puse a disposición la terraza de mi casa para alguna de las fechas siguientes”.

En todo el mundo ya se realizaron más de tres mil encuentros de Sofar Sounds. En la Argentina, la cifra ya asciende a cincuenta. Esta enorme red de contactos permite a varios artistas programar giras en diversos rincones del país, o incluso en el exterior. 

Soledad Ferraco, que fue parte de Sofar Sounds Tucumán, se fue a vivir a Inglaterra. A través de Andujar, se contactó con los fundadores de la movida, que la invitaron a ser parte de Sofar Sounds Londres. Ella misma lo relata: “Todo fue increíble. Fueron muy amables, súper espontáneos. El día de la presentación estaba muy nerviosa, pero el resultado fue hermoso, la gente tuvo una respuesta súper cálida. Formar parte de esta familia es saber que siempre habrá un espacio para expresarse, donde intercambiamos muchas emociones casi sin darnos cuenta, porque se habla con el lenguaje de la música, un lenguaje universal”. Ahí está la magia.
Cómo participar
El primer paso para ser parte de Sofar Sounds es registrarse en www.sofarsounds.com. 

Como público: en el sitio web avisan cuándo hay una fecha próxima para anotarse y esperar el sorteo (los lugares son reducidos y, dependiendo de la ciudad, puede haber muchas solicitudes). 

Como músico: hay que llenar un formulario breve y brindar algunos links donde se pueda escuchar material. Si les gusta, se ponen en contacto. 

Como anfitrión: hay que indicar la capacidad aproximada de la que se dispone; luego, los organizadores conciertan una fecha para ir a chequear si el lugar es cómodo y accesible.

Por último, si se quiere replicar la experiencia en una ciudad en particular, hay que ponerse en contacto con algún coordinador (cada ciudad tiene Fan Page en Facebook) y ofrecerse. Hay que cumplir requisitos técnicos mínimos, como ser capaces de organizar, al menos, cuatro fechas al año. Todo es completamente ad honórem: por amor al arte y, especialmente, a la música. Este año se sumará Mendoza, donde hubo una sesión especial hace un tiempo. 

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